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COLECCIÓN UNIVERSAL 



POEMA DEL CID 



TEXTO Y TRADUCCIÓN 



MCMXIX 



ES PROPIEDAD 
Copyright by Calpe, 1919. 



Fspcl fabiicado especialmernte por La Paíklkxa Española. 



COLECCIÓN UNIVERSAL 



Poema del Cid 

TEXTO Y TRADUCCIÓN 

La prosifícación moderna del poema 
ha sido hecha por Alfonso Reyes. 




6)3^ 38 



30.S-. a». 



MADRID-BARCELONA 
MCMXIX 



El Cantar de mió Cid, primer monumento co- 
nocido de la literatura española, es un poema 
épico que narra, en tres cantos, las hazañas del 
héroe nacional, Rodrigo Díaz de Vivar, a quien 
por su arrojo en los combates llamaron el Cid 
Campeador, que quiere decir '^batallador" . El 
poema tiene un fondo histórico considerable, y 
sus descripciones geográficas son de una exac- 
titud casi prosaica. 

Fué escrito probablemente Jiacia 1140. Se con- 
serva en una copia manuscrita hecha por Pe- 
dro Abad en 1307. Se ignora el nOmbre de su 
autor, y sólo se supone que fuera vecino de 
Medinaceli o sus cercanías po'f la minuciosidad 
con que suele describir aquellos contornos. A juz- 
gar por ciertas peculiaridades de su lenguaje, 
probable es que fuera un mozárabe, o cristiano 
que vivía entre 7noros. 

El género de poesía a que este poema perte- 
nece duró en España hasta el siglo XV, y produjo 
otros poemas de que sólo nos quedan fragmen- 
tos o prosificaciones incorporadas en viejas cró- 
nicas. La poesía épica castellana había recibido 
inspiraciones de la éj)ica francesa, pero — a dife- 



6 

renda de esta — era poco dada a lo fabuloso y 
fantástico. Cuando comenzaron a contarse en 
prosa los asuntos de la poesía épica francesa, 
resultaron las novelas de caballerías; cuando se 
hizo lo propio con la poesía épica castellana, re- 
sultaron, por regla general, libros de historia, 
crónicas... 

En 1779, Tomás Antonio Sánchez publicó por 
primera vez el Cantar de mió Cid en su Colección 
de poesías castellanas anteriores al siglo xv, 
toTuo I. En 186 Jf, Florencio Janer lo reimprimió 
en el vol. LVII de la Biblioteca de Autores Es- 
pañoles de Rivadeneyra. K. Wollm^oller lo publicó 
nuevamente en Halle, 1879. D. Ramón Menéndez 
Pidal inaugura una nueva era de los estudios ci- 
dianos al publicar el poema en 1898-1900, a lo 
cual siguió su obra fundamental: Cantar de mió 
Cid, texto, gramática y vocabulario, S vols. Ma- 
drid, 1908-1911; y, en 1913, otra edición para los 
Clásicos Castellanos de La Lectura. También 
A. M. Huntington ha publicado una edición de 
lujo del Cid, en Nueva York, 1897-1903. 

La figura del Cid Campeador, umversalmente 
conocida, lo es sobre todo, para el público gene- 
ral, a través de los romances viejos, posteriores 
en varios siglos al Poema de mió Cid, y que re- 
presentan, a todas luces, un mundo estético 
muy distinto del de los juglares medioevales : más 
elegante sin duda, más compuesto; pero donde 
la figura de D. Rodrigo pierde algo de la hon- 
rada llaneza con que se nos muestra en el Can- 



7 
tar, y aun padece, a ratos, verdaderas ofusca- 
ciones. 

El mayor '¡nérito artístico del viejo poema 
está, sin duda, en esta nota de sobriedad. Aquí 
nunca gesticula el dolor, y la alegría tiene siem- 
pre una gracia bronca. Si en Cervantes se ad- 
mira como un florecimiento del espíritu espa- 
ñol, en el Cantar de mió Cid todos creen re- 
conocer las raíces de la scfisibilidad castellana. 
Así, aunque la idea del patriotismo del Cid no 
se encuentre expresa en el Poema, la figura del 
.,éToe ha adquirido una importancia de shnbolo 
nacional. 

Contiene este tomo, lado a lado, una edición del 
Cantar de mió Cid, según f>l antiguo texto, y 
una prosificación moderna del misTiio, destinada 
a los no familiarizados con el español del si- 
glo XII. El texto antiguo es — salvo algunas anota- 
ciones eruditas de que prescindimos, y alguna 
enmienda posterior que aquí recogeinos — fiel 
copia de la edición preparada por D. Ramón Me- 
néndez Pidal para los Clásicos Castellanos de La 
Lectura (Madrid, 1913.) En cuanto a la prosifi- 
cación, procura resjictar el espíritu del viejo poe- 
ma, y se ciñe a sus palabras tan estrictamente 
como lo tolera el sentido actual de la prosa cas- 
tellana; puede, pues, servir como auxilio para la 
interpretación del texto original, y también pue- 
de leérsela de corrido. La paridad en la impre- 
sión de uno y ctro texto, permite hacer cóinoda- 
mente las confrontaciones necesarias. 



8 

Debemos especial agradecimiento a D. Ramón 
Menéndez Pidal; sin sus investigaciones no hu- 
biera sido posible presentar al público este vo- 
lumen. Benévolamente nos ha autorizado para 
aprovechar el texto establecido por él, copiando 
la división de estrofas, arreglo de asonancias y de- 
más enmiendas criticas, y ha examinado la pro- 
sificación retocando lo que hacía falta. A él 
debe atribuir al lector discreto los aciertos que 
encuentre. 

A. R. 



POEMA DEL CÍD 



POEMA DE Mío CID 



CANTAR PRIMERO 

Destierro del Cid. 

(La falta de la primera hoja del códice del Can- 
tar se suple con el relato de la Crónica de Vein- 
te Eeyes). — El rey Alfonso envía al Cid para 
cobrar las parias del rey moro de Sevilla. Este 
es atacado por el conde castellano García Ordó- 
ñez. — El Cid, amparando al moro vasallo del rey 
de Castilla, vence a García Ordóñez en Cabra 
y le prende afrentosamente. — El Cid torna a 
Castilla con las parias, pero sus enemigos le 
indisponen con el rey. — Este destierra al Cid. 

Enbió el rey don Alfonso a Ruy Díaz mió ^id 
por las parias que le avían a dar los reyes de Cór- 
dova e de Sevilla cada año. Almutamiz rey de 
Sevilla e Almudafar rey de Granada eran a aque- 
lla sazón muy enemigos e queríansse mal de muer- 
te. E eran entonges con Almudafar rey de Grana- 
da estos ricos omnes que le ayuda van: el conde 
don Gargía Ordóñez, e Fortún Sánchez el yerno 
del rey don Gargía de Navarra, e Lope Sánchez... 



POEMA DEL CID 



CANTAR PRIMERO 

Destierro del Cid. 

El rey Alfonso envía al Cid para cobrar las 
parias del rey moro de Sevilla. Este es ataca- 
do por el conde castellano García Ordóñez. — El 
Cid, amparando al moro vasallo del rey de Cas- 
tilla, vence a García 07'dóñez en Cabra y le 
prende afrentosamente. — El Cid torna a Cas- 
tilla con las parias, pero sus encTnigos le indis- 
ponen con el rey. — Este destierra al Cid. 



Envió el rey don Alfonso al Cid Ruy Díaz por 
el tributo que los reyes de Córdoba y de Sevilla 
tenían que pagarle todos los años. Almu tamiz, 
rey de Sevilla, y Almudafar, rey de Granada, 
eran a la sazón muy enemigos y se odiaban a 
muerte. Almudafar, rey de Granada, tenía de 
su parte a algunos ricos hombres que le ayudaban : 
tal el conde García Ordóñez, y Fortún Sánchez — 
yerno del rey don García de Navarra — y Lope 



22 

e cada uno destos ricos omnes con su poder ayu- 
davan a Almudafar, e fueron sobre Almutamiz 
rey de Sevilla. 

Ruy Díaz Qiá, quando sopo que assí venían so- 
bre el rey de Sevilla que era vasallo e pechero 
del rey don Alfón su señor, tóvolo por mal e pe- 
.lóle mucho; e enbió a todos sus cartas de ruego, 
que non quisiessen venir contra el rey de Sevilla 
nin destruirle su tierra, por el debdo que avían 
con el rey don Alfonso, ca si ende ál quisiessen fa- 
zer, supiessen que non podría estar el rey don 
Alfonso que non ayudasse a su vasallo, pues que 
su pechero era. El rey de Granada e los ricos 
omnes non presgiaron nada sus cartas del Qiá, 
e fueron todos mucho esforzadamente e destru- 
yeron al rey de Sevilla toda la tierra, fasta el 
castillo de Cabra. 

Quando aquéllo vio Ruy Díaz Qiá, tomó todo 
el poder que pudo aver de cristianos e de moros, 
e fue contra el rey de Granada, por le sacar de 
la tierra del rey de Sevilla. E el rey de Granada 
e los ricos omnes que con él eran, quando sopie- 
ron que en aquella guisa iva, enviáronle dezir 
que non le saldrían de la tierra por él. Ruy Díaz 
^id quando aquello oyó, tovo que non le estaría 
bien si los non fuese cometer, e fue a ellos, e 
lidió con ellos en campo, e duróles la batalla desde 
ora de tergia fasta ora de medio día, e fue gran- 
de la mortandad que y ovo de moros e de cris- 
tianos de la parte del rey de Granada, e venció- 
los el Qiá e fizólos fuir del canpo. E priso el 



IS 

Sánchez... Todos éstos auxiliaban con su poder 
a Almudafar; y juntos marcharon sobre Almu- 
tamiz, rey de Sevilla. 

El Cid Ruy Díaz, cuando supo cómo venían 
sobre el rey de Sevilla, que era vasallo y peche- 
ro del rey don Alfonso, su señor, túvolo a mal y 
pesóle mucho; y envió a todos cartas rogándoles 
que no se empeñasen en atacar al rey de Sevilla 
y destruir sus tierras, por la obligación que tenían 
al rey don Alfonso; y que si a toda costa querían 
hacerlo, tuvieran por cierto que el rey don Alfonso 
no podría dejar de sostener a su vasallo, puestO' 
que era su pechero. El rey de Granada y los ricos 
hombres no hicieron caso de las cartas del Cid; y 
cayeron esforzadamente sobre el rey de Sevilla, 
destruyendo todas sus tierras hasta el castillo de 
Cabra. 

Al ver esto, el Cid Ruy Díaz reclutó todas las 
fuerzas que pudo juntar entre cristianos y mo- 
ros, y marchó contra el rey de Granada, para 
expulsarle de las tierras del rey de Sevilla. Cuan- 
do esto supieron el rey de Granada y los ricos 
hombres que le acompañaban, enviáronle a decir 
que no sería él quien los echara de aquellas tie- 
rras. Oyólo el Cid Ruy Díaz, y se dijo que esta- 
ba obligado a castigarlos; y fué hacia ellos, y 
lidió con ellos en batalla campal que duró desde 
la hora de tercia hasta medio día; y grande fué 
la mortandad de moros y cristianos por parte 
del rey de Granada. Así venció el Cid a sus ene- 
migos obligándoles a abandonar el campo. En 



14 

^id en esta batalla al conde don Gargía Ordóñez 
e mesóle una piega de la barba... e a otros cava- 
lleros muchos, e tanta de la otra gente que non 
avie cuenta; e tóvolos el ^id presos tres días, 
desí quitólos a todos. Quando él los ovo presos, 
mandó a los suyos coger los averes e las rique- 
zas que ñncavan en el canpo, desí tornósse el ^id 
«on toda su conpaña e con todas sus riquezas para 
Almutamiz rey de Sevilla, e dio a él e a todos 
sus moros quanto conosgieron que era suyo, e 
íiun de lo ál quanto quisieron tomar. E de allí 
adelante llamaron moros e cristianos a éste Ruy 
Díaz de Bivar el Qiá Campeador, que quiere dezir 
batallador. 



Almutamiz dióle entonges muchos buenos dones 
e las parias por que fuera... E tornósse el Qiá 
con todas sus parias para el rey don Alfonso su 
señor. El rey resgibióle muy bien, e plógole mu- 
■cho con él, e fue muy pagado de quanto allá ñzie- 
ra. Por esto le ovieron muchos enbidia e buscá- 
ronle mucho mal e mezcláronle con el rey... 

El rey commo estava muy sañudo e mucho 
irado contra él, creyólos luego..., e enbió luego 
dezir al Qiá por sus cartas que le saliesse de todo 
el regno. El ^id después que ovo leídas las car- 
tas, commo quier que ende oviesse grand pesar, 
non quiso y al fazer, ca non avía de plazo más 
de nueve días en que salliesse de todo el reyno. 



15 

esta batalla el Cid hizo prisionero a don García 
Ordóñez y le arrancó un mechón de las barbas... 
y también cogieron a otros muchos caballeros. 
Tantos fueron los enemigos presos, que se perdió 
la cuenta. Tres días los tuvo cautivos el Cid y 
después los mandó soltar. Pero una vez presos, 
ordenó a los suyos que recogiesen todos los bie- 
nes y riquezas abandonados en el campo, y lue- 
go se reunió con su compañía y su botín a Al- 
mutamiz, rey de Sevilla. 

A él y a sus inores entregó, de los objetos 
rescatados, cuanto reconocieron por suyo, y aun 
de lo ajeno cuanto quisieron. Y desde entonces 
moros y cristianos apellidaron a Euy Díaz de 
Vivar el Cid Campeador, para recordar su bra- 
vura en las batallas. 

Almutamiz le mandó obsequiar con ricos pre- 
sentes y le entregó además el tributo que ha- 
bía venido a recoger... El Cid volvióse con el tri- 
buto al rey don Alfonso, su señor. El rey lo re- 
cibió muy bien, se declaró satisfecho de él y muy 
contento de su conducta. Y ésta fué la causa de 
que le salieran muchos envidiosos, procurándole 
incontables daños, hasta que no le pusieron a 
mal con el rey... 

El rey les prestó oídos, porque tenía viejas 
rencillas contra él, y envió a decir al Cid por 
una carta que saliese del reino. El Cid, leída la 
carta, aunque lleno de pesar, no quiso dilatar la 
obediencia, que sólo se le dejaba un plazo de 
nueve .días para ausentarse del reino. 



3C 



El Cid convoca a sus vasallos; éstos se destie- 
rran con él. (Sigue el relato de la Crónica de 
Veinte Eeyes y se continúa con versos de una 
Refundición del Cantar). — Adiós del Cid a Vi- 
var (aquí comienza el manuscrito de Per 
Abbat). 

Enbió por sus parientes e sus vasallos, e díxo- 
les cómmo el rey le mandava sallir de toda su 
tierra, e que le non dava de plazo más de nueve 
días, e que quería saber dellos quáles querían ir 
con él o quáles fincar. 

"e los que conmigo fuéredes de Dios ayades buen 

[grado, 
"e los que acá fincáredes quiérome ir vuestro 

[pagado." 
Entonges fabló Alvar Fáñez su primo cor- 

[mano : 
"convusco iremos, Q.á, por yermos e por pobla- 

[dos, 
"ca iiunca vos fallesceremos en quanto seamos 

[sanos 
"convusco despenderemos las muías e los cavallos 
"e los averes e los paños 

"siempre vos serviremos como leales vasallos." 
Entonge otorgaron todos quanto dixo don Alvaro ; 
mucho gradesgió mió Qiá quanto allí fue razo- 

[nado... 



17 



E¿ Cid convoca a sus vasallos; éstos se destie- 
rran con él. (Sigue el relato de la Crónica de 
Veinte Reyes y se continúa con versos de una 
Refundición del Cantar). — Adiós del Cid a Vi- 
var (aquí comienza el manuscrito de Per 
Abbat). 

Convocó a sus deudos y vasallos, díjoles cómo 
el rey le mandaba abandonar su tierra dentro del 
corto plazo de nueve días, y que quería saber 
quiénes de ellos estaban dispuestos a desterrar- 
se con él y quiénes no. 

— Y a los que quisieren venir conmigo — aña- 
dió — , que Dios se lo pague; y de los que prefieran 
quedarse aquí, quiero despedirme como amigo. • 

Y su primo hermano, Alvar Fáñez, le contestó: 

— Con vos, Cid, con vos iremos por yermos y 
poblados, y no os hemos de faltar mientras ten- 
gamos alientos. En vuestro servicio se nos han 
de acabar nuestros caballos y muías, dinero y 
vestidos. Ahora y siempre hemos de ser vuestros 
leales vasallos. 

Todos aprobaron lo que dijera don Alvaro, y 
el Cid lo agradeció mucho a todos. En seguida 
partió de Vivar, encaminándose a Burgos. De- 
siertos y abandonados quedan sus palacios. 

Con los ojos llenos de lágrimas, volvía la ca- 
beza para contemplarlos (por última vez). Y vio 
MÍO Cid. 2 



18 

Mío ^id movió de Bivar pora Burgos adeli- 

[ñado, 
assí dexa sus palagios yermos e desheredados. 
De los sos ojos tan fuertemientre llorando, 
tomava la cabega i estávalos catando. 
Vio puertas abiertas e ugos sin cañados, 
alcándaras vázias sm pielles e sin mantos 
e sin falcones e sin adtores mudados. 
Sospiró mió ^id, ca mucho avié grandes cuidados. 
Fabló mió Qiá bien e tan mesurado: 
^'grado a tí, señor padre, que estás en alto! 
"Esto me an buolto míos enemigos malos." 



Agüeros en el camino de Burgos. 

Allí pienssan de aguijar, allí sueltan las rien- 

[das. 
A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra, ^ 
e entrando a Burgos oviéronla siniestra. 
Megió mió Qiá los ombros y engrameó la tiesta: 
^'albricia, Alvar Fáñez, ca echados somos de tie- 

[rra! 
**mas a grand onára tornaremos a Castiella". 

3 
El Cid entra en Burgos. 
\ í? Mío Qiá Roy Díaz por Burgos entróve. 



|l 



En sue conpaña sessaenta pendones; 
exien lo veer mugieres e varones, 



19 

las puertas abiertas, y los postigos sin candados; 
vacías las perchas, donde antes colgaban man- 
tos y pieles, o donde solían pasar los halcones y 
los azores mudados. Suspiró el Cid, lleno de 
tribulación, y al fin dijo así con gran mesura: 

— ¡Loado sea Dios! A esto me reduce la mal- 
dad de mis enemigos. 



2 

Agüeros en el camino de Burgos, 

Ya aguijan, ya sueltan la tienda. A la salida 
de Vivar vieron la corneja al lado derecho del 
camino; entrando a Burgos, la vieron por el 
lado izquierdo. El Cid se encoge de hombros, y 
sacudiendo la cabeza: 

— ¡Albricias, Alvar Fáñez — exclama — nos han 
desterrado; pero hemos de tomar con honra a 
Castilla! 

3 

El Cid entra en Burgos. 

Ya entra el Cid Ruy Díaz por Burgos; sesenta 
pendones le acompañan. Hombres y mujeres sa- 
len a verlo; los burgaleses y las burgalesas se 



burgeses e burgesas, por las finiestras soné, 
pl<?r¿indo de los ojos, tanto avien el dolore. 
De las sus bocas todos dizían una razone: _ 
«Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen senore! 

4 

Nadie hospeda al Cid.-Sólo una niña le dirige 
la palabra para mandarle alejarse.-ElCídse 
ve obligado a acampar juera de la población, 
en la glera, 

Conbidar le ien de grado, mas ninguno non 

[osava: 

el rey don Alfonsso tanto avie le grand saña 
Antes de la noche en Burgos del entró su carta, 
con grand recabdo e fuertemientre seellada: 
que a mió gid Roy Díaz que nadi nol ^^^^^^J^'^ 

e aquel que gela dlesse sopiesse vera palabra 
que perderie los averes e más los ojos de la cara, 
e aun demás los cuerpos e las almas. 
Grande duelo avien las yentes cristianas; 
ascóndense de mió Cid, ca nol osan dezir nada. 

El Campeador adeliñó a su posada; 
así commo llegó a la puorta,- fallóla bien cerrada, 
por miedo del rey Mfons, que assí lo V^'l^^\ 
que si non la quebrantas, que non gela abriessen 
L de mío gid a altas vozes llaman, [pernada, 
los de dentro non les querién tomar palabra. • 
Aguijó mió gid, a la puerta se llegaua, 
.acó el pie del estribera, una feridal dava. 



21 

asoman a las ventanas, todos aflgidos y llorosos. 
De todas las bocas sale el mismo lamento: 

— ¡Oh Dios, qué buen vasallo si tuviese buen 
señor! 

\ 
4 

Nadie hospeda al Cid. — Sólo una niña le dirige 
la palabra para mandarle alejarse. — El Cid se 
ve obligado a acampar fuera de la población^ 
en la glera. , , 

¡Con cuánto gusto le hospedarían! Pero nadie 
osa, por miedo a la saña de don Alfonso. Antes 
de anochecer, han llegado a Burgos cartas suyas 
con prevenciones muy severas y autorizadas por 
el sello real. Mandan que nadie dé posada al Cid 
Ruy Díaz, y que quien se atreva a hacerlo sepa 
por cierto que perderá sus bienes, y además los 
ojos de la cara y aun el cuerpo y el alma. Gran 
duelo tienen todos." Huyen de la presencia del Cid, 
no ati,*eviéndose a decirle palabra. 

El Campeador se dirigió a su posada; llegó a 
la puerta, pero se encontró con que la habían ce- 
rrado en acatamiento al rey Alfonso, y habían 
dispuesto primero dejarla romper que abrirla. La 
gente del Cid comenzó a llamar a voces; y los 
de adentro, que no querían responder. El Cid 
aguijó su caballo y, sacando el pie del estribo, 
golpeó la puerta; pero la pujpta, bien remacha- 
da, no cedía. \ 

A esto se acerca una niña de unos nueve años: 



22 

non se abre la puerta, ca bien era gerrada. 

Una niña de nuef años a ojo se parava: 
"Ya Campeador, en buena ginxiestes espada! 
"El rey lo ha vedado, anoch del entró su carta, 
"con grant recabdo e fuertemientre seellada. " 
"Non vos osariemos abrir nin coger por nada; 
"si non, perderiemos los averes e las casas, 
"e aun demás los ojos de las caras. 
"Qiá, en el nuestro pial vos non ganades- nada; 
"mas el Criador vos vala con todas sus vertudes 

[santas." 
Esto la niña dixo e tornos pora su casa. 
Ya lo vede el Qiá que del rey non avie gragia. 
Partios déla puerta, por Burgos aguijaua, 
llegó a Santa María, luego descavalga; 
fincó los inojos, de coragón rogaval 
La oragión fecha, luego cavalgava; 
salió por la puerta e Arlangon passava. 
Cabo Burgos essa villa en la glera posava, 
fincava la tienda e luego descavalgava. 
Mío Qiá Roy Díaz, el que en buena ginxo espada, 
posó en la glera quando nol coge nadi en casa; 
ji derredor del una buena conpaña. 

Assí posó mío Qiá commo si fosse en montaña. 
Vedada Tan conpra dentro en Burgos la casa 
de todas cosas quantas son de vianda; 
nol osarien vender al menos dinarada. 



23 

— ¡Oh, Campeador, que en buen hora ceñiste 
cspaáa! Sábete que el rey lo ha vedado, j que 
anoche llegó su orden con prevenciones muy se- 
veras y autorizada por el sello real. Por nada en 
el mundo osaremos abriros nuestras puertas ni 
daros acogida, porque perderíamos nuestros bie- 
nes y casas, amén de los ojoS de la cara. Oh, Qd: 
nada ganarías en nuestro mal. Sigue, pues, tu 
camino, y válgate el Criador con todos sus 
santos. 

Así dijo la niña, y se entró en su casa. Com- 
prende el Cid que no puede esperar gracia del 
rej^ y, alejándose de la puerta, cabalga por Bur- 
gos hasta la iglesia de Santa María; donde se 
apea del caballo y, de hinojos, comienza a orar. 
Hecha la oración, vuelve a montar, y, saliendo 
por la puerta de Santa María, cruza el Arlan- 
zon. Al lado de Burgos, pasado el río, está eí are- 
nal donde acampa, manda izar la tienda y deja 
el caballo. Así el Cid Ruy Díaz, que en buen 
hora ciñó espada, cuando ve que no le acoge 
nadie, decide acampar en el arenal. Muchos son 
los que le acompañan. Allí se instala el Cid como 
en pleno monte. También le han vedado comprar 
sus viandas en el pueblo de Burgos, y nadie 
osaría venderle ni la ración mínima que se obtie- 
ne por un dinero. 



24 



Martín Antolínez viene de Burgos a proveer 
de víveres al Cid. 

Martín Antolínez, el Burgalés conplido, 
a mío Cid e alos sos abásteles de pan e de vino; 
non lo conpra, ca él se lo avie consigo; 
de todo conducho bien los ovo bastidos. 
Pagos mió Qiá el Campeador conplido 
e todos los otros que van a so gervicio. [cho: 

'Fabló Martín Antolínez, odredes lo que ha di- 
"ya Canpeador, en buen ora fostes nagido! 
"esta noch yagamos e vayámosnos al niatino, 
"ca acusado seré de lo que vos he seruido, 
"en ira del rey Alffons yo ser^ metido. 
"3i con vusco escapo sano e blx'-o, 
"aun cerca o tarde el rey querer m'a por amigo;. 
"si non, quanto dexo no lo pregio un figo." 



El Cid, empobrecido, acude a la astucia de Martín 
Antolínez. — Las arcas de arena. 

Fabló mió Cid, el que en buen ora QÍnxo es- 
"Martín Antolínez, sodes ardida langa! [pada: 
"si yo bivo, doblar vos he la soldada. 
"Espeso e el oro e toda la plata, 
"bien lo veedes que yo no trayo nada. 



25 



Martin Antolínez viene de Burgos a proveer 
de víveres al Cid. 

Martín Antolínez, un cumplido burgalés, pro- 
cura al Cid y a los suyos el pan y la bebida; 
lio desobedece al rey, porque nada compra: todo 
lo que daba era suyo. Y así pudo proporcionar- 
les las necesarias provisiones, de que quedaban 
contentos el buen Cid Campeador y todos los 
suyos. 

Habló, pues, Martín Antolínez; oíd lo que dijo: 
-^Oh, Campeador, que en buena hora nacis- 
teis: reposemos aquí esta noche, partamos .por' 
la mañana; porque sin duda me acusarán de lo 
que he hecho por vos, y la ira del rey Alfonso 
me perseguirá. Si logro escapar sano y salvo á 
vuestro lado, tarde o temprano el rey me ha 
de querer por amigo; de lo contrario, cuanto 
soy y valgo no lo aprecio ya en nada. 



El Cid, empobrecido, acude a la astucia de Martín 
Antolínez. — Las arcas de arena. 

Y el Cid, que en buena hora ciñó espada, le 
contestó : 

— Martín Antolínez, caballero de valiente lanza : 
si Dios me concede vida, os he de doblar el suel- 
do. Poseo oro y plata en abundancia, aunque bien 



2G 

"huebos me serié pora toda mi conpaña; 
»f er lo he amidos, de grado non avrié nada. 
"Con vuestro consejo bastir quiero dos arcas; 
"inchámoglas d'arena, ca bien serán pesadas, 
"cubiertas de guadalmegí e bien enclaveadas. 



Las arcas destinadas para obtener dinero de dos 
judíos burgaleses. 

"Los guadamegís vermejos e los clavos bien do> 

[rados. 

"Por Raquel" e Vidas vayádesme privado: 
"QUando en Burgos me vedaron compra y el rey 
' [me a ayrado^ 

"non puedo traer el aver, ca mucho es pesado, 
"enpeñar gelo he por lo que fore gmsado; 
"de noche lo lieven, que non lo vean cristianos. 
"Véalo el Criador con todos los sos santos, 
"yo más non puedo e amidos lo fago." 



8 



Martin Antolinez vuelve a Burgos en busca 
de los judios. 

Martín Antolinez non lo detardava 
passó por Burgos, al castiello entrava, 
por Raquel e Vidas apriessa demandava. 



27 

ves que nada traigo conmigo, y buena falta me 
haría para todos los que me siguen. Me lo he 
de procurar a la fuerza, ya que de voluntad no 
me lo han de dar. Con vuestro consejo, quiero 
que construyamos dos arcas y las llenemos de 
arena de manera que pesen mucho; y sean forra- 
das de cuero labrado y bien claveteadas. 



Las arcas destinadas para obtener dinero de do8 
judíos burgaleses. 

- — Sea bermejo el cuero, dorados los clavos. Id 
después a buscarme prontamente a Raquel y a 
Vidas. "Puesto que me vedan la compra en Bur- 
gos y me destierra la ira del rey — les diré — , no 
puedo llevar conmigo mis bienes, que pesan mu- 
cho; por lo cual prefiero empeñárselos a un pre- 
cio razonable." Llévenles las arcas de noche, no 
lo vea nadie. Sólo lo vea y lo juzgue el Criador, 
con todos los santos: él sabe que no puedo más, 
que lo hago forzado. 

8 

Martin Antolínez vuelve a Burgos en busca 
de los judíos, 

Martín Antolínez, sin tardar, entra a Burgos, 
llega al castillo de la cuidad [donde moran los 
judíos], y pregunta urgentemente por Raquel y 
Vidas. 



¿s 



Trato de Martín Antolínez con los judíos. — Estos 
van a la tienda del Cid. — Cargan con las arcas 
de arena. 

Raquel e Vidas en uno estavan amos, [dos 
en cuenta de sus averes, de los que avien gana- 
L¡egó Martín Antolínez a guisa de menbrado: 
"¿O sodes, Raquel e Vidas, los mios amigos ca- 
"En poridad fablar querría con amos." [ros? 
Non io detardan, todos tres se apartaron. 
"Raquel e Vidas, amos me dat las manos, [nos; 
"que non me descubrades a moros nin a cristia- 
"por siempre vos faré ricos, que non seades men- 

[guados. 
"El Campeador por las parias fo entrado, 
"grandes averes priso e mucho sobejanos, 
"retovo dellos quanto que fo algo; 
"por en vino a aquesto por que fo acusado. 
"Tiene dos arcas llennas de oro esmerado. 
"Ya lo veedes que el rey le a ayrado. 
"Dexado ha heredades e casas -e palagios. [tado; 
"Aquellas non las puede levar, sinon, serié ven- 
"el Campeador dexar las ha en vuestra mano, 
"e prestalde de aver lo que sea guisado. 
"Prended las arcas e metedlas en vuestro salvo; 
^^ "con grand jura meted i las fedes amos, 
"qué non las catedes en todo aqueste año." 

Raquel e Vidas seiense consejando: 
"Nos huebos avernos en todo de ganar algo. 



29 



Trato de Martin Antolinez con los judíos. — Estos 
van a la tienda del Cid. — Ca^ygan con las arcas 
de arena. 

Juntos estaban Eaquel y Vidas haciendo cuen- 
ta de sus ganancias, cuando llegó a ellos Martín 
Antolinez el prudente: 

— ¿Dónde están Raquel y V^das, mis queridos 
amigos? Quisiera hablar con ellos a solas. 

Y, en efecto, se apartaron los tres. 

— Raquel y Vidas, vengan esas manos [en 
prenda de fidelidad], que no me descubriréis ni 
a moros ni a cristianos. Quiero haceros ricos 
para siempre, de modo que no paséis más tra- 
bajos. Sabed, pues, que el Campeador ha venido 
por unos tributos y ha cobrado bienes inconta- 
bles y extraordinarios, reteniendo para sí cuanto 
había de algún valor, de lo cual ha sido acusado. 
Tiene llenas de oro fino dos arcas. Sabréis además 
que está airado por el rey, y ha tenido que 
abandonar sus heredades, sus casas y sus pala- 
cios. No puede llevarse consigo las riquezas, por- 
que sería descubierto, y- desea el buen Campeador 
dejarlas en vuestras manos, y que le prestéis por 
la prenda una cantidad razonable. Coged, pues, 
las ai cas, ponedlas en seguro, y prometed y jurad 
que no las habéis de tocar en todo este año. 

Raquel y Vidas se ponen a meditar: /\^ 

— A nosotros nos importa sacar de todo al- 



80 

"Bien lo sabemos que él algo a ganado, 
"quando a tierra de moros entró, que grant aver 

[a sacado; 
"non duerme sin sospecha qui aver trae mone- 
"Estas arcas prendámoslas amos, [dado, 

"en logar las metamos que non sea ventado. 

"Mas dezidnos del Qid, de qué será pagado, 
"o qué ganangia nos dará por todo aqueste año ? " 
Repuso Martín Antolínez a guisa de menbrado: 
"myo ^id querrá lo que ssea aguisado; 
"pedir vos a poco por dexar so aver en salvo. 
"Acógensele omnes de todas partes menguados, 
"a menester seysgientos marcos." [grado." 

Dixo Raquel e Vidas: "dar gelos hemos de 
— "Ya vedes que entra la noch, el Qid es pres- 

[suradOj 
"huebos avemos que nos dedes los marcos." 
Dixo Raquel e Vidas: "non se faze assí el mer- 

[cado, 
"sinon primero prendiendo e después dando." 
Dixo Martín Antolínez: "yo desso me pago.* 
"Amos tred al Campeador contado, 
"e nos vos ayudaremos, que assí es -aguisado, 
"por aduzir las arcas e meterlas en vuestro salvo, 
"que non lo sepan moros nin cristianos." 
Dixo Raquel e Vidas: "nos desto« nos pagamos. 
"Las archas aduchas, prendet seyesgientos mar- 
Martín Antolínez caualgó privado [eos." 
con Raquel e Vidas, de voluntad e de grado. 
Non viene a la puent, ca por el agua a passado, 
que gelo non ventassen de Burgos omne nado. 



31 

gxina ventaja. Ya sabíamos, en efecto, que él 
también ha sacado algo de los bienes que cobró 
«n tierra de moros. Quien mucho dinero acuñado 
guarda, no duerme tranquilo. Tomemos, pues, 
«stas arcas, y guardémoslas donde nadie lo 
huela. 

— Pero veamos. ¿Cuánto pedirá el Cid, y qué 
interés nos pagará por todo este año? 

Y el prudente Martín Antolínez repuso: 

— El Cid se contentará con lo que sea justo; 
poco pedirá, con tal de dejar en salvo sus rique- 
zas. De todas partes se le vienen a juntar los 
•desheredados, y él necesita unos seiscientos mar- 
cos para pagar a su gente. 

Y dijeron Raquel y Vidas: 

— Los daremos de buena gana. 
— Pues mirad que viene la noche, el Cid está 
■de prisa, y necesitamos que nos deis los marcos. 

Y dijeron Raquel y Vidas: 

— No se hacen así los negocios, sino primero 
tomando y después dando. 

— Conformes — dice Martín Antolínez — . Ve- 
nid ambos con el ilustre Campeador ahora mis- 
mo, y os ayudaremos como es justo a acarrear 
las arcas y ponerlas en seguro, donde moros ni 
cristianos lo sepan. 

Y Raquel y Vidas: 

— Bien está. Y una vez aquí las arcas, reci- 
biréis los seiscientos marcos. 

Y hete aquí a Martín Antolínez cabalgando 
muy apresurado en compañía de Raquel y Vidas. 



Afévoslos a la tienda del Campeador contado; 
assí commo entraron, al Qiá besáronle las manos. 
Sonrrisós mió Cid, estávalos f ablando: 
"¡ya don Raquel e Vidas, avédesme olbidado! 
"Ya me exco de tierra, ca del rey so ayrado. 
"A lo quem semeja, de lo mió avredes algo; 
"mientra que vivades non seredes menguados." 
Raquel e Vidas a mió Qiá besáronle las manos. 
Martín Antolínez el pleyto a parado, [marcos, 
que sobre aquellas arcas dar le ien seysgientos 
e bien gelas guardarien fasta cabo del año; 
ca assil dieran la fed e gelo auien jurado, 
que si antes las catassen que fossen perjurados, 
non les diesse mió ^id de ganangia un dinero 

[malo. 
Dixo Martín Antolínez: "carguen las arcas pri- 

[vado. 
"Levaldas, Raquel e Vidas, ponedlas en vuestro 

[salvo; 
"yo iré convusco, que adugamos los marcos, 
"ca a mover ha mió Qiá ante que cante el gallo." 
Al cargar de las arcas veriedes gozo tanto: 
Non las podien poner en somo maguer eran es- 

[forgados. 
Grádanse Raquel e Vidas con averedes moneda- 

[dos, 
ca mientra que visquiessen refechos eran amos. 



33 

Pero no han pasado por el puente: para que no 
los sientan los de Burgos, cruzan por el agua. 

Pronto llegan a la tienda del Campeador; ape- 
nas entran, van a besar las manos al Cid. El Cid, 
sonriente, les hablaba : 

— ¡Hola, don Raquel y don Vidas, no os habréis 
olvidado de mí! Voy desterrado: me ha echado 
el ley. Se me figura que vais a compartir de lo 
mío. No pasaréis más trabajos en vuestros día^. 

Y Raquel y Vidas le besaron las manos. Mar- 
tín Antolínez ha concertado ya el negocio, pi- 
diendo seiscientos marcos sobre aquellas arcas 
que los judíos han de guardar cuidadosamente 
hasta ñn de año. Ellos le han prometido y dado 
,fe de no tocarlas antes, pena de perjurio y de 
no percibir un mal dinero, como interés sobre el 
préstamo. 

-- -Carguen al instante las arcas — dice Mar- 
tín Antolínez — . Llevadlas, Raquel y Vidas; po- 
nedlas en vuestro secreto. Os acornpañaré para 
que me deis los marcos convenidos, porque el 
Cid tiene que marcharse antes que cante el gallo. 

¡Vierais qué alegría de cargai las arcas! Aun- 
que forzudos, apenas podían ponerlas sobre el 
lomo de las bestias. Gozosos estaban Raquel y 
Vidas con sus riquezas, y ya se daban por opu- 
lentos para todos sus días. 



MÍO Cid. 



34 



10 

Despedida de los judíos y el Cid. — Martin 
Antolínez se va con los judíos a Burgos. 

Eaquel a mió Qiá la manol ha besada: 
•"¡Ya Canpeador, en buena ginxiestes espada! 
"de Castiella vos ide,s pora las yentes estrañas. 
"Assí es vuestra ventura, grandes son vuestras 

[ganancias; 
"una piel vermeja morisca e ondrada, 
"Qiá, beso vuestra mano en don que la yo aya." 
• — "Plazme", dixo el Qiá, "daquí sea mandada. 
"Si vos la aduxier dalla; si non, contal da sobre 

Raquel e Vidas las arcas levavan, [las arcas." 
con ellos Martín Antolínez por Burgos entrava. 
Con todo recabdo llegan a la posada; 
en medio del palagio tendieron un almogalla, 
sobrella una sávana de raUgal e muy blanca. 
A tod el primer colpe trezientos marcos de plata, 
notólos don Martino, sin peso los tomava; 
los otros trezientos en oro gelos pagavan. 
Qinco escuderos tiene don Martino, a todos los 

[carga va. 
Quando esto ovo fecho, odredes lo que fablava: 
"ya don Raquel e Vidas, en vuestras manos son 

[las arcas; 
^'yo> que esto vos gané, bien meregía caigas." 



35 



10 



' Despedida de los judíos y el Cid. — Martin 
Antolincz se va con los judíos a Burgos. 

Eaquel le ha besado la mano al Cid [para ha- 
cerle una petición] : 

— Campeador, Campeador, que en buen hora 
ceñisteis espada: ya os alejáis de Castilla y vais 
a vivir entre extrañas gentes. Tal es vuestra 
ventura, muy grandes serán nuestras ganancias. 
Oh Cid, os beso la mano y os pido que me deis 
una piel bermeja, morisca, hermosa. 

-T— Que me place — dijo el Cid — . Desde ahora 
está concedida, sea que os la traiga de allá, o 
si no, clescontadla del valor de las arcas. 

Ya se llevaban las arcas Raquel y Vidas, y 
con ellos entraba en Burgos Martín Antolínez. 
Pronto llegaron a la posada. Tendieron en mis- 
tad de la sala una alfombrilla, y sobre ella una 
sábana de hilo muy fina y blanca. De una vez 
contó allí don Martín trescientos marcos de pla- 
ta, sin pesarlos; y los otros trescientos se los pa- 
garon en oro. Cinco escuderos traía consigo^ a 
todos los carga. Hecho esto, dijo lo que oiréis: 

— Ya están en vuestras manos las arcas, amigos 
Raquel y Vidas. Bien merezco unas calzas en 
agasajo por lo que os he hecho ganar. 



3G 



11 

E¿ Cid, provisto de dinero por Martín Antolínez, 
se dispone a marchar. 

Entre Raquel e Vidas aparte ixieron amos: 
"démosle buen don, ca él no' lo ha buscado. 
"Martín Antolínez, un Burgalés contado, 
"vos lo meregedes, darvos queremos buen dado, 
"de que fagades caigas e rica piel e buen manto. 
"Dámosvos en don a vos treinta marcos; 
"mereger no' lo hedes, ca esto es aguisado: 
"atorgar nos hedes esto que avemos parado." 

Gradegiólo don Martino e recibió los marcos; 
gradó exir de la posada e espidiós de amos. 
Exido eá^de Burgos e Alangón a passado, 
vino pora la tienda del que en buen ora nasco. 

Regibiólo el Qid abiertos amos los bragos: 
"¿Venides, Martín Antolínez, el mió fidel vas- 

[sallo! 
"Aun vea el día que de mí ayades algo!" 
— "Vengo, Campeador, con todo buen recabdo: 
"vos seysgientos e yo treynta he ganados. 
"Mandad coger la tienda e vayamos privado, 
"en San Pero de Cárdena i nos cante el gallo; 
"veremos vuestra mugier, menbrada fija dalgo. 
"Mesuraremos la posada e quitaremos el rey- 

[nado; 
s. "mucho es huebos, ca gerca viene el plazdo." 



37 



11 

El Cid, provisto de dinero por Martin Antolinez, 
se dispone a marchar. 

Y Raquel y Vidas se alejaron un poco, ha- 
blando entre sí: 

-Démosle algún buen regalo; él nos ha pro- 
curado este negocio. ¡Ea, pues! Martín Antoli- 
nez, húrgales ilustre, vos lo merecéis y a nosotros 
place obsequiaros con que os mandéis hacer unas 
calzas, rica piel y precioso manto. He aquí, pues, 
treinta marcos para vos; bien los merecéis, pues- 
to que os toca, en justicia, ser el fiador de lo que 
hemos pactado. 

Muy agradecido recibió don Martín los mar- 
cos, y tras de haberse despedido, salió de la po- 
sada. Ya sale de Burgos, ya cruza el Arlanzón, 
ya está de nuevo en la tienda del Cid bienhadado. 
Con los brazos abiertos lo recibe el Cid: 

— ¿Sois vos, Martín Antolinez, mi fiel vasallo? 
¡Ojalá llegue día en que pueda recompensaros 
lo que habéis hecho! 

— Soy yo, Campeador, que traigo buenas nue- 
vas. Vos habéis ganado seiscientos, yo treinta. 
Mandad recoger la tienda y alejémonos a toda 
prisa, que nos cante el gallo en San Pedro de 
Cárdena. Allí veremos a vuestra hidalga y digna 
mujer. Abreviaremos la estancia, y abandonare- 
mos el reino; que ya es fuerza, porque el plazo 
está para cumplirse. 



12 

El Cid "tnonta a caballo y se despide de la cate- 
dral de Burgos, prometiendo mil misas al altar 
de la Virgen. 

Estas palabras dichas, la tienda es cogida. 
IMio (^iá e sus compañas, cavalgan tan aína. 
La cara del cavallo tornó a Santa María, 
algo su mano diestra, la cara se santigua: 
"A tí lo gradesco. Dios, que gielo e tierra guías; 
"válanme tus vertudes, gloriosa Santa María! 
"D'aquí quito Castiella, pues que el rey he en ira; 
"non sé si entraré y más en todos los mios días. 
"Vuestra vertud me vala, Gloriosa, en mi exida 
"e me ayude e me acorra de noch e de día! 
"Si voss assí lo fiziéredes e la ventura me fore 

[complida, 
"mando al vuestro altar buenas donas e ricas; 
"esto he yo en debdo que faga i cantar mili mis- 

[sas." 
13 
Martin Antolinez se vuelve a la ciudad. 

Spidiós el caboso de cuer e de veluntad. 
Sueltan las riendas e pienssan de aguijar. 
Dixo Martín Antolinez, el Burgalés leal: 
"veré a la mugier a todo mió solaz, 
"castigar los he commo abrán a far. 
"Si el rey me lo quisiere tomar, a mí non m'incal. 
"Antes seré convusco que el sol quiera rayar." 



39 

12 

El Cid monta a caballo y se despide de la cate- 
dral de Burgos, prometiendo mil misas al altar 
de la Virgen. 

Dicho esto, recogieron la tienda y cabalgaron 
a toda prisa el Cid y los suyos. Vuelve el Cid 
su caballo hacia Santa María y, alzando la dies- 
tra y santiguándose, dice: 

— ¡Loado sea Dios, señor del cielo y de la tie- 
r]'a! ¡Gloriosa Santa María, .válgame tu amparo I 
La ira del rey me destierra de Castilla: n,i si- 
quiera sé si he de volver a ella en mis días. 
Válgame tu socorro, gloriosa Virgen: no me des- 
ampares ni de noche ni de día. Si así lo hicieres 
y la ventura me acompaña, desde ahora ofrez- 
co para tu altar bellas y ricas donas, y prometo 
que te haré cantar un millar de misas. 



13 

Martin Antolinez se vuelve a la ciudad. 

Así se despidió aquel varón prudente, con todO' 
el dolor de su alma. Todos soltaron las riendas y 
espolearon su cabalgadura. El leal burgalés Mar- 
tín Antolinez dijo entonces: 

— Quiero despedirme de mi mujer despacio, y 
advertir a todos lo que deberán hacer [en mi 
ausencia]. Si el rey quisiera despojarme, no me 
importa. Antes de rayar el alba, estaré de vuelta 
con vosotros. 



40 

14 

El Cid va a Cárdena, a despedirse de su familia. 

Tornavas don Maftino a Burees e mió Qiá 

[aguijó 
pora San Pero de Cárdena quanto pudo a es- 

[polón, 
con estos cavalleros quel sirven a so sabor. 
Apriessa cantan los gallos e quieren crebar 
I [albores, 

quando llegó a San Pero el buen Campeador; 
el abbat don Sancho, cristiano del Criador, 
rezaba lo^ matines abuelta de los albores. 
Y estava doña Ximena con ginco dueñas de pro, 
rogando a San Pero e al Criador: [peador." 

^'Tú que a todos guías, val a mió Qiá el Can- 

15 

Los monjes de Cárdena reciben al Cid. — Jimena 
y sus hijas llegan ante el desterrado. 

" Llamavan a la puerta, i sopieron el mandado; 
Dios, qué alegre f o el abbat don Sancho ! 
Con lumbres e con candelas al corral dieron 

[salto, 
con tan grant gozo regiben al que en buen ora 

[nasco. 
"Gradéscolo a Dios, mió Qiá'\ dixo el abbat don 

[Sancho; 
"pues que aquí vos veo, prendet de mí ospe- 
Dixo el Cid el que en buen hora masco: [dado." 



41 

14 -' 

El Cid va a Cárdena, a despedirse de su familia. 

Mientras don Martín volvía a Burgos, el Cid 
daba de espuelas para San Pedro de Cárdena, 
acompañado de aquellos caballeros que tan a su 
sabor le servían. 

Cantaban los gallos y quería romper el alba 
cuando llegó a San Pedro el buen Campeador. 
Al amanecer, el abad don Sancho, buen cristiano, 
estaba rezando los maitines; y doña Jimena, con 
cinco ilustres damas de su compañía, rogaba así 
a San Pedro y al Todopoderoso: 

— Tú, que a todos guías, ampara tú a mi Cid 
Campeador. 



15 

Los monjes de Cárdena reciben al Cid. — Jimena 
y sus hijas llegan ante el desterrado. 

Llaman a la puerta; la noticia vuela en un 
instante: ¡Oh Dios, cuál no fué la alegría del 
abad don Sancho! Con luces y cirios acudieron 
todos al patio, y reciben llenos de gozo al que 
en buen hora nació. 

— ¡Gracias a Dios, Cid mío! — dijo el abad don 
Sancho — . Y pues al ñn os tengo a mi lado, sed 
mi huésped. 

Y el Cid bienhadado le dijo así: 

— ¡Gracias, señor abad; muy satisfecho estoy 



42 

"^ragias, don abbat, e so vuestro pagado; 
"yo adobaré conducho, pora mí e pora mios va- 

[sallos; 
"mas por que me vo de tierra, dovos ginquaen- 

[ta marcos, 
"si yo algún día visquiero, seervos han dobla- 

[dos; 
"Non quiero far en el monesterio un dinero de 

[daño; 
"evades aquí pora doña Ximena dovos gient 

[marcos; 
"a ella e a sus fijas e a sus dueñas sirvádeslas 

[est año. 
"Dues fijas dexo niñas e prendetlas en los brá- 

[qos; 
"aquí vos las acomiendo a vos, abbat don San- 

[clio; 
"dellas e de mi mugier fagades todo recabdo. 
"Si essa despenssa vos fallegiere o vos m.en- 

[guare algo, 
"bien las abastad, yo assí vos lo mando; 
"por un marco que despendades al monesterio 

[daré yo quatro." 
Otorgado gelo avie el abbat de grado. [gando; 
Afevos doña Ximena con sus fijas do vei Re- 
señas dueñas las traen e adúzenlas en los bragos. 
Ant el Campeador doña Ximena fincó los ino- 

[jos amos, 
Llorava de los ojos, quísol. besar las manos: 
"Merged, Canpeador, :en ora buena fostes nado! 
"Por malos mestureros de tierra sodes echado. 



43 

de vos! Yo prepararé la comida para mí y para 
mi gente. Como tengo que salir de la tierra, Os 
quiero dejar cincuenta marcos, y os los doblaré 
si Dios me da vida y salud. No quisiera causar 
el i^ienor gasto en el monasterio. He aquí otros 
cien marcos para que podáis servir durante este 
año a doña Jimena, a sus hijas y dueñas. Cui- 
dadme bien a esas' dos niñas que dejo: os las 
encomiendo especialmente, abad don Sancho. Te- 
ned toda clase de miramientos con ellas y con 
mi» mujer. Si se os acabare el dinero u os faltare 
algo, no miréis en gastos para darles cuanto ne- 
cesiten: os lo encargo mucho. Por cada marco 
que gastéis, yo daré cuatro al monasterio. 

El abad le ofrece hacerlo así con la mejor 
voluntad. , 

Pero he aquí a doña Jimena y con ella sus 
hijas, cada una en brazos de un aya. Doña Ji- 
mena se arrodilla ante el Campeador; no puede 
contener las lágrimas, quiere besarle las manos: 

— Campeador, Campeador, en buen hora na-* 
císteis jAy, que os destierran las intrigas de los 
malvados ! 



44 

16 

Jimena lamenta el desamparo en que queda la 
niñez de sus hijas. — El Cid espera llegar a ca- 
sarlas honradamente. 

"Merced, ya Qiá, barba tan complida! 
"Fem ante vos yo e vuestras ffijas, 
"iff antes son e de días chicas, " 
"con aquestas mis dueñas de quien so yo ser- 
"Yo lo veo que ;estades vos en ida [vida, 

"e nos de vos partir nos hemos en vida. 
Dandnos consejo por amor de santa María!" 

Endino las manos i la barba vellida, 
a las sues fijas en brago' las prendía, 
llególas al coragón, ca mucho las quería. 
Llora de los ojos, tan fuerte mientre sospira: 
"Ya doña Ximena, la mi mugier tan complida, 
"commo a la mié alma yo tanto vos quería. 
"Ya lo veedes que partir nos emos en vida, 
"yo iré y vos fincaredes remanida. 
•"Plega a Dios e a santa María, 
"que aun con mis manos case estas mis ñ jas, 
"e quede ventura y algunos días vida, 
"e vos, mugier ondrada, de mí seades servida!" 

17 

ün centenar de castellanos se juntan en Burgos 
para irse con el Cid, 

Grand yantar le fazen al buen Campeador. 
Tañen las campanas en San Pero a clamor. 



45 

16 

Jimena lamenta el desamparo en que queda la 
niñez de sus hijas. — El Cid espera llegar a ca- 
sarlas honradamente. 

— Escuchadme, oh Cid de la hermosa barba. 
Henos aquí en vuestra presencia a mí y a vues- 
tras hijas, muy niñas y tiernas; ved allí a las 
dueñas que me sirven. Ya veo que estáis para 
partir y que hemos de separarnos de vos. Por 
amor de Santa María, aconsejadnos lo que hemos 
de hacer. 

El de la hermosa barba alargó las manos, co- 
gió a su hijas en brazos, y las acercó, amoroso, 
a su corazón. Lágrimas acuderx a sus ojos, y al 
fin dijo así tras un suspiro: 

— Doña Jimena, mi excelente mujer; os quiero 
tanto como a mi alma. Ya lo veis: hemos de se- 
pararnos. Yo tengo que alejarme, y vos vais a 
quedaros aquí. ¡Oh, plegué a Dios y a Santa Ma- 
ría que pueda casar con mis propias manos a 
estas mis hijas, y aun me quede vida para gozar 
de tanta ventura y para serviros a vos, mujer 
honrada ! 

17 

Un centenar de castellanos se juntan en Burgos 
para irse con el Cid. 

Le preparan una abundante comida al buen 
Campeador. Las campanas de San Pedro tañen 



4 b 

Por Castiella odiendo van los pregones, 
commo se va de tierra mió ^id el Canpeador; 
unos dexan casas e otros onores. 
En aqués día a la puent de Arlangón 
Qiento quinze cavalleros todos juntados son; 
todos demandan por mió ^id el Canpeador; 
Martín Antolínez con ellos' cojo. [nació. 

Vansse pora San Pero do está el que en buena 



18 



Los cien castellanos llegan a Cárdena y se hacen 
vasallos del Cid. — Este disjjone seguir su cami- 
no por la mañana. Los "inaHines en Cárdena. 
Oración de Jim,ena. — Adiós del Cid a su fami- 
lia. — Últimos encargos al abad de Cárdena. — El 
Cid camina al destierro; hace noche desjmés 
de pasar el Duero. 

Quando lo sopo mió Qiá el de Bivar, 
quel crege conpaña, por que más valdrá, 
apriessa cavalga, regebir los sale; 
dont a ojo los ovo, tornos a sonrisar; 
Háganle todos, la manol ban besar. 

Fabló mió ^id de toda voluntad: 
"yo ruego a Dios e^l Padre spirital, 
"vos, que por mí dexades casas e heredades, 
"enantes que yo muera, algún bien vos pueda 
'■'lo que perdedes doblado vos lo cobrar." [far: 
Plogo a mió Qiá, por que cregió en la yantar, 
plogo a los otros omnés todos quantos con él están. 



47 

a todo vuelo. En tanto van diciendo por Castilla 
cómo se aleja de su tierra el Cid Campeador. 
[Por seguirle], unos abandonan sus casas, otros 
sus heredades. Ese mismo día pasaban el puente 
del Arlanzón ciento quince jinetes preguntando 
por dónde anda el Cid. Martín Antolínez se les 
reúne, y juntos se encaminan hacia San Pedro, 
donde está el bienhadado. 

18 

Loa cien castellanos llegan a Cárdena y se hacen 
vasallos del Cid. — Este dispone seguir su cami- 
no por la mañana. Los maitines en Cárdena. 
Oración de Jimena. — Adiós del Cid a su fami- 
lia. — Últimos encargos al abad de Cárdena. — El 
Cid camaina al destierro; hace noche después, 
de pasar por el Duero. 

Cuando vio el Cid de Vivar que su compañía au- 
mentaba, y con ello sus esperanzas de ganarse fá- 
cilmente la vida, sale a caballo a recibirlos. En 
cuanto los divisa, sonríe satisfecho. Todos llegan 
a besarle las manos [en señal d^ vasallaje]. 

El Cid dijo animosamente: 

— Kuego a Dios, Padre Espiritual, que pue- 
da haceros algún bien, a cambio de las hereda- 
des y casas que así habéis dejado por seguirme. 
Doblado habéis de cobrar lo que perdéis. 

El Cid se regocijaba de ver crecer su compa- 
ñía, y todos sus hombres estaban tan alegres 
como él. 



Los seys días de plazdo, passados los an, 
tres an por trogir, sepades que non más. 
.Mandó el rey amio Cid aguardar, [tomar, 

que, si después del plazo con su tierral pudies e 
por oro nin por plata non podríe escapar. 
*1 día es exido, la noch querié entrar, 
a sos cavalleros mandólos todos juntar: 
"Oid, varones, non vos caya en pesar; 
"poco aver trayo, dar vos quiero vuestra parj;. 
"Seed membrados commo lo devédes far: 
"a la mañana, quando los gallos cantarán, 
"non vos tardedes, mandedes ensellar; 

"en San Pero a m.atines tandrá el buen abbat, 

"la missa nos dirá, de santa Trinidad; 
"la missa dicha penssemos de cavalgar, 
"ca el plazo viene agerca, mucho avemos de 

[andar." 
Quomo lo mandó mió Qiá, assí lo an todos ha 
Passando va la noch, viniendo la man; [far. 
a los mediados gallos pienssan de ensellar. 
Tañen a matines a una priessa tan grande; 
-- mió Cid e su mugier a la eglesia vane. [tare, 
Echós doña Ximena en los grados delantel al- 
rogando ai Criador quanto ella mejor sabe, 
que a mió Qiá el Campeador que Dios le curias 

[de male: 
"Ya señor glorioso, padre que en gielo estase, 
"fezist gielo e tierra, el tergero el mare; 
, "fezist estrellas e luna y el sol pora escalen- 

[tare; 

"prisist encarnagión en santa María madre, 



49 
Han transcurrido ya seis días. Sabed que fal- 
tan tres, y no más, para que el plazo se cumpla. 
El rey ha mandado que vigilen al Cid; y como 
le coja dentro de su tierra después del plazo^ 
no escapará por todo el oro del mundo. El dja 
va cayendo, anochece. Manda el Cid juntar a 
todos sus caballeros: 

-—Oíd varones, y no os aflija lo que voy a ' 
deciros. Poco dinero traigo, pero quiero daros 
vuestra parte. Tened muy presente lo que debéis 
hacer: en cuanto amanezca, al canto del gallo, 
m.andaréis ensillar sin tardanza. Nuestro buen 
abad tañerá a maitines en San Pedro, y nos 
dirá la misa de la Santa Trinidad ; y hecho esto, 
comenzaremos a cabalgar, porque el plazo se 
acerca y hay que andar mucho todavía. 

Tal como lo mandó se hará. Ya va pasando 
la noche, se acerca la mañana. Al segundo canto 
de los gallos comienzan a ensillar. 

Tañen presurosamente a maitines. El Cid y 
su líiujer van a la iglesia. Doña Jimena se arroja 
sobre las gradas del altar, rogando a Dios lo* mejor 
que puede, que libre de todo mal al Cid Cam- 
peador: 

— ¡Glorioso señor! — exclama — . Padre que es- 
tás en los cielos, creador del cielo y de la tierra 
y también del mar; de las estrellas y la luna y 
el sol que nos calienta; encarnado en Santa Ma- 
ría madre; nacido en Belén según jtu voluntad, 
donde te gloriñcaron y cantaron los pastores y 
te fueron a adorar tres reyes de Arabia — Mel- 
Mío Cid. - 4 



50 

"en Belleem aparegist, commo fo tu veluntade; 
"pastores te glorifficaron, ouieron te a laudare, 
"tres reyes de Arabia te vinieron adorare, 
"Melchior e Gaspar e Baltasare, 
"oro e tus e mirra te off regieron de voluntade; 
"salvest a Jonás, quando cayó en la mare, 
"salvest a Daniel con los leones en la mala 

[cárgel, 
"salvest dentro en Roma a señor san Sebas- 

[tián, 
"salvest a santa Susanna del falso criminal; 
"por tierras andidiste treynta y dos años, Se- 

[ñor spirital, 
"mostrando los mirados, por en avemos qué 

[fablar: 
"del agua fezist vino e de la pie'dra pan, 
"resugitest a Lázaro, ca fo tu voluntad; 
"a los judios te dexeste prender; do dizen mon- 

[te Cal varié 
"pusiéronte en cruz por nombre en Golgotá; 
"dos ladrones contigo, estos de señas partes, 
"el uno es en paradiso, ca el otro non entró allá; 
"estando en la cruz, vertud fezist muy grant: 
"Longinos era giego, que nunqua vi do alguan- 

[dre, 
"diot con la langa en el costado, dont yxió la 

[sangre, 
"corrió por el astil ayuso, ' las manos se ovo de 
"algólas arriba, llególas a la faz, [untar, 

"abrió sus ojos, cató a todas partes, 
"en tí crovo al ora, por end es salvo de mal; 



51 

chor, Gaspar y Baltasar — , ofreciéndote de co- 
razón el oro y la mirra; tú salvaste a Jonás 
cuando cayó en la mar, y a Daniel -de los leones 
en aquella funesta cárcel, y al señor San Sebas- 
tián en Roma, y a Santa Susana del criminal 
falsario; tú anduviste por el mundo treinta y 
dos años, oh señor espiritual, obrando milagros 
tan famosos; hiciste del agua vino y pan de 
la piedra y resucitaste a Lázaro por la fuerza 
de tu deseo; te dejaste prender de los judíos en 
el monte Calvario y poner en una cruz en el 
Gólgota, entre dos ladrones a ambas partes — uno 
merecedor del paraíso, otro no — ; donde, estando 
en la cruz, hiciste todavía aquel raro milagro; 
Longinos, ciego de nacimiento, te dio con la lanza 
en el costado, y la sangre brotada corrió por el 
asja abajo y le empapó las manos, y habiéndolas 
llevado a la cara, abrió los ojos, miró en redor, 
Oíeyó en ti que así le curabas de su mal; tú, 
resucitaste del sepulcro, fuiste por tu voluntad 
a los infiernos, quebrantaste las puertas y sa- 
caste a los santos padres; tú eres rey de los 
reyes y Padre y señor del mundo; en ti adoro 
y creo de corazón, y ruego a San Pedro que me 
ayude- a implorarte para que guardes de todo 
mal a mi Cid Campeador y, puesto que ahora nos 
separamos, nos concedas volver a juntarnos en 
esta vida. 

Hecha la oración, la misa fvcabada, todos sa- 
lieron de la iglesia y comienzan a montar. El 
Cid va a abrazar a doña Jimena, que le besa la 



"en el monumento oviste a resugitar, 
"fust a los infiernos, commo fo tu voluntad; 
"crebanteste" las puertas, e saqueste los santos 

[padres. 
"Tú eres rey de los reyes, e de todel mundo pa- 
"a tí adoro e credo de toda voluntad, [dre, 

"e ruego a san Peydro que me ayude a rogar 
"por mió Qid el Campeador, que Dios le curie 

[de mal. 
"Quando oy nos partimos, en vida nos faz jun- 

[tar." 
La oragión fecha, la missa acabada la an, 
salieron de la eglesia, ya quieren cavalgar. 
El ^id a doña Ximena íbala abragar; 
doña Ximena al Cid ^^ manol va besar, 
llorando de los ojos, que non sabe qué se far. 
E' él a las niñas tornólas a catar: 
"a Dios vos acomiendo e al Padre spirital; 
"agora nos partimos. Dios sabe el ajuntar." 
Llorando de los ojos, que non vidiestes atal, 
as sis parten unos d' otros commo la uña de la 

[carne. 
Myo Qid con los sos vasallos penssó de ca- 

[valgar, 
a todos esperando, la cabega tornando va. 
A tan grand sabor fabló Minaya Álbar Fáñez: 
"Qid, do son vuestros esfuergos? en buena nas- 

[quiestes de madre; 
"pensemos de ir nuestra vía, esto sea de vagar. 
"Aun todos estos duelos en gozo se tornarán; 
"Dios que nos dio las almas, consejo nos dará." 



53 



.ano, ncosa y sin sa.er_Hen lo .ue hace. Vol- 
cóse él a mirar a las ninas ^^^^_ 

„,;;rSi-t.«-"« - - - 

se separaban unos de otros coi 



carne. 



^'^^' oocnnc, están ya sobre las sillas, 

El Cid y sus vasallos ^^^^^ ^ ^ ^sta 

y el Cid vuelve la cabeza hacia los suyos A 

' Mir^ava Alvar Fáñez se dejo oii . 
sazón, Minaya Aiva ^^^^^. 

..:,°^; rCe^ Íin.':frensemos s.o en 
::::,:^ a,— s de oeicj-de. - se^^^^^^ 
rán los duelos en gozos. Dios, que no 
^c+nc= almas él nos dará su amparo, 
"vueín k advertir al abad don Sancho que 
eJde de doña Jimena y sus hijas y dueñas de 
Ípañía, y que tenga por cierto que ganaba 

huena recompensa. -.• ^. 

Ti acercarse don Sancho, Alvar Fánez le de 

-Abad, si sabéis de gente que quiera venu 
con nosotros, les diréis que sigan el rastro y 
aprieten el paso, que ya nos darán alcance en 
yermo o en poblado. 

Ya sueltan las riendas, ya empiezan a cami-^ 
nar que el plazo del destierrro está por cumplir- 
se En Espinazo de Can reposa el Cid. Mucha 
gente se le ha juntado aquella noche. Otro día, 
de mañana, emprenden de nuevo el camino. De 
e-ta vez el leal Campeador deja su tierra. Tiran- 



M 

Al abbat don Sancho toman de castigar, 
commo sirva a doña Ximena e a las fijas que ha, 
e a todas sus dueñas que con ellas están; 
bien sepa el abbat que buen galardón dello 

[prendrá. 
Tornado es don Sancho, e fabló Álbar Fáñez: 
"Si viéredes yentes venir por connusco ir, abbat, 
^dezildes que prendan el rastro e pienssen de 

[andar, 
"ca en yermo o en poblado poder nos han al- 

[cangar." 

Soltaron las riendas, pienssan de andar; 
gerca viene el plazdo por el reyno quitar. 
Vino mió Qid yazer a Spinaz de Can; 
grandes yentes sele acojen essa noch de todas 
Otro día rnañana pienssa de cavalgar. [partes. 
Ixiendos va de tierra el Campeador leal, 
de siniestro Sant Estevan, una buena gipdad, 
passó por Alcobiella que de Castiella fin es ya; 
la calgada de Quinea ívala traspassar, 
sobre Navas de Palos el Duero va passar, 
a la Figueruela mió ^id iva posar. 
Vánssele acogiendo yentes de todas partes. 



19 

VlHma noche que el Cid duerme en Castilla. 
Un ángel consuela al desterrado. 

I se echava mió ^id después que fo de noch, 
un sueñol priso dulge, tan bien se adurmió. 



55 

do por la izquierda de San Esteban [de Gormaz], 
buena ciudad, pasa después por Alcubilla [del 
Marqués], término de Castilla, y sale por la 
calzada de Quinea, cruzando el Duero sobre Na- 
vapalos, para rendir la jornada en Figueruela. 
De todas partes se le va reuniendo gente por el 
camino. ^ j^Ü 



19 

Ultima noche que el rey duerme en Castilla. 
Un ángel consuela al desterrado. 

Venida la noche, el Cid se acostó, y un dulce 
sueño empezó a invadirle, adormeciéndole pro- 



50 



El ángel Gabriel a él vino en visión: 
"Cavalgad, gid, el buen Campeador, 
"ca nunqua en tan buen punto cavalgó varón; 
"mientra que visquiéredes bien se fará lo to." 
Quando despertó el gid, la cara se santigó. 



20 

El Cid acampa en la frontera de Castilla. 

Sinava la cara, ^ a Dios se fo acomendar, 
mucho era pagado del sueño que soñado a. 
Otro día mañana pienssan de cavalgar; 
es día a de plazo, sepades que non más. 
A la sierra de Miedes ellos ivan posar, 
de diestro Atienga las torres que moros las han. 

21 

Recuento de las gentes del Cid. 

Aun era de día, non era puesto el sol, 
mandó veer sus yentes mió gid el Campeador; 
sin las peonadas e omnes valientes que son, 
notó trezientas langas que todas tienen pendo- 

[nes. 
22 

Ei Cid entra en el reino moro de Toledo, 
tributario del rey Alfonso. 

"Temprano dat gevada, sí el Criador vos sa- 

[lue! 



57 

fundamente. En una visión, vino a su lado el 
ángel Gabriel: 

— Cabalga — le dijo — , cabalga buen Campea- 
dor, que nunca varón alguno cabalgó con más 
suerte. Todo te ha de salir bien mientras vivas. 

Y el Cid se santiguó al despertar. 

20 

El Cid acampa en la frontera de Castilla. 

Habiéndose persignado, se encomienda a Dios, 
contento de sus buenos sueños. Por la mañana 
empiezan a caminar, pues hay que saber que es 
el último día del plazo. Y fueron a descansar a 
Sierra de Miedes, a la derecha de las torres de 
Atienza, donde están los moros. 

21 

Recuento de las gentes del Cid. 

Aún era de día y no se había puesto el sol 
cuando el Cid Campeador qui«o pasar revista a 
?u g:ente: sin los peones y otros valientes, contó 
hasta trescientas lanzas, todas con pendones. 

22 

'El Cid entra en el reino moro de Toledo, 
tributario del rey Alfonso. 

— Así os salve el Creador, dad cebada a las 
bestias desde temprano. El que quiera comer. 



58 

''El qui quisiere comer; e qui no, cavalgue. 
"Passaremos la sierra que fiera es e grand, 
''la tierra del rey Alfonsso esta noch la pode- 

[mos quitar. 
"Después qui nos buscare fallar nos podrá." 

De noch passan la sierra, vinida es la man, 
e por la loma ayuso pienssan de andar. 
En medio d'una montaña maravilla e grand 
fizo mió ^id posar e gevada dar. 
Díxoles a todos commo querié trasnochar; 
vassallos tan buenos por coragón lo an, 
mandado de so señor todo lo han a far. 
Ante que anochesca pienssan de cavalgar; 
por tal lo faze mió ^id que no lo ventasse nadi. 
Andi dieron de noch, que vagar non se dan. 
O dizen Castejón, el que es sobre Fenares, 
mió ^id se echó en gelada con aquellos que él 

[trae. 

23 

Pian de campaña. — Castejón cae en poder del Cid 
por sorpresa, — Algara contra Alcalá. 

Toda la noche yaze Mió ^id en gelada, 
commo los consejava Álbar Fáñez Minaya: 
"Ya (^\á, en buen ora ginxiestes espada! 
"Vos con giento de aquesta nuestra conpaña, 
"pues que a Castejón sacaremos a gelada, 
"en él fincaredes teniendo a la gaga; 
"a mí dedes dozientos pora ir en algara; [gia." 
"con Dios e vuestra auze feremos grand ganan- 



59 

bien; y el que no, que ande. Pasaremos la tierra, 
que es harto escabrosa y empinada, y así podre- 
mos dejar esta noche las tierras del rey Alfonso. 
Al que después quiera buscarnos, no le costará 
trabajo dar con nosotros. 

Por la noche traspusieron la sierra, y luego 
caminan cuesta abajo. En medio de un bosque 
maravilloso y tupido, mandó el Cid parar y dar 
cebada. Allí manifestó a sus hombres que quería 
caminar de noche. Como buenos vasallos, todo 
lo aceptan de buena gana y están dispuestos a 
hacer cuanto les mande. Antes de anochecer em- 
prenden la marcha, porque el Cid tiene empeño 
en no ser sentido. Toda la noche anduvieron sin 
descansar. Cerca del lugar que llaman Castejón 
de Henares, el Cid se puso a preparar la em- 
boscada. 

23 

Plan de campaña. — Castejón cae en poder del Cid 
por sorpresa. — Algara contra Alcalá. 

Toda la noche estuvo emboscado, según los 
consejos de Alvar Fáñez Minaya: 

— Cid, que en buen hora ceñiste espada: pues- 
to que ponemos celada a Castejón, conviene que 
os quedéis detrás con cien de los nuestros; a mí 
me daréis doscientos para ir a la vanguardia. Con 
Dios y ventura, saldremos bien de la empresa. 

Y el Campeador: 

— Decís bien, Minaya. Abrid la vanguardia 



60 

Dixo el Campeador: "bien fablastes, Minaya; 
"vos con los dozientos id vos en algara; 
"allá vaya Álbaí Álbarez e Álbar Salvadórez 

[sin falla, 
"e Galín Garciaz, una fardida langa, 
"cavalleros buenos que acompeñen a Minaya. 
"Aosadas corred, que por miedo non dexedes 
"Fita ayuso e por Guadalfajara, [nada, 

"fata Alcalá lleguen las algaras, 
"e bien acojan todas las ganangias, 
"que por miedo de los moros non dexen nada. 
"E yo con los giento aqui fincaré en la gaga, 
"terne yo Castejón don abremos grand enpara. 
"Si cueta vos fore alguna al algara,- 
"fazedme mandado muy privado a la gaga; 
"D'aqueste acorro fablará toda España." 

Nonbrados son los que irán en el algara, 
e los que con mió Qiá fincarán en la gaga. 
Ya crieban los albores e vinie la mañana, 
ixie el, sol. Dios, qué fermoso apunta va! 
En Castejón todos se levantavan, 
abren las puertas, de fuera salto davan, 
por ver sus lavores e todas sus heredangas. 
Todos son exidos, las puertas abiertas an dexa- 

[das 
con pocas de gentes que en Castejón fincaran; 
las yentes de fuera todas son derramadas. 
El Campeador salió de la gelada, 
en derredor corríe a Castejón sin falla. 
Moros e moras avíenlos de ganagia, 
e essos ganados quantos en derredor andan. 



61 
con doscientos hombres. Y que os acompañen Al- 
var Alvar ez y Alvar Salvadórez, caballero sin ta- 
cha, y Galindo García, valiente lanza; acompañen 
a Minaya los buenos caballeros. Arremeted con 
osadía, no os haga el miedo perder presa. Por Hita 
abajo y por Guadalajara, alárgaos hasta Alcalá, y 
aseguren todos las ganancias, no vayan a perder 
presa por miedo de los moros. Yo me quedaré 
a la retaguardia con los otros ciento, resguarda- 
dos en Castejón, que es buen abrigo. Si ocurrie- 
re algún peligro en vanguardia, presto mandad- 
me un aviso a retaguardia. Toda España va a 
hablar del caso. 

Aquí nombran los que han de ir a vanguar- 
dia y los que han de quedar en la retaguardia 
con el Cid. Ya rompe el alba, ya viene la ma- 
ñana, ya sale el sol: ¡Oh Dios, cuan hermoso 
despunta! Los de Castejón se levantan, abren 
sus puertas y salen a su trabajo y a sus hereda- 
des. Todos se han marchado ya, dejando las puer- 
tas abiertas, y muy pocos quedan en Castejón. 
Los demás se han diseminado por mil partes. El 
Campeador abandona entonces su escondite, y cae 
sobre Castejón. Todos aquellos ganados que an- 
dan por las afueras son bienes de los moros. 
El Cid don Rodrigo se encamina a la puerta de 
Ib. ciudad. Los que la guardan, cuando ven venir 
tanta gente, llenos de terror la desamparan. El 
Cid Ruy Díaz entra entonces por la puerta fran- 
ca, la espada desnuda en la mano, y da muerte 
a quince moros que encuentra al paso. Ganó a 



62 

Mío Qiá don Rodrigo a la puerta adeliñava; 

los que la tienen, quando vidieron la rebata, 

ovieron miedo e fo desenparada. 

Mío Qiá Ruy Díaz por las puertas entrava, 

en mano trae desnuda el espada, 

quínze moros matava de los que alcangava. 

Gañó a Castejón e el oro y ela plata. 

Sos cavalleros llegan con la ganangia, 

déxanla a mío Qiá, todo esto non precia' nada. 

Afevos los dozientos e tres en el algara, 
e sin dubda corren, toda la tierra preavan; 
fasta Alcalá llegó la seña de Minaya; 
e desí arriba tómanse con la ganangia, 
Fenares arriba e por Guadalfajara. 
Tanto traen las grandes ganangias, 
muchos ganados de ovejas e de vacas 
e de ropas e de otras riquizas largas. 
Derecha viene la seña de Minaya; 
non osa ninguno dar salto a la gaga. 
Con aqueste aver toman se essa conpaña; 
fellos en Castejón, o el Campeador estava. 
El castiello dexó en so poder, el Campeador ca- 
Saliólos regebir con esta su mesnada, [valga, 
los bragos abiertos regibe a Minaya: 
"¿Venides, Albarfánez, una f ardí da langa! 
"Do yo vos enbiás bien abría tal esperanga. 
"Esso con esto sea ajuntado, e de toda la ganan- 

[gia 
"dovos la quinta, si la quisiéredes, Minaya." 



63 

Castejón, y su oro y su plata. Sus caballeros se 
le acercan con el botín y, sin apreciarlo en nada, 
lo dejan en sus manos. 

En tanto los doscientos tres de vanguardia 
corren y saquean toda la tierra. Hasta Alcalá 
llega la enseña de Minaya, y de allí se vuelven 
con el botín, Henares arriba y por Guadalajara. 
Traen grandes ganancias, rebaños de ovejas y 
vacas, ropas y otras riquezas. Y donde se ve pa- 
sar la orgullosa enseña, no hay quien se atreva 
a asaltarlos por la espalda. Vuelven con todo 
lo ganado hasta Castejón, dond^e está el Cid. Este, 
dejando el castillo bajo su custodia, sale a saludar- 
los con su mesnada. Recibe a Minaya entre sus 
brazos. 

— ¿Sois vos, Alvar Fáñez, valiente lanza? No 
podía fallar empresa que se os encomienda. Jun- 
temos lo vuestro con lo mío, y desde luego — si la 
queréis — os concedo la quinta sobre el total de 
la ganancia [y no sólo sobre lo que vos conquis- 
tasteis] . 



C4 



24 

Minaya no acepta parte alguna en el botín y hace 
un voto solemne. 

— "Mucho vos lo gradesco, Campeador con- 

[tado. 
"D'aqueste quinto que me avedes mandado, 
"pagar se ya delle Alfonsso el Castellano. 
"Yo vos lo suelto e avallo quitado. 
"A Dios lo prometo, a aquel que está en alto: 
"fata que yo me pague sobre mió buen cavallo, 
"lidiando con moros en el campo, 
"que enpleyé la langa e al espada meta mano, 
"e por el cobdo ayuso la sangre destellando, 
"ante Roy Díaz el lidiador contado, 
"non prendré de vos quanto un dinero malo. 
"Pues que por mí ganaredes quesquier que sea 
"todo lo otro afelo en vuestra mano." [dalgo, 

25 

El Cid vende su quinto a los 7noros. — No quiere 
lidiar con el rey Alfonso. 

Estas ganangias allí eran juntadas. [pada, 
Comidiós mió Qiá, el que en buena ginxo es- 
el rey Alfonsso que llegarién sus compañas, 
quel buscaríe mal con todas sus mesnadas. 
Mandó partir tod aqueste aver sin falla, 
sos quiñoneros que gelos diessen por carta. 
Sos cavalleros i an arribanga. 



65 



24 



Minaya no acepta parte alguna en el botín y hace 
un voto solemne. 

— Ilustre Campeador, mucho os lo agradezco. 
De esta quinta que me ofrecéis, hasta el caste- 
llano Alfonso quedaría bien pagado; pero yo os 
la devuelvo. Y de aquí prometo a Dios, que está 
en lo alto, que en tanto que yo no me satisfaga 
de lidiar en campo con los moros sobre mi caba- 
llo, em.pleando la lanza y metiendo mano a la es- 
pada hasta que chorree la sangre por el codo, de- 
lante de Ruy Díaz, el gran combatiente, no he de 
aceptar que me paguéis ni un mal dinero. Cuan- 
do yo os haya ganado algo que valga la pena, 
aceptaré mi parte; entretanto, tomadlo todo 
para vos. 



25 

El Cid vende su quinto a los moros. — No quiere 
lidiar con el rey Alfonso. 

Reunieron el botín. El Cid, que en buen hora 
ciñera espada, pensó que acaso le buscarían para 
atacarlo las mesnadas del rey Alfonso. Mandó 
repartir cuanto antes la ganancia, y a sus re- 
partidores pidió que le diesen carta de lo que 
a él le tocaba. Buena parte sacan sus caballeros, 
pues a cada uno le tocan cien marcos de plata, 
MÍO Cid. 5 



66 

a cada uno dellos caden gient marcos de plata, 
e a los peones la meatad sin falla; 
todo el quinto a mió ^id fincava. [taja; 

Aquí non lo puede vender nin dar en presen- 
nin cativos nin cativas non quiso traer en su 

[conpaña. 
Fabló con los de Castejón, y envió a Fita y a 

[Guadalfajara, 
esta quinta por quanto serié conprada, 
aun de lo que diessen oviessen grand ganancia. 
Asmaron los moros tres mili marcos de plata. 
Plogo a mió ^id d' aquesta presentaja. 
A tercer día dados foron sin falla. 

Asmó mió Qid con toda su conpaña 
que en el castiello non i avrie morada, 
e que serie retenedor, mas non i avrie agua. 
"Moros en paz, ca escripta es la carta, [nada. 
"buscar nos ie el rey Alfonsso, con toda su mes- 
"Quitar quiero Castejón, oid, escuelas e Mi- 

[naya! 
26 

El Cid marcha a tier^'as de Zaragoza, 
dependientes del rey moro de Valencia. 

"Lo que yo dixiero non lo tengades a mal: 
"en Castejón non podriemos fincar; 
"gerca es el rey Alfonsso e buscar nos vemá. 
"Mas el castiello non lo quiero hermar; [tar, 
"giento moros e giento moras quiero las i qui- 
"por que lo pris dellos que de mí non digan mal. 
"Todos sodes pagados e ninguno por pagar. 



67 

y a los peones, la mitad justa, quedándose el 
quinto para el Cid. Pero no puede éste venderlo 
ni tiene a quién regalarlo. No ha querido traer 
consigo cautivos ni cautivas. Se pone al habla con 
los de Castejón y manda preguntar a Hita y a 
Guadalajara que en cuánto le compran su quinta, 
aunque sea pagando poco. Los moros ofrecen tres 
mil marcos de plata, proposición que contenta al 
Cid ; y le son puntualmente pagados a tercero día. 

Pensó el Cid que no podría alojar a los suyos 
en el castillo, por falta de agua, aunque desde 
luego podría retenerlo en su poder. 

— Los moros están ahora de paz, y sé yo que 
están ya escritas las cartas. El rey don Alfon- 
so puede venir a buscarme con sus mesnadas. 
Oíd pues, oh mesnadas, oh Minaya: quiero que 
salgamos de Castejón. 



26 

El Cid marcha a tierras de Zaragoza, 
dependiente del rey moro de Valencia. 

— No toméis a mal lo que os digo. Sabed que 
aquí en Castejón no podríamos quedarnos; el rey 
Alfonso está cerca y nos buscaría. Pero tampoco 
quiero asolar este castillo. Demos libertad a cien 
moros y cien moras, a fin de que no digan mal 
de mí por lo que les quito. Ya estáis pagadó"s 
todos, y ninguno queda por pagar. Y mañana 



68 

-'Cras a la mañana pensemos de cavalgar, 
"con Alfons mió señor non querría lidiar." 
Lo que dixo el Qid a todos los otros plaz. [ten; 
Del castiello que prisieron todos ricos se par- 
ios moros e las moras bendiziéndol están. 

íVanse Penares arriba quanto pueden andar, 
trogen las Alcarrias e ivan adelant, 
por las Cuevas d'Anquita ellos passando van, 
passaron* las aguas, entraron al campo de Ta- 

[ranz, 

por essas tierras ayuso quanto pueden andar. 
Entre Fariza e Retina mió Qid iva albergar. 
Grandes* ganagias priso por la tierra do va; 
non lo saben los moros el ardiment que an. 
Otro día moviós mió Qid el de Bivar, 
e passó a Alfama, la Foz ayuso va, 
passó a Bovierca e a Teca que es adelant, 
e sobre Alcoger mió Qid iva posar, 
en un otero redondo, fuerte e grand; 
agerca corre Salón, agua nol puedent vedar. 
Mío gid don Rodrigo Alcoger cueda ganar. 

27 
El Cid acampa sobre Alcocer. 

Bien puebla el otero, firme prende las posa- 

[das, 

los unos contra le sierra e los otros contra la 

[agua. 

El buen Canpeador que en buen hora cinxo espada 



69 

por la mañana saldremos, porque no quisiera li- 
diar con Alfonso, mi señor." 

A todos parece bien lo que ha dicho el Cid. 
Abandonan pues, el castillo, enriquecidos, entre 
las bendiciones de moros y moras. 

Caminan hacia arriba de Henares todo lo que 
pueden, pasan la Alcarria adelante y las cuevas 
de Anguita, pasan las aguas [del Tajuña], en- 
tran en el campo de Taranz y se van metiendo 
por aquella tierra. El Cid fué a albergarse entre 
Ariza y Cetina, cogiendo por todo el camino 
grandes ganancias. No saben los moros el inten- 
to audaz de aquella gente. Al día siguiente se 
puso en marcha el Cid de Vivar, pasó Alhama 
y la Hoz, pasó Briviesca y, más adelante, Ate- 
ca, y fué a descansar en Alcocer, en un otero 
redondo, fuerte y grande, donde no le pueden 
cortar el agua, porque corre cerca el Jalón. El 
Cid don Rodrigo tiene pensado ganar a Alcocer. 



27 
El Cid acamapa sobre Alcocer. ^ 

Puebla el otero, construye el campamento, 
unas tiendas en la sierra y junto al río las otras. 
El buen Campeador, que en buen hora ciñera 
espada, en redor del otero y junto al río mandó 
a sus varones cavar un foso, e hizo decir que 



70 

derredor del otero, bien gerca del agua, 
a todos sos varones mandó fazer una cárcava, 
que de día nin de noch non les diessen arre- 

[bata, 
que sopiessen que mió Qid allí avie fincanga. 

28 

Temor de los moros. 

Por todas essas tierras ivan los mandados, 
que el Campeador mió Qd allí avie poblado, 
venido es a moros, exido es de cristianos; 
en la su vezindad non se treven ganar tanto. 
Alegrando se va mió Qid con todos sos vassa- 

[llos; 
el castiello de Alcoger en paria va entrando. 

29 

El Campeador toma a Alcocer mediante un ardid. 

Los de Alcoger a mió Qid yal dan parias 
e los de Teca e los de Terrer la casa; 
a los de Calatauth, sabet, ma'les pesava. 
Allí yogo mió Qid complidas quinze sedmanas. 

Quando vido mió Qid que Alcoger non se le 
elle fizo un art e non lo detardava: [dava, 

dexa una tienda fita e las otras levava, 
cojo' Salón ayuso, la su seña algada, 
las lorigas vestidas e gintas las espadas, 
a guisa de menbrado, por «acarlos a gelada. 
Vidienlo los de Algocer, Dios, cómmo se alabavan I 



71 

nadie se atreviera a asaltarlo de día ni de noche, 
y que tuvieran entendido que allí era la morada 
del Cid. 



28 

Temor de los moros. 

La noticia de que el Cid Campeador había po- 
blado allí se extendió por aquellas tierras, y de 
que había dejado a los cristianos para vivir entre 
moros. Estos, en su vecindad, apenas se atreven 
a labrar sus terruños. El Cid y sus vasallos tie- 
nen razón de alegrarse: pronto el castillo de 
Alcocer les paga tributo. 

29 

El Campeador toma a Alcocer mediante un ardid. 

Los de Alcocer le pagan tributo al Cid, y los 
de Ateca y pueblo de Terrer; pero sabed que 
esto les pesaba a los de Calatayud. Allí descansó 
el Cid quince semanas cumplidas. 

Viendo que Alcocer no se le rendía, inventó al 
punto un ardid de guerra. Mandó levantar todas 
las tiendas menos una, y fuese Jalón abajo con 
bandera desplegada, espadas al cinto y puestas 
las lorigas, para hacerlos caer cautelosamente en 
una emboscada. ¡Cómo se alababan los de Alco- 
cer viéndolos marcharse! 



72 

"Fallido ha a mió Qid el pan e la gevada. 
"Las otras abes lieva, un tienda a dexada. 
"De guisa va mió Qiá commo si escapasse de 

[arrancada; 
"demos salto a él e feremos grant ganangia, 
"antes quel prendan los de Terrer la casa, 
"ca si ellos le prenden, non nos darán dent nada; 
"la paria qu' él a presa tornar nos la ha do- 

[blada." 
Salieron de Alcoger a una priesa much es- 

[traña. 
Mío ^id, quando los vio fuera, cogiós commo 

[de arrancada; 

Cojos Salón ayuso con los sos abuelta anda. 

Dizen los de Alcoger: "ya se nos va la ganan- 

[gia!" 
Los grandes e los chicos fuera salto- davan, 
al sabor del prender de lo ál non pienssan nada, 
abiertas dexan las puertas que ninguno non 

[las guarda. 
El buen Campeador la su cara tornava, 
vio que entrellos y el castiello mucho avié grant 

[plaga; 
mandó tornar la seña, a priessa espoloneavan. 
"¡Firidlos, cavalleros, todos sines dubdanga; 
"conlamerged del Criador nuestra es lagagia!" 
Bueitos son con ellos por medio de la llana. 
Dios, qué bueno es el gozo por aquesta mañana! 
Mió Qiá e Álbar Fáñez adelant aguijavan; 
tienen buenos cavallos, sabet, a su guisa les 

[andan; 



73 

— Ya el Cid se acabó todo el pan y la cebada. 
Ha dejado una tienda y ya se lleva las demás, que 
apenas puede con ellas. Va de tal modo como si 
escapase derrotado: asaltémosle ahora, y gana- 
remos buen botín, antes cjue lo cojan los del 
pueblo ' de Terrer, porque si ellos lo hacen no 
nos tocará nada. Ahora es tiempo de que nos 
devuelva doblado el tributo que le pagábamos. 

Salieron de Alcocer con gran prisa. El Cid, al 
verlos, hizo como que huía. Y echó por Jalón 
abajo con los suyos. 

— ¡Ea, que se nos va la ganancia! — decían los 
de Alcocer. 

Y grandes y chicos se salían de la ciudad, sin 
pensar más que en su codicia, y dejando libres 
de par en par las puertas. Entonces el Campea- 
dor tornó la cabeza, y viendo el gran trecho que 
mediaba entre ellos y el castillo, mandó vol- 
ver la enseña y lanzar los caballos [hacia Al- 
cocer] . 

— ¡A ellos, mis caballeros, heridlos sin temor! 
Si Dios nos ayuda, nuestra es la ganancia. 

Y se revuelven con ellos en mitad de la lla- 
nura. ¡Oh, Dios, qué alegría la de esa mañana! 
Adelante iban el Cid y Alvar Fáñez, con buenos 
caballos que mueven a su antojo; y pronto entra- 
ron en el castillo. Sin piedad caían los vasallos 
del Cid sobre los moros, y en corto espacio matan 
trescientos. Dando entonces grandes alaridos los 
que se habían quedado ocultos, salen, se adelan- 
tan, desenvainan las espadas y se agolpan a la 



<4 

entrellos y el castiello en essora entravan. 
Los vassallos de mió Qid sin piedad les davan, 
en un poco de logar trezientos moros matan. 
Dando grandes alaridos los que están en la ge- 

[lada, 
dexando van los delant, poral castiello se tor- 

[navan, 
las espadas desnudas, a la puerta se paravan. 
Luego llegavan los sos, ca fecha es el arran- 

[cada. 
Mío Qid gañó a Alcoger, sabet, por esta maña. 

30 

La seña del Cid ondea sobre Alcocer» 

Vino Per Vermudoz, que la seña tiene en 
metióla en somo en todo lo más alto. [mano, 

Fabló mió ^id I^oy Díaz, el que en buen ora fue 

[nado : 
"grado a Dios del gielo e a todos los sos santos, 
"y2. mejoraremos posadas a dueños e a caua- 

[llos. 
31 

Clemencia del Cid con los moros. 

"Oid a mí, Albar Fáñez e todos los cavalle- 

[ros! 
"En este castiello grand aver avemos preso; 
"los moros yazen muertos, de bivos pocos veo. 
"Los moros e las moras vender non los podre- 

[mos. 



75 

puerta del castillo para guardarla. Pronto llegan 
los suyos; la victoria está consumada. 
Así ganó el Cid el castillo d^ Alcocer. 



30 

La seña del Cid ondea sobre Alcocer, 

Vino a esta Pedro Vermúdez, el portaenseña, 
y clava la enseña en lo más alto. Habló el Cid, 
nacido en buen hora: 

— Gracias a Dios del cielo y a todos sus san- 
tos: a los jinetes y a los caballos mejoraremos 
ahora de posada. 

31 

Clemencia del Cid con los moros. 

— Oídme, Alvar Fáñez y todos los caballeros. 
Mucho hemos ganado con este castillo; muchos 
moros han muerto, pocos son los que quedan vi- 
vos; no tenemos a quién vender moros y moras; 
con descabezarlos no ganaríamos^ nada; acojá- 
moslos dentro, puesto que somos los amos del lu- 



76 

"que los descabegemos nada non ganaremos; 
"cojámoslos de dentro, ca el señorío tenemos; 
"posaremos en sus casas e dellos nos servire- 

[mos." 
32 

El rey de Valencia quiere recobrar a Alcocer. 
Envía un ejército contra el Cid. 

Mió Cid con esta ganangia en Alcoger está; 
fizo enbiar por la tienda ■ que dexara allá. 
Mucho pesa a los de Teca e a los de Terrer non 

[plaze, 
e a los de Calatayuth, sabet, pesando va. 
Al rey de Valengia enbiaron con mensaje, [var 
que a uno que dizien mió ^id Roy Díaz de Bi- 
"ayrólo rey Alfonsso", de tierra echado lo ha, 
"vino posar sobre Alcoger, en un tan fuerte lo- 
"sacólos a gelada, el castiello ganado a; [gar; 
"si non das consejo, a Teca e a Terrer perderás, 
"perderás Calatayuth, que non puede escapar, 
"ribera de Salón toda irá a mal, 
"assí ferá lo de Siloca, que es del otra part." 

Quando lo odió rey Tamín por cuer le pesó 

[mal: 
"Tres reyes veo de moros derredor de mí estar, 
"non lo detardedes, los dos id pora allá, 
"tres mili moros levedes con armas de lidiar; 
"con los de la frontera que vos ayudarán, 
"prendé tmelo a vida, aduzídmelo delant; 
"por que se me entró en mi tierra derecho me 

favrá a dar." 



77 
i? 
gar; nos hospedaremos en sus casas y nos hare- 
mos servir por ellos. 



32 

El rey de Valencia quiere recobrar a Alcocer. 
Envía un ejército contra el Cid. 

Así está el Cid en Alcocer, en medio de sus 
ganancias. Envió por la tienda que había dejado 
en el campamento. Mucho pesaba su triunfo a 
los de Ateca, y tampoco agrada a los de Terrer, 
y a los de Calatayud les resulta duro. Enviaron^ 
entonces un mensaje al rey de Valencia, dicién- 
dole que uno que llaman el Cid Ruy Díaz de Vi- 
var "echólo de sus tierras el rey Alfonso y vino 
a acampar en un lugar de Alcocer; sacó con en- 
gaños a los habitantes, y les ha ganado el casti- 
llo. Si no nos auxilias — añadían — perderás a 
Ateca y a Terrer, perderás a Calatayud, que 
no habrá medio de que se salve; todo irá de mal 
en peor en esta ribera del Jalón, y lo mismo en 
Jiloca, que está a la otra parte." 

Pesóle de corazón al rey Tamín cuando esto 
supo. 

— Tres emires veo junto a mí — dijo al punto — . 
Id allá dos sin tardanza, llevando con vosotros 
unos tres mil moros bien armados; con ayuda 
de los de la frontera, cogédmelo vivo y traédmelo 
delante; por habérseme entrado en mi tierra me 
ha de pagar derecho. 



78 

.« 

Tres mil moros cavalgan e pienssan de andar, 
ellos vinieron a la noch en Scgorve posar. 
Otro día mañana pienssan de cavalgar, 
vinieron a la noch a Qelía posar. 
Por los de la frontera pienssan de enviar; 
non lo detienen, vienen de todas partes. 
Ixieron de ^elfa la que dizen de Canal, 
andidieron todo '1 día, que vagar no se dan, 
vinieron essa noche en Calatayuth posar. 
Por todas essas tierras los pregones dan; 
gentes se ajuntaron sobejanas de grandes 
con aquestos dos reyes que dizen Fáriz e Galve; 
al bueno de mió ^'id en Alcoger le van gercar. 

33 

Fáriz y Galve cercan al Cid en Alcocer 

Fincaron las tiendas e prendend las posadas, 
cregen estos virtos, ca yentes^son sobejanas. 
Las arrobdas, que los moros sacan, 
de día e de noch enbueltos andan en armas; 
muchas son las arrobdas e grande es el almo- 
A los de mió Qiá ya les tuellen el agua, [falla. 
Mesnadas de mió ^id exir querién a batalla, 
el que en buen ora nasco firme gelo vedava. 
Toviérongela en gerca complidas tres sedmanas. 



79 

Cabalgan los tres mil moros, pasan en Segorbe 
la noche, y prosiguen al día siguiente para re- 
posar nuevamente en Celia la otra noche. Envían 
aviso a los de la frontra, y éstos acuden de todas 
partes. Salieron, pues, de Celia del Canal, como 
suelen llamarla; anduvieron todo el día sin des- 
canso, y por la noche llegaron a Calatayud. 
Despachan pregoneros a todos lados, y se reúne 
numerosísima gente, bajo el mando de los dos 
emires : Fáriz y Galve. Van a poner cerco al buen 
Cid en el castillo de Alcocer. 



33 

Fáriz y Galve cercan al Cid en Alcocer. 

Alzan tiendas, forman el campamento, aumen- 
tan las fuerzas, que ya son muy numerosas. Los 
centinelas avanzados de los moros andan arma- 
dos hasta los dientes de día y de noche. Muchos son 
los centinelas, inmensas las huestes. Les cortan 
el agua a los del Cid. Las mesnadas de éste qui- 
sieran presentar batalla, pero lo prohibe termi- 
nantemente el bienhadado. Por tres semanas 
apretaron el cerco. 



?A) 



34 

Consejo del Cid con los suyos. — Preparativos se- 
cretos. — El Cid sale a la batalla campal contra 
Fáriz y Galve. — Pedro Ver'}núdez hiere los pri- 
meros golpes. 

A cabo de tres seclmanas, la quarta queríe 
mió Qid con los sos tornos a acordar: [entrar, 
"el agua nos an vedada, exir nos ha el pan, 
"que nos queramos ir de noch no nos lo con- 

[sintrán; 
"grandes son los poderes por con ellos lidiar; 
"dezidme, cavalleros, cómmo vos plaze de far.** 
Primero fabló Minaya, un cavallero de prestar: 
"de Castiella la gentil exidos somos acá, [pan. 
"si con moros non lidiáremos, no nos darán del 
"Bien somos nos seysgientos, algunos ay de 

[más; 
"en el nombre del Criador, que non passe por ál: 
"vayámoslos ferir en aquel día de eras." 
Dixo el Campeador: "a mi guisa fablastes; 
"ondrástesvos, Minaya, ca aver vos lo iedes de 

[far." 

Todos los moros e las moras de fuera los 

[manda echar, 
que non sopiesse ninguno esta su poridad. 
El día e la noche piénssanse de adobar. 
Otro día mañana, el sol querie apuntar, 
armado es mió Qiá con quantos que él ha; 
fablava mió (^iá. commo odredes contar: 



81 

34 

Consejo del Cid con los suyos. —Preparativos se- 
cretos.~El Cid sale a la batalla campal contra 
Fáriz y Galve.—Pedro Vermúdez hiere los pri- 
meros golpes. 

Al cabo de las tres semanas, cuando ya se 
echaba encima la cuarta, el Cid convoca a con- 
sejo a los suyos. 

—Ya nos han quitado el agua los moros— les 
dijo— y puede faltarnos el pan. Si quisiéramos 
sahr de noche, no nos dejarán. Sus fuerzas son 
grandes para que luchemos contra ellas. Decid- 
me, pues, caballeros, lo que os parece mejor que 
hagamos. 

Habló el primero Minaya, ilustre caballero: 
—Aquí hemos venido desde Castilla la gentil, 
y SI no ha de ser luchando con moros no ganare^ 
mos nunca el pan. Bien llegamos a seiscientos y 
acaso más. En el nombre del Criador, que no 
se disponga otra cosa, sino comenzar el ataque 
desde mañana. 

Y el Campeador: 

—Es muy de mi gusto cuando habéis dicho y 
con ello os habéis honrado, Minaya, que no po- 
día esperarse menos de vos. 

Y mandó echar fuera a todos los moros y mo- 
ras, a fin de que no descubriesen su secreto. Todo 
el resto del día y la noche ocupan en armarse 
convenientemente, y a la mañana, cuando apun- 

MÍO Cid. 

6 



82 

"todos iscamos fuera, que nadi non raste, 
"sinon dos pedones solos por la PU^rta guardar 
"si nos muriéremos en campo, en cast.ello nos 

[entraran, 

«si venciéremos la batalla, crearemos en rictad. 
"E vos. Per Vermudoz, la mi seña tomad; 
-commo sodes muy bueno, tener la edes sm arth; 
"mas non aguijedes con ella, si yo non ™^^^o 

Al Cid besó la mano, la seña va tomar 

Abrieron las puertas, fuera un salto dan 

viéronlo las arrobdas de los moros, al almofa 
vieíoniü 1.1 ^jj^ ^^ ^^^ tomar. 

„ „„ !„„ moros! e tomáronse a 
iQué pnessa va en loo moros. ^_^^^^^_ 

ante roído de atamores la tierra q^e^é^^que- 

veriedes am^arse moros, apriessa e"*^-^^ ^» f^J 
De parte de los moros dos senas ha cabdales, 
e los pendones mezclados, iqui los Podne^con- 

Las azes de los moros yas mueven adelant, 
ñor a mió Cid e a los sos a manos los tomar, 
por a mío V ^^„. j„s aquí en este logar, 

"Quedas seed, ^^^~'^l^^ !<, „ande." 
"non derranche mnguno fata que yo 
Aquel Per Vermudoz non lo pudo endurar 
fa seña tiene en mano, ccnpe^ó de espolonar. 
ÍeI Criador vos vala, Cid Campeador leal- 
"Vo meter la vuestra seña en ^^uella mayor az 
"los que el debdo avedes veré commo a acó _^ 



83 
taba la aurora, el Cid y los suyos amanecen 
apercibidos. 

Y dijo el Campeador lo que vais a oír: 

— Salgamos todos, no quede nadie, con excep- 
ción de dos peones que han de guardar la puerta. 
Si morimos en el campo, que nos entren en el 
castillo. Y si vencemos la batalla, nos habremos 
enriquecido. Vos, Pero Bermúdez, tomad mi en- 
seña: sois bueno, y la guardaréis lealmente; pero 
no os adelantéis mientras no os lo mande. 

Besó la mano al Cid y tomó la enseña. 

Abrieron las puertas y salieron. Las avanzadas, 
al verlos, corren a decirlo a sus huestes. ¡ Con 
qué prisa se están armando los moros! Tanto es 
el ruido de los tambores que se estremece la 
tierra. Vierais allí armarse a los moros y entrar 
prontamente en sus filas. Los moros traen dos 
enseñas principales, y las otras secundarias ¿quién 
las podría contar? Ya se adelantan las filas de los 
moros para encontrarse con el Cid y los suyos. 

—Quietas, mesnadas. De aquí no se mueva na- 
die. No salga uno sólo de las filas mientras yo 
no lo ordene. 

Ya no puede contenerse Pero Bermúdez. Lleva 
la enseña en la mano y espolea su corcel: 

—-¡Oh leal Cid Campeador, el Criador os val- 
ga! Voy a meter nuestra enseña en la fila mayor. 
Ahora veremos cómo saben protegerla los que 
están obligados. 

—¡No lo hagáis por caridad t— grita el Cam- 
peador. 



84 

Dixo el Campeador: "¡non sea, por caridad!" ^ 

Respuso Per Vermudoz: "¡non rastara por al. 

Espolonó el cavallo, e metiól en el mayor az. 

Moros le regiben por la seña ganar, 

danle grandes colpes, mas nol pueden falssar. 

Dixo el Campeador: "¡valelde, por candad! 



35 



Los del Cid acometen para socorrer a Pedro 
Yermúdez. 

Enbragan los escudos delant los coragones, 
rbaxan las langas abueltas de los pendones, 
encunaron las caras de suso de los arzones, ^ 
ívanlos ferir de fuertes coragones. [nagio. 

A grandes vozes llama el que en buen ora 
"¡feíidlos, cavalleros, por amor del Criador!" 
"Yo so Roy Díaz, el Cid de Bivar Campeador! 

Todos fieren en el az do está Per Vermudoz. 
Trezientas langas son, todas tienen pendones; 
senos moros mataron, todos de senos colpes; 
a la tornada que fazen otros tantos muertos 

[son. 



36 

Destrozan las haces enemigas. 
Veriedes tantas langas premer e algar, 
tanta adágara foradar e passar, 



85 

— Pues no faltaría más — responde el otro — , y 
dando espuelas al caballo lo mete por entre la 
fila más compacta, donde los moros lo esperan 
l^ara arrebatarle la enseña, y aunque le tiran 
grandes tajos no logran romperle [la loriga]. 

El Cid grita: 

— ¡Auxiliadle por caridad! 

35 

Los del Cid acometen para socorrer a Pedro 

Bermúdez. 

Embrazan frente a los pechos los escudos, en- 
ristran la lanza, envuelven los pendones, se in- 
clinan sobre los arzones, con ánimo de acometer 
denodadamente. 

El que en buen hora naciera dice a grandes 
voces : 

— ¡A ellos, mis caballeros, en el nombre de 
Dios! ¡Yo soy Ruy Díaz de Vivar, el Cid Cam- 
peador! 

Todos dan sobre la ñla en que está luchando 
Pero Bermúdez. Son trescientas lanzas con pen- 
dones, y de sendos golpes mataron a trescientos 
moros. Al revolverse cargan otra vez y matan 
otros trescientos. 

36 

Destrozan los haces enemigos. 

Allí vierais subir y bajar tantas lanzas, pasar 
y romper tanta adarga, tanta loriga quebran- 



SG 

tanta loriga falssar e desmanchar, [gi'e, 

tantos pendones blancos salir vermejos en san- 
tantos buenos cavallos sin son dueños andar. 
Los moros llaman Mafómat e los cristianos san- 

[ti Yague. 
Cadien por el campo en un poco de logar 
moros muertos mili e trezientos ya. 

87 

Mención de los principales caballeros cristianos. 

¡Quál lidia bien sobre exorada arzón 
mió Qiá Ruy Díaz el buen lidiador; 
Minaya Albar Fáñez, que ^orita mandó, 
Martín Antolínez, el Burgalés de pro, 
Muño Gustioz, que so criado fo, 
Martín Muñoz, el que mandó a Mont Mayor, 
Albar Albaroz e Albar Salvadórez. 
Galín Garciaz, el bueno de Aragón, 
Félez Muñoz so sobrino del Campeador! 
Desí adelante, quantos que y son, 
acorren la seña e a mió Qid el Campeador. 

38 

Minaya, en peligro. — El Cid hiere a Fáriz. 

A Minaya Albar Fáñez matáronle el cavallo, 
bien lo acorren mesnadas de cristianos. 
La langa a quebrada, al espada metió m.ano, 
maguer de pie buenos colpes va dando. 
Violo mió Qiá Roy Díaz el Castellano, 



87 

tarse y perder las mallas, tantos pendones blan- 
cos salir enrojecidos de sangre, tantos hermosos 
caballos sin jinete. Los moros invocan a Malioma 
y los cristianos a Santiago. En poco trecho ya- 
cían por el campo no menos de mil trescientos 
moros. 



87 

Mención de los principies caballeros cristianos. 

¡Oh qué bien lidia, sobre dorado arzón, el Cid 
Ruy Díaz, gran combatiente; oh qué bien Minaya 
Alvar Fáñez, el que tuvo meando en Zurita; Mar- 
tín Antolínez, el ilustre húrgales, y Muño Gus- 
tioz, que fué su criado ; y Martín Muñoz, el que 
mandó en Monte Mayor; y Alvaro Alvar, y Al- 
varo Salvadórez, y Galindo García, el buen ara- 
gonés y Félix Muñoz, sobrino del Cid. Cuantos 
hay, todos acuden en auxilio del Cid y de su 
enseña. 



38 

Minaya, en peligro. — El Cid hiere a Fáriz. 

Las mesnadas de cristianos auxilian a Mina- 
ya Alvar Fáñez, porque le han matado el caba- 
llo. También se le ha roto la lanza, pero mete, 
mano a la espada y, aunque desmontado, va dan- 
do unos tajos furibundos. Violo el Cid Ruy Díaz 



88 

acostós a un aguazil que tenié buen cavallo, 
diol tal espadada con el so diestro brago, 
cortól por la gintura, el medio echó en campo. 
A Minaya Albar Fáñez ival dar el cavallo: 
"Cavalgad, Minaya, vos sedes el mió diestro 

[brago! 
"Oy en este día de vos abré grand bando; 
"firme' son los moros aun nos' van del campo, 
"a menester que los cometamos de cabo." 
Cavalgó Minaya, el espada en la mano, 
por estas fuergas fuerte mientre lidiando, 
a los que alcanga valos delibrando. 
Mío ^id Roy Díaz, el que en buena nasco, 
al rey Fáriz tres colpes le avié dado; 
los dos le fallen, y el únol ha tomado, 
por la loriga ayuso la sangre destellando; 
bolvió la rienda por írsele del campo. 
Por aquel colpe raneado es el fonssado. 

í 39 

Galve, herido, y los moros, derrotados. 

Martín Antolínez un colpe dio a Galve, 
las carbonclas del yelmo echógelas aparte, 
cortól el yelmo, que llegó a la carne; 
sabet, el otro non gel osó esperar. 
Arrancado es el rey Fáriz e Galve; 
¡tan buen día por la cristiandad, 
ca fuyen los moros della e della part! 
Los de mió Qiá firíendo en alcaz, 
el rey Fáriz en Terror se fo entrar, 



89 

el castellano, y acercándose a un general moro 
que traía un caballo excelente, tiróle un tajo 
con la diestra que, cortándole por la cintura, lo 
airojó en mitad del campo. Después se acercó a 
Alvar Fáñez para darle el caballo. 

— A caballo, Minaya. Vos sois mi brazo dere- 
cho. Hoy necesito vuestra ayuda. Ved que los mo- 
ros están firmes; aún no les echamos del campo; 
fuerza es que acabemos con ellos. 

Montó Minaya sin soltar la espada de la mano, 
y siguió luchando denodadamente por entre las 
fuerzas enemigas: a cuantos alcanza los deshace. 
En tanto el bienhadado Cid Ruy Díaz le lanza 
al emir Fáriz tres golpes: dos le fallan, pero 
al tercero le acierta, y escurre la sangre por la 
loriga abajo. El emir volvió grupas tratando de 
abandonar el campo : de sólo aquel golpe queda 
derrotado el ejército. 

89 

Galve, herido, y los moros, derrotados. 

Martín Antolínez asestó tan tremendo tajo al 
moro Galve que le arranca los rubíes del yelmo y, 
partiendo el yelmo, entra en la carne. No quiso 
esperar el emir el segundo golpe. Derrotados 
están los emires Fáriz y Galve: gran día para 
la cristiandad, que ya de una y otra parte hu- 
yen los moros. 

Al alcance los van atacando los del Cid. El 
emir Fáriz se refugió en Terrer, y a Galve no 



00 

e a Galve nol cogieron allá; 
para Calatayuth quanto puede se va. 
El Campeador ívale en alcaz, 
fata Calatayuth duró el segudar. 

40 

Minaya ve cumplido su voto. — Botín de la bata- 
lla. — El Cid dispone un presente para el rey. 

A Minaya Albar Fáñez bien Tanda el cava- 
daquestos moros mató treinta e quatro; [lio, 
espada tajador, sangriento trae el brago^ 
por el cobdo ayuso la sangre destellando. 
Dize Minaya: "agora so pagado, 
"que a Castiella irán buenos mandados, 
"que mió Qid Roy Díaz lid campal a arrancado.'' 

Tantos moros yazen muertos que pocos bivos 

[a dexados. 
ca en alcaz sin dubda les foron dando. 
Yas toman los del que en buen ora nasco. 
Andava mió Qid sobre so buen cavallo, 
la cofia fronzida ¡Dios, cómmo es bien barbado! 
almófar a cuestas, la espada en la mano. 

Vio los sos commos van allegando: \ 

"Grado a Dios, aquel que está en alto, 
"quando tal batalla avernos arrancado." 

Esta albergada los de mió Qiá luego la an 

[robado 
de escudos e de armas e de otros averes largos; 
de los moriscos, quando son llegados, 
ffallaron quinientos e diez cavallos. 



91 

lo quisieron recibir, por lo que huye hacia Cala- 
tayud a toda rienda. El Campeador le sigue de 
cerca, y la persecución continúa hasta Calatayud. 



40 

Minaya ve cumplido su voto. — Botín de la bata- 
lla. — El Cid dispone un presente para el rey. 

El caballo le salió bueno a Minaya Alvar Fá- 
ñez, y así pudo matar hasta treinta y cuatro mo- 
ros. ¡Oh tajante espada, y cuan ensangrentado 
trae el brazo, escurriéndole por el codo la sangre! 

— Ahora sí que estoy satisfecho — dice Mina- 
ya — . Ahora llegarán a Castilla las buenas nue- 
vas de que mi Cid Ruy Díaz ha salido victorioso 
en guerra campal. 

Hay tantos moros muertos, que apenas quedan 
supervivientes. 

Los de aquel que nació en buen hora los han 
ido persiguiendo, y ya están de regreso. Veíase 
al Cid sobre su caballo, espada en mano, frun- 
cida la cofia [sobre la cara] y caída sobre la 
espalda la capucha de la loriga. ¡Oh Dios, qué 
bien barbado que es! 

Viendo venir a los suyos exclama: 

— Gracias a Dios, que está en los cielos, nues- 
tra es la victoria. 

Los de mío Cid se entregan después a saquear 
el campamento, recogiendo escudos, armas y 
abundantes riquezas. Juntaron hasta quinientos 



92 

Grand alegreya va entre essos cristianos, 
más de quinze de los sos menos non fallaron. 
Traen oro e plata que non saben recabdo; 
refechos son todos essos cristianos 
con aquesta ganangia que y avien fallado. 
A so castiello a los moros dentro los an torna- 
mandó mió Qid aun que les diessen algo, [dos, 
Grant a el gozo mío Qid con todos sos vassallos. 
Dio a partir estos dineros e estos averes largos; 
en la su quinta al Cid caen cient cavallos. 
¡Dios, qué bien pagó a todos sus ^assallos, 
a los peones e a los encavalgados ! 
Bien lo aguisa el que en buen ora nasco, 
quantos él trae todos son pagados. 

"Oid, Minaya, sodes mió diestro brago! 
"D'aquesta riqueza que el Criador nos a dado 
"a vuestra guisa prended con vuestra mano. 
"Enbiar vos quiero a Castiella con mandado 
"desta batallEt que avemos arrancado; 
"al rey Alfons que me a ayrado 
"quiérol enbiar en don treinta cavallos, 
"todos con siellas e muy bien enfrenados, 
"señas espadas de los arzones colgando." 
Dixo Minaya Albar Fáñez: "esto faré yo de 

[grado." 
41 

El Cid cu7}iple su oferta a la catedral de Burgos. 

— "Evades aquí oro e plata fina, 
"una uesa llena, que nada nol mingua; [sis 

"en Santa María de Burgos quitedes mili mis- 



93 

diez catcllos ele les moriscos, y grande es su 
alegría cuando advierten que sus bajas no pasan 
de quince. No saben ya ni dónde poner tanto oro 
y plata. Enriquecidos están con el botín. Vuelven 
a recibir en el castillo a los moros que los ser- 
vían, y aun manda el Cid que les den algo. El 
Cid y sus vasallos se regocijan, y ordena aquél 
que sean distribuidas las ganancias. Sólo en la 
quinta del Cid entran cien caballos. ¡Oh, Dios, 
qué bien paga a los suyos, así peones como jine- 
tes! ¡Qué bien sabe hacerlo todo el bienhadado: 
todos los que le acompañan quedan contentos! 

— Oíd, TMinaya, mi brazo derecho: de esta 
riqueza que Dios nos ha enviado, tomad cuanto 
os plazca. Y quiero que vayáis a Castilla a dar 
cuenta de esta victoria, porque deseo obsequiar 
al rey Alfonso, que me desterró, con treinta ca- 
ballos, todos con sus sillas y frenos y espadas al 
arzón, 

— Que me place — dijo Alvar Fáñez. 



41 

El Cid cimiple su oferta a la catedral de Burgos. 

— He aquí oro y fina plata — continuó el Cid — 
hasta colmar esta bota por completo. Pagaréis 
mil misas en Santa María de Burgos; lo que 



94 

"lo que romanegiere daldo a mi mugier e a mis 

[fijas, 
''que rueguen por mí las noches e los días; 
"si les yo visquiero, serán dueñas ricas." 

42 

Minaya parte para Castilla. 

Minaya Albar Fáñez desto es pagado; 
por ir con él omnes son contados. 
Agora davan gevada, ya la noch avie entrado, 
mió Qid Roy Días con los sos se acordando: 

43 
Despedida. 

"Ides vos, Minaya, a Castiella la gentil? 
"A nuestros amigos bien les podedes dezir: 
"Dios nos valió e vengiemos la lid. 
"A la tornada, si nos falláredes aquí; [guir. 
"si non, do sopiéredes que somos, indos conse- 
"Por langas e por espadas avemos de guarir, 
"si non, en esta tierra angosta non podriemos 

[bivir, 
"e commo yo cuedo, a ir nos avremos d' aquí." 

44 

El Cid vende Alcocer a los moros. 

Ya es aguisado, mañanas fo Minaya, 
e el Campeador fincó y con su mesnada. 



95 

sobre, sea para mi mujer e hijas; que rueguen 
por mí de día y de noche. Si Pios me da vida, 
llegarán a ser damas opulentas. 



42 

Minaya parte para Castilla. 

Alvar Fáñez está muy contento de la emba- 
jada. Designan a los que le han de acompañar, 
y dan cebada a las bestias ya entrada la noche. 
En tanto, el Cid Ruy Díaz reúne a los suyos en 
consejo. 

43 

Despedida. 

— ¿Así, pues, Minaya, os vais a Castilla la 
gentil? Podéis decir a nuestros amigos que Dios 
nos ha ayudado a vencer. Acaso nos encontréis 
aquí a la vuelta. Si no, buscadnos donde os in- 
formen que andamos. De lanza y espada hemos 
de valemos: de otra suerte, esta escasa tierra no 
nos daría lo bastante para vivir. Me temo, por 
eso, que tengamos que irnos a otra parte. 



44 

El Cid vende Alcocer a los moros. 

Hecho está: partió Minaya a la madrugada, y 
el Campeador se quedó con los demás. Escasa, 



96 

La tierra es angosta e sobejana de mala. 
Todos los días a mió Qiá aguardavan 
moros de las fronteras e unas y entes extra- 
sanó el rey Fáriz, con él se consejavan. [ñas; 
Entre los de Teca e los de Terrer la casa, 
e los de Calatayut, que es mas ondrada, 
así lo an asmado e metudo en carta: [plata, 
vendido les a Alcoger por tres mili marcos de 

45 

Venta de Alcocer. (Repetición.) 

Mió Qid Ruy Díaz a Alcoger ha vendido; 
qué bien pagó a sos vassallos mismos! 
A cavalleros e a peones fechos los ha ricos, 
en todos los sos non fallariedes un mosquino. 
Qui a buen señor sirve, siempre bive en deligio. 

46 

Abandono de Alcocer. — Buenos agüeros. — El Cid 
se sienta en el Poyo, sobre Monreal. 

Quando mió Qiá el castiello quiso quitar, 
moros e moras tomáronse a quexar: [delante! 
"¿vaste, mió Qiá; nuestras oragiones vayan te 
"Nos pagados fincamos, señor, de la tu par." 
Quando quitó a Alcoger mió Qiá el de Bivar, 
moros e moras compegaron de llorar. 
Algo su seña, el Campeador se va, 
passo Salón ayuso, aguijó cabadelant, 
al exir de Salón mucho ovo buenas aves. 



97 

malísima es la tierra aquella. Todos los días 
andan espiando al Cid los moros de la frontera y 
unos hombres extraños. Algo tramaban con con- 
sejo del emir Fáriz, ya repuesto de sus heridas. 
Con los de Ateca y el pueblo de Terrer y los de 
Calatayud, que es ciudad más rica, el Cid entra 
en tratos, redactan el convenio por carta, y les 
vende por tres mil marcos de plata el castillo de 
Alcocer. 

45 

Venta de Alcocer. (Repetición.) 

Vende a Alcocer el Cid Ruy Díaz, y paga opu- 
lentamente a sus vasallos, enriqueciendo a caba- 
lleros y peones; no queda uno pobre entre todos: 
'quien a buen señor sirve, buen galardón al- 
canza. " 

46 

Abandono de Alcocer. — Buenos agüeros. — El Cid 
se sienta en el Poyo, sobre Monreal. 

Cuando ven que el Cid va a abandonar el cas- 
tillo, los moros y moras cautivos comienzan a 
quejarse: "¿Te vas, pues, oh Cid? Te acompa- 
ñan nuestras oraciones. Señor, te quedamos agra- 
decidos." Al salir de Alcocer el Cid, los moros 
y las moras están llorando. El Campeador se ale- 
ja, en alto su enseña, encaminándose hacia aba- 
jo del río Jalón. Al pasar el río, las aves le die- 
ron buenos agüeros. Si contentos quedan los de 

MÍO Cid. . 7 



98 

Plogo a loo de Terrer e a los de Calatayut más, 

pesó a los de Alcocer, ca pro les fazié grant. 

Aguijó mió Qd, ivas cabadelant, 

y ffíncó en un poyo que es sobre Monb Real; 

alto es el poyo, maravilloso e grant; 

non teme guerra, sabet, a nulla part. 

Metió en paria a Daroca enantes, 

desí a Molina, que es del otra part, 

la tergera Teruel, que estava delant; 

en su mano tenié a ^elfa la de Canal. 

47 

Minaya llega ante el rey. — Este perdona 
a Minaya, pero no al Cid. 

Mío Cid Roy Díaz de Dios aya su gracia! 
Ido es a Castiella Albar Fáñez Minaya, 
treynta cavallos al rey los enpresentava; 
vi dolos el rey, fermoso sonrrisava: 
"¿quin los dio estos, si vos vala Dios, Minaya I** 
—"Mió Cid Roy Díaz, que en buen ora cinxo 

[espada. 

"Pues quel vos ayrastes, Alcoger gañó por 

[maña; 

"al rey de Valencia dello el mensaje llegava, 
"mandólo y cercar, e tolléronle el agua. 
"Mío Cid salió al castiello, en campo lidiava, 
"venció dos reyes de moros en aquesta batalla, 
"sobejana es, señor, la sue ganan gia. 
"A vos, rey ondrado, enbía esta presentaja; 
"bésavos los piedes e las manos amas 



99 

Terrer y más aún los de Calatayud, a los de 
Alcocer les pesa mucho, porque el Cid les era 
benéfico. El Cid caminaba, y así continuó hasta 
llegar al Poyo, que está sobre Monreal: es alto, 
grande y maravilloso de ver; por ningún lado po- 
drían alcanzarlo los enemigos. Comenzó por so- 
meter a tributo a Daroca, y más allá a Teruel 
y al fin a Celia, la del Canal. 



47 



Minaya llega ante el rey. — Este perdona 
a Minaya, pero no al Cid. 

No deje Dios de su gracia al Cid Ruy Díaz. 
Alvar Fáñez Minaya ha partido ya para Cas- 
tilla, y presenta al rey ios treinta caballos. El 
rey los admira con una sonrisa de complacencia: 

— Minaya, así Dios te valga; ¿quién me man- 
da semejante regalo? 

— El Cid Ruy Díaz, que en buen hora ciñó 
espada. Después que le desterrasteis, logró va- 
liéndose de un ardid ganar a Alcocer. Súpolo el 
rey de Valencia por un m.ensaje, y mandó que 
lo cercaran; y, en efecto, le cortaron el agua. 
Pero el Cid salió del castillo a, lidiar en campo 
y venció a dos emires; enormes han sido sus 
ganancias, señor. Y a vos, rey honrado, os envía 
hoy este presente, y os besa los pies y las manos 



a 00 

"quel ayades merged, si el Criador vos vala." 
Dixo el rey: "mucho es mañana, 
"omne ayrado, que de señor non ha gragia, 
"por acogello a cabo de tres sedmanas. 
"Mas después que de moros fo, prendo esta 

[presentaja; 
"aun me plaze de mió Qiá que ñzo tal ganan- 
"Sobresto todo, a vos quito, Minaya, [gia. 

"honores e tierras avellas condonadas, 
"id e venit, d'aquí vos do mi gragia; 
"mas del ^id Campeador, yo non vos digo nada. 



48 

El rey permite a los castellanos irse con el Cid. 

"Sobre aquesto todo, dezir vos quiero, Albar 

[Fáñez: 
"de todo mió reyno los que lo quisieren far, 
"buenos e valientes pora mió ^id huyar, 
"suéltoles los cuerpos e quitóles las heredades." 
Besóle las manos Minaya Albar Fáñez: 
"Grado e gragias, rey, commo a señor natural; 
"esto feches agora, ál feredes adelant; [des." 
"con Dios nos guisaremos commo vos lo faga- 
Dixo el rey: "Minaya, esso sea de vagar. 
"Id por Castiella e déxenvos andar, 
"si'nulla dubda id a mió ^id buscar." 



101 

para pediros que le hagáis merced, en nombre de 
Dios. 

— Muy pronto es — dijo el rey — para acoger 
al cabo de unas cuantas semanas a un deste- 
rrado que perdió la gracia de su señor. Pero 
acepto el presente, por venir de patrimonio de 
moros, y aun confieso que me alegro de las ga- 
nancias del Cid. Y, sobre todo, Minaya, a vos 
os perdono y os restituyo honores y tierras, y 
os doy mi permiso para que entréis y salgáis a 
vuestro antojo. Pero respecto al Cid, no quiero 
deciros nada más. 

48 

El rey permite a los castellavos irse con el Cid. 

— Aún añadiré algo, Alvar Fáñez; y es que a 
todos los hombres buenos y valientes de mi reino 
que quieran ir a ayudar al Cid, les doy permiso 
y no les confiscaré sus bienes. 

Minaya Alvar Fáñez, besándole las manos, ex- 
clama: 

— ¡Gracias, gracias, mi rey y señor natural! 
Esto concedéis por ahora: mañana concederéis 
algo más, y para ello pondremos nosotros de 
nuestra parte todo lo que podamos. 

Dijo el rey: 

— No se hable más de esto, Minaya, sino id con 
toda libertad por Castilla, y reunios al Cid sin 
temor de que se os moleste. 



102 



49 

Correrías del Cid desde el Poyo. — Mhiaya, con 
doscientcs castellanos, se reúne al Cid. 

Quiérovos dezir del que en buena ginxo es- 
aquel poyo en él príso posada; [pada: 
mientra que sea el pueblo de moros e de la 

[yente cristiana, 
el Poyo de mió Qid asil dirán por carta. 
Estando allí, mucha tierra preava, 
el val de río Martín todo lo metió en paria. 
A Saragoga sus nuevas legavan, 
non plaze a los moros, firme mientre les pesava. 
Allí sovo mió ^id conplidas quinze sedmanas; 
quando vio el caboso que se tardava Minaya, 
con todas sus y entes fizo una trasnochada; 
dexó el Poyo, todo lo desenparava, 
alien de Teruel don Rodrigo passava, 
en el pinar de Tévar Roy Díaz posava; 
todas essas tierras todas las preava, 
a Saragoga metuda la en paria. 

Quando esto fecho ovo, a cabo de tres sedma- 
de Castiella venido es Minaya, [ñas, 

dozientos con él, que todos giñen espadas; 
non son en cuenta, sabet, las peonadas. 
Quando vido mió Qid asomar a Minaya, 
el cavallo corriendo, valo abragar sin falla, 
besóle la boca e los ojos de la cara. 
Todo gelo dize, que nol encubre nada. 
El Campeador fermoso sonrrisava: 



103 



49 



Cabrerías del Cid desde el Poyo. — Minaya, con 
doscientos castellancs, se reúne al Cid. 

Entretanto quiero deciros del que en buen 
hora ciñó espada, el cual liatía alzado campa- 
mento en el Poj^o, donde ya sabéis. Siempre, mien- 
tras el mundo sea mundo, los escritos le han de 
llamar el Poyo del Cid. Sus correrías se exten- 
dían desde allí a muchas partes, y acabó por so- 
meter a tributo todo el valle del río Martín. Lle- 
garon nuevas a Zaragoza, de que mucho pesó a 
los moros, y estaban todos muy descontentos. 
El Cid se mantuvo allí quince semanas, y cuar- 
do vio el prudente capitán que Minaya comenza- 
ba a tardarse, hizo una salida nocturna con toda 
su gente, abandonó el Poyo, pasó más allá de 
Teruel, y no paró hasta el pinar de Tévar. Por 
el camino va saqueando la tierra, y aun logra 
imponer tributo a Zaragoza. 

Hecho esto, he aquí que al cabo de otras tres 
semanas aparece Minaya, de vuelta de Castilla, 
y con él doscientos caballeros de espada al cinto 
e innumerable gente de a píe. Cuando el Cid 
divisó a Minaya, aguijó al caballo y fue a 
abrazarlo, besándole la boca y los ojos. El otro 
le cuenta al instante lo sucedido, sin ocultarle 
nada, y el Campeador, sonriendo alegremente, le 
dice: 

— ¡Gracias a Dios y a todos sus santos! Mien- 



104 

"grado a Dios e a las sus vertudes santas; 
"mientras vos visquiéredes, bien me irá a mí, 

[Minaya!" 
50 

Alegría de los desterrados al recibir noticias 
de Castilla. 

¡Dios, cómmo fo alegre todo aquel fonssado, 
que Minaya Alvar Fáñez assí era llegado, 
diziéndoles saludes de primos e de hermanos, 
6 de sus compañas, aquellas que avien dexado! 

51 

Alegría del Cid. (Serie gemela.) 

Dios, cómmo es alegre la barba vellida, 
que Albar Fáñez pagó las mili missas, 
e quel dixo saludes de su mugier e de sus fijas! 
Dios, cómmo fo el ^id pagado e fizo grant ale- 
"Ya Alvar Fáñez, bi vades muchos días! [gría! 
"más valedes que nos, ¡tan buena mandadería!" 



52 
El Cid corre tierras de Alcañiz. 

Non lo tardó el que en buen ora nasco, 
priso dozientos cavalleros escollechos a mano, 
fizo una corrida la noch trasnochando; 
tierras d' Alcañiz negras las va parando, 
e a derredor todo lo va preando. 
Al terger día, don ixo i es tornado. 



105 

tras cuente con vos, Minaya, todo me ha de salir 
bien en la vida. 

50 

Alegría de los desterrados al recibir noticias 
de Castilla. 

¡Qué alegría la del ejército con el regreso de 
Minaya, que les trae noticias de sus hermanos 
y sus primos, y de las compañeras que habían 
dejado en su rincón! 

51 
Alegría del Cid. (Serie gemela.) 

¡Y qué alegría, oh Dios, la de aquel de la 
hermosa barba al saber que Alvar Fáñez pagará 
la promesa de las mil misas y oír las noticias 
que le trae de su mujer y de sus pequeñas! 

¡Qué fiestas, qué contento el del Cid! 

— Mil años viváis, Alvar Fáñez: valéis mucho 
más que nosotros. ¡Así se cumplen los encargos! 

52 
El Cid corre tierras de Alcañiz. 

Sin tardanza, el que en buen hora nació, es- 
cogió doscientos caballeros y emprendió una co- 
rrería nocturna. Yermas va dejando tras sí las 
tierras de Alcañiz, y saquea los alrededores. A 
tercero día, regresó al punto de partida. 



lOG 



53 

Escarmiento de los moros. 

Hya va el mandado por las tierras todas, 
, ': pesando va a los de Mongon e a los de Huosca; 
por que dan parias plaze a los de Saragoga, 
de mió Qid Roy Díaz que non temién ninguna 

[fonta. 

54 

El Cid abandona el Poyo. — Corre tierras ampa- 
radas por el conde de Barcelona. 

Con estas ganancias a la posada tornando se 

[van, 
todos son alegres, ' ganancias traen grandes; 
>. plogo a mió C^id, e mucho a Albar Fáñez. 

Sonrrisós el caboso, que non lo pudo endurar: 
"ya cavalleros, dezir vos he la verdad: 
"qui en un lugar mora siempre, lo so puede 

[menguar ; 
"eras a la mañana penssemos de cavalgar, 
^^ "dexat estas posadas e iremos adelant." 

Estonges se mudó el Cid al puerto de Alucat; 
dent corre mió Qid a Huesa e a Mont Alván; 
en aciuessa corrida diez días ovieron a morar. 
Foron los mandados a todas partes, 
■ :> que el salido de Castiella así los trae tan mal. 



107 



53 

Escm'miento de los moros. 

Voló la noticia de pueblo en pueblo. Mucho 
pesa a los de Monzón y a los de Huesca; en. 
cambio los de Zaragoza aceptan sin desagrado 
el tributo, pues saben que del Cid no deben temer 
el menor ultraje. 

54 

El Cid abandona el Poyo. — Corre tierras ampa- 
radas por el conde dp- Barcelona. 

Con tales ganancias, todos volvían alegres al 
campamento, para satisfacción del Cid y de Al- 
var Fáñez. El prudente capitán, no pudiéndose 
contener, sonríe y dice: 

— Oíd, caballeros, he de hablaros claro: al que 
no se mueve de un sitio, se le acaba el sustento. 
Cabalguemos al amanecer, recoged las tiendas, 
y adelante. 

El Cid fué a acampar entonces al puerto de 
Olocau, de donde se alarga hasta Huesca y Mon- 
talbán en una correría que duró diez días. Y 
por todas partes volaba la noticia de que el ex- 
patriado de Castilla andaba trastornando al 
mundo. 



108 



55 

Amenazas del conde de Barcelona. 

Los mandados son idos a las partes todas; 
llegaron las nuevas al comde de Bargilona, 
que mió Qiá Roy Díaz quel corrié la tierra toda; 
ovo grand pesar e tóvoslo a grand fonta. 

56 

El Cid. trata en vano de cahnar al conde. 

f ^ El conde es muy follón e dixo una vanidat: 
*' Grandes tuertos me tiene mió Qid el de Bivar. 
"Dentro en mi cort tuerto me tovo grand: 
"firióm el sobrino e non lo enmendó más; 
"agora córrem las tierras que en mi enpara es- 
yf=»t) "non lo desafié nil tomé el amiztad, [tan; 

"mas quando él me lo busca, ir gelo he yo de- 

[mandar." 
Grandes son los poderes e a priessa llegan- 

[dos van, 
entre moros e cristianos gentes se le allegan 

[grandes 
adeliñan tras mió Qiá el bueno de Bivar, 
f 7 ^ tres días e dos noches penssaron de andar, 
alcanzaron a mió Qid en Tévar e el pinar; 
así vienen esforzados que a manos se le cuydan 

[tom.ar. 
Mío Qiá don Rodrigo trae ganangia grand, 



109 



Amenazas del conde de Barcelona. 

Por todas partes vuela la noticia, y al fin llega 
a oídos del conde de Barcelonf). la voz de que el 
Cid Ruy Díaz anda saqueando las tierras [de su 
protectorado]. Súpolo con gran pesadumbre, y lo 
tiene por grave ultraje. 

56 

El Cid trata en vano de calmar al conde. 

Muy fanfarrón es el conde; habla como muy 
vanidoso : 

— Grandes daños me está causando el Cid de 
Vivar. Tampoco se portó mejor cuando estuvo 
en mi corte: tras de herir a mi sobrino, no se 
cuidó de enmendar su yerro; y ahora anda sa- 
queando las tierras de mi protectorado. Yo nun- 
ca lo he desafiado ni le he retirado mi amistad; 
pero, pues me busca, yo se lo demandaré como 
es justo. 

Muy grandes son sus fuerzas, y empiezan a 
concentrarse a toda prisa; se le reúne mucha 
gente mora y cristiana, y todos se dirigen en 
busca de nuestro buen Cid de Vivar. Tres días 
con sus noches caminaron, y al fin le dieron al- 
cance en el pinar de Tévar. Son tantos, que pien- 
san cogerlo con las manos. 

Nuestro Cid bajaba de un mente y entraba 



lio 

dige de una sierra e llegava a un val. 

^"^^ Del comde don Remont venido les mensaje; 
mió Qiá quando lo oyó, enbió pora allá: 
"digades al conde non lo tenga a mal, 
"de lo so non lievo nada, déxem ir en paz." 
Recpuso el conde: "esto non será verdad! 

V k - "Lo de antes de agora tódom lo pechará; 
"sabrá el salido a quien vino desondrar." 
Tomos el mandadero quanto pudo más. 
Essora lo connosge mió ^id el de Bivar 
que a menos de batalla nos pueden den quitar. 



57 

Arenga del Cid a los suyos. 

7 b : "Ya cavalieros, apart fazed la ganangia; 

"apriessa vos guarnid e metedos en las armas; 

"el comde don Remont dar nos ha grant batalla, 

"de moros e de cristianos gentes trae' sbbeja-^ 

[ñas, 

"a menos de batalla non nos dexaríé por nada. 
y í' "Pues adelant irán tras nos, aquí sea la batalla; 

"apretad los cavallos, e bistades las armas. 

"Ellos vienen cuesta yuso, e todos traben caigas; 

"elas siellas cogerás e las cinchas amojadas; 

"nos cavalgaremos siellas gallegas, e huesas so- 
bre caigas; 



111 

en un valle, llevando todas sus ganancias con- 
sigo. Cuando he aquí que le avisan de la llega- 
da del conde don Ramón. Oyólo el Cid, y le man- 
dó este mensaje: 

— Decid al conde de mi parte, que no lo tome 
a mal, y que me deje en paz, que no le he qui- 
tado nada de lo suyo. 

Pero a esto repuso el conde: 

— No, no puede quedar así. Ahora me las pa- 
gará todas juntas, los agravios nuevos y los 
añejos; ahora verá el expatriado con quién tiene 
que habérselas. 

Con estas palabras regresó el mensajero, y el 
Cid de Vivar comprendió que no podía salir de 
aquel trance sino librando formal batalla. 

57 

Arenga del Cid a los suyos. 

— ]Ea, mis caballeros! Poned el botín en sal- 
vo; armaos con presteza y vestid los hierros. 
El conde don Ramón se ha empeñado en darnos 
batalla: le acompaña innumerable gente, entre 
cristianos y moros. Sólo a la fuerza nos dejará 
tranquilos. Si seguimos nos dará alcance: sea 
pues aquí mismo la batalla. Apretad las cinchas, 
vestid los hierros. Ellos vienen cuesta abajo, y 
traen calzas; ellos traen [esas inseguras] sillas 
cocerás, y las cinchas flojas: nosotros buenas 
sillas gallegas, y unas buenas botas sobre las 
calzas. Con ciento bastamos para esas mesnadas. 



. ^, .1,^, "ciento cavalleros devenios venger aquellas 

^ ' ' [mesnadas. 

"Antes que ellos lleguen a llano, presentémos- 

[les las langas; 
"por uno que firgades, tres siellas irán vázias. 
"Verá Remont Verenguel tras quien vino en al- 

[canga 
"oy en este pinar de Tévar por tollerme la ga- 

[nangia." 
58 

E! Cid vence la batalla. — Gana la espada Colada. 

/ 0^ ^ Todos son adobados quando mió Qiá esto ovo 

[fablado; 
las armas avien presas e sedién sobre los ca- 

[vallos. 

Vidieron la cuesta yuso la fuerga de los fran-* 

^ al fondón de la cuesta, gerca es de'llaño, [fcos; 

mondólos ferir mió ^id, el que en buen ora 

I [nasco; 

} Qí^^ esto f azen los sos de voluntad e de grado ; 

los pendones e las langas tan bien las van em- 

[pleando, 
a los unos firiendo e a los otros derrocando. 
Vengido a esta batalla el que en buena nasco; 
al comde don Remont a preson le a tomado; 
/ '-^ hi gañó a Colada que más vale de mili marcos. 



113 

Antes que pongan pie en el llano, den sobre ellos 
nuestras lanzas, y por cada uno que ensartéis, 
tres sillas quedarán vacías. Ahora, verá Ramón 
Berenguer con quién ha querido medirse en los 
pinares de Tévar, para arrebatarle el botín 



58 
El Cid vence la batalla. — Gano, la espada Colada. 

Cuando esto hubo dicho el Cid, todos se apres- 
tan, empuñan las armas y montan a caba- 
llo. Por la cuesta ab¿ijo vieron venir las fuerzas 
de los catalanes, y cuando llegaban al pie, junto 
al llano, El Cid, el que nació en buen hora, man- 
dó atacar. Se arrojan animosamente los su- 
yos, y tan bien se las arreglan con sus pendones 
y sus lanzas, que a éstos hieren y a esotros de- 
rriban. ¡Ha vencido ya la batalla el que nació 
en buen hora! Preso tiene al conde don Ramón; 
ganado ha la famosa Colada, que bien vale más 
de mil marcos. 



\ 



MÍO Cid. 8 n 



114 



59 

El conde de Barcelona, prisionero. — Quiere 
dejarse 'morir de Jiainbre. 

I venció esta batalla por o ondró su barba. 
Frisólo al conde, pora su tienda lo levava;- ^ 
a sos creenderos guardar lo mandava. 
De fuera de la tienda un salto dava, 
/ O f Ó <^^ todas partes los sos se ajuntavan; 

plogo a mió Q\á, cu grandes son las ganangias. 
A mió Qiá don Rodrigo grant cozínal adobavan; 
el conde don Remont non gelo pregia nada; 
adúzenle los córneres, delant gelos paravan, 
X^ él non lo quiere comer, a todos los sosañava: 
*'Non combré un bocado por quanto ha en toda 

[España, 
"antes perderé el cuerpo e dexaré el alma, 
"pues que tales malcalgados me vengieron de 

[batallad 

60 

>^ El Cid po^o^nete al conde la libertad. 

Mío Qiá Roy Díaz odredes lo que dixo: 
<^^ "comed, comde, deste pan e beved deste vino/ 
"Si lo que digo fiziéredes, saldrede's de cativo; 
"si non, en todos vuestros días non veredcs cris- 

[tianismo." 



115 



59 



El conde de Barcelona, prisionero. — Quiere 
dejarse morir de hambre. 

Así venció esta batalla y hcnró sus barbas. 
Llevóse a su tienda al conde prisionero, encar- 
gando a sus servidores que lo guardasen; y des- 
pués salió de la tienda. Sus hombres comenzaban 
a llegar, trayendo consigo muchos objetos de va- 
lor, de que el Cid se regocijaba. Le prepararon 
una comida suculenta, pero el <:onde don Ramón 
no hacía caso de los manjares: en- vano se los 
tiaían, se los ponían delante. No se dignaba 
•comer y lo desdeñaba todo diciendo: 

— No he de probar bocado, por todo el oro que 
hay en España; antes prefiero perder el cuerpo 
y el alma. ¡Haberme vencido a mí estos mal cal- 
zados ! 

\ 
60 

El Cid promete al conde la libertad. 

Aquí hablara el Cid, bien oiréis lo que dirá: 
— Comed, comed de este pan; bebed de este 
vino. Si así lo hacéis, os daré libertad; de lo 
contrario, no gozaréis de la comunicación huma- 
na en toda vuestra vida. 



lie 



61 

Negativa del conde. 

— "Comede, don Rodrigo, e penssedes de fol- 

[gar, 
"que yo dexar nié morir, que non quiero co- 
í'P Fasta terger día nol pueden acordar; [mer ál." 
ellos partiendo estas ganangias grandes, 
nol pueden fazer comer un muesso de pan. 

62 

El Cid reitera al conde su promesa. — Pone en 
libertad al conde y le despide. 

Dixo mió ^id: "comed, comde, algo, 
^'^^ "c2l si non cornedes, non veredes cristianos; 

"e si vos comiéredes don yo sea pagado, 
J.*? "a vos, el comde, e dos fijos dalgo 
'^b'^ "quitarvos e los cuerpos e darvos e de m.ano." 
Quando esto oyó el comde, yas iva alegrando: 
"Si lo fiziéredes, Qiá, lo que avedes fablado, 
"tanto quanto yo biva, seré dent maravillado." 
— Pues comed, comde, e quanto fóredes yan- 
^0 "a vos e a otros dos dar vos he de mano, [tado, 
"Mas quanto avedes perdido e yo gané en canpo, 
"sabet, non daré a vos de ello un dinero malo; 
['^Á*^ "ca huebos m.e lo he pora estos que comigo an- 

[dan lazrados. 
"Prendiendo de vos e de otros ir nos hemos pa- 

[gando; 



I 



117 

61 

Negativa del conde. 

— Comed vos si os place, don Rodrigo, y des- 
cansad si se os antoja; que yo no quiero comer 
nada, sino dejarme morir. ' 

Al tercer día no han podido aún persuadirle. 
Todavía están ocupados en partir el botín, y en 
tanto no logran que cor sienta en comer una sola 
miga de pan. 

62 

E'l Cid reitera al conde su promesa. — Pone en 
libertad al conde y le despide. 

El Cid insiste: 

— Vamos, comed, comed un poco; de lo con- 
trario, no volveréis a ver caras cristianas. Si 
consentís en comer a mi satisfacción, a vos, con- 
de, y a dos de vuestros hidalgos me comprometo 
a dejaros en libertad. 

A esta promesa, el conde va recobrando el 
ánimo : 

— Cid — contesta — ; si cumplís lo que acabáis 
de ofrecerme, habréis hecho la maravilla más 
grande de mi vida. 

— Pues comed, conde, y lo veréis. En cuanto 
os hayáis satisfecho, os soltaré a vos con otros 
dos caballeros. Solamente os prevengo que cuan- 
to habéis perdido y yo os he ganado en el campo, 
de eso no pienso restituiros un mal dinero. Me 



118 

"abremos esta vida mientra ploguiere al Padre 

[santo i, 
"commo que ira a de rey e de tierra es echado." 
Alegre es el conde e pidió agua a las manos^ 
e tiénengelo delant e diérongelo privado. 
Con los cavalleros que el Qiá le avie dados 
comiendo va el comde ¡Dios, qué de buen grado I 
Sobrél sedie el que en buen ora nasco: [gado^ 
"Si bien non comedes, comde, don yo sea pa- 
"aquí feremos la morada, no nos partiremos 

[amos.'*' 
Aquí dixo el comde: "de voluntad e de grado." 
Con estos dos cavalleros apriessa va yantando; 
pagado es mió ^id, que lo está aguardando, 
por que el comde don Remont tan bien bolvie 

[las manos.. 
"Si vos ploguiere, mió ^id, de ir somos gui- 

[sados;: 
"mandadnos dar las bestias e cavalgaremos pri- 

[vado; 
"del día que fue comde non yanté tan de buen 

[grado, 
"el sabor que dend e non será olbidado." 

Danles tres palafrés muy bien ensellados 
e buenas vestiduras de pelligones e de mantos. 
El comde don Remont entre los dos es entrado. 
Fata cabo del albergada escurrióles el Caste- 

[llano : 
"Ya vos ides, comde, a guisa de muy franco, 
"en grado vos lo tengo lo que me avedes de- 

[xado> 



119 



hace mucha falta para éstos que andan pasando 
miserias conmigo. No tengo más remedio que ir 
tomando lo que necesito hoy de vos y mañana de 
otros; y así seguiremos en tanto que Dios no 
disponga otra 'cosa, como conviene al que lia 
caído en la ira del rey y lo han echado de su 
tierra. 

[Con la esperanza de la libertad], el conde se 
anima; pide aguamanos, se apresuran a servirlo; 
y el conde y los dos caballeros cuya libertad ha 
otorgado el Cid se ponen a comer con un apetito 
que da envidia. A su lado, el que en buen hora 
naciera [los contempla y dice con sorna] : 

— Mirad, conde, que si no coméis bien y a mi 
satisfacción, aquí os quedáis a vivir conmigo y 
no nos separaremos, más. 

Y el conde: 

■ — Ya veis que lo hago de buena gana. 

Y, en verdad, él y sus dos caballeros comían 
bien y de prisa; con lo que se dio por satisfecho 
el Cid. Viendo que los estaba aguardando, el 
conde se daba más maña de acabar. 

— Cid, si os parece, pocemos marcharnos ahora 
mismo. Mandad que nos ensillen unos caballos, y 
partiremos al instante. Sabed que nunca he co- 
mido más a mi gusto desde que soy conde: por 
cierto que no se me olvidará el placer que he 
tenido. 

Se les manda dar tres palafrenes ensillados, 
testiduras, mantos y pieles. El conde doij Kamón 



120 

'■) ^ 

"Si vos viniere emiente que quisiéredes ven- 

[gallo, 

"si mi viniéredes buscar, fazedme antes man- 

V ^ [dado; 

Ul^y ''o me dexaredes de lo vuestro, o de lo mió le- 

[Tsredes algOc'' 
— "Folguedes, ya mió ^id, sodes en vuestro 
£.7 t) "Pagado vos he por todo aqueste año; [salvo, 
"de venirvos buscar sol non será penssado." 



El ccr.de se ausenta receloso. — Riqueza de los 
desterrados. 

Aguijaba el comde e penssava de andar, 
tornando va la cabega e catándos atrás; 
miedo iva aviendo que mió Qid se repintrá, 
lo que non ferié el caboso por quanto en el 

[mundo ha, 
una deGical tanga ca non la fizo alguandre. 

Ido es el comde, tornos el de Bivar, 
juntos con sus mesnadas, conpegós de alegrar 
de la ganangia que han fecha maravillosa e 

[grand; 
tan ricos son los sos que non saben qué se an. 



12L 

se coloca entre los dos caballeros. El castellano 
salió a despedirlos hasta fuera de la posada. 

— Ya os marcháis, conde, libre y franco (1). 
Os agradezco los bienes que me dejáis. Si acaso 
tuviereis antojo de vengaros, y me viniereis a bus- 
car, me haréis favor de avisármelo antes [y en- 
tonces, ya se sabe] : o me dejaréis más de lo 
vuestro, u os llevaréis algo de lo mío. 

— Podéis quedaros tranquilo, Cid; bien libre 
estáis de eso. Cuento que os he pagado el tri- 
buto para todo un año. Y en cuanto a venir a 
buscaros otra vez, ni pensarlo 

63 

El conde se ausenta, receloso. — Riqueza de los 
desterrados. 

El conde caminaba presurosamiente, y volvía 
la cabeza de tiempo en tiempo, temiendo que el 
Cid se arrepintiera, cosa que el prudente capitán 
no haría por todo el oro del mundo; que en su 
vida cometió deslealtad ninguna. 

Partido el conde, el de Vivar se reunió de nue- 
vo a sus mesnadas y dio suelta a su alegría al 
ver la enormidad del botín ganado: tan ricos 
están sus hombres, que ya no saben lo que tienen. 



(1) Hay un juego de palabras en el poema : franco que- 
ría decir también catalán. 

«Ya os vais franco, como buen catalán que sois.» 



122 



CANTAR SEGUNDO 

Bodas de las hijas del Cid. 

64 

El Cid se dirige contra tierras de Valencia. 

Aquis conpiega la gesta de mío Qiá el de Bi- 
Poblado ha mío Qiá el puerto de Alucat, [var. 
dexado ha Saragoga e a las tierras ducá, 
e dexado ha Huesa e tierras de Mont Alván. 
Contra la mar salada conpegó de guerrear; 
a orient exe el sol, e tornos a essa part. 
Myo Qá gañó a Xérica e a Onda e Almenar, 
tierras de Borriana todas conquistas las ha. 

65 

Tor.ia de Murviedro. 

Ayudól el Criador, el señor que es en gielo. 
El con todo esto priso a Mui^^iedro; 
ya vidíe mió Qid que Dios le iva valiendo. 
Dentro en Valengia non es poco el miedo. 

66 

Los moros valencianos cercan al Cid. — Este reúne 
sus gentes. Arenga. 

Pesa a los de Valengia, sabet, non les plaze; 
prisieron so consejo quel viniessen gercar. 



123 



CANTAR SEGUNDO 

Bodas de las hijas del Cid. 

64 

El Cid se dirige contra tierras de Valencia. 

Aquí comienza la canción del Cid de Vivar. 

El Cid ha poblado ya el puerto de Olocau, ale- 
jándose de Zaragoza y sus tierras, de Huesca, de 
Montalbán. Y ahora comienza a guerrear del 
lado de la mar salada. Por el Oriente sale el sol: 
allá se encamina el Cid. Y gana a Jérica, a Ond'i, 
a Almenara, y conquista las tierras de Burriana. 

65 

Toma de Murviedro. 

El Creador, señor del cielo, es quien le ayu- 
da. Así pudo tomar a Murviedro. Bien ve el Cid 
que Dios no le desampara. Miedo, y no poco, hay 
en Valencia. 

66 

Los meros valencianos cercan al Cid. — Este reún?- 
sus gentes. Arenga. 

No lo miran con buenos ojos los de Valencia, 
antes mucho les pesa, y deciden en consejo po- 



124 

Trasnocharon de noch, al alva de la man 
agerca de Murviedro tornan tiendas a fincar. 

Violo mió gid, tomos a maravillar: 
''Grado a tí, Padre spirital! 
"En sus tierras somos e femosles tod mal, 
"bevemos so vino e comemos el so pan; 
"si nos gercar vienen, con derecho lo fazen. 
"A menos de lid aquesto nos partirá; [ayudar, 
"vayan los mandados por los que nos deven 
"los unos a Xérica e los otros a Alucad, 
"desí a Onda e los otros a Almenar, 
"los de Borriana luego vengan acá; 
"conpegaremos aquesta lid campal, 
"yo fío x)or Dios que en nuestro pro eñadrán." 

Al terger día todos juntados s'an, 
el que en buen ora nasco compegó de fablar: 
"Oíd, mesnadas, sí el Criador vos salve! 
"Después que nos partiemos de la linpia cris- 

[tiandad, 
" — non fo a nuestro grado ni nos non pudiemos 
"grado a Dios, lo nuestro fo adelant. [mas, — 
"IjOs de Valengia gercados nos han; 
"si en estas tierras quisiéremos durar, 
^'firme míentre son estos a escarmentar. 

67 

Fin de la arenga del Cid. 

"Passe la noche e venga la mañana, 
"aparejados me seed a cavallos e armas; 
"iremos veer aquella su almofalla. 



125 

nerle sitio. Salieron de noche, y al amanacer 
plantaron las tiendas en las cercanías de Mur- 
viedro. 

El Cid, al verlos, se maravilla. 
—¡Alabado sea Dios, Padre espiritual!— ex- 
clama — . Por sus tierras andamos, y les hacemos 
todo el mal que podemos: bebemos sus vinos, co- 
memos de su pan. Si vienen a ponernos sitio, no 
les falta razón. Esto no se puede arreglar sino 
combatiendo. Vayan a convocar a los que tienen 
obligación de ayudarnos: unos, a Jérica; otros, a 
Olocau; de ellos, a Onda; de ellos, a Almenara; 
también acudan acá los de Burriana. Empecemos 
la lid campal. Yo fío en Dios que redundará en 
provecho nuestro- 

Al tercer día ya están todos reunidos, y el que 
en buen hora nació les dice así: 

— Oíd, mesnadas, así os salve Dios como de- 
seo. Desde que salimos de la limpia cristiandad — 
y no lo hicimos por nuestro gusto, que fué irre- 
mediable — , nuestras cosas harv ido siempre ade- 
lante, gracias a Dios. Ahora vienen a cercarnos 
los de Valencia; si queremos vivir tranquilos en 
esta tierra, fuerza es que les hagamos un gran 
escarmiento. 

67 

Fin de la arenga del Cid. 

— Pase la noche, venga la mañana, y encuen- 
tre aparejadas las bestias y prestos los hierros. 
Atacaremos aquel su ejército. Desterrados somos 



126 

"Commo omnes exidos de tierra estraña, 
"allí paregrá el que merege la soldada." 

68 

Minaya da el plan de batalla. — El Cid vence otra, 
lid campal. — Toma de Cebolla. 

Oíd qué dixo Minaya Albar Fáñez: 
'•Campeador, fagamos lo que. a vos plaze. 
"A mí dedes gient cavalleros, que non vos pido 
"vos con los otros firádeslos delant. [más; 

"Bien los ferredes, que dubda non i avrá, 
"yo con los giento entraré del otra part, 
"commo fío por Dios, el campo nuestro será." 
Commo gelo a dicho, al Campeador mucho 
Mañana era e piénssanse de armar, [plaze. 

quis cada uno dellos bien sabe lo que ha de far. 

Con los alvores mió Cid ferirlos va: [Yague, 
"¡En el nombre del Criador e d' apóstol santi 
"feridlos, cavalleros, d'amor e de voluntad, 
"ca yo so Roy Díaz, mió Qá el de Bivar!" 

Tanta cuerda de tienda i veriedes crebar, 
arrancarse las estacas e acostarse a todas par- 

[tes los tendales. 
Moros son muchos, ya quieren reconbrar. 

Del otra part entróles Albar Fáñez; 
maguer les pesa oviéronse a dar e a arrancar: 
de piedes de cavallo los ques pudieron escapar. 
Dos reyes de moros mataron en es alcaz, 
fata Valengia duró el segudar. [chas ha; 

Grandes son las ganangias que mió gid fe- 



127 
en tierra ajena: allí se verá quién sabe ganarse 
la soldada. 

68 

Minaya da el j)lan de batalla. — El Cid vence otra 
lid campal, — Toma de Cebolla. 

Y aquí habló Minaya Alvar Fáñez, oíd: 

— Campeador, hagámoslo como miandáis. A mí 
dadme cien caballeros, más no pido. Id vos de- 
lante con los otros, y dadles fuerte y ún temor, 
mientras ataco con los otros ciento por otra par- 
te; y fío en Dios que el campo será nuestro. 

Muy bien le parece al Campeador. Ya amanece, 
ya se arman todos; sabe bien cada uno lo que le 
toca. 

Con el alba cayó el Cid sobre sus contrarios: 

— ¡En nombre sea de Dios y del' apóstol San- 
tiago! ¡Atacadlos, mis caballeros, con brío y co- 
lazón! Que yo soy Ruy Díaz, que yo soy el Cid 
de Vivar! 

Allí vierais estallar las cuerdas de las tien- 
das, desgajarse las estacas, derrumbarse los pos- 
tes. Pero los moros son numerosos y parece que 
se recobran. 

A esto, por insospechada parte, entra por ellos 
Alvar Fáñez; y, auncjue les pese, ya no pueden 
menos de darse a partido. A uña de caballo es- 
capan unos, los que pueden. En la persecución 
quedan muertos dos emires; y así les fueron si- 
guiendo hasta Valencia. 



128 

robavan el campo e piénssanse de tornar. 
Entravan a Mui'viedro con estas ganangias que 
grand es el gozo que va por es logar. [traen; 
Prisieron Qebolla e quanto que es i adelant; 
miedo an en Valencia que no saben qué se far; 
las nuevas de mió Qiá, sabet, sonando van. 

69 

Correrías del Cid al sur de Valencia. 

Sonando van sus nuevas, alent parte del mar 

[andan; 
alegre era el ^id e todas sus compañas, 
que Dios le ayudara e fiziera esta arrancada. 
Davan sus corredores e fazien las trasnocha- 
llegan a Gujera e llegan a Xátiva, [das, 

aun mas ayusso, a Denia la casa; [branta. 

cabo del mar tierra de moros firme la que- 
Ganaron Peña Cadiella, las exidas e las entra- 

[das. 
70 

El Cid en Peña Cadiella. 

Quando el Qid Campeador ovo Peña Cadiella, 
ma'les pesa en Xátiva e dentro en Gujera, 
non es con recabdo el dolor de Valengia. 

71 

Conquista de toda la región de Valencia. 
En tierra de m.oros prendiendo e ganando. 



12^ 

Grandes ganancias obtuvo el Cid. Recogen los 
despojos del campo, y vuelven las grupas. En- 
tran a Murviedro cargados con el botín, y el 
^ozo corre por el lugar. Conquistada queda Puig 
y sus alrededores. En Valencia nadie sabe qué 
hacer de miedo, y por todas partes va sonando 
la fama del Cid. 

69 

Correrías del Cid al sur de Valencia. 

La fama llega hasta allende el mar. El Cid y 
sus compañeros dan gracias a Dios, que les ayu- 
da en la guerra. Envían a sus jinetes, salen de 
noche, llegan a Cullera, a Játiba, y> más abajo, 
al pueblo de Denia. Asolando van la tierra de 
moros hasta la orillas del mar. Al fin ganan 
Benicadell, con sus entradas y salidas. 



70 

El Cid en Peña Cadiella. 

Ganada Benicadell por el Cid, crece el disgus- 
to en Játiba y en Cullera; y ya en Valencia no 
disimulan la desesperación. 

71 

Conquista de teda la región de Valencia. 
Tres años se pasó el Cid en tierra de moros, 
MÍO Cid. 9 



ir;o 

€ durmiendo los días e las noches trasnochando, 
en ganas aquellas villas mió Qid duró tres años. 

72 

El Cid asedia a, Valencia. — Pregona a les cris- 
tianos la guerra, 

A los de Valengia escarmentados los han, 
non osan fueras exir nin con él se ajuntar; 
tajávales las huertas e fazíales grand mal, 
en cada uno destos daños mió Qid le,:- tollió el pan. 
Mal se aquexan los de Valengia, que non sabent 

[ques far, 
de ninguna part que sea non les viníe pan; 
nin da conssejo padre a fijo, nin ñjo a padre, 
nin amigo a amigo nos pueden consolar. 
Mala cueta es, señores aver mingua de pají, 
fijos e mugieres veer los murir de fanbre. 
Delante veyen so duelo, non se pueden huviar, 
por el rey de Marruecos ovieron a enbiar; 
con el de ios Montes Claros avíe guerra tan 

[grand, 
ncn les dixo consejo, nin los vinos huviar. 

Sopólo mió Qiá, de coragon le plaz; 
salió de Murviedro una noch a trasnochar 
amaneció a mió Qiá en tierras de Mon Real. 
Por Aragón e por Navarra pregón mandó echar, 
a tierras de Castiella enbió sos menssajes: 
Quien quiere perder cueta e venir a rritad, 
viniesse a mió ^id que a sabor de cavalgar; 
gercar quiere a Valengia po'ra cristianos la dar: 



131 

saqueando aquí y allá, durmiendo los días, tras- 
nochando las noches, ganando una villa y otra 
villa. 

72 

El Cid asedia a Valencia. — Pregona a los cris- 
tianos la guerra. 

Muy escarmentados quedan los de Valencia, 
que ya no se atreven a salir ni a buscarlo. Mu- 
cho les perjudicaba talándoles una y otra vez las 
huertas, y arrebatándoles el sustento año tras 
año. Los valencianos se quejan y no saben qué 
hacer, porque no pueden sacar su pan de ninguna 
parte. El padre, no puede socorrer a su hijo, ni 
el hijo al padre, ni el amigo puede consolar al 
amigo. ¡Ay, señores míos, y qué pena tan grande 
es no tener pan, y ver morirse de hambre a los 
liijos y a las mujeres! Los míseros no hallaban 
remedio a su dolor. Envían por el rey de Ma- 
TD'uecos; pero éste, que tenía guerra empeñada 
con el rey del Atlas, no quiso darles consejo ni 
venir a ayudarles. 

Lo supo el Cid, placióle la nueva. Al punto salió 
de Murviedro una noche y amaneció en tierras 
de Monreal. Manda echar pregones por Aragón 
y Navarra, y envía a Castilla -sus mensajeros: 

"El que quiera quitarse de trabajos y enri- 
quecerse, que se venga con el Cid, amigo de las 
batallas, que ahora quiere poner cerco a Valencia 
para darla a los cristianos." 



122 

73 

Repítese el pregón. (Serie gemela.) 

"quien quiere ir comigo gercar a Valengia, 
" — todos vengan de grado, ninguno non ha pre- 

[mia, — 
"tres días le speraré en Canal de ^elfa." 

74 

Gentes que acuden al pregón. — Cerco y entrega 
de Valencia. 

Esto dixo mió ^id el Campeador leal. 
Tomávas a Murviedro, ca él ganada se la a. 
Andidieron los pregones, sabet, a todas partes, 
al sabor de la ganangia, non lo quieren detar- 

[dar, 
grandes yentes se le acojen de la buena cris- 

[tiandad. 
Sonando van sus nuevas todas a todas partes; 
mas le vienen a mió Qiá, sabet, que nos le van: 
cregiendo va riqueza a mió ^id el de Bivar; 
quando vido las gentes juntadas, compegós de 

[pagar. 
Mío Qiá don Rodrigo non lo quiso detardar, 
adeliñó pora Valengia e sobrellas va echar, 
bien la gerca mió ^id, que non i avía hart; 
viédales exir e viédales entrar. 
Metióla en plazdo, si les viniessen huviar. 
Nueve meses complidos, sabet, sobrella yaz, 
quando vino el dezeno oviérongela a dar. 



i 133 

73 

Repítese el pregón. (Serie gemela.) 

** Quien conmigo quisiera venir para cercar a 
Valencia — todos vengan por su voluntad, ningu- 
no forzado — , sepa que le esperaré tres días en 
el canal de Celia." 

74 

Gentes que acuden al pregón. — Cerco y entrega 
de Valencia, 

Esto mandó decir nuestro Cid, el leal Cam- 
peador. Después se volvió a Murviedro, que ya 
es dueño de aquella tierra. Y sabed que los pre- 
gones iban a todas partes, y que mucha gente 
acudía, al olor de la ganancia, de toda la 
limpia cristiandad. Por todas partes se di- 
funden las nuevas. Nadie se le deserta al Cid; 
y al contrario, siempre le aumentan los refuer- 
zos. El Cid de Vivar crece en riqueza. ¡Cuánto 
se alegraba de ver tan numerosa gente a su lado! 
Ya íio quiso dilatarlo más; antes se encamina 
derechamente a Valencia, da sobre ella y la cerca 
con tal apretura que no deja escape. Allí le 
vierais entrar y salir [y estar ^n todo]. Todavía 
Qió un plazo a la ciudad por si alguien quería 
venir a socorrerla. Y allí se estuvo nueve meses 
cabales, y al décimo mes se le rindieron. 

¡Qué alegría por los lugai-es, cuando el Cid 
ganó a Valencia y entró en la ciudad! Los que 



134 

Grandes son los gozos que van por es logar 
quando mió ^id gañó a Valengia e entró en la 

[cibdad. 
Los que foron de pie cavalleros se fazen; 
el oro e la plata ¿quien vos lo podrie contar? 
Todos eran ricos quantos que allí ha. 
Mió Qid don Rodrigo la quinta mandó tomar, 
en el aver monedado treynta mili marcos le 

[caen,., 
e los otros averes ¿quién los podrió contar? 
Alegre era el Campeador con todos los 

[que ha,, 
quando su seña cabdal sedié en somo del al- 

[cáger. 
75 

El rey de Sevilla quiere recobrar Valencia. 

Ya folgava mió Qiá con todas sus conpañas: 
aquel rey de Sevilla el mandado llegava, 
cíue presa es Valengia, que non gela enparan, 
vino los ver con treynta mili de armas. 
Aprés de la uerta ovieron la batalla, 
arrancólos mió Qiá el de la luenga barba. 
Fata dentro en Xátiva duró el arrancada, 
en el passar de Xúcar i veriédes barata, 
moros en arruengo amidos bever agua. 
Aquel rey de Sevilla con tres colpes escapa. 
Tornado es mió Qid con toda esta ganangia. 
Buena fo la de Valengia quando ganaron la casa. 
mas mucho fue provechosa, sabet, esta arran- 

[cada: 



135 

antes andaban a pie ya son de a caballo. ¿Quién 
podría contar el oro y la plata que ganaron? 
Ya todos son ricos. Sacada la quinta por man- 
dato del Cid Rodrigo, vio que le tocaban treinta 
mil marcos en moneda; y en especie, ni con- 
tarlo. 

Regocíjanse el Campeador y los suyos cuando 
ven plantada su enseña en lo alto del alcázar. 



75 

El rey de Sevilla quiere recobrar Valencia. 

El Cid y sus compañías descansaban, cuando 
llegaron las nuevas al rey de Sevilla de que Va- 
lencia había caído sin poder defenderse más. Y 
al punto se dirigió hacia allá con treinta mií 
hombres. La batalla se dio detrás de la huerta, 
y el Cid de la luenga barba los dejó derrotados*. 
El choque se prolongó hasta Játiba, y al pasar 
el Júcar ya iban desbaratados; donde los moros 
tuvieron que. beber agua, a su pesar, arreando 
contra la corriente. El rey de Sevilla pudo esca- 
par con tres heridas, y el Cid se volvió acarreando 
el botín; porque sabréis que si fué buena la de 
Valencia, cuando ganaren la ciudad, esta victo- 
ria les resultó [si cabe] más provechosa. Aun 



ISG 

a todos los menores cayeron gient marcos de 

[plata. 
Las nuevas del cavallero ya veedes do llega- 

[van. 
76 

El Cid deja su barba intonsa. — Riqueza de los 

del Cid. 

Grand alegría es entre todos essos cristianos 
-con mió Cid Roy Díaz, el que en buen ora nasco. 
Yal crege la barba e vale allongando; 
ca dixera mió ^id de la su boca atante: 
^'por amor de rey Alffonsso, que de tierra me 

[a echado." 
nin entrarle en ella tigera, ni un pelo non avrié 

[tajado, 
•e que fablassen desto moros e cristianos. 

Mío Qiá don Eodrigo en Valengia está fol- 

[gando, 
con él Minaya Albar Fáñez que nos le parte áL 

[so brago. 
Los que exieron de tierra de ritad son abon- 

[dados, 
& todos les dio en Valengia el Campeador con- 
casas y heredades de que son pagados; [tado 
el amor de mió Qid ya lo ivan provando. 
Los que foron después todos son pagados; 
veelo mió Qid que con los averes que avien to- 

[mados, 
que sis pudiessen ir, fcr lo ien de grado. 
Esto mandó mió ^id, Minaya lo ovo conssejado: 



137 

a los últimos les tocaron cien marcos de plata 
por cabeza. Ya veis, pues, cómo medraban las 
cosas de nuestro caballero. 

76 

El Cid deja su barba intonsa. — Riqueza de los 

del Cid. 

No conoce límite la alegría de los cristianos 
que andan con el Cid Ruy Díaz, el bienhadado. 
La barba le ha crecido mucho enti-etanto, porque 
el Cid había dicho un día que "por amor del 
rey Alfonso, que me ha desterrado", no había 
de meterle tijera ni cortar un pelo, y que ya 
podía murmurar el mundo. 

En Valencia descansa, pues, el Cid don Rodri- 
go: a su lado, sin apartársele un punto, Minaya 
Alvar Fáñez. Enriquecidos están los que se des- 
terraron con él: a todos les dio ese buen Cam- 
peador casas y heredades en Valencia, de que 
están satisfechos. Ahora ven cuan grande es la 
generosidad del Cid. También están ya pagados 
los que se le juntaron después, y el Cid bien 
comprende que, a serles posible, se volverán a 
su tierra ccn lo ganado. Entonces, con consejo 
de Minaya, dispuso el Cid que a cualquiera de 
los que, habiendo ganado algo a su lado, preten- 
diere marcharse sin despedirse de él y venirle 
a besar la mano [como se acostumbra para eman- 
ciparse del vasallaje], le prendiesen donde fue- 
re, le quitasen el haber y lo ahorcasen. 



IISI 



que ningún omne de los sos que con él ganaron 
ques le non spidiés, o nol besas la mano, [algo 
sil pudiessen prender o 'fosse alcangado, 
tomássenle el aver e pusiéssenle en un palo. 
Afevos todo aquesto puesto en buen recabdo; 
con Minaya Albar Fáñez él se va consejando: 
"si vos quisiéredes, Minaya, quiero saber re- 

[cabdo 
"de los son aquí e comigo ganaron algo; 
"meterlos he en escripto, e todos sean contados, 
"que si algunos furtarc o menos le fallare, 
"el aver me avrá a tornar aquestos myos vas- 

[sallos 
"que curian a Valencia e andan arrobdando.'"' 
Allí dixo Minaya: "consejo es aguisado." 

77 

Recuento de la gente del Cid.— Este dispone 
nuevo presente para el rey. 

Mandólos venir a la corth e a todos los jun- 

[tar, 
quando los falló, por cuenta fizólos nonbrar: 
tres mili e seys gientos avie mió gid el de Bi- 

[var; 
alégrasle el coracón e tomos a sonrrissar: 
"Grado a Dios, Minaya, e a santa María madre! 
"Con mas pocos ixiemos de la casa de Bivar. 
"Agora avemos riquiza, más avremos adelant. 
p'Si a vos ploguiere, Minaya, e non vos caya 

[en pesar. 



139 

Y dispuesto esto con todas las precauciones del 
caso, se puso a departir así con Alvar Fáñez: 

— Si os parece bien, Minaya, quisiera tener 
noticia de los que se me han juntado después 
y han ganado algo en mis empresas; lo pon- 
dremos por escrito, los contaremos, y si hay 
alguno que se oculte o que se le echare de menos, 
tendrá que devolver lo ganado a estos vasallos 
míos que hacen la guardia exterior de la forta- 
leza de Valencia. 

— Bien pensado — dijo Minaya. 



77 

Recuento de la gente del Cid. — Este dispone 
nuevo presente para el rey. 

Mandó, pues, que se juntara todo el mundo en 
la corte, y los hizo nombrar y contar a todo-í. 
Sonrió alegremente al saber que llegaban a tres 
mil seiscientos los suyos. 

— ¡Minaya, gracias a Dios y Santa María Ma- 
dre! Ciertamente que salimos con menos fuer- 
zas del pueblo de Vivar. Riqueza tenemos hoy, 
y mayor ha de ser miañana. Si os parece bien, 
Minaya, y no os incomoda, quisiera que fue- 
rais a Castilla, donde están nuestras heredades, 
para que vierais al rey Alfonso, mi señor na- 



140 

"enbiar vos quiero a Castiella, do avernos here- 
"al rey Alfonso mió señor natural; [dades, 

"destas mis ganangias, que avemos fechas acá, 
"dar le quiero gient cavallos, e vos ídgelos le- 

[var; 
"desí por mí besalde la mano e firme gelo rogad 
"por mi mugier doña Ximena e mis fijas natu- 
"si fore su merged quenlas dexe sacar, [rales, 
"Enbiaré por ellas, e vos sabed el mensage: 
"la mugier de mió ^id e sus fijas las iffantes 
"de guisa irán por ellas que a grand ondra ver- 

[náf 
"a estas tierras estrañas que nos pudiemos ga- 

[nar." 
Essora dixo Minaya: "de buena voluntad." 

Pues esto an fablado, piénssanse de adobar. 
Ciento omnes le dio mío Qid a Albar Fáñez 
por servirle en la carrera a toda su voluntad, 
e mandó mili marcos de plata a San Pero levar 
e que los quinientos diesse a don Sancho el 

[abbat. 
78 

Don Jerónimo llega a Valencia. 

En estas nuevas todos se alegrando, 
de parte de orient vino un coronado; 
el obispo don Jerome so nombre es llamado. 
Bien entendido es de letras e mucho acordado, 
de pie e de cavallo mucho era arreziado. 
Las provezas de mió Cid andávalas deman- 

[dando. 



141 

tural. Quiero que escojáis de entre mis ganan- 
cias un centenar de caballos y se los llevéis [en 
mi nombre]. Y que le beséis la mano de mi 
parte, y le roguéis encarecidamente que, si a 
tanto alcanza su gracia, me deje traer conmigo 
a mi mujer doña Jimena y a mis hijas. Si así 
fuere, enviaré por ellas, y oíd cuál ha de ser mi 
mensaje: 

"Manda el Cid que su mujer y sus hijas pe- 
" quenas sean conducidas con gran honra a las 
"tierras extrañas que él y los suyos «han ganado." 

Y dijo entonces Minaya: 

— Que me place. 

Habiendo hablado así, comienzan a disponer 
la partida. El Cid le dio a Alvar Fáñez cien 
hombres para su servicio en el viaje, y le en- 
cargó que llevara mil marcos de plata a San 
Pedro, y diera la mitad al abad don Sancho. 



78 

Don Jerónimo llega a Valencia. 

Con alegría de todos, llegó un clérigo de la 
parte de Oriente, a quien llamaban obispo don 
Jerónimo. Es muy entendido en letras y muy 
cuerdo en todas sus cosas, y tan esforzado a 
pie como a caballo. Este, pues, andaba buscán- 
dole nuevos provechos al Cid, deseando que saliese 
otra vez a lidiar en campo con los moros, dicien- 



142 

Suspirando ques viesse con moros en el campe: 
que sis fartás lidiando e firiendo con sus ma- 

[nos, 
a los días del sieglo non le llorassen cristianos. 
Quando lo oyó mió Cid, de aquesto fo pagado: 
'■Oíd, Minaya Albar Fáñez, por aquel que está 

[en alto, 
"quando Dios prestar nos quiere, nos bien gelo 

[gradescamos: 
"en tierras de Valengia fer quiero obispado, 
"e dárgelo a este buen cristiano; [m.andados." 
"vos, cuando' idies a Castiella, levaredes buenos 

79 

Don Jerónimo hecho ohis'po. 

Plogo a Albar Fáñez de lo que dixo don Ro- 

[drigo. 
A este don Jerome yal otorgan por obispo; 
diéronle en Valengia o bien puede estar rico. 
¡Dios, qué alegre era tod cristianismo, 
que en tierras de Valengia señor avie obispo! 
Alegre fo Minaya e spidiós e vinos. 

80 

Minaya se dirige a Carrión. 

Tierras de Valengia remanidas en paz, 
adeliñó pora Castiella Minaya Albar Fáñez. 
Dexarévos las posadas, non las quiero contar. 
Demandó por Alfonsso, do lo podrie fallar. 



143 
do que si se hartara de lidiar, nunca tendría que 
oír las lamentaciones de los cristianos. Cuando 
ei Cid lo supo, dijo muy complacido: 

— Oíd, Minaya Alvar Fáñez, por el Padre que 
está en los cielos: sepamos agradecerlo a Dios 
cuando él quiere procurar nuestro bien. Deseo eri- 
gir un obispado en Valencia, y encomendárselo a 
este piadoso cristiano; y así llevaréis a Castilla 
famosas nuevas. 



79 

Don Jerónimo hecho obispo. 

Parecióle bien a Alvar Fáñez lo que decía don 
Rodrigo. Otorganle el obispado a don Jerónimo 
en la misma ciudad de Valencia, donde vivirá ri- 
camente. ¡Oh, Dios, qué alegres estaban los cris- 
tianos de tener ya en tierra de Valencia un señor 
obispo! Minaya, dándose por contento, se despide 
y emprende el viaje. 

80 

Minaya se dirige a C arrien. 

Dejadas en paz y ventura las tierras de Va- 
lencia, tomó Minaya Alvar Fáñez el rumbo de 
Castilla. Olvidemos el hablar de todas las posa- 
das que hizo; no quiero contarlas. Un día, al 



144 

Fora el rey a San Fagunt aun poco ha, 
tomos a Carrión, i lo podrie fallar. 
Alegre fo de aquesto Mmaya Albar Fáñez, 
con esta presentaja adeliñó pora allá. 



81 

Minaya saluda al rey. 

De missa era exido essora el rey Alfonsso, 
afé Minaya Albar Fáñez do llega tan apuosto: 
fincós sos inojos ante tod el pueblo, 
a los piedes del rey Alfons cayó con gran duolo, 
besávale las manos e fabló tan apuosto: 

82 

Discurso de Minaya al rey. — Envidia de Garci 
Ordóñez. — El rey perdona a la familia del Cid. 
Los infantes de Carrión codician las riquezas 
del Cid. 

"Merged, señor Alfonsso, por amor del Cria- 
"Besávavos las manos mió ^id lidiador, [dor! 
"los piedes e las manos, commo a tan buen se- 

[ñor, 
"quel ayades merged, sí vos vala el Criador! 
^ Echást esle de tierra, non ha la vuestra amor: 
"maguer en tierra agena, él bien faze lo so: 
"ganada a Xérica e a Onda por nombre, 
"priso a Almenar e a Murviedro que es miyor, 



145 

fin, pregunta dónde se hallaba el rey don Alfon- 
so, y averiguando que ha poco saliera para Sa- 
hagún, y de allí se encaminara para Carrión, 
donde sería fácil encontrarlo, Minaya Alvar Fá- 
ñez, siempre de buen ánimo, para allá se enca- 
minó derecho, llevando consigo sus presentes. 

81 

Minaya saluda al rey. 

Apenas salía de misa el rey Alfonso, hete 
aquí a Minaya por do viene, tan apuesto y gen- 
til. Arrodíllase a la vista de todo el pueblo, cae 
con gran duelo a los pies del rey, le besa repe- 
tidas veces las manos, y dice así: 

82 

Discurso de Minaya al rey. — Envidia de Garoi 
Ordóñez. — El rey perdona a la familia del Cid. 
Los infantes de Carrión codician las riquezas 
del Cid. 

— ¡Merced, señor don Alfonso, por amor de 
Dios! El Cid, ese gran guerrero, os besaba las 
manos, os besaba manos y pies, como correspon- 
de a tan buen señor, y os pedía — así os premie 
Dios — que le hagáis merced. Vos le desterrasteis, 
le privasteis de vuestro amor; allá, aunque en 
tierra extraña, él se las arregla no muy mal: ha 
ganado a Jérica y a la llamada Onda; ha tomado 
Almenara y Murviedro, que todavía es mejor; lo 

Mío Cid. 10 



146 

"assí fizo Cebolla e adelant Castejón, 
"e Peña Cadiella, que es una peña fuort; 
"con aquestas todas de Valengia es señor, 
"obispo fizo de su mano el buen Campeador, 
"e fizo ginco lides campales e todas las arrancó. 
"Grandes son las ganangias quel dio el Criador, 
"fevos aquí las señas, verdad vos digo yo: 
"gient cavallos gruessos e corredores, 
"de siellas e de frenos todos guarnidos son, 
"bésavos. las manos que los prendades vos; 
"razonas por vuestro vassallo e a vos tiene por 

[señor." 
Algo la mano diestra, el rey se santigó: 
"De tan fieras ganangias commo a fechas el 

[Campeador 
"¡sí me vala sant Esidre! plázme de coragón, 
"e plázem de las nuevas que faze el Campea- 

[dor; 
"regibo estos cavallos quem enbía de don." 
Maguer plogo al rey, mucho pesó a Garci Or- 

[dóñez: 
"Semeja que en tierra de moros non a bivo 

[omne, 
"quando assí faze a su guisa el Qiá Campea- 

[dor!" 
Dixo el rey al comde: "dexad essa razón, 
"que en todas guisas mijor me sirve que vos." 
Fablava Minaya i a guisa de varón: [bor, 

"merged vos pide el Qid, si vos cadiesse en sa- 
"por su mugier doña Ximena e sus fijas amas 

[a dos: 



147 

mismo hizo con Puig y con Castellón de la Pla- 
na (1), y con Benicadell, que es una peña muy 
fuerte; y, en fin, ya es señor de Valencia, donde 
ha creado por su mano un obispo y se ha batido 
en cinco lides campales, triunfando en todas. 
Grandes ganancias le ha dado Dios, y he aquí 
las pruebas de que os digo verdad: cien caballos, 
fuertes y corredores, provistos de sillas y de fre- 
nos, que el Cid os suplica que aceptéis. Es [como 
siempre] vuestro vasallo y [como siempre] os 
tiene por su señor. 

El rey, alzando la diestra, se santigua: 

— ¡Válgame San Isidro! ¡Y cuánto me alegro 
de esas inmensas ganancias que ha hecho el Cam- 
peador y de sus continuas hazañas! Los caballos 
con que me obsequia, los acepto. 

Pero lo que complace al rey, a García Ordó- 
ñez le pesa: 

— Se dijera — observa — que no hay un solo hom- 
bre vivo en tierra de moros, según pone y dispone 
a su guisa el Campeador. 

Y el rey dijo al conde: 

— Callad ya, conde; que me sirve mejor que 
vos en todo caso. 

Y Minaya, el esforzado varón, prosiguió en- 
tonces : 

— Si os pluguiese, oh rey, el Cid os pide mer- 
ced de que le dejéis sacar a su mujer doña Jime- 



(1) Tierras de Burriana, pág. 123. 



148 

"saldríen del monesterío do elle las dexó, 
"e irién pora Valengia al buen Campeador." 
Essora dixo el rey: "Plazme de coragone; 
"yo les mandaré dar conducho mientras que por 

[mi tierra foren, 
"de fonta e de mal curiallas e de desonore; 
"quando en cabo de mi tierra aquestas dueñas 

[foren, 
"catad cómmo las sirvades vos e el Campea- 
"Oídme, escuelas j e toda la mi cort! [dore, 

"non quiero que nada pierda el Campeador; 
"a todas las escuelas que a él dizen señor 
"por que los deseredé, todo gelo suelto yo; 
"sírvanle' sus heredades do fore el Campeador, 
"atrégoles los cuerpos de mal e de ocasión, 
"por tal fago aquesto que sirvan a so señor." 
Minaya Albar Fáñez las manos le besó. 
Sonrrisós el rey, tan vellido fabló: 
"Los que quisieren ir servir al Campeador 
"de mí sean quitos e vayan a la gragia del Cria- 

[dor. 

"Más ganaremos en esto que en otra desamor." 

Aquí entraron en fabla iff antes de Carrión: 

"Mucho cregen las nuevas do mió ^id el Cam- 

[peador, 
"bien casariemos con sus ñjas pora huebos de 

[pro. 
"Non la osariemos acometer nos esta razón, 
"mió Qiá es de Bivar e nos de comdes de Ca- 

[rrión." 
"Non lo dizen a nadi, e fincó esta razón. 



) 



149 



na y a sus dos hijas del monasterio en que las 
dejó, y llevárselas consigo a Valencia. 

Entonces habló el rey así: 

— Pláceme de corazón. Yo les mandaré las pro- 
visiones mientras viajen por mi reino, y las guar- 
daré de todo daño y afrenta; cuando lleguen a 
la frontera estas damas, entonces cuidaréis de 
ellas vos mismo y el Campeador. ¡Ea, pues, mes- 
nadas y toda la corte, escuchadme!: No quiero 
que pierda nada el Cid. A todos aquellos que le 
reconocen por señor, les restituyo cuanto les ha- 
bía conñscado; queden en posesión de sus bie- 
nes doquier que se hallen al lado del Cid; les 
aseguro que no recibirán mal ni daño grave; y 
todo esto lo hago por tal de que sirvan bien a su 
señor. 

Minaya Alvar Fáñez le besaba las manos, 
y el rey, sonriendo, continuaba así., hermosa- 
mente : 

— Los que quieran ir a servir al Campeador, 
reciban mi venia y vayan en gracia de Dios. Más 
ganaremos con esta merced que con otro nuevo 
castigo. 

Aquí los infantes de Carrión pusiéronse a de- 
partir entre sí: 

— Mucho van creciendo Jas hazañas de este 
Cid. No nos vendría mal casarnos con sus hijas 
para atender a nuestro provecho. Pero la verdad, 
no nos atrevemos a proponerle el proyecto: el Cid 
es de la aldea de Vivar, y nosotros somos todos 
unos condes de Carrión. 



150 

Minaya Albar Fañez al buen rey se espidió. 
"¿Hya vos ides, Minaya? id a la gragia del 

[Criador! 
"Levedes un portero, tengo que vos avrá pro; 
"si leváredes las dueñas, sírvanlas a su sabor, 
"fata dentro en Medina denles quantos liuebos 

[les for, 
"desí adelant piensse dellas el Campeador." 
Espidiós Minaya e vasse de la cort. 



83 

Minaya va a Cárdena por doña Jimena. — Más 
castellanos se prestan a ir a Valencia. — Minaya 
en Burgos. — Promete a los judíos buen pago 
de la deuda del Cid. — Minaya vuelve a Cárdena 
y parte con Jimena. — Pedro Vermúdez parte 
de Valencia para recibir a Jhnena. — En Mo- 
lina se le une Avengalvón. — Encuentran a Mi- 
naya en Medinaceli. 

Iffantes de Carrión so consejo preso ane, 
'^ dando ivan conpaña a Minaya Alvar Fáñez: 
"En todo sedes pro, en esto assí lo fagades: 
"saludadnos a mió ^id el de Bivare, 
"somos en so pro quanto lo podemos fare; 
"el Q"d que bien nos quiera nada non perde- 

[rave." 
Repuso Minaya: "esto non me a por qué pe- 

[sare." 



151 

A nadie quieren comunicarlo, y [por ahora] 
así quedó todo. 

Ya se despide del buen rey Minaya Alvar 
Fáñez : 

— ¿Os vais, pues, Minaya? El Creador os ten- 
ga en su santa gracia. Llevaos un mensajero real, 
que puede serviros. Si habéis de acompañar a 
las dam.as, sean debidamente atendidas; denles 
cuanto necesitaren hasta Medinaceli, y en ade- 
lante cuide de ellas el Campeador. 

Y Minaya se despidió del rey y de la corte. 

83 

Minaya va a Cárdena por d^^ña Jiinena. — Más 
castellanos se prestan a ir a Valencia. — Minaya 
en Burgos. — Promete a los judíos buen par/ ) 
de la deuda del Cid. — Minaya. vuelve a Cárdena 
y parte co*n Jimena. — Pedro Bermúdez parte 
de Valencia para recibir a Jimena. — En Mo- 
lina se le une Abengalvón. — Encuentra a Mi- 
naya en Medinaceli. 

Ya los infantes de Carrión están decididos; sa- 
len a acompañar a Minaya Alvar Fáñez, y le di- 
cen [por el camino] : 

— Siempre sabéis ser buen amigo; sedlo ahora 
para nosotros: saludad de nuestra parte al Cid 
de Vivar, y decidle que cuenta con ambos para 
todo aquello en que podamos servirle, y que nada 
perderá con tenernos por suyos. 

Repuso Minaya: 



152 

Ido es Minaya, tómansse los iffantes. 
Adeliñó pora San Pero, o las dueñas están, 
tan grand fue el gozo quandol vieron assomar. 
Debido es Minaya, a ssan Pero va rogar, 
quando acabó la oragión, a las dueñas se fo 

[tomar : 
^'Omíllom, doña Ximena, Dios vos curie de mal, 
"assí ffaga a vuestras fijas, amas a dos las 

[iffantes. 
"Salúdavos mió Qid allá onde elle está; 
"sano lo dexé e con tan grand rictad. 
"El rey por su merged sueltas me vos ha, 
"por levaros a Valengia que avemos por here- 
"Si vos viesse el Qd sanas e sin mal, [dad. 

"todo serié alegre, que non avrié ningún pesar." 
Dixo doña Ximena: "el Criador lo mande!" 
Dio tres cavalleros Minaya Albar Fáñez, 
enviólos a mió C^id, a Valengia do está: 
*'Dezid al Canpeador — que Dios le curie de mal — 
"que su mugier e sus ñjas el rey sueltas me 

[las ha, 
"mientras que fóremos por sus tierras condu- 

[cho nos mandó dar. 
"De aquestos quinze días, si Dios nos curiare 

[de mal, 
"seremos i yo e su mugier e sus ñjas que él a 
"y todas las dueñas con ellas quantas buenas 

[ellas han." 
Idos son los cavalleros e dello penssarán, 
remanegió en San Pero Minaya Albar Fáñez. 
Veriedes cavalleros venir de todas partes, 



153 

— rTal encargo en manera alguna podría ser- 
me gravoso. 

Ya ha partido Minaya; los infantes han regre- 
sado. Se encamina a San Pedro, donde están las 
damas, procurándoles muy grata alegría con su 
presencia. Baja del caballo y entra a rezar en la 
iglesia; y después viene hacia las damas: 

— Humillóme a vos, doña jimena, a quien Dio? 
guarde de todo mal, así como a vuestras hijas 
ambas a dos. El Cid, desde donde está, os en- 
vía su saludo; muy rico y muy sano lo he deja- 
do. El rey me ha hecho la merced de daros per- 
miso para que os conduzca a Valencia, que es 
ahora nuestra heredad. Como el Cid os vea llegar 
tan buenas y sanas, no volverá a conocer las pe- 
nas y será todo él alegría. 

— ¡Dios lo haga! — dice doña Jimena. 

Y Minaya Alvar Fáñez mandó a Valencia tres 
caballeros con este aviso: 

—Decid al Campeador — a quien Dios guarde — 
que el rey ha dado libertad a su mujer y a sus 
hijas; que mientras viajáremos por su reino, él 
nos proporcionará bastimentos; y que dentro de 
quince días, si Dios quiere, estaremos a su lado 
yo, su mujer, sus hijas y cuantas damas las acom- 
pañan y sirven. 

Los caballeros parten a fin de cumplir lo que 
se les manda, y Minaya Alvar Fáñez permanece 
aún en San Pedro. 

Por todas partes aportaban caballeros, deseo- 
sos de marcharse a Valencia, al lado del Cid, 



151 

irse quieren a Valencia a mió Qid el de Bivar. 

Que les toviesse pro rogavan a Alvar Fáñez; 
diziendo Mianaya: "esto feré de veluntad." 
Sessaenta e ginco cávalleros acregídol han, 
e él se tenié giento que aduxiera d'allá; 
por ir con estas dueñas buena conpaña se faze. 

Los quinientos marcos dio Minaya al abbat; 
de los otros quinientos dezir vos he que faze: 
Minaya a doña Ximena e a sus fijas que ha, 
e a las otras dueñas que las sirven delant, 
el bueno de Minaya pensólas de adobar 
de los mejores guamimientos que en Burgos 

[pudo fallar, 
palafrés e muías, que non parescan mal. 
Quando estas dueñas adobadas las ha, 
el bueno de Minaya pienssa de cavalgar; 
afevos Raquel e Vidas a los piedes le caen: 
"Merged, Minaya, cavallero de prestar! 
"Desfechos nos ha el ^id, sabet, si no nos val; 
"soltariemos la ganangia, que nos diesse el 

[cabdal.'^ 
— "Yo lo veré con el ^id, si Dios me lieva allá. 
"Por lo que avedes fecho buen cosiment y avrá." 
Dixo Raquel e Vidas: "el Criador lo mande! 
"Si non, dexaremos Burgos, ir lo hemos buscar." 

Ido es pora San Pero Minaya Albar Fáñez, 
muchas yentes se le acogen, penssó de cavalgar,. 
grand duelo es al partir del abbat: 
"¡Sí vos vala el Criador, Minaya Albar Fáñez! 
"por mí al Campeador las manos le besad 
"aqueste monesterio no lo quiera olbidar; 

/ 



155 

pidiendo a Alvar Fáñez que les ayudase a reali- 
zarlo; y éste contestaba a todos: "Lo haré, sí, 
lo haré con el mayor gusto." Así se le han jun- 
tado ya sesenta y cinco caballeros, sin contar 
los ciento que él trajera consigo: buena escolta 
para las damas. 

Dio Minaya al abad los quinientos marcos, y 
voy a deciros aquí lo que hizo de los quinientos 
restantes: pensó, pues, el bueno de Minaya pro- 
veer de los mejores vestidos y aderezos que se 
encuentran en Burgos a doña Jimena, a sus 
hijas y a las damas de su cortejo, de muías y de 
palafrenes escogidos. Hecho esto [en Burgos], el 
bueno de Minaya se dispone a volver; cuando 
hete aquí a Raquel y Vidas que, arrojándose a 
sus plantas, exclaman: 

— ¡Merced, Minaya, caballero de pro! Sabed 
que si el Cid no nos ayuda, podemos decir que nos 
ha perdido: de buena gana le perdonaríamos los 
intereses, con tal de que nos devolviese el ca- 
pital. 

— Si Dios quiere — les contesta — yo lo trataré 
con el Cid. Por lo demás, contad con que vues- 
tro servicio os será pagado largamente. 

Y Raquel y Vidas le dijeron: 

— ¡Dios lo haga! De lo contrario, dejaremos 
Burgos, e iremos a buscarlo allá. 

De regreso en San Pedro, Minaya Alvar Fá- 
ñez dispone el viaje. Numerosa gente se le reúne. 
La despedida del abad fué muy dolorosa: 

— El Creador os valga, Minaya Alvar Fáñez. 



150 

"todos los días del sieglo en levarlo adelant 
"el Qiá Campeador siempre valdrá más." 
Respuso Minaya: "fer lo he de veluntad." 

Yas espiden e pienssan de cavalgar, 
el portero con ellos que los ha de aguardar; 
por la tierra del rey mucho conducho les dan. 
De San Pero fasta Medina en ginco días van; 
feios- en Medina las dueñas e Albar Fáñez. 

Direvos de los cavalleros que levaron el mens- 
al ora que lo sopo mió Qiá el de Bivar, [saje; 
plógol de córagon e tornos a alegrar; 
de la su boca conpegó de fablar: 

"Qui buen mandadero enbía, tal deve sperar. 
"Tú, Muño Gustioz e Per Vermudoz delant, 
"e Martín Antolínez, un Burgalés leal, 
"el obispo don Jerome, coronado de prestar, 
"cavalguedes con giento guisados pora huebos 

[de lidiar; 
"por Santa María vos vayades passar, 
"vayades a Molina, que iaze más adelant, 
"tiénela Avengalvón, mió amigo es de paz, 
"con otros giento cavalleros bien vos conssigrá; 
"id pora Medina quanto lo pudiéredes far, 
"mi mugier e mis ñjas con Minaya Albar Fáñez, 
"así commo a mí dixieron, hi ios podredes fallar; 
"con grand ondra aduzídmelas delant. 
"E yo fincaré en Valengia, que mucho costadom 
"grand locura serie si la' desenparás; [ha; 

"yo f fincaré en Valengia, ca la tengo por here- 

Esto era dicho, pienssan de cavalgar, [dad." 
e quanto que pueden non fincan de andar. 



157 

Besadle la manos de mi parte al Campeador, y 
pedidle que no se olvide del monasterio y con- 
tinúe siempre protegiéndolo, que con eso valdrá 
más el Cid. 

— Así lo haré — repuso Minaya. 

Se despiden, emprenden el viaje, y con ellos 
va el mensajero real a su servicio. Por todo el 
reijio les dan abundantes provisiones. En cinco 
días se pusieron de San Pedro en Medinaceli; y 
aquí dejaremos a las damas en compañía de Alvar 
Fáñez. 

Y ahora os diré de los caballeros que llevaron 
el mensaje al Cid. Cuando éste lo oyó, no cabía 
en sí de alegría, y dejó salir estas palabras: 

— Quien de buen mandadero se vale, buen 
mandado espere. Tú, Muño Gustioz, y tú también 
Pero Bermúdez, y el leal húrgales Martín Anto- 
línez, y el obispo don Jerónimo, sacerdote precla- 
ro, cabalgad todos al punto con cien hombres ar- 
mados por si se ofreciere combate. Pasaréis por 
Albarracín hasta Molina, que está algo más ade- 
lante, y de que es señor Abengalbón, amigo mío 
con quien estoy de paz; él accederá a acompa- 
ñaros con otros cien caballeros. Y de allí os en- 
traréis por Medinaceli lo más que sea posible; 
donde, según mis noticias, habéis de encontra- 
ros con mi mujer e hijas y Minaya Alvar. Fáñez. 
Traédmelas acá con grandes honras. Yo espera- 
ré en Valencia, que harto me ha costado ganarla, 
y desampararla ahora fuera locura; aquí esperaré 
yo en esta Valencia, mi heredad. 



Trocieron a Santa María e vinieron albergar a 

[Fronchales, 
e el otro día vinieron a Molina posar. 
El moro Avengalvón, quando ^opo el menssaje, 
saliólos regebir con grant gozo que faze: 
"¿Venides los vasallos de myo amigo natural? 
"A mí non me pesa, sabet, mucho me plaze!" 
Fabló Muño Gustioz, non speró a nadi: 
^mio Qid vos saludava, e mandólo recabdar, 
"con giento cavalleros que privádol acorrades; 
"su mugier e sus fijas en Medina están; 
"que vayades por ellas, adugades gelas acá, 
"e ffata en Valengia dellas non vos partades." 
Dixo Avengalvón: "fer lo he de veluntad." 
Essa noch conducho les dio grand, 
a la mañana pienssan de cavalgar; 
gientol pidieron, mas él con dozientos va. 
Passan las montañas, que son fieras e grandes, 
passaron desí Mata de Taranz 
de tal guisa que ningún miedo non han, 
por el val de Arbuxuelo pienssan a deprunar. 

E en Medina todo el recabdo está; [Fáñez, 
vídolos venir armados temiós Minaya Alvar 
envió dos cavalleros que sopiessen la verdad; 
esto non detardan, ca de coragon lo han; 
el uno fincó con ellos y el otro tornó a Albar 

[Fáñez : 
"Virtos del Campeador a nos vienen buscar; 
"afevos aquí Per Vermudoz delant 
"e Muño Gustioz que vos quieren sin hart, 
"e Martín Antolínez, el Burgalés natural, 



159 

Dicho esto, todos emprenden la marcha, y ca- 
balgan sin detenerse más que lo indispensable. 
Pasaron Albarracín y fueron a descansar a Bron- 
chales; y, a otro día, rindieron la jornada en Mo- 
lina. Cuando el moro Abengalbón supo a lo que 
iban, salió a recibirlos muy alegre: 

— ¿Sois vosotros, los vasallos de mi entraña- 
ble amigo? Pues tened por cierto que vuestra lle- 
gada me llena de alegría. 

Muño Gustioz le responde al punto: 

— El Cid os manda saludar y os pide que ie 
socorráis sin tardanza con cien caballeros: su mu- 
jer y sus hijas deben de estar ya en Medinaceli. 
Desea que vayáis por ellas y las acompañéis has- 
ta llegar a Valencia. 

— De todo corazón — dijo el moro. 

Mandóles preparar una buena comida esa no- 
che, y a la mañana siguiente se puso en marcha. - 
Cien hombres le habían pedido, pero él va con 
una escolta de doscientos. Pasan las altas y en- 
crespadas montañas [de Luzón], rebasan el cam- 
po de Taranz, y sin vacilar se aprestan a bajar 
la cuesta que sale al valle de Arbujuelo. 

Los otros, con toda clase de precauciones, es- 
taban en Medinaceli, donde Minaya Alvar Fáñez 
vio venir a los caballeros armados, y receloso, en- 
vió dos a que averiguaran quiénes eran. Al punto 
partieron, que son hombres de voluntad, y uno 
se quedan con ellos y otro vuelve al lado de Alvar 
Fáñez para decirle: 

— Son fuerzas del Campeador que vienen a 



160 

"e obispo don Jerome, coronado leal, [trahe, 
"e alcáyaz Avengalvón con sues fuergas que 
"por sabor de mió Qiá de grand óndral dar; 
"todos vienen en uno, agora llegarán." 
Essora dixo Minaya: "vayamos cavalgar." [dar. 
Esso ffo ^priessa fecho, que nos quieren detar- 
Bien salieron den giento que non paregen mal, 
en buenos cavallos a cuberturas de gendales 
e peytrales a cascaviellos, e escudos a los cue- 

[llos traen, 
e en las manos langas que pendones traen, 
que sopiessen los otros de qué seso era Albar 

[Fáñez 
o quomo saliera de Castiella con estas dueñas 

[que trahe. 
Los que ivan mesurando e llegando delant 
luego toman armas e tómanse a deportar; 
por gerca de Salón tan grandes gozos van. 
Don llegan los otros, a Minaya se van homillar. 
Quando llegó Avengalvón, dont a ojo lo ha, 
sonrosándose de la boca, hí.valo abragar, 
en el ombro lo saluda, ca tal es so husaje: 
"Tan buen día convusco, Minaya Albar Fáñez! 
"Traedes estas dueñas por o valdremos más, 
"mugier del Cid lidiador e sus f fijas naturales; 
"ondrar ves heñios todos, ca tal es la su auze, 
''maguer que mal le queramos, non gelo podre- 

[mos far, 
"en paz o en guerra de lo nuestro abrá; 
"muchol tengo por torpe qui non conosge la 

[verdad." 



161 

encontrarnos. A su cabeza viene Pero Bermúdez, 
y también Muño Gustioz, vuestros amigos sin fal- 
sía, y ese Martín Antolínez, natural de Burgos, 
y el obispo don Jerónimo, el leal clérigo, y en fin, 
el alcaide Abengalbón, que trae consigo a los su- 
yos, por amor al Cid y porque se empeña en hon- 
rarlo. Juntos vienen; pronto los tendremos aquí 
a todos. 

— Pues vayamos a su encuentro — dijo enton- 
ces Minaya. Y todos se apresuraron a hacerlo. Y 
salieron hasta cien caballeros muy bien puestos, 
en buenos caballos, cubiertos de cendales, con pe- 
trales de cascabeles, collares de escudos y lanzas 
con pendones, porque Alvar Fáñez quiere que los 
otros vean de lo que es capaz, y toda la pompa 
con que ha sacado de Castilla a las damas. 

Los que iban explorando el terreno a la des- 
cubierta, empuñan las armas para solazarse en 
los deportes, y así pasan junto al Jalón tan go- 
zosos. Cuando los demás llegan, van a postrarse 
ante Minaya; y Abengalbón, al mirarlo, sonríe 
y se acerca a darle un abrazo, le besa en el hom- 
bro, según es sü costumbre, y dice: 

— ¡Dichoso el día en que se os ve, Minaya Al- 
var Fáñez ! He aquí que traéis con vos a esas da- 
mas que nos honran, la mujer del Cid lidiador y 
sus dos hijas. Todos hemos de respetaros; tal es 
la ventura del Cid; aun cuando no le amáramos,, 
ningún mal podríamos hacerle: lo nuestro ha de 
compartir, sea en paz o en guerra. Y al que no 
lo reconoce así, lo tengo por torpe, 

MÍO Cid. 11 



162 



84 

Los viajeros descansan en Medina. — Parten de 
Medina a Molina. — Llegan cerca de Valencia. 

Sorrisós de la boca Albar Fáñez Minaya: 
"Ya Avengalvón, amígol sodes sin falla! 
"Si Dios me llegare al Qiá e lo vea con el alma, 
"desto que avedes fecho vos non perderedes 
"Vayamos posar, ca la gena es adobada." [nada. 

Dixo Avengalvón: "plazme desta presen taja; 
"antes deste terger día a vos la daré doblada." 
Entraron en Medina, sirvíalos Minaya, 
todos fueron alegres del gervigio que tomaran, 
el portero del rey quitar lo mandava; 
ondrado es mió Qiá en Valengia do estava 
de tan grand conducho commo en Medínal sa- 

[caran; 
el rey lo pagó todo, e quito se va Minaya. 
y Passada es la noche, venida es la mañana, 
p oída es la missa, e luego cavalgavan. 
Salieron de Medina, e Salón passavan, 
Arbuxuelo arriba privado aguijavan, 
el campo de Taranz luégol atravessavan, 
vinieron a Molina, la que Avengalvón mandava. 
El obispo don Jerome, buen cristiano sin falla, 
las noches e los días la dueñas aguardava; 
e buen cavallo en diestro que va ante sues 

[armas. 
Entre él e Albar Fáñez hivan a una compaña. 
^Entrados son a Molina, buena e rica casa; 



163 



84 



Los viajeros descansan en Medina. — Parten de 
Medina a Molina. — Llegan cerca de Valencia. 

Se sonríe de muy buena gana Alvar Fáñez 
Minaya y dice: 

— ¡Vamos, Abengalbón, que vos le sois ami- 
go muy fiel! Si Dios me lleva con bien hasta don- 
de está el Cid, y estos ojos míos vuelven a verlo, 
os garantizo que no habréis perdido el trabajo 
que os dais por él. Y por ahora, a descansar, que 
la cena está preparada. 

Y Abengalbón: 

— Me place este agasajo. Antes de tercer día, 
OF. lo devolveré con creces. 

Entraron en Medinaceli, donde todos agrade- 
cían los cuidados que les prodigaba Minaya. De 
allí despMió al mensajero real. El Cid, desde Va- 
lencia do estaba, se había de tener por muy hon- 
rado de los grandes festines que hicieron en Me- 
dinaceli a los suyos. Todo lo paga el rey, y Mi- 
naya queda libre ^e gastos. 

Pasa la noche, viene la mañana, oyen misa, 
y a cabalgar. Por Arbujuelo arriba pican espue- 
las, atraviesan en poco tiempo el campo de Ta- 
ranz, y llegan a Molina, donde Abengalbón era 
alcaide. El obispo don Jerónimo, cristiano exce» 
lente, atendía a las dam.as día y noche, como 
buen caballo de guerra que va delante de sus 
armas, y Alvar Fáñez le acompaña de cerca. 



3G4 

el moró Aveli^alvón bien los sirvié sin falla, 
de quanto que quisieron non ovieron falla, 
aun las ferraduras quitar gelas mandava; 
a Minaya e a las dueñas ¡Dios cómmo las on- 
Otro dia mañana lueg-o cavalgavan, [drava! 

fata en Valengia sirvíalos sin falla; 
lo so despendió el moro, que dellos non tomava 
Con estas alegrías e nuevas tan ondradas [nada, 
aprés son de Valengia a tres legijas contadas. 
A mió Qiá, el que en buena ginxo espada, 
dentro a Valengia el mandádol levavan. 

85 

El Cid envía gentes al encuentro de los viajeros. 

Alegre fo mió ^id, que nunqua más nin tanto, 
ca de lo que más amava yál viene el mandado. 
Dozientos cavalleros mandó exir privado, 
que regiban a Minaya e a las dueñas fijas dalgo; 
él sedíe en Valengia curiando e guardando, 
ca bitsn sabe que Albar Fáñez trabe todo re- 

[cabdo; 

86 

Don Jerónimo se adelanta a Valencia para pre- 
parar una procesión. — El Cid cabalga al en- 
cuentro de Jimena. — Entran todos en la ciudad. 

afevos todos aquestos regiben a Minaya 
e a las dueñas e a las niñas e a las otras conpa- 
Mandó mió Qiá a los que ha en sue casa [ñas. 



165 

Cuando llegan a Molina, pueblo próspero, el moro 
Abengalbón les sirve muy bien, sin que falte 
nada a su comodidad; aun las herraduras que 
necesitaban reponer, él se las pagaba. Y no hay 
ni qué decir lo que honraba a Minaya y a las 
señoras. Otro día por la mañana reanudaron el 
viaje, y él los acompaña hasta Valencia, donde 
se despide sin querer tomar nada de ellos. En 
medio de todos estos regocijos llegan a tres le- 
guas de Valencia, y mandan recado al Cid, el 
que en buen hora ciñó espada. 

85 

El Cid envía gentes al encuentro de los viajeros. 

Nunca, nunca se vio más alegre al Cid, que 
ya tiene cerca lo que más amaba en el mundo. 
Al instante manda salir a doscientos caballeros 
para que reciban a Minaya y a las ilustres da- 
mas. El se quedará guardando a Valencia, que 
seguro está de que Alvar Fáñez ha tomado cuan- 
tas precauciones hacen al caso. 

86 

Don Jerónimo se adelanta a Valencia para pre- 
parar una procesión. — El Cid cabalga al en- 
cuentro de Jimena — Entran todos en la ciudad. 

Todos estos, pues, reciben a Minaya, a las da- 
mas y niñas y todo el cortejo. 

El Cid manda a sus servidores que guarden 



16G 

que guardassen el alcáger e las otras torres altas 
e todas las puertas e las exidas e las entradas, 
e aduxiéssenle a Bavieca; poco avié quel ganara 
d' aquel rey de Sevilla e de la sue arrancada, 
aun non sabié mió Qiá, el que en buen ora giñxo 

[espada, 
si serié corredor o ssi abrié buena parada; . 
a la puerta de Valengia, do en so salvo estava, 
delante su mugier e de sus fijas querié tener 

[las armas. ' 

Regebidas las dueñas a una grant ondranga, 
obispo don Jerome adelant se entrava, 
y dexava el cavallo, pora la capiella adeliñava; 
con quantos que él puede, que con oras se acor- 

[ darán, 
sobrepelligas vestidas e con cruzes de plata, 
regebir salién las dueñas e al bueno de Minaya. 

El que en buen ora nasco non lo detardava: 
vistiós el '^'ofer'egónel ; luenga trahe la barba; 
ensiéllanle a Bavieca, cuberturas le echavan, 
mió Qid salió sobrél, e armas de fuste tomava. 
Por nombre el cavallo Bavieca cavalga, 
fizo una corrida, ésta fo tan estraña, 
quando ovo corrido, todos se njaravillavan; 
des día se pregió Bavieca en quant grant fo Es- 
En cabo del cosso mió Qiá descavalgava, [paña, 
adeliñó a su mugier e a sues fijas amas; 
quando lo vio doña Ximena, a piedes se le echava: 
''Merced, Campeador, en buen ora cinxi estes 

^ [espada! 
"Sacada me avedes de muchas vergüengas malas; 



167 

el alcázar y las torres altas, las puertas y todas 
las entradas y salidas de la ciudad, y que le 
apresten a Babieca, caballo que había ganado 
poco tiempo antes en la derrota del rey de Se- 
villa. Aún no lo había probado el Cid — en buen 
hora amiado — ni sabe si será corredor o dócil 
de freno. Pero quería, a las puertas de Valen- 
cia, donde estaba seguro, jugar las armas de- 
lante de su mujer y sus hijas. 

Recibidas con gran pompa las damas, el obis- 
po don Jerónimo se adelanta, desmonta, entra 
en la capilla, donde, preparados con tiempo los 
que pudo haber a la mano, le esperan ya, vesti- 
das las sobrepellices, empuñando cruces de plata; 
y así salen todos a recibir a las damas y al buen. 
caballero Minaya. 

El que en buen hora nació, se da prisa, víste- 
la sobregonela de seda, deja ver sus luengas bar- 
bas; ensíllanle a Babieca y le ponen todos los 
arreos. Monta el Cid, y sale armado con armas de 
palo. Ya cabalga en el nombrado Babieca, y da 
una carrera tan veloz que a todos deja mara- 
villados: desde ese instante fué famoso, en toda. 
España, Babieca. Al terminar la carrera, el Cid 
baja del caballo y se acerca a su mujer y a sus 
hijíiS. Doña Jimena se le arroja a los pies: 

— ¡Merced, merced, oh Campeador, que ceñis- 
te espada en buen hora! Me has libertado de 
vergonzosos trabajos: heme aquí ya, señar, en 
com.pañía de vuestras dos hijas: sanas y hermo- 
sas para servir a vos y a Dios. 



J^ 

tJ 



í^K^ 



168 

"afeme aquí, señor, yo e vuestras fijas amas, 
"con Dios e convusco buenas son e criadas." 
A la madre e a las fijas bien las abragava, 
del gozo que avíen de los sos ojos Uoravan. 

Todas las sus mesnadas en grant deleyt esta- 
armas teníen e tablados crebantavan. [van, 

Oíd lo que dixo el que en buena ginxo espada: 
"vos doña Ximena, querida mugier e ondrada, 
"e amas mis fijas mió coragón e mi alma, 
"entrad comigo en Valengia la casa, 
/ "en esta heredad que vos yo he ganada." 
Madre e fijas las manos le besavan. 
A tan grand ondra ellas a Valengia entravan. 



87 

has dueñas contemplan a Valencia desde 
el alcázar. 

Adeliñó mió Qid con ellas al alcáger, 
allá las subie en el más alto logar. 
Ojos vellidos catan a todas partes, 
miran a Valengia cómmo yaze la gibdad, 
e del otra parte a ojo han el mar, 
miran la huerta, espessa e grand, 
e todas las otras cosas que eran de solaz; 
algan las manos pora Dios rogar, 
desta ganangia cómmo es buena e grand. 
3» Mió Qid e sus compañas tan a grand sabor están. 
El ivierno es exido, que el margo quiere entrar. 
Dezir vos quiero nuevas de allent partes del mar, 
de aquel rey Yúcef que en Marruecos está. 



169 

Abraza a la madre, abraza a las hijas; el gozo 
le brota en lágrimas por los ojos. 

Y sus mesnadas le contemplaban en tanto, lle- 
nas de júbilo, mientras algunos se daban a jugar 
las armas y quebrar tablas. Y oíd aquí lo que 
dijo el que ciñera espada en buen hora: 

—Vos, doña Jimena, mujer mía muy honrada 
y querida, y entrambas hijas, que son mi cora- 
zón y mi alma, entrad conmigo en el pueblo de 
Valencia, heredad que para vosotras he ganado. 

Madre e hijas le besaban las manos, y entra- 
ban fastuosamente en Valencia. 



87 

Las dueñas contemplan a Valencia desde 
el alcázar. 

El Cid las condujo al alcázar y las hizo subir 
a ló más alto. Los hermosos ojos miraban a todas 
partes: ven cómo se extiende la ciudad de Va- 
lencia, y de otra parte ven el mar; ven la huerta, 
inmensa y frondosa, y todas las otras cosas ad- 
mirables. Y alzan las manos para agradecer a 
Dios tanta riqueza. 

El Cid y sus compañeros lo pasan alegremente. 
Ido es el invierno, marzo está encima. Quiero en 
tanto daros noticia de las partes dé allende el 
mar: de aquel rey Yúsuf que está en Marruecos. 



170 

88 

El rey de Marruecos viene a cercar a Valencia, 

Pesóí al rey de Marruecos de mió Qiá don Ro- 

[drigo: 
"que en mis heredades fuertemientre es metido, 
"e él non gelo gradege sinon a Jesu Cristo." 
Aquel rey de Marruecos ajuntava sus virtos; 
con ginquaenta vezes mili de armas, todos foron 

[conplidos, 
entraron sobre mar, en las barcas son metidos, 
van buscar a Valengia a mió Qiá don Rodrigo. 
Arribado an las naves, fuera eran exidos. 

89 

Llegaron a Valengia, la que mió Qiá a con- 

[ quista, 
fincaron las tiendas, e posan las yentes des- 
E^tas nuevas a mió i^id eran venidas, [creídas. 

90 

Alegría del Cid al ver las huestes de Marruecos, 
Temor de Jiniena. 

"¡Grado al' Criador e al Padre espirital! 
"Todo el bien que yo he, todo lo tengo delant: 
"con afán gané a Valengia, e ela por heredad, 
"a menos de muert no la puodo dexar; 
"grado al Criador e a santa María njadre 



171 



88 

El rey de Marruecos viene a cercar a Valencia. 

Pesábale ai rey de Marruecos la prosperidad 
del Cid don Rodrigo: 

—Se me ha metido por mis tierras, y no quie- 
re agradecérselo sino a Jesucristo — exclamaba. 

Y manda juntar sus varones, y todos acuden 
hasta reunir cincuenta veces mil armas. Se em- 
barcan, se hacen a la mar, van a Valencia en 
busca del Cid don Rodrigo. Ya han arribado las 
naves, ya saltan a la orilla. 



89 

Arribaron a Valencia, la que el Cid conquista- 
ra; ya alzan las tiendas; ya acampa la descreída 
gente. Pronto llega el rumor al Cid. 



90 

Alegría del Cid al ver las huestes de Marruecos, 
Temor de Jimf>,na. 

— ¡Loado sea el Creador y Padre espiritual! — 
exclama — . Todo lo qué poseo, lo tengo delante. 
Con grandes afanes gané a Valencia, que hoy ten- 
go por heredad; no la he de dejar mientras viva. 
¡Loado sea el Creador y Santa María Madre, que 



172 

"mis fijas e mi mugier que las tengo acá. 
"Venídcm es deligio de tierras d' allent mar, 
"entraré en las armas, non lo podré dexar; 
"mis fijas e mi mugier veerme an lidiar; 
"en estas tierras agenas verán las moradas 

[cómmo se fazen, 
"afarto verán por los ojos cómmo se gana el 

[pan." 
Su mugier e sus fijas subiólas al alcáger, 
algavan los ojos, tiendas vidieron fincar: 
^*Qués esto, Qiá, sí el Criador vos salve!" 
— "Ya mugier ondrada, non ayades pesar! 
"Riqueza es que nos acrege maravillosa e grand: 
"a poco que viniestes, presend vos quieren dar: 
"por casar son vuestras fijas, adúzenvos axu- 
"A vos grado, Qiá, e al Padre spiritual." [var.'' 
— "Mugier seed en este palagio, en el alcáger; 
"non ayades pavor por que me veades lidiar, 
"con la merced de Dios e santa María madre, 
"crégem el coragón por que estades delant; 
"con Dios aquesta lid yo la he de arrancar." 



91 

El Cid esfuerza a su mujer y a sus hijas. 
Los moros invaden la huerta de Valencia. 

Fincadas son las tiendas e paregen los alvores, 
a una grand priessa tañién los atamores; 
alegra vas mió ^id e dixo: "tan buen día es oy!" 



173 

hoy están conmigo mi mujer y mis hijas! Desde 
las tierras de allende el mar vienen las delicias 
a buscarme. No puedo menos; he de empuñar 
las armas: mis hijas y mi mujer me verán lidiar; 
ahora verán cómo se vive en estas tierras extra- 
ñas; ahora van a ver por sus propios ojos cómo 
se gana el pan. 

Sube al alcázar a su mujer y a sus hijas, y al 
alzar los ojos, ven éstas el campamento de 
tiendas : 

— ¿Qué es esto, Cid, en el nombre de Dios? 

— Ea, honrada mujer, no os aflijáis. Es la ri- 
queza, maravillosa y grande, que viene a bus- 
camos. Apenas llegada, ya os quieren hacer pre- 
sentes: ahí os traen el ajuar para el casamiento 
de vuestras hijas. 

— Gracias a vos, Cid, y al Padre espiritual. 

— Mujer mía: quedaos en este palacio, en el 
alcázar, y no os asustéis por que me veáis com- 
batir. Con el favor de Dios y de Santa María 
Madre, el campo quedará por mí: y créceme el 
corazón de orgullo, porque ello ha de ser a vuesr 
tros ojos. 

91 

El Cid esfuerza a su mujer y a sus hijas. 
Los Tnoros invaden la huerta de Valencia. 

Izadas están las tiendas. Ya rompe el alba. 
Tañen presurosamente los atambores. El Cid ha 
dicho lleno de júbilo: 



Miedo a su mugier e quiérel crebar el coragón, 
assí ffazie a las dueñas e a sus fijas amas a dos: 
del día que nasquieran non vidieían tal tremor. 

Frisos a la barba el buen ^id Campeador: 
"Non ayades miedo, ca todo es vuestro pro; 
"antes destos quinze días, si ploguiere al Cria- 
"abremos a ganar aquellos atamores; [dor, 

"a vos los pondrán delant e veredes quáles son, 
"desí an a sseer del obispo don Jerome, 
"colgar los han en Santa María madre del Cria- 
Vocagión es que fizo el Qid Campeador. [dor," 

Alegre' son las dueñas, perdiendo van el pa- 
Los moros de Marruecos cavalgan a vigor, [vor. 
por las huertas adentro entran sines pavor. 



92 

Espolonada de los cristianos. 

Vídolo el atalaya e tanxo el esquila; [Díaz, 
prestas son las mesnadas de las yentes de Roy 
adóbanse de coragón e dan salto de la villa. 
Dos fallan con los moros cometiénlos tan aína, 
sácanlos de las huertas mucho a fea guisa; 
quinientos mataron dellos conplidos en es día. 



175 

— Gran día será éste. 

Pero su mujer tiene un miedo que quiere rom- 
pérsele el corazón, y otro tanto acontece a sus 
damas ya sus dos hijas: en su vida no han sen- 
tido un temor más grande. 

El Cid Campeador, acariciándose las barbas, 
les dice: 

— No tengáis miedo, que todo ha de parar en 
ventaja vuestra. Antes de quince días, si Dios 
quiere, estarán en nuestras manos aquellos tam- 
bores que oís: os los traerán para que veáis cómo 
están hechos, y luego los daremos al obispo don 
Jerónimo a fin de que los cuelgue en el templo 
de Santa María, madre de Dios. 

El Campeador había hecho, en efecto, este voto. 

Ya van tranquilizándose con esto las damas 
y van perdiendo el pavor primero. 

Con presteza vienen cabalgando a lo lejos los 
moros de Marruecos, y luego entran denodada- 
mente por la huerta. 

92 

Espolonada de los cristianos. 

El atalaya los ha visto: tañe la campana. Pres- 
tas están las mesnadas de Kuy Díaz; se arman 
animosamente y se echan fuera de la ciudad. 
Donde topan con moros, al punto los acometen, 
y con mucho daño los van arrojando de la huerta. 
Al cerrar el día, han dejado muertos trescientos 
moros. 



HG 



93 

Plan de batalla. 

Bien fata las tiendas dura aqueste alcaz, 
mucho avien fecho, piénssanse de tornar. 
Albar Salvadórez preso fincó allá. 
Tornados son a mió Q\á los que comién so pan; 
él se lo vio con los ojos, cuéntangelo delant, 
alegre es mió <^id por quanto fecho han: 
"Oídme, cavalleros, non rastará por ál; 
"oy es día bueno e mejor será eras: 
"por la mañana prieta todos armados seades, 
"el obispo don Jerome soltura nos dará, 
"dezir nos ha la missa, e penssad de cavalgar; 
"ir los hemos fferir, non passará por ál, [gue. 
"en el nombre del Criador e d' apóstol santi Ya- 
"Más vale que nos los vezcamos, que ellos cojan 

[el pan." 
Essora dixieron todos: "damor e de voluntad." 
P'ablava Minaya, non lo quiso detardar: 
'pues esso queredes, Qid, a mí mandades ál; 
"dadme giento e treinta cavalleros pora huebos 

[de lidiar; 
"quando vos los f óredes f erir, entraré yo del otra 
"o de amas o del una Dios nos valdrá." [part; 
Essora dixo el Qiá: "de buena voluntad." 



177 

Plan de batalla. 

La persecución llega hasta el mismo campa- 
mento. Harto han hecho ya, y están de regreso. 
Pero allá ha quedado cautivo Alvaro Salvadórez. 
Los que comen el pan del Cid han vuelto a su 
lado y se lo cuentan, aunque también lo ha visto 
él con sus propios ojos. El Cid está satisfecho 
de ellos: 

— Oídme, caballeros — les dice — . No quede por 
eso. Hoy es buen día, mejor será el de mañana. 
Antes de que aclare, armaos todos; el obispo don 
Jerónimo nos dará la absolución, nos dirá una 
misa, y a cabalgar. E iremos a atacarlos, que 
no puede ser de otro modo, en nombre del Crea- 
dor y del apóstol Santiago. Mejor será que les 
ganemos, y no que nos cojan el pan. 

Y todos responden: 

— De voluntad y de corazón lo haremos. 

A esto habló Minaya, y dijo así: 

— Pues que así lo deseáis, Cid, dejadme a mí 
otra misión: dadme ciento treinta caballeros para 
la lid, y cuando vosotros caigáis sobre ellos, apa- 
receré yo por la otra parte. Y en uno u otro lado, 
o en los dos a un tiempo. Dios nos alyudará. 

— Bien está — le contestó el Cid. 



MÍO Cid. 12 



178 

El Cid concede al obispo las primeras heridas. 

El día es salido e la noch es entrada, [ñas. 
nos detardan de adobasse essas yentes cristia- 
A los mediados gallos, antes de la mañana, 
el obispo don Jerome la missa les cantava; 
la missa dicha, grant sultura les da va; 
"El que aquí muriere lidiando de cara, 
"préndol yo los pecados, e Dios le abrá el alma. 

"A vos ^id don Rodrigo, en buena ginxiestes 

[espada, 
"yo vos canté la missa por aquesta mañana; 
"pido vos una dona e seam presentada: 
"las feridas primeras que las aya yo otorgadas." 
Dixo el Campeador: "desaquí vos sean manda- 
idas." 

95 

Los cristianos salen a batalla. — Derrota de Yú- 
cef. — Botín extraordinario. — El Cid saluda a su 
tnujer y sus hijas. — Dota a las dueñas de Jime- 
na. — Reparto del botín. 

Salidos son todos los annados por las torres 

[de Quarto, 
mió Qiá a los sos vassallos tan bien los acor- 

[dando. 
Dexan a las puertas omnes de gran recabdo. 
Dio salto mió Q\á en Bavieca el so cavallo; 



179 



94 

El Cid concede al obispo las primeras heridas. 

Cae el día; entrada es la noche. La gente cris- 
tiana se está aprestando sin tardanza. Al segun- 
do canto del gallo, antes de que amanezca, les 
dice la misa el obispo don Jerónimo, y hecho 
esto, les da la más franca absolución: 

— Al que muriere hoy lidiando frente a frente, 
yo le absuelvo sus pecados, y Dios recibirá su 
alma. Y a vos, Cid don Rodrigo, que ceñís es- 
pada en buen hora, os pido que rne concedáis ur 
don a cambio de la misa que os he cantado: y 
es que me otorguéis el dar yo los primeros 
golpes. 

Y dijo el Cid: 

— Por otorgado. 

95 

Los cristianos salen a batalla. — Derrota de Yú- 
cef. — Botín extraordinario. — El Cid saluda a su 
mujer y sus hijas. — Dota a las dueñas de Jime- 
na. — Reparto del botín. 

Ya han salido todos armados por las torres de 
Cuarto, y el Cid va previniendo y aleccionando 
bien a su gente. A las puertas de la ciudad de- 
jan algunos bien apercibidos. El Cid salta sobre 
su caballo Babieca, que está provisto de toda 



180 

de todas guarnizones muy bien es adobado. 

La seña sacan fuera, de Valencia dieron salto, 
quatro mili menos treinta con mió Qiá van a cabo 
a los Qinquaenta mili vanlos ferir de grado;" 
Alvar Alvaroz e Minaya entráronles del otro cabo. 
Plogo al Criador e ovieron de arrancarlos. 

Mío Qiá enpleó la langa, al espada metió mano, 
atantos mata de moros que non fueron conta- 
por el cobdo ayuso la sangre destellando, [dos; 
Al rey Yúcef tres colpes le ovo dados, [vallo, 
saliósle del sol espada, ca muchol andido el ca- 
rne tiósle en Gujera, un castiello palaciano; 
mió ^id el de Bivar fasta allí llegó en alcango 
con otros quel consiguen de sos buenos vassallos. 
Desd' allí se tornó el que en buen ora nasco, 
mucho era alegre de lo que an cagiado; 
allí pregió a Bavieca de la cabega fasta a cabo. 
Toda esta ganangia en su mano a rastado. 
Los ginquaenta mili por cuenta fuero' notados: 
non escaparon mas de giento e quatro. 
Mesnadas de mió Qiá robado an el canpo; 
entre oro e plata fallaron tres mili marcos, 
de las otras ganangias non avía recabdo. 
Alegre era mió Qiá e todos sos vassallos, 
que Dios les ovo merged que vengieron el campo; 
quando al rey de Marruecos assí lo an arrancado, 
dexó Albar Fáñez por saber todo recabdo; 
con gient cavalleros a Valengia es entrado; 
fronzida trahe la cara, que era desarmado, 
assí entró sobre Bavieca, el espada en la mano. 

Regibienlo las dueñas que lo están esperando; 



181 

guarnición. Sale con ellos la enseña. Ya están 
fuera de Valencia. Con el Cid van cuatro mil me- 
nos treinta, y denodadamente van a atacar a 
los cincuenta mil contrarios. Alvar Álvarez y Mi- 
naya entraron a punto por el otro lado. Y plugo 
al Creador que fuera suya la victoria. 

El Cid empleó la lanza, y [cuando la hubo 
quebrado] metió mano a la espada y mató 
innumerables moros: la sangre le chorrea por el 
codo. Tres golpes le asesta al rey Yúsuf, el cual 
se le escapa del campo a toda rienda y se le ocul- 
ta en el castillo de Cullera. Hasta allá le sigue 
al alcance el Cid de Vivar, con algunos que le 
acompañan. De allá se volvió el bienhadado, muy 
complacido de la captura. Entonces supo lo que 
valía Babieca desde la cabeza hasta el rabo. Todo 
el botín queda por suyo. Echaron cuentas de los 
cincuenta mil enemigos, y no se habían escabu- 
llido más de ciento cuatro. Sus mesnadas reco- 
gieron los despojos del campo: hasta tres mil 
marcos han hallado en oro y plata; y lo demás, 
ni lo cuentan. Alegre está el Cid, no menos ale- 
gres sus vasallos, que Dios les ha concedido la 
victoria campal. En cuanto el Cid vio vencido al 
rey de Marruecos, abandonó en el campo a Al- 
var Fáñez por atender a los demás, y entraba 
en Valencia acompañado de sus cien caballeros. 
Traía la cofia fruncida y se había quitado el yel- 
mo y capucha: así entraba sobre Babieca, espada 
en mano. 

Allí lo recibían las damas, que lo habían esta- 



182 

mió Qid fincó antellas, tovo la rienda al cavallo: 
"A vos me omillo, dueñas, grant prez vos he ga- 

[ñado: 
''vos teniendo Valengia, e yo vengí el campo; 
"esto Dios se lo quiso con todos los sos santos, 
"quando en vuestra venida tal ganangia nos han 

[dado. 
"Veedes el espada sangrienta e sudiento el cavallo: 
"con tal cum esto se vengen moros del campo. 
"Rogad al Criador que vos biva algunt año, 
"entraredes en prez, e besarán vuestras manos." 
Esto dixo mió Qid, diciendo del cavallo. 
Quandol vieron de pie, que era descavalgado, 
las dueñas e las fijas, e la mugier que vale algo 
delant el Campeador los inojos fincaron: 
"Somos en vuestra merged, e bivades muchos 

[años!" 
En buelta con él entraron al palagio, 
e ivan posar con él en unos pregiosos escaños. 
"Ya mugier doña Ximena, non lo aviedes rogado ? 
"Estas dueñas que aduxiestes que vos sirven tanto, 
"quiérolas casar con de aquestos mios vassallos; 
"a cada una dellas doles dozientos marcos, 
"que lo sepan en Castiella, a quién sirvieron tanto 
"Lo de vuestras fijas venir se a más por espacio." 
Levantáronse todas e besáronle las manos, 
grant fo el alegría que fo por el palagio. 
Commo lo dixo el Qiá, assí lo han acabado. 

Minaya Albar Fáñez fuera era en el campó, 
con todas estas yentes escriviendo e contando; 
entre tiendas e armas e vestidos pregiados 



183 

do esperando. Y él paró el caballo ante las damas, 
y dijo sin soltar las riendas: 

— Me humillo ante vosotras, damas. Buen bo- 
tín os he ganado. Mientras me guardabais Valen- 
cia, yo vencía en la guerra. Así lo ha querido 
Dios con todos sus santos, cuando semejantes 
ganancias me brinda a poco que habéis llegado 
aquí. Ved ensangrentada la espada, ved el ca- 
ballo sudoroso: así es como se vence en campo 
a los moros. Pedid a Dios que me preste vida 
y salud, que yo he de alcanzaros prez y os han 
de venir a besar las manos. 

Así dijo el Cid, y después se apeó del caballo. 
Cuando así le vieron, las damas e hijas, y la ex- 
celente mujer, se arrodillaron ante el Campeador. 

— ¡Mil años viváis! Vuestras somos. 

Le acompañaron a palacio y se sentaron a su 
lado en los escaños preciosos. 

— Mujer mía, doña Jimena, ¿no me lo habías 
pedido así? Yo quiero que casemos con mis va- 
sallos a estas damas que trajisteis con vosotras 
y que tan amorosamente os saben servir. Doile 
a cada una doscientos marcos, y que sepan en 
Castilla a quién han venido a servir. Y en cuanto 
a vuestras hijas, conviene que lo tratemos m4í 
despacio. 

Todas a una se levantan para besarle la mano 
[en señal de agradecimiento], y cunde por el pa- 
lacio la alegría. 

Y como lo dijo el Cid, así se ha hecho. 

Mientras tanto Minaya Alvar Fáñez continúa 



184 

tanto fallan ellos desto que mucho es sobejano. 
Quiérovos dezir lo que es más granado: 
non pudieron saber la cuenta de todos los cava- 
que andan arriados e non ha qui tomallos; [líos, 
los moros de las tierras ganado se'an y algo; 
maguer de todo esto, el Campeador contado 
de los buenos e otorgados cayéronle mili cava- 
quando a mió Qiá cayeron tantos, [líos; 

los otros bien pueden fincar pagados. 
Tanta tienda preciada e tanto tendal obrado 
que a ganado mió ^id con todos sos vassallos! 
La tienda del rey de Marruecos, que de las otras 

[es cabo, 
dos tendales la sufren, con oro son labrados; 
mandó mió <^id el Campeador contado, 
que ñta soviesse la tienda, e non la tolliesse 

[dent cristiano: 
"Tal tienda commo esta, que de Marruecos ha 

[passado, 
"enbiar la quiero a Alfonsso el Castellano, 
"que croviesse sus nuevas de mió Qid que avíe 

[algo." 
Con aquestas riquezas tantas a Valengia son 

[entrados. 
El obispo don Jerome caboso coronado, [nos, 
cuando es farto de lidiar con amas las sus ma- 
non tiene en cuenta los moros que ha matados; 
lo que cadié a él mucho era sobejano; 
mió Qiá don Rodrigo, el que en buen ora nasco, 
de toda la su quinta el diezmo l'a mandado. 



185 

en el campo de batalla, auxiliado por los qui- 
ñoneros, escribiendo y echando cuentas de lo ga- 
nado. Inmenso es el botín en tiendas y armas 
y vestiduras de gran precio; y voy a deciros lo 
mejor: y es que no hay manera de sacar inven- 
tario de los caballos enemigos, porque andan 
arreados y no hay quien los pueda coger. Tam- 
bién han ganado algo los moros de la tierra. Y 
todavía le tocan en parte al Campeador mil ca- 
ballos de gran alzada. 

Si tanto le corresponde al Cid, es que todos 
quedan bien pagados. ¡Oh, cuánta hermosa tien- 
da y postes de preciosas labores han ganado 
el Cid y los suyos! La tienda del rey de Marrue- 
cos, que está al cabo de las demás, tiene dos pos- 
tes labrados de oro. El prudente Cid Campeador 
manda que la dejen plantada y nadie la toque. 

— Tienda tan hermosa, y venida de Marrue- 
cos — dice — , quiero enviarla a Alfonso el Caste- 
llano, para que atestigüe las nuevas de mi pros- 
peridad. 

Y acarrearon todo el botín a Valencia. 

El obispo don Jerónimo, buen sacerdote, se 
ha hartado de combatir a dos manos, y no sabe 
ya cuantos moros lleva tendidos. Así es también 
el botín que le corresponde, porque el Cid don 
Rodrigo, que en buen hora nació, le ha otorgado 
el diezmo sobre su quinta. 



186 



96 

Gozo de los cristianos. — El Cid envía nuevo 
^ presente al rey. 

Alegres son por Valengiá las yentes cristia- 

[nas, 
tantos avien de averes, de cavallos e de armas; 
alegre es doña Ximena e sus fijas amas, 
e todas las otras dueñas ques tienen por casadas. 
El bueno de mió Qid non lo tardó por nada: 
"¿Do sodes, caboso? venid acá, Minaya; 
"de lo que a vos cadió vos non gradegedes nada; 
"desta mi quinta, dígovos sin falla, 
"prended lo que quisiéredes, lo otro remanga. 
"E eras ha la mañana ir vos hedes sin falla 
"con cavallos de esta quinta que yo he ganada, 
"con siellas e con frenos e con señas espadas; 
"por amor de mi mugier e de mis fijas amas, 
"por que assí las enbió dond ellas son pagadas, 
"estos dozientos cavallos irán en presentajas, 
"que non diga mal el rey Alfons del que Valen- 

[cia manda." 
Mandó a Per Vermudoz que fosse con Minaya, 
Otro dia mañana privado cavalgavan, 
e dozientos omnes lievan en su conpaña, 
con saludes del Cid que las manos le besava: 
desta lid que mió Qid ha arrancada 
dozientos cavallos le enbiava en presentaja, 
"e servir lo he siempre mientra que ovisse el 

[alma." 



187 



96 

Gozo de los cristianos. — El Cid envía nuevo 
presente al rey. 

Mucha es la alegría de los cristianos de Va- 
lencia; mucho han ganado en dinero, en armas 
y en caballos. Doña Jimena y sus hijas están con- 
tentas: no se diga las damas del séquito, que 
ya se dan por bien casadas. 

Y el Cid, sin perder tiempo, dice: 

— ¿Dónde estáis, grande homb?:e? Minaya, ve- 
nid acá. Veo que no hacéis caso de vuestra parte: 
pues venid acá y tomad cuanto os plazca sobre 
mi quinta, y quede para mí lo demás. Y mañana 
a primera hora me habéis de salir sin remisión 
con unos caballos de mi quinta que lleven frenos, 
sillas y espadas, y sean doscientos; y los lleva- 
réis de regalo al rey Alfonso, para que no diga 
mal del que gobierna a Valencia, por amor de 
mi mujer y mis hijas y porque las ha dejado ve- 
nir adonde era su gusto. 

A Pero Bermúdez le ordena que acompañe a 
Minaya; y al otro día por la mañana salieron 
con doscientos de séquito para llevar las nuevas 
y los cumplimientos del Cid [al rey Alfonso]. 
Envíale doscientos caballos de los que ganó en 
el último encuentro, y le manda decir "que siem- 
pre le ha de servir mientras su alma aliente." 



188 

97 

Minaya lleva el presente a Castilla. 

Salidos son de Valengia e pienssan de andar, 
tales ganangias traen que son a aguardar, [dan, 
Andan los días e las noches, que vagar non se 
e passada han la sierra, que las otras tierras 

[parte. 
Por el rey don Alfons tómanse a preguntar. 

98 

Minaya llega a Valladolid. 

Passando van las sierras e los montes e las 

[aguas, 
llegan a Valladolid do el rey Alfons estava; 
enviávale mandado Per Vermudoz e Minaya, 
que mandasse regebir a esta conpaña 
T3O mió Qiá el de Valengia enbía sue presentaba. 

99 

El rey sale a recibir a los del Cid. — Envidia 
de Garci Ordóñez. 

Alegre fo el rey, non vidiestes atanto, 
mandó cavalgar apriessa todos sos fijos dalgo 
i en los primeros el rey fuera dio salto, 
a veer estos mensajes del que en buen ora nasco. 
liantes de Carrion, sabet, is agertaron, 
e comde don García, del gid so enemigo malo. 
A los unos plaze e a los otros ve pesando. 



189 
97 

Minaya lleva el presente a Castilla. 

Ya salen de Valencia y se ponen en camino 
con tales riquezas a cuestas que es fuerza vigi- 
larlas. Andan día y noche sin descanso, pasan 
la sierra que los divide del reino, y preguntan 
por el rey Alfonso. 

98 

Minaya llega a Valladolid. 

Pasan sierras, montes, ríos; llegan a Vallado- 
lid, donde está el rey. Y Pero Bermúdez y Mi- 
naya le r.iandan aviso para que salgan a recibir 
a su compañía, que trae los presentes del Cid. 



99 

El rey sale a recibir a los del Cid. — Envidia 
de Garci Ordóñez. 

Mucho se alegra el rey: habíais de verlo. Man- 
dó cabalgar a sus hidalgos, y salió él a la cabe- 
za para recibir los mensajes del que en buen 
hora es nacido. Y los infantes de Carrión, vuelta 
a cavilar; y lo mismo el conde don García, ene- 
migo irreconciliable del Cid. Lo que a unos place, 
a otros pesa. Ya están a la vista los del que en 



190 

A ojo los avien los del que en buen ora nasco, 
cuédanse que es almofalla, ca non vienen con 
el rey don Alfonso seise santiguando, [mandado; 
Minaya e Per Vermudoz adelante son llegados, 
'firiéronse a tierra, di^ieron de los cavallos; 
^ntel rey Alfons los inojos fincados, 
besan la tierra e los piedes amos: 
"Merced, rey Alfonsso, so^es tan ondrado! 
"por mió Qiá el Campeador todo esto vos besamos; 
"a vos llama por señor, e tienes por vuestro 

[vassallo, 
"mucho pregia la ondra el Qid quel avedes dado. 
"Pocos días ha, rey, que una lid a arrancado: 
"a aquel rey de Marruecos, Yúceff por nombrado, 
^'con Quinquaenta mili arrancólos del campo. 
"Los ganados que fizo mucho son sobejanos, 
"ricos son venidos todos los sos vassallos, 
"e embíavos dozientos cavallos, a bésavos las 

[manos." 
Dixo rey don Alfons: "Regíbolos de grado. 
"Gradéscolo a mió Qid que tal don me ha en- 
"aun vea ora que de mí sea pagado." [biado; 
Esto plogo a muchos e besáronle las manos. 
Pesó al comde don Gargía, e mal era irado; 
con diez de sos parientes aparte da van salto: 
^'¡Maravilla es del Qiá, que su ondra crege tanto! 
En la ondra que él ha nos seremos abiltados; 
"por tal biltadamientre venger reyes del campo, 
"commo si los fallasse muertos aduzirse los ca- 

[vallos, 
""por esto que él faze nos abremos enbargo." 



191 

buen hora nació, y niás que simples mensa- 
jeros se diría que eran un ejército: el rey don 
Alfonso se hace cruces. Ya se adelantan Mina- 
ya y Pero Bermúdez; bajan del caballo, echan 
pie a tierra y se arrodillan ante el rey don Al- 
fonso, besando el suelo y sus plantas. 

— ¡Merced, don Alfonso, rey honrado! Aquí es- 
tamos a vuestros pies en nombre del Campeador, 
que os llama señor y se reconoce vuestro vasallo, 
apreciando en mucho lo que habéis querido otor- 
garle. Hace pocos días, rey, ha tenido un triun- 
fo con las armas: ha vencido en campo a aquel 
rey Yúsuf de Marruecos y a sus cincuenta mil 
hombres. Grande es el botín, los vasallos se han 
enriquecido, y el Cid os envía como presente estos 
doscientos caballos y os besa la mano. 

— Los recibo con mucho gusto — dijo el rey — 
y agradezco mucho al Cid el presente que me en- 
vía. Dios me dé ocasión de corresponderle. 

A muchos complacieron estas palabras, y se 
acercaron a besar las manos del rey. Pero le 
pesaron al conde don García, que, muy iracundo, 
se apartó con diez parientes suyos hablando así: 

— Me maravillo de que así prospere en hon- 
ras el Cid. Más gana él, más nos envileceremos 
nosotros. Y por sólo esas fáciles hazañas de ven- 
cer reyes en el campo, como si se los encon- 
trara muertos, y despojarlos de sus caballerías, 
ya veréis cómo nosotros acabamos por sufrir al- 
gún menoscabo. 



192 



100 
El rey muéstrase benévolo hacia el Cid. 

Fabló el rey don Alfons odredes lo que diz: 
"Grado al Criador e a señor sant Esidre 
"estos dozientos cavallos quem enbía mió Qiá. 
"Mió reyno adelant mejor m.e podrá servir. 
"7^) - "A vos Minaya Albar Fáñez e a Per Vermudoz 

[aquí 
"mándavos los cuorpos ondradamientre vestir 
"e guarnirvos de todas armas commo vos di- 

[xiéredes aquí, 
"que bien parescades ante Roy Díaz mió Ci^í 
V "dovos tres cavallos e prendedlos aquí. 

• "Assí commo semeja e la veluntad me lo diz, 
"todas estas nuevas a bien abrán de venir." 

101 

Los infantes de Carrión piensan casar 

'H'\ con las hijas del Cid. 

yf yíl' Besáronle las manos y entraron a posar; 
^^ bien los mandó servir de quantoJiBebos_han^ 

.'D' iff antes de' Cafnon^^trvós quieTo^contai;^ 
^fO - f^bí^d^~iiri3~^onssejo, aviendo su poridad: 

"Las nuevas del Cid mucho van adelant, 

"demandemos sus fijas pora con ellas casar; 
• "crearemos en nuestra ondra e iremos adelant." 

Vinien al rey Alfons con esta poridad: 



193 



100 

El rey muéstrase benévolo hacia el Cid. 

Aquí habló el rey don Alfonso, bien oiréis lo 
que dijo: 

— ¡Loado sea Dios, y también señor San Isi- 
doro! Hoy el Cid me envía estos doscientos ca- 
ballos. En lo sucesivo de mi reinado, espero de 
él mayores servicios. A vos, Minaya Alvar Fá- 
ñez, y también a Pero Bermúdez, mando que se 
os den ricas vestiduras y se os provea de las ar- 
mas que escojáis, para que lleguéis muy apues- 
tos a presencia del Cid Euy Díaz. Tomad de aquí 
mismo tres caballos. Se me figura, y me da 
el corazón, que en algo bueno han de parar todas 
estas cosas. 

101 

Los infantes de Carrión piensan casar 
con las hijas del Cid. 

Besáronle las manos en señal de agradecimien- 
to, y entraron a reposar. Se les mandó proveer 
de cuanto necesitaban. 

Y. ahora voy a hablaros de los infantes de Ca- 
rrión, que andaban por ahí en cabildeos a solas: 

— Mucho prosperan . los negocios del Cid — se 
dicen — . Pidámosle las hijas en matrimonio, que 
nos ha, de aprovechar de mil modos. 

Y fueron con esta súplica al rey. 

MÍO Cid. ' 13 



194 



102 



Los infantes logran que el rey les trate el casa- 
miento. — El rey pide vistas con el Cid. — Mina- 
ya vuelve a Valencia, y entera al Cid de todo. 
El Cid fija el lugar de las vistas. 

"Merced vos pidimos commo a rey e a señor; 
"con %aiestro conssejo lo queremos fer nos, 
"que nos demandedes fijas del Campeador; 
"casar queremos con ellas a su ondra y a nues- 

[tra pro." 
Una grant ora el rey penssó e comidió; 

^ O jO - "Yo eché de tierra al buen Campeador, 

"e faziendo yo a él mal, e él a mí grand pro, 
"del casamiento non sé sis abrá sabor; [zón." 
"mas pues bos lo queredes, entremos en la ra- 

A Minaya Albar Fáñez e a Per Vermudoz 
el rey don Alfonsso essora los llamó, 
a una quadra elle los apartó: 
"Oídme, Mina;$^a e vos. Per Vermudoz: 
"sírvem mió ^id Roi Díaz Campeador, 
. "elle lo merege e de mí abrá perdón; 

YfY^ "viniéssem a vistas si oviesse dent sabor. 
"Otros mandados ha en esta mi cort: 
"Dígado e Ferrando, los iffantes de Carrión, 
"sabor han de casar con sus fijas amas a dos. 
"Seed buenos mensageros, e ruego voslo yo 
"que gelo digades al buen Campeador: 
"abrá y ondra e cregrá en onor, 
"por conssagrar con iffantes de Carrión." 



195 



102 



Los infantes logran que el rey les trate el casa- 
Tñiento. — El rey pide vistas con el Cid. — Mina- 
ya vuelve a Valencia, y entera al Cid de todo. 
El Cid fija el lugar de las vistas. 

— Merced os pedimos como a rey y señor nues- 
tro, y queremos, con vuestra licencia, que nos 
pidáis en matrimonio a las hijas del Campeador, 
porque deseamos casarnos con ellas para bien 
nuestro y honra suya. 

El rey estuvo meditando un rato. 

— Yo desterré al buen Campeador, y habién- 
dole yo causado tanto mal, mientras él ha pro- 
curado mi bien por tanto medio, no sé si le agra- 
dará la proposición. Pero, puesto que así lo de- 
seáis, comencemos la plática. 

Entonces mandó el rey llamar a Minaya Alvar 
Fáñez y a Pero Bermúdez, y llevándoselos a una 
sala aparte, les dijo: 

— Oídme, Minaya, y vos también, Pero Ber- 
múdez. Ruy Díaz, el Cid Campeador, me sirve 
como bueno: yo le otorgaré mi perdón, que 
bien lo merece. Venga a verse conmigo, si gusta, 
que en esta mi corte hay novedades. Diego y 
Fernando, los infantes de Carrión, desean casar- 
se con las hijas del Cid. Dignaos ser los mensa- 
jeros, yo os ruego que se lo hagáis saber al 
buen Campeador. Por emparentar con los infan- 
tes quedará más honrado. 



196 

Fabló Minaya e plogo a Per Vei^iud^z.: 
"Rogar gelo emos lo que dezides vos; 
"después faga el Qid lo que oviere sabor." 
"f/ó — "Dezid a Roy Díaz, el que en buen ora nagió, 
"quel iré a vistas do aguisado fore; 
"do elle dixiere, y sea el mojón. 
"Andar le quiero a mió Qid en toda pro." 
Espidiensse al rey, con esto tornados son, 
van pora Valengia ellos e todos los sos. 
Quando lo sopo el buen Campeador, 
apriessa cavalga, a regebirlos salió; 
sonrrisós mió ^i^ e bien los abrago: 
"¿Venides, Minaya, e vos. Per Vennudoz? 
"En pocas tierras a tales dos varones. 
"¿Commo son las saludes de Alfons mió señor? 
"¿si es pagado o regibió el don?" 
Dixo Minaya: "d' alma e de coragón 
"es pagado, e davos su amor." 
Dixo mió Cid: "grado al Criador!" 
Esto diziendo, conpiegan la razón, 
lo quel rogava Alfons el de León 
de dar sues fijas a ifantes de Carrión, 
quel connosgie i ondra e cregrié en onor, 
que gelo conssejava d' alma e de coragón. 
Quando lo oyó mió Cid el buen Campeador, 
una grand ora penssó e comidió: 
"Esto gradesco a Cristus el mió señor. 
"Echado fu de tierra, he IjolUda la onor, 
"con grand afán gané lo. que he yo; 
"a Dios lo gradesco que del rey he ,su amor, 
"e pídenme mis fijas pora ifantes de Carrión. 



197 

Minaya,,,^íX)n acuerdo de Pero Bermúdez, dijo 
entonces : 

— Le haremos la petición que nos encargáis, 
y él decidirá como mejor le plazca. 

— Y decid además a Ruy Díaz, el que nació en 
buen hora, que la entrevista ha de ser donde a 
él le parezca, y plantaremos la señal donde él 
quiera. Deseo ayudar al Cid en cuanto^ de mí de- 
penda. 

Con esto se despidieron, y volvieron a Valen- 
cia acompañados de sus hombres. 

Cuando lo supo el buen Campeador, salió a re- 
cibirlos a caballo, y sonriente los abraza y dice: 

— ¿Sois vosotros, Minaya, y Pero Bermúdez? 
Varones tales no se encuentran todos los días. 
¿Qué nuevas de Alfonso, mi señor? ¿Queda con- 
tento? ¿Recibió el presente? 

Dijo Minaya: 

— Lo recibió con el mayqr gusto. Muy con- 
tento queda, y os devuelve su favor. 

— ¡Alabado sea Dios! — dijo el Cid. 

Y dicho esto, empiezan , la plática y le comu- 
nican la súplica que le hace Alfonso, el de León, 
sobre dar la mano de sus hijas a los infantes, 
puesto que, como él bien comprende, ha de g;a- 
nar honra en el parentesco, por lo cual le acon- 
sejaba acceder. 

Oyólo el buen Cid Campeador y estuvo un gran 
rato meditando. 

— Gracias sean dadas a Nuestro Señor Jesu- 
cristo — dice — . Yo fui desterrado, me despoja- 



198 

"¿Dezid, Minaya e vos Per Vermudoz, 
"d' aqueste casamiento que semeja a vos?" 
— "Lo que a vos ploguiere esso dezimos nos." 
Dixo el Cid: "de grand natura son if antes de 

[Carrión, 
"ellos son mucho urgullosos e an part en la cort, 
"deste casamiento non avría sabor; 

j^ó "mas pues lo conseja el que más vale que nos, 
"fablemos en ello, en la poridad seamos nos. 
"A:^ Dios del gielo que nos acuerde en lo mijor." 
— "Con todo esto, a vos dixo Alfons 
"que vos vemié a vistas do oviéssedes sabor; 
"querer vos ye veer e darvos su amor, 
"acordar vos yedes después a todo lo mejor." 
Essora dixo el Qá: plazme de coragón." 
— "Estas vistas o las ayades vos," 
dixo Minaya, "vos seed sabidor." 

/fS'O — "Non era maravilla si quisiesse el rey Alfons, 
"fasta do lo fallássemos 'Buscar lo iriemos nos, 
"por darle grand ondra commo a rey e señor. 
'!Mas lo que él quisiere, esso queramos nos. 
"Sobre Tajo, que es una agua mayor, 
"ayamos vistas quando lo quiere mió señor." 

Escrivien cartas, bien las seelló, 
con dos cavalleros luego las 'enbió: 
Ao que el rey quisiere, esso ferá el Campeador. 



199 

ron de mis honras, y con grandes afanes con- 
quisté lo que ahora poseo. Agradezco a Dios el 
contar de nuevo con el favor del rey, y el que 
ahora me pida mis hijas para los infantes de 
''Carrión. Decidme, pues, Minaya, y Pero Bermú- 
dez : ¿ qué opináis de este casamiento ? 

— Lo que dispongáis nos parecerá bien hecho. 

Y dijo el Cid: 

— Los infantes de Carrión son muy nobles, 
gente orgüllosa que cuenta en el séquito del rey; 
no me agradaría el matrimonio, a no aconsejarlo 
quien vale más que nosotros. Tratémoslo aquí 
en secreto, y Dios que está en el cielo quiera 
inspirarnos felizmente. 

— Además, dijo el rey Alfonso que se vería 
con vos donde le indicaseis; que desea veros y 
manifestaros su afecto; y entonces podréis de- 
cidir lo que más convenga. 

Y el Cid: 

— ^Me place de corazón. 

Y dice Minaya: 

— Pensad, pues, dónde ha de ser la entrevista. 

— Si el rey quisiera y me llamase a su presen- 
cia, yo le iría a buscar hasta no dar con él, pues 
este honor le corresponde como a rey y señor; 
pero, pues me honra concediéndome una entre- 
vista, fijo el lugar en el Tajo, que es río mayor, 
y sea la cita cuando mi señor mande. 

Escribieron cartas, las selló y las envió con 
dos caballeros: el Campeador ha de hacer lo que 
el rey disponga. 



19'í 



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20Ü 



103 

El rey fija plazo para las vistas. Dispónese 
con los suyos para ir a ellas. 

Al rey ondrado delant le echaron las cartas; 
¿P quando las vio, de coragón se paga: 

"Saludadme a mió ^id, el que en buena ginxo 
"sean las vistas destas tres sedmanas; [espada; 
"s' yo bivo so, allí iré sin falla." 
Non lo detardan, a mió Qid se tornavan. 

Della part e della pora las vistas se adobavan; 
¿quien vido por Castiella tanta muía pregiada, 
e tanto palafré que bien anda, 
cavallos gruessos e corredores sin falla, 
tanto buen pendón meter en buenas astas, 
Q escudos boclados con oro e con plata, 

mantos e pielles e buenos gendales d'Andria? 
Conduchos largos el rey enbiar mandava 
a las aguas de Tajo, o las vistas son aparejadas. 
Con el rey atantas buenas conpañas. 
Iffantes de Carrión mucho alegres andan, 
lo uno adebdan e lo otro pagavan; 
commo ellos tenien, cregerles ya la ganangia, 
quantos quisiessen averes d' oro o de plata. 
El rey don Alfonso a priessa cavalgava, 
^ cuemdes e podestades e muy grandes m.esnadas. 
liantes de Carrión llevan grandes conpañas. 
Con el rey van leoneses e mesnadas gallizianas, 
non son en cuenta, sabet, las castellanas; [das. 
sueltan las riendas, a las vistas se van adeliña- 



201 



103 

El rey fija plazo para las vistas. Dispónense 
con los suyos para ir a ellas. 

Llegan, pues, las cartas a manos del honra- 
do monarca, quien las recibe con júbilo. 

— Saludadme a mío Cid, el que en buen hora 
ciñó espada. Sean las vistas dentro de tres se- 
manas y, si Dios rne da vida y salud, no faltaré. 

De una y otra parte empiezan a prepararse 
para las vistas. 

¿Quién vio tanta hermosa muía por .Castilla, 
tanto palafrén de buen aire, tanto caballo de 
bella estampa y gran corredor, tanto vistoso pen- 
dón en asta rica, tanto escudo con centro de oro 
y plata, mantos y pieles y buenos cendales de 
Andria? El rey manda que alleguen abundan- 
tes provisiones a orillas del Tajo, donde han de 
celebrarse las vistas. Al rey acompaña séquito 
numeroso. Los infantes de Carrión andan muy 
alegres; aquí contraen nuevas deudas y allá pa- 
gan, y piensan que van a enriquecerse con todo 
el oro y plata del mundo. Deprisa caminaba el 
rey don Alfonso, llevando consigo condes y po- 
destades y numerosas mesnadas. 

También llevan mucha compañía los infantes 
de Carrión. Con el rey van leoneses, mesnadas 
gallegas, y las castellanas son incontables. A 
toda rienda se dirigen hacia el lugar de las vistas. 



202 



104 

El Cid y los suyos se disponen para ir a las vis- 
tas. Parten de Valencia. — El rey y el Cid se 
avistan a orillas del Tajo. — Perdón solemne 
dado por el rey al Cid. — Convites. — El rey pide 
al Cid sus hijas para los infantes. — El Cid 

" confia sus hijas al rey y éste las casa. — Las 
vistas acaban. Regalos del Cid a los que se des- 
piden. — El rey entrega los infantes al Cid. 

Dentro en Valengia mió Cid el Campeador 
non lo detarda, pora las vistas se adobó. 
Tanta gruessa muía e tanto palafré de sazón, 
tanta buena arma e tanto buen cavallo corre- 
tanta buena capa e mantos e pelligones; [dor, 
chicos e grandes vestidos son de colores. 
Minaya Albar Fáñez e aquel Per Vermudoz. 
Martin Muñoz el que mandó a Mont Mayor, 
e Martín Antolínez, el Burgalés de pro, 
el obispo don Jerome, coranado mejor, 
Albar Alvaros, e Alvar Salvadórez, 
Muño Gustioz, el cavallero de pro, 
Galind Gargiaz, el que fo de Aragón: 
estos se adoban por ir con el Campeador, 
e todos los otros quantos que i son. 

Alvar Salvadórez e Galin Garciaz el de Ara- 
a aquestos dos mandó el Campeador [gón, 

que curien a Valengia d'alma e de corazón, 
(S todos los otros que en poder dessos fossen. 
Las puertas del alcáger, mió Qiá lo mandó. 



203 



104 



El Cid y los suyos se disponer para ir a las vis- 
tas. Parten de Valencia. — El rey y el Cid se 
avistan a orillas del Tajo. — Perdón solemne 
dado por el rey al Cid. — Convites. — El rey pide 
al Cid sus hijas para los infantes. — El Cid 
confia sus hijas al rey y é^te las casa. — Las 
vistas acaban. Regalos del Cid a, los que se des- 
piden. — El rey entrega les infantes al Cid. 

También el Cid Campeador, en Valencia, se 
está preparando para las vistas. Robustas muías, 
excelentes palafrenes, ricas armas, corredores ca- 
ballos, lujosas capas, mantos y pieles, y trajea- 
dos con vistosos colores los chicos y los grandes. 
Minaj^a Alvar Fáñez, Pero Bermúdez, Martín An- 
tolínez, el burgalés de pro, y el obispo don Jeró- 
nimo, claro sacerdote, Alvaro Alvarez y Alvaro 
Salvadórez, Muño Gustioz, el ilustre caballero, 
Galindo García el de Aragón, todos se disponen 
a acompañar al Cid, y cuantos se encuentran a 
su lado hacen lo propio. 

A Alvaro Salvadórez y a Galindo García, el de 
Aragón, les encarga el Campeador la custodia de 
Valencia y los que en ella quedan; y que no se 
abriesen de día ni de noche las puertas del alcázar; 
que dentro quedan su mujer y sus dos hijas, due- 
ñas de su alma y corazón, y las otras damas 
que las sirven, y ordena además, como prudente. 



204 

que non se abriessen de día nin de noch; 

dentro es su mugier e sus fijas amas a dos, 

en que tiene su alma e so coragón, 

e otras dueñas que las sirven a su sabor; 

recabdado ha, commo tan buen varón, 

que del alcacer una salir non puode, 

fata ques torne el que en buen ora nagió. 

Salien de Valengia aguijan a espolón. ' [res, 
Tantos cavallos en diestro, gruessos e corredo- 
mio ^Id se los ganara, que non ge los dieran en 

[don. 
Hyas va pora las vistas que con el rey paró. 

De un día es llegado antes el rey don Alfons. 
Quando vieron que vinie el buen Campeador, 
recebir lo salen con tan grand onor. 
Don lo ovo a ojo el que en buen ora nagió, 
a todos los sos estar los mandó, 
si non a estos cavalleros que querie de coragón. 
Con unos quinze a tierras ñrió, 
commo lo comidia el que en buen ora nagió; 
los inojos e las manos en tierra los finco, 
las yerbas (^el campo a dientes las tomó, 
llorando de los ojos, tanto avié el gozo mayor; 
assí sabe dar omildanga a Alfons so señor. 
De aquesta guisa a los piedes le cayó; 
tan grand pesar ovo el rey don Alfons: 
"Levantados en pie, ya Cid Campeador, 
"besad las manos, ca los piedes no; 
-'si esto non feches, non avredes mi amor." 
Hinojos fitos sedie el Campeador: 
"¡Merced vos pido a vos, mió natural señor, 



205 

que no salga del ^Icázar ni una sola hasta que él 
nt) esté de regreso. 

Salen de Valencia y pican espuelas. Todos esos 
corceles de armas, robustos y corredores, el Cid 
se los ha ganado, que no son de obsequio. Y ya 
se va para las vistas que ha concertado con el 
rey. 

Don Alfonso había llegado un día antes. Cuan- 
do vieron venir al buen Campeador, salieron a 
recibirlo con gran festejo. Al mirar esto el que 
en buen hora nació, mandó refrenar a todos 
los suyos, salvo a los más escogidos de su cora- 
zón. Con unos quince caballeros echó pie a tie- 
rra, como lo tenía mandado; se arrojó al suelo, 
mordió la hierba, y dio suelta al llanto jubiloso — 
que así rinde acatamiento a su señor — y cayó a 
sus plantas. El rey don Alfonso, muy apesa- 
dumbrado, luego al punto le dice: 

— Levantaos, oh, Cid Campeador; besadme en 
buen hora las manos, que no los pies. De otra 
suerte no contáis con mi amor. 

El Campeador estaba todavía de rodillas: 

— Merced os pido, mi señor natural; imploro 
vuestro favor de rodillas, y óiganlo todos los 
presentes. 

Y dijo. el rey: 

— Con todo el corazón os perdono aquí, y os 
devuelvo mi favor y os doy acogida en mi reino 
desde este día. 

Habló el Cid, y dijo estas razones: 

— Gracias, mi señor Alfonso; vuestro perdón 



206 

^'assí estando, dédesme vuestra amor, 

"que lo oyan todos quantos aquí son." 

Dixo el rey: "esto feré d' alma e de coragón; 

"aquí vos' perdono e dovos mi amor, 

"en t(ído mió reyno parte desde oy." 

Fabló mió Qiá e dixo esta razón: 

"merced; yo lo regibo, Alfons mió señor; 

"gradéscolo a Dios del gielo e después a vos, 

"o a estas mesnadas que están a derredor." 

Hinojos fitos las manos le besó, 

Levos en pie e en la bocal saludó. 

Todos los demás desto avien sabor; 

pesó a Albar Díaz e a Garci Ordóñez. 

Fabló mió ^id e dixo esta razón: 
"Esto gradesco ai padre Criador, 
^Quando he la gragia de Alfons mió señor; 
"valer me a Dios de día e de noch. 
"Fossedes mió huespe'd, si vos ploguiesse, se- 
Dixo el rey: "non es aguisado oy: [ñor." 

"vos agora llesgastes, e nos viniemos anoch; 
"mió huésped seredes, ^id Campeador, 
"e eras feremos lo que ploguiere a vos." 
Besóle la mano mió Qiá, lo otorgó. 
Essora se le omillan iff antes de Carrión: 
"Omillámosnos, Qid, 'en buena nasquiestes vos! 
"En quanto podemos, andamos en vuestro pro." 
Eespuso mió ^id: ''assí lo mande el Criador!" 
Mío ^id Roy Díaz, que en ora buena nagió, 
en aquel día del rey so huésped fo; [gón; 

non se puede fartar del, tántol querie de cora- 
catándol sedie la barba, que tan aínal cregió. 



207 

acepto. Doy gracias primero a Dios y a vos des- 
pués, y a estas mesnadas que nos rodean. 

Siempre arrodillado, le besaba la mano, y des- 
pués se pone en pie y le besa en la boca. Y to- 
dos se regocijaban de verlos, si no es Alvaro Díaz 
y García Ordóñez, a quienes mucho pesa. 

Y habló el Cid y dijo estas razones: 

— Gracias al Padre Creador, he alcanzado la 
gracia de mi señor don Alfonso. Siempre ha de 
ayudarme Dios del cielo. Señor, si os place, seréis 
mi huésped. 

Y el rey le contestó: 

— No sería justo. Vosotros acabáis de llegar, 
y nosotros estamos aquí desde ayer. Vos debéis 
ser mi huésped. Cid Campeador, y mañana será 
como lo deseáis. 

El Cid le besa la mano, y lo concede. 

Entonces se acercan a saludarlos los infantes 
de Carrión. 

— Os saludamos, oh Cid: en buena hora >a- 
béis nacido. Somos vuestros amigos leales. 

Repuso el Cid: 

— Dios lo haga. 

Y aquel día el Cid Ruy Díaz, nacido en buen 
hora, fué huésped del rey. El rey no se hartaba 
de él: tanto le ama. Asombrado le contemplaba 
las barbas, que tanto y tan de prisa le habían 
crecido. Cuantos veían al Cid se admiraban. 

Pasó el día, vino la noche, y a la otra maña- 
na brilló claro el sol. Entonces mandó el Cam- 
peador a los suyos que preparasen comida para 



208 

Maraviilanse de mió ^i^^ quantos qCte y son. 

E^ día es passado, e entrada es la noch. 
Otro día mañana, claro salie el sol, 
el Campeador a los sos lo mandó 
que adobassen cozina pora quantos que i son; 
de tal guisa los paga mió Qiá el Campeador, 
todos eran alegres e acuerdan en una razón: 
passado avie tres años no comieran mejor. 

Al otro día mañana, assí commo salió el sol, 
el obispo don Jerome la missa cantó. 
Al salir de la missa todos juntados son; 
non lo tardó el rey, la razón conpegó: 
"Oidme, las escuelas, cuemdes e if angones! 
"cometer quiero un ruego a mió ^id el Cam- 

[peador; 
"assí lo mande Cristus que sea a so pro. 
"Vuestras fijas vos p'ido, don Elvira e doña Sol, 
"que las dedes por mugieres, a ifantes de Ca- 

[rrión. 
"Semejam el casamiento ondrado e con grant 
"ellos vos las piden e mándavoslo yo. [pro, 

"Della e della parte, quantos que aquí son, 
"los mios e los vuestros- que sean rogadores; 
"dándoslas, mió Cid, si vos vala el Criador!" 
~ "Non abría fijas de casar", respuso el Cam- 

[peador, 
"ca non han grant hedad e ' de días pequeñas 

[son. 
"De grandes nuevas son ifantes de Carrión, 
"pértenegen pora mis fijas e aun pora mejores. 
"Hyo las engendré amas e criásteslas vos, 



209 

todos. Y con tanto gusto obedecían al Cid, que 
trabajaban con mucho acierto: en tres años por 
lo menos no habían probado mejor comida. 

A otro día por la mañana, en cuanto salió el 
sol, ei obispo don Jerónimo cantó misa, y des- 
pués se reunieron todos. El rey comenzó al ins- 
tante : 

— Escuchadme, mesnadas, condes, infanzones: 
Quiero proponer un deseo al Cid Campeador. Je- 
sucristo ha de permitir que sea para bien. Os 
pido, pues, que deis a los infantes de Carrión 
por mujeres a doña Elvira y a doña Sol, vues- 
tras hijas. Paréceme casamiento honrado y ven- 
tajoso: ellos lo piden, yo os lo recomiendo. Y 
quiero que cuantos hay aquí, de una y otra parte, 
los míos y los vuestros, intercedan por mí. Dád- 
noslas, pues, oh Cid, así os ampare el Creador! 

— No debiera casar a mis hijas — repuso el 
Cid — que todavía son de poca edad. Los infantes 
de Carrión son de mucha fama, buenos para mis 
hijas y aun para otras mejores. Yo las engendré, 
vos las criasteis. Ellas y yo estamos en vuestra 
manos. Disponed de doña Elvira y de doña Sol: 
dadlas a quien os parezca bien, que yo quedaré 
contento. 

— Gracias — dijo el rey — a vos y a toda esta 
corte. 

Al punto se pusieron de pie los infantes de Ca- 
rrión, y vinieron a besar las manos al que en 
buen hora nació. Ante el rey don Alfonso, cam- 
bian las espadas [en señal de pacto]. 

MÍO Cid. 14 



210 

"entre yo y ellas en vuestra merged somos nos; 
"af ellas en vuestra mano don Elvira e doña Sol, 
"dadlas a qui quisiéredes vos, ca yo pagado so." 
— "Gracias", dixo el rey, "a vos e a toda esta 

[cort." 
Luego se levantaron iffantes de Carrión, 
ban besar las manos al que en ora buena nagió; 
carnearon las espadas antel rey don Alfons. 

Fabló rey don Alfons commo tan buen señor: 
'^Gragias, Qiá, commo tan bueno, e primero al 

[Criador, 
"quem dades vuestras fijas pora ifantes de Ca- 

[rrión. 
"Daquí las prendo por mis manos don Elvira e 

[doña Sol, 
"e dólas por veladas a ifantes de Carrión. 
"Yo las caso a vuestras fijas con vuestro amor, 
"al Criador plega que ayades ende sabor. 
"Afelios en vuestras manos ifantes de Carrión, 
"ellos vayan convusco, ca d' aquén me torno yo. 
"Trezientos marcos de plata en ayuda les do yo. 
"que metan en sus bodas o do quisiéredes vos; 
"pues fueren en vuestro poder en Valengia la 

[mayor, 
"los yernos e las fijas todos vuestros fijos son: 
"lo que vos ploguiere, dellos fet, Campeador." 
Mió ^id gelos regibe, las manos le besó: [ñor! 
"Mucho vos lo gradesco, commo a rey e a se- 
"Vos casades mis fijas, ca non gelas do yo." 

Las palabras son puestas, los omenajes da- 

[dos son, 



211 

Allí hablara el rey Alfonso, como tan cumpli- 
do señor. 

— Gracias, buen Cid, predilecto del Creador; 
gracias de que me deis así a vuestras hijas 
para los infantes de Carrión. Desde, ahora tomo 
con mis manos a doña Elvira y a doña Sol y 
las doy por esposas a los infantes. Con vuestra 
licencia, caso a vuestras hijas: Dios querrá que 
sea para bien. Os entrego a los infantes de Ca- 
rrión: ellos os acompañen, que yo me vuelvo de 
aquí. Yo les doy trescientos marcos de plata como 
ayuda de costa para sus bodas o para lo que 
vos queráis. Cuando estén en vuestro poder to- 
ados, en Valencia, yernos e hijas, todos serán ya 
vuestros hijos. Haced lo que os plazca de ellos, 
Campeador. 

Recíbelos el Cid, después de besar al rey las 
manos : 

- — Mucho os lo agradezco, como a mi rey y 
señor. Sois, vos, señor, quien casáis y dais a mis 
hijas: no yo. 

Ya están dadas las palabras y las promesas. 
A otro día de mañana, al salir el sol, cada uno 
se volverá por su camino. 

Entonces hizo cosas señaladas el Cid: todas 
aquellas muías robustas, bellos palafrenes y ves- 
tiduras preciosas, comenzó a darlas el Cid a 
quien las quería: piden todos, y a nadie' les niega 
lo que piden. Sesenta caballos regaló el Cid. To- 
dos los que han asistido a las vistas quedan pa- 
gados. Ya se alejan, que entra la noche. 



212 

que otro día mañana quando saliesse el sol, 
ques tornasse cada uno don salidos son. 
Aquís metió en nuevas mió Qiá el Campeador; 
tanta gruessa muía e tanto palafré de sazón, 
tantas buenas vestiduras que d' alfaya son, 
conpegó mió Qiá a dar a quien quiere prender 

[so don; 
cada uno lo que pide, nadi nol dize de no. 
Mío Cid ^^ los cavallos sessaenta dio en don. 
Todos son pagados de las vistas quantos que 

[y son; 
partir se quieren, que entrada era la noch. 
El rey a los ifantes a las manos les tomó, 
metiólos en poder de mío Qid el Campeador: 
"Evad aquí vuestros fijos, quando vuestros yer- 

[nos son; 

"de oy más, sabed qué fer dellos, Campeador; 

' "sírvanvos commo a padre e guárdenvos cum a 

[señor." 

— "Gradéscolo, rey, e prendo vuestro don; 
"Dios que está en gielo devos dent buen galar- 

[don. 

105 

El Cid no quiere entregar las hijas por sí mismo. 
Minaya será representante del rey. 

"Yo vos pido merged a vos, rey natural: 
"pues que casades mis fijas, así commo a vos 

[plaz, 

"dad mañero a qui las dé, quando vos las to- 

[mados; 



• 213 

El rey toma de la mano a los infantes y los 
entrega al Campeador: 

— He aquí a vuestros hijos, puesto que son ya 
vuestros yernos. En adelante, dependan de vues- 
tra voluntad. Que os sirvan como a padre, que os 
respeten como a señor. 

— Lo agadezco, rey, y acepto el don. Dios del 
cielo quiera premiároslo. 



105 

El Cid no quiere entregar las hijas por sí mismo. 
Minaya será representante del rey. 

—A vos, mi rey natural, una merced os piao: 
puesto que casáis a mis hijas conforme a vues- 
tra voluntad, designad un representante que las 
reciba en vuestro nombre. Yo no las entregaré 
por mi mano: no se alaben de ello. 



214 

"non gelas daré yo con mi jiiano, nin dewó. non 

[se alabarán." 

Respondió el rey: "afé aquí Albav Fé.ñez; 

"prendellas con vuestras manoí. e daldas a lo'j 

[if antes, 

"assí commo yo las prendo daquent, commo si 

[íosse delant, 

"seed padrino dellas a lod el velar; 

"quaiido vos juntáredes comigo, quem digades 

[la verdat." 

Dixo Albar Fáñez: "señor, afé que rae plaz." 

-, 106 

El Cid se despide del rey. — Regalos. 

Tod esto es puesto, sabed, en grant recabdo. 
"Ya rey don Alfons, señor tan ondrado, 
"destas vistas que oviemos, de mí tomedes algo. 
"Tráyovos treinta palafrés estos bien adobados, 
"e treinta cavallos corredores, estos bien ensse- 
"tomad aquesto, e beso vuestras manos." [liados; 
Dixo el rey don Alfons: "mucho me avedes en- 

[bargado. 
"Regibo este don que me avedes mandado; 
"plega al Criador, con todos los sos santos, - 
"este plazer quem feches que bien sea galardonado. 
"Mío Qiá Roy Díaz, mucho me avedes ondrado, 
"de vos bien so servido, e tengon por pagado; 
"aun bivo sediendo, de mí ayades algo! 
"A Dios vos acomiendo, destas vistas me parto. 
"Afé Dios del gielo, que lo ponga en buen recabdo!" 



215 

Y el rey respondió: 

— Aquí está Alvar Fáñez. Tómelas él por su 
mano, y délas a los infantes, así como las tomo 
yo desde aquí cual si estuvieran ambas delante. 
Vos me seréis padrino de la ceremonia, y cuando 
volvamos a vernos ya me contaréis si lo habéis 
cumplido. 

Y dijo Alvar Fáñez: 

— A fe mía que lo haré, señor. 



106 

El Cid se despide del rey. — Regalos. 

Con grandes precauciones se llevó a cabo todo 
esto. 

— Ea, pues, rey don Alfonso, honrado señor: 
guardad un recuerdo de estas vistas. He aquí 
treinta palafrenes enjaezados y treinta caballos 
corredores con sus monturas: aceptadlos en don; 
yo os beso la mano. 

Dijo el rey don Alfonso: 

— Vuestra generosidad me abruma. Acepto el 
don, y plegué a Dios y a todos sus santos que 
os sea largamente pagado el gusto que me dais. 
Mucho me honráis, Cid Ruy Díaz: muy bien me 
servís, estoy satisfecho de vos. Si Dios me da 
vida, os lo recompensaré. Y ahora me voy, y os 
dejo encomendado a Dios. Y Dios que está en los 
cielos haga que todo sea para bien. 



216 

107 

Muchos del rey se van con el Cid a Valencia. 
Los infantes acompañados por Pedro Ver- 
"iuúdez. 

Sobrel so cavallo Bavieca mió Qiá salto dio; 
"Aquí lo digo, ante mió señor el rey don Alfons: 
"qui quiere ir a las bodas, o regebir mió don, 
"daquend vaya comigo; cuedo quel avrá pro." 

Yas espidió mió Qid de so señor Alfons, 
non quiere quel escurra, dessí luégol quitó. 
Veriedes cavalleros, que bien andantes son, 
besar las manos, espedirse de rey Alfons: 
"Merged vos sea e fazednos este perdón: 
"liiremos en poder de mió Qiá a Valengia la 

[mayor; 
''seremos a las bodas d' ifantes de Carrión 
"he de fijas de mió Qid, de don Elvira e doña 
Esto plogo al rey, e a todos los soltó; [Sol." 

la conpaña del Qiá crege, e la del rey mengó, 
grandes son las yentes que van con el Canpea- 

[dor. 

Adeliñan pora Valengia, la que en buen pun- 

[to ganó. 
A Fernando e a Díago aguardar los mandó 
a Per Vermudoz e Muño Gustioz, 
— en casa de mió Qiá non a dos mejores, 
que sopiessen sus mañas d'ifantes de Carrión. 
E va i Ansuor Gongálvez, que era bullidor, 
que es largo de lengua, mas en lo ál non es tan 

[pro. 



217 
. 107 

Muchos del rey se van con el Cid a Valencia. 
Los infantes, acompañados por Pedro Ber- 

múdez. 

El Cid saltó sobre su caballo Babieca y dijo: 

— Aquí, ante mi señor don Alfonso, lo decla- 
ro: quien quisiere venir a las bodas y recibir mis 
dones, que me siga, que ha de aprovecharle. 

El Cid se despide de su señor don Alfonso, sin 
permitirle que salga a despedirlo. Allí vierais a 
los apuestos caballeros besar la mano al rey para 
despedirse. 

— Hacednos merced, concedednos esto. Nos va- 
mos a Valencia la mayor, en poder del Cid, para 
asistir a las bodas de los infantes con doña El- 
vira y doña Sol, sus dos hijas. 

Plugo al rey dar permiso a todos. Así aumen- 
ta el séquito del Cid y disminuye el del monarca: 
muchos se van con el Campeador. 

Se dirigen a Valencia, la que ganara en buena 
lid. A Pero Bermúdez y a Muño Gustioz encarga 
el Cid que atiendan a Fernando y a Diego, porcue 
son, de entre los del Cid, los que más conocen s ^s 
costumbres. Allí iba Asur González, muy bullan- 
guero y suelto de lengua, aunque para lo demás 
no vale tanto. Mucho honran todos a los infan- 
tes. Helos ya en Valencia, la del Cid. Crece el 
júbilo al acercarse a la ciudad. 

Y dijo el Cid a don Pero y a Muño Gustioz: 

— Dadles un albergue a los infantes, y que- 



-; 



218 

Grant ondra les dan a ifantes de Carrión. 
Afelos 'en- Valengia, la que mió Qid gañó; [res. 
quando a ella assomaron, los gozos son mayo- 
Dixo mió Qid a don Pero e a Muño Gustioz: 
"Dad les un reyal a ifantes de Carrión, 
"e vos con ellos seed, que assí vos lo mando yo. 
"Quando viniere la mañana, que apuntare el sol. 
'Verán a sus esposas, a don Elvira e a doña Sol." 

108 
El Cid anuncia a Jimena el casamiento. 

Todos essa noch foron a sus posadas, 
mió Qid el Campeador al alcáger entra va; 
regibiólo doña Ximena e sus fijas amas: [pada! 
"¿Venides, Campeador, buena ginxiestes es- 
"muchos días vos veamos con los ojos de las 

[caras!" 
— "Grado al Criador, vengo, mugier ondrada! 
"yernos vos adugo de que avremos ondranga; 
"gradídmelo, mis fijas, ca bien vos he casadas!" 

109 

Doña Jitnena y las hijas se muestran satisfechas. 

Besáronle las manos la mugier e las fijas 
e todas las dueñas de quien son servidas: 
"Grado al Criador e a vos, ^id, barba vellida! 
"todo lo que vos feches es de buena guisa. 
"Non serán menguadas en todos vuestros días!" 
— "Quando vos nos casáredes bien seremos ri- 

[cas." 



219 

daos para acompañarlos, os lo encargo mucho. 
Y mañana, así que amanezca, vengan a saludar 
a doña Elvira y a doña Sol, sus esposas- 



108 
El Cid anuncia a Jimena el casarniento. 

Fueron todos a sus posadas. El Cid Campea- 
dor entró al alcázar. Doña Jimena y sus hijas 
vienen a recibirlo: 

— ¿ Sois vos, Campeador, que en buen hora 
ceñisteis espada? Dichosos los ojos que os con- 
templan. 

— Heme aquí, gracias a Dios, mujer honrada. 
Os traigo unos yernos que nos ilustran. Agrade- 
cédmelo, hijas mías, que os he casado muy bien. 

109 
Doña Jimena y las hijas se muestran satisfechas. 

La mujer y las hijas le besan la mano, y lo 
mismo hacen las damas de su servicio: 

— ¡Gracias sean dadas al Creador, y a vos. Cid 
de la hermosa barba! Todo lo que hacéis está 
bien hecho. Mientras viváis no han de pad(;cer 
nuestras hijas. 

— Bien ricas hemos de estar cuando nos caséis. 



220 



110 

El Cid recela del casamiento. 

— "Mugier doña Ximena, grado al Criador. 
"A vos digo, mis fijas, don Elvira e doña Sol: 
"deste vuestro casamiento creQr.emQs^ en_ gnor; 
"mas bien sabet verdad que non lo levanté yo : 
''pedidas vos ha e rogadas el mió señor Alfons, 
"atan firme mientre e de todo coragón 
"que'^yo nulla cosa nol sope dezir de no. 
"Metivos en sus manos, fijas, amas ados; 
"bien me lo creades, que él vos casa, ca non yo." 

111 

Preparativos de las bodas. — Presentación de los 
infantes. — Minaya entrega las esposas a los 
infantes. — Bendiciones y misa. — Fiestas duran- 
te quince días. — Las bodas acaban; regalos a 
los convidados. — El juglar se despide de sus 
oyentes. 

Penssaron de adobar essora el palagio, 
por el suelo e suso tan bien encortinado, [ciado, 
tanta pórpola e tanto xámed e tanto paño pre- 
Sabor abriedes de seer e de comer en el pa- 

[lagio. 
Todos sos cavalleros apriessa son juntados. 
Por iffantes de Carrión essora enbiaron, 
cavalgan los iffantes, adelant adeliñavan al pa- 

[lagio, 



221 



110 

El Cid recela del casamiento. 

— Sea por Dios, doña Jimena. A vosotra.^ os 
digo, doña Elvira y doña Sol, que este matrimo- 
nio nos honrará; pero tened por sabido que yo 
no lo inicié. Mi señor Alfonso os ha pedido tan 
firmemente y con tanta voluntad, que yo nada 
pude negarle. A ambas, hijas, os he confiado en 
sus manos. Creédmelo: es él, no yo, quien os 
caca. 



111 

Preparativos de las bodas. — Presentación de los 
infantes. — Minaya entrega las esposas a los 
infantes. — Bendiciones y misa. — Fiestas duran- 
te quince días. — Las bodas acaban; regalos a 
los convidados. — El juglar se despide de sus 
oyentes. 

Comenzaron a adornar el palacio, cubriendo 
los muros y el suelo de tapices, púrpuras, sedas, 
paños preciosos.. 

Si hubierais asistido a las bodas, no os hubiera 
pesado. En tanto, ya se van reuniendo los caba- 
lleros. 

Mandaron traer a los infantes, que a poco lle- 
garon a caballo, frente al palacio, espléndidamen- 
te vestidos y ataviados con lujo. Después echaron 



222 

con buenas vestiduras e fuertemientre adobados; 
de pie e a sabor, Dios, qué quedos entraron! 
Regibiólos mió Qiá con todos sos vasallos; 
a elle e a ssu niugier delant se le omillaron, 
e ivan posar en un pregioso escaño. 
Todos los de mió Qiá tan bien son acordados, 
están parando mientes al que en buen ora 

El Campeador en pie es levantado: [nasco. 
"Pues que a fazer lo avernos, por qué lo irnos 

[tardando ? 
"Venit acá, Albar Fáñez, el que yo quiero e 

[am.o ! 
"affé amas mis ñjas, mé tolas en vuestra mano; 
"sabedes que al rey assí gelo he mandado, 
"no lo quiero fallir por nada de quanto ay pa- 
irado; 
"a ifantes de Carrión dadlas con vuestra mano, 
"e prendan bendigiones e vayamos recabdando." 
— Estoz dixo Minaya: "esto faré yo de grado." 
Levántanse derechas e metiógelas en mano. 
A ifantes de Carrión Minaya va f ablando: 
"Afevos delant Minaya, amos sodes hermanos. 
"Por mano del rey Alfons, que a mí lo ovo 

[mandado, 
"dovos estas dueñas, — amas son fijas dalgo, — 
"que las tomassedes por mugieres a ondra e a 

[recabdo." 
Amos las regiben d' amor e de grado, 
a mió ^id e a su mugier van besar la mano. 

Quando o\áeron aquesto fecho, salieron del 

[palagio, 

\ 



223 

pie a tierra y entraron con notable comedimien- 
to. El Cid y sus vasallos los recibieron, y ellos 
saludaron al Cid y a su mujer y fueron a sen- 
tarse en los escaños preciosos. Los del Cid, con 
mucha prudencia, examinaban el rostro del bien- 
hadado. 

El Campeador se levanta y dice: 

— Pues que tenemos que hacerlo, ¿a qué re- 
tardarlo? Venid acá, Alvar Fáñez, a quien amo 
y quiero. He aquí a mis hijas; en vuestras manos 
las pongo; ya sabéis que así lo convine con el 
rey, y no quiero faltar un punto a lo pactado: vos, 
con vuestra mano, entregadlas a los infantes; re- 
ciban la bendición, y despachemos. 

Minaya dijo entonces: 

— Así lo haré. 

Ellas se levantan, el Cid las entrega a Mina- 
ya, y éste, dirigiéndose a los infantes, dice: 

— Ambos hermanos poneos ante Minaya. Tor 
mandato del rey Alfonso y en su nombre os doy 
estas damas — ambas hidalgas — , y tomadlas por 
mujeres para honra y bien mutuos. 

Recíbenlas de corazón, y besan la mano al Cid 
y a su mujer. 

Hecho esto, salieron de palacio y se dirigen 
sin tardanza a Santa María. El obispo don Jeró- 
nimo se vistió al punto: estaba esperándoles a 
la puerta de la iglesia. Los bendice y canta la 
misa. 

Al salir de la iglesia, se dirigen, cabalgando, 
hacia el arenal de Valencia. Y allí jugaron las 



_^ el ict giera, 



224 

pora Santa María a priessa adelinnando; 
el obispo don Jerome vistiós tan privado, 
a la puerta de la eclegia sedi ellos sperando; 
^dióles bendictiones, la missa a cantado. 

Al salir de la ecclegia cavalgaron tan privado, 
a la glera de Valengia fuera dieron salto; 

bien tovieron armas el Qiá e sos vas- 

[sallos! 
Tres cavallos carneó el que en buen ora nasco. 
Mió Qiá de lo que vidie mucho era pagado: 
if antes de Cariión bien an cavalgado. [trado; 
Tórnanse con las dueñas, a Valengia an en- 
ricas fueron las bodas en el alcager ondrado, 
e al otro día fizo mío Qiá fincar siete tablados: 
antes que entrassen a yantar todos los creban- 

[taron. 
Quinze días conplidos en las bodas duraron, 
gerca de los quinze días yas van los fijos dalgo. 
Mío ^id don Rodrigo, el que en buen ora nasco, 
entre palafrés e muías e corredores cavallos, 
en bestias sines al giento ha mandados; 
mantos e pelligones e otros vestidos largos; 
non foron en cuenta los averes monedados. 
Los vassallos de mió Qiá, assí son acordados, 
cada uno por sí sos dones avien dados. 
Qui aver quiere prender bien era abastado; 
ricos tornan a Castiella los que a las bodas 

[llegaron. 
Yas ivan partiendo aquestos ospedados, 
espidiéndos de Roy Díaz, í^l que en buen ora 
e a todas las dueñas e a los fijos dalgo; [nasco, 



225 



armas el Cid y sus vasallos: ¡oh, Dios, con cuán- 
ta destreza! Tres caballos cambió el bienhadado. 
Alégrase de ver que los infantes de Carrión son 
buenos jinetes. Y después se vuelven a Valencia 
con las damas. En el honrado alcázar, las bodas 
se celebraron con pompa, y al día siguiente el 
Cid mandó alzar siete tablados, y todos los que- 
braron antes de la comida. 

Quince días emplearon en los festejos, y al cabo 
de ellos los hidalgos comienzan a irse. El Cid 
don Rodrigo, el que en buen hora nació, ha rega- 
lado ya por lo menos un centenar de bestias, en- 
tre palafrenes, muías, caballos corredores; y en 
mantos, pieles, vestidos en abundancia, y dinero 
acuñado, una cantidad incontable. Los vasallos 
del Cid, por su parte, también se pusieron de 
acuerdo para dar sus dones [a los huéspedes]. Al 
que quería dinero, le daban abasto, y así los í|ue 
fueron a las bodas regresaron ricos a Castilla. 
Ya se despiden los huéspedes de Ruy Díaz, el 
que en buen hora nació, y de las damas y los hi- 
dalgos. Muy agradecidos van del Cid y los suyos, 
y, como es justo, dicen de ellos mucho bien. Con- 
tentos quedan asimismo Diego y Fernando, los 
hijos del conde don Gonzalo. 

Los huéspedes han vuelto a Castilla. El Cid 
y sus yernos quedan en Valencia, adonde los in- 
fantes morarán cerca de dos años, entre solíci- 
tas atenciones. El Cid y sus vasallos vivían con- 
tentos. ¡Plegué a Santa María y al Padre Santo 

MÍO Cid. 15 



.226 

por pagados se parten de mió ^id e de sos vas- 

[sallos. 
Grant bien dizen dellos ca será aguisado. 
Mucho eran alegres Dídago e Ferrando; 
estos foros fijos del comde don Gongalvo. 

Venidos son a Castiella aquestos ospedados, 
el ^id e sos hyernos en Valencia son rastados. 
Y moran los if antes bien cerca de dos años, 
los amores que les fazen mucho eran sobejanos. 
Alegre era el ^id e todos sos vassallos. 
¡Plega a Santa María e al Padre santo 
ques pague des casamiento mió Qiá o el que lo 

[ovo algo 

Las coplas deste cantar aquis van acabando. 
El Criador vos vala con todos los sos santos. 

CANTAR TERCERO 

La afrenta de Corpes. 

112 

Suéltase el león del Cid. Miedo de los infantes 
de Carrión. El Cid amansa al león, — Vergüen- 
za de los infantes. 

En Valengia sedí mió ^id con todos los sos, 
con elle amos sos yernos ifantes de Carrión. 
Yazies en un escaño, durmie el Campeador, 
mala sobrevienta, sabed, que les cuntió: 
salios de la red e desatós el león. 
En grant miedo se vieron por medio de la cort; 



227 



que el Cid y el que lo propuso tengan razones 
para alegrarse de aquel matrimonio! 

Y aquí se acaban las coplas de este cantar: el 
Creador os valga con todos sus santos. 



CANTAR TERCERO 

La afrenta de Corpes. 

112 

Suéltase el león del Cid. Miedo de los infantes 
de Carrión. El Cid amansa al león. — Vergüen- 
za de los infantes. 

Estaba el Cid en Valencia con todos los suyos; 
sus yernos, los infantes de Carrión, le acompa- 
ñan. El Campeador, sentado en un escaño, se ha- 
bía doiTnido, cuando sobrevino algo inesperado: 
el león se escapó de la jaula y se desató. Toda 
la corte estaba espantada. Los del Campeador 



228 

enbragan los mantos los del Campeador, 
e Qercan el escaño, e fincan sobre so señor. 
Ferrant Gongálvez, ifant de Carrión, [nin torre; 
non vido allí dos algasse, nin cámara abierta 
metiós sol esgaño, tanto ovo el pavor. 
Díag Gongálvez por la puerta salió, 
diziendo de la boca: "non veré Carrión!" 
Tras una viga lagar metiós con grant pavor; 
el manto e el brial todo suzio lo sacó. 

En esto despertó el que en buen ora nagió; 
vido gercado el escaño de sos buenos varones: 
"Qués esto, mesnadas o qué queredes vos?" 
— "Ya señor ondrado rebata nos dio el león." 
Mío ^id fincó el cobdo, en pie se levantó, 
el manto trae al cuello, e adeliñó pora' león; 
el león quando lo vio, assí envergonzó, 
ante mió Cid la cabega premió e el rostro fincó. 
Mió Qid don Rodrigo al cuello lo tomó, 
e llévalo adestrado, en la red le metió. 
A maravilla lo han quantos que i son, 
e tornáronse ai palagio pora la cort. [falló; 

Mío ^id por sos yernos demandó e no los 
maguer los están llamando, ninguno non res- 

[ponde. 
Quando los fallaron, assí vinieron sin color; 
non vidiestes tai juego commo iva por la cort; 
mandólo vedar mío ^id el Campeador, 
Muchos tovieron por enbaídos ifantes de Ca- 
ñera cosa les pesa desto que les cuntió, [rrión. 



229 

embrazan los mantos y rodean el escaño donde 
dormía su señor /[para proteger su sueño]. Uno 
de los infantes, Fernán González, no hallaba dón- 
de meterse, ni encontraba la puerta abierta en 
torre ni en cámara; al fin, a impulsos del mie- 
do, se agazapó bajo el escaño. El otro, Diego 
González, salió de estampía gritando a voz en 
cuello : 

— ¡Ay, Carrión, no volveré a verte! — Y fué 
a esconderse tras una viga de lagar, donde puso 
el manto y la túnica perdidos. 

Despertó a esto el que en buen hora nació, y 
vio que le rodeaban sus buenos varones. 

— ¿Qué ocurre, mesnadas, qué queréis aquí? 

— ¡Ay, honrado señor: el susto que el león nos 
ha dado! 

El Cid se acoda en el escaño; se levanta des- 
pués, y con el manto prendido al cuello, como es- 
taba, se va derecho para el león. Cuando el león 
lo vio veiCiY se atemorizó de manera que bajó 
la cabeza e hincó el hocico. El Cid don Rodrigo lo 
cogió por el cuello y, cual si lo llevara por la 
rienda, lo metió en la jaula. Y todos los que tal 
vieron volvían a palacio maravillados. 

El Cid preguntó entonces por sus yernos, que 
nadie le daba razón, y aunque los estaban llaman- 
do no respondían. Cuando al fin dieron con ellos, 
estaban tan demudados que toda la corte se des- 
hacía en risa, hasta que el Cid im.puso respeto. 
Los infantes quedaron muy avergonzados y la- 
mentando profundamente el suceso. 



230 

113 

El rey Búcar de Marruecos ataca a Valencia. 

¡ 

Ellos en esto estando, don avien grant pesar, 
fuer gas de Marruecos Valencia vienen gercar; 
en el campo de Quarto ellos fueron posar, 
cinquaenta mili tiendas fincadas ha de las cab- 

[dales; 
aqueste era el rey Búcar, sil oviestes contar, i 

114 

Los infantes temen la batalla. El Cid 
les reprende. 

Alegravas el Cid e todos son varones, 
que les crege la ganangia, grado al Criador. 
Mas, sabed, de cuer les pesa a ifantes de Ca- 

[rrión; 
ca veyen tantas tiendas de moros de que non 

[avien sabor.^ 
Amos hermanos a part salidos son: 
"Catamos la ganangia e la pérdida no; 
"ya en esta batalla a entrar abremos nos; 
"esto es aguisado por non veer Carrión, 
"bibdas remandrán fijas del Campeador." 
Oyó la poridad aquel Muño Gustioz, 
'Jt) vino con estas nuevas a mió ^id el Campeador: 
"Evades vuestros yernos tan osados son, 
"por entrar en batalla desean Carrión. 
"Idlos cónortar, sí vos vala el Criador, 



231 

113 

EL rey Búcar de Marruecos ataca a Valencia. 

Mientras ellos están lamentándose amargamen- 
te, he aquí que vinieron fuerzas de Marruecos a 
cercar a Valencia. Posaron en el campo de Cuar- 
to, donde levantan no menos de cincuenta mil 
tiendas. Mandábalos el rey Búcar, de quien acaso 
habéis oído contar. 

: 114 

Los infantes teiJien la batalla. El Cid 
les reprende. 

El Cid y sus varones se alegran y dan gracias 
a Dios pensando ya que van a sacar grandes ga- 
nancias. Pero sabed que mucho les pesa a los in- 
fantes de Carrión, y ven con tristísimos ojos las 
innumerables tiendas de los moros. Y se apar- 
tan los dos hermanos hablando así: 

— [Al casarnos con las hijas del Cid], sólo 
calculamos lo que ganábamos, pero no lo que per- 
díamos. Ahora no podremos menos de entrar en 
la batalla. De seguro que no volvemos a Carrión: 
de ésta, las hijas del Cid se quedan viudas. 

Muño Gustioz sorprendió estas palábías, y fué 
ccn las nuevas al Cid: 

— He aquí que vuestros yernos son tan osa- 
dos que, por no entrar en la^ batalla, echan de 
menos a Carrión. Así os valga Dios, id a conso- 



232 

''que sean en paz e non ayan i ragión. [Criador. 
"Nos con vusco la venaremos, e valer nos ha el 
Mío Qid don Rodrigo sonrrisando salió: 
"Dios vos salve, yernos, ifantes de Carrión, 
"en bracos tenedes mis fijas tan blancas com- 
"Yo desseo lides, e vos a Carrión, [mo el sol!^ 
"en Valengia folgad a todo vuestro sabor, 
"ca d' aquellos moros yo so sabidor; [dor." 

"arrancar me los trevo con la merged del Cria- 



115 

Mensaje de Búcar. — Espolonnda de los cristia- 
nos. — Cobardía del infante Fernando (Laguna 
del manuscrito, 50 versos qne se suplen con el 
texto de la Crónica de Veinte Reyes). — Gene- 
rosidad de Pedro Vermúdez. 

Ellos en esto fablando, enbió el rey Búcar de- 
zir al Qid que le dexase Valengia e se fuesse en 
paz; sinón, que le pecharle quanto y avie fecho. 
El ^id dixo a aquel que troxiera el mensaje: "id 
"dezir a Búcar, a aquel fi de enemigo, que ante 
"destos tres días le daré yo lo que él demanda." 

Otro día mandó el Qid armar todos los suyos 
e sallió a los moros. Los infantes de Carrión pi- 
diéronle estonces la delantera; e después que el 
^id ovo paradas sus azes, don Ferrando, el uno 
de los infantes, adelantóse por ir ferir a un moro 
a que dizian Aladraf. El moro quando lo vio, fue 



233 

larlos: que se queden en paz y no tomen parte 
en la batalla. Vos y nosotros nos bas'amos, y 
Dios nos ayudara. 

El Cid don Rodrigo fué hacia los infantes, son- 
riendo : 

— El cielo os guarde, infantes de Carrión, yer- 
nos míos: tenéis a mis hijas, tan blancas como 
el sol, entre vuestros brazos. Yo pienso en lides, 
vosotros en vuestro Carrión. Quedaos en Valen- 
cia descansando; porque a eso's moros yo solo 
me atrevo a vencerlos, si Dios me ayuda. 

115 

Mensaje de Búcar. — Espolonada de los cristia- 
nos. — Cobardía del infante Fernando (Laguna 
del manuscrito, 50 versos que se suplen con el 
texto de la Crónica de Veinte Reyes). — Gene- 
rosidad de Pedro Bermúdez. 

Mientras ellos hablaban así, el rey Búcar en- 
vió a decir al Campeador que abandonase Valen- 
cia y se fuese en paz, o de lo contrario allí le 
haría pagar cuantas le había hecho. El Cid con- 
testó al mensajero: 

. — Id y decidle a Búcar, ese hijo de enemigos, que 
antes de tres días le habré dado lo que me pide. 

A otro día mandó el Cid armarse a toda su 
gente, y marchó sobre los moros. Los infantes de 
Carrión pidiéronle entonces el honor de dar los 
primeros golpes. Y cuando el Cid tuvo a los su- 
yos formados en fila, uno de los infantes, Fer- 



234 

contra él otrossí; e el infante, con el grand mie- 
do que ovo del, bolvió la rienda e fuxó, que so- 
lamente non lo osó esperar. 

Pero Vermúdez que iva agerca del, quando 
aquéllo vio, fue ferir en el moro, e lidió con él 
e matólo. Desí tomó el cavallo del moro, e fue 
en pos el infante que iva fuyendo e díxole: "don 
"Ferrando, tomad este cavallo e dezid a todos 
"que vos niatastes al moro cuyo era, e yo otor- 
garlo e con vusco." 

El infante le dixo: *'don Pero Vermúdez, mu- 
"cho vos gradezco lo que dezides; 
"aun vea el ora que vos meresca dos tanto." 
En una conpaña tornados son amos. 
Assi lo otorga don Pero quomo se alaba Fer- 
Plogo a mió ^id e a todos sos vassallos; [rando."* 
"Aun si Dios quisiere e el Padre que está en 

[alto, 
"amos los mios yernos buenos serán en canpo." 

Esto van diziendo e las yentes se allegando, 
en la ueste de los moros los atamores sonando; 
a maravilla lo avien muchos dessos cristianos, 
ca nunca lo vieran, ca nuevos son llegados. 
Mas se maravillan entre Díago e Ferrando, 
por la su voluntad non serien allí llegados. 
Oíd lo que fabló el que en buen ora nasco: 
"¡Ala, Per Vermudoz, el mió sobrino caro! 
"cúriesme a Díago e cúriesme a Fernando [amo. 
"mios yernos am.os a dos, la cosa que mucho 
"ca los moros, con Dios, non fincarán en canpo." 



235 

nando, se adelantó para atacar a un moro lla- 
mado Aladraf. Este, cuando lo vio venir, fué 
contra él; y entonces el infante, invadido de un 
pavor súbito, volvió grupas y huyó sin atreverse 
a esperarlo. 

Pero Bermúdez, que iba a su lado, cuando esto 
vio, arrojóse sobre el moro, y a pocos lances lo 
dejó muerto. Tomó consigo el caballo del moro, 
y corriendo en pos del infante que iba de huida, 
le gritó: 

— Don Fernando: tomad este caballo, y decid a 
todos que vos habéis matado al' jinete, y yo lo 
atestigual-é. 

—Don Pero Bermúdez — dijo el infante — : )s lo 
agradezco mucho; ojalá os lo pueda pagar doble. 

Volviéronse juntos, y don Pero dio testimonio 
de la hazaña de que se alababa Fernando. El Cid 
y sus vasallos se alegraron mucho de saberlo. 

— Si Dios lo concede — observó el Cid — , mis 
yernos acabarán por ser buenos combatientes. 

Diciendo esto, se iban acercando a las huestes, 
y los atambores de los moros se oían redoblar. 
Asombrábanse algunos cristianos recién llegados 
que nunca los habían oído. Y los que más se 
asombraban eran Diego y Fernando, que darían 
cualquier cosa por no encontrarse en aquel trance. 

Y oíd ahora lo que dijo el que en buen hora nació: 

— ¡Hola, Pero Bermúdez, caro sobrino mío; cui- 
dadme a Diego y a Fernando, mis amados yer- 
nos, prendas queridas. Que estos moros, si Dios 
me ayuda, no se han de quedar con el campo! 



236 



116 



Pedro Verinúdez se desentiende de los infantes. 
Minaya y don Jerónimo piden el primer puesto 
en la batalla. 

— "Yo vos digo, Qiáy por toda caridad, 
"que oy los if antes a mí por amo non abrán; 
"cúnelos qui quier, ca dellos poco m' incal. 
"Yo con los mios ferir los quiero delant, 
"vos con los vuestros firme mientre a la gaga 

[tengades; 
"si cueta fuere, bien me podredes huviar." 
• Aquí llegó Mynaya Albar Fáñez: 
"Oíd, ya Qiá, Canpeador léale! 
"Esta batalla el Criador la ferave, 
"e vos tan dinno que con él avedes parte. 
"Mandádnosos ferir de qual part vos semejare, 
"el debdo que ha cada uno a conplir serave. 
"Verlo hemos con Dios e con la vuestra auze." 
Dixo mió ^id: "ayamos más de vagare." 

Afevos el obispo Jerome muy bien armado 

[estave; 
Parávas delant al Campeador, siempre con la 

[buen auze; 
"Oy vos dix la missa de santa Trinidade. 
"Por eso salí de mi tierra e vin vos buscare, 
"por sabor que avía de algún moro matare; 
"mi orden e mis manos querría las ondrar, 
"c a estas feridas yo quiero ir delant. 
"Pendón trayo a corgas e armas de señal. 



237 



116 

Pedro Bermúdez se desentiende de los infantes, 
Minaya y don Jerónimo piden el prÍ7ner puesto 
en la batalla. 

— Oh, Cid, por caridad os lo ' pido; no sea yo 
el ayo de los infantes; hoy los cuide quien quie- 
ra, que a mí poco se me da de ellos. Yo quiero 
atacar al enemigo, seguido de los míos, y vos os 
quedaréis a la retaguardia con los vuestros: que 
ya, si hubiere peligro, me socorreréis. 

Aquí se acercó Minaya Alvar Fáñez: 

— Oh, leal Cid Campeador, escuchadme: El 
Creador dará esta batalla, y vos, que sois de sus 
agraciados. Decidnos por qué parte hemos de ata- 
car, y cada uno habrá de cumplir con su obliga- 
ción. A ver en qué para esto, con Dios y vuestra 
ventura. 

— Tengamos calma — dijo el Cid. 

A esto se le acerca el obispo don Jerónimo muy 
bien armado, y poniéndose delante del Cid de muy 
buen aire, le dice: 

— Hoy os he cantado la misa de la Santa Tri- 
nidad. Y yo salí de mi tierra y vine a buscaros 
sólo por el deseo que tenía de matar moros: bien 
quisiera ilustrar mis armas y la orden a que per- 
tenezco. Deseo ser el primero en el ataque: trai- 
go un pendón con unas corzas, y unas armas de 
emblema, y quisiera, si Dios lo permite, ensayar- 
las. Mucho me holgaría de ello, y sé que vos 



238 

"si plogiesse a Dios querríalas ensayar, 

"mió coragón que pudiesse folgar, 

"e vos, mió Cid, de mí más vos pagar, [quitar." 

"Si este amor non feches, yo de vos me quiero 

Essora dixo mió Cid: "Lo que vos queredes 

"Afé los moros a ojo, idlos ensayar. [plazme. 

"Nos d' aquent veremos cómmo lidia él abbat." 



117 

El obispo rompe la batalla. — El Cid acomete. 
Invade el campamento de los moros. 

>. El obispo don Jerome priso a espolonada 
e ívalos ferir a cabo del albergada. 
Por la EU ventura e Dios quel amava 
a los primeros colpes dos moros matava. 
El astil a crebado e metió mano al espada. 
Ensayavas el obispo, Dios, qué bien lidiava! 
Dos mató con langa e ginco con el espada. 
Moros son muchos, derredor le cercavan, [mas. 
dávanle grandes colpes, mas nol falssan las ar- 
El que en buen ora nasco los ojos le fincava, 
enbragó el escudo e abaxó el asta, 
aguijó a Bavieca, el cavallo que bien anda, 
ívalos ferir de coragón e de alma. 
En las azes primeras el Campeador entrava, 
abatió a siete e a quatro matava. 
Plogo a Dios, aquesta fo el arrancada. 
Mío Qiá con los sos cade en alcanga; [estacas, 
veriedes crebar tantas cuerdas e arrancarse las 



239 

mismo, Cid, me estimaríais más. Si no me con- 
cedéis este favor, me alejaré de vuestro lado. 

Y el Cid : 

— ^Hágase lo que pedís. Allí tenéis moros a la 
vista: atacadlos. Desde aquí veremos cómo pelea 
el señor abad. 



117 

El obispo ro'inpe la batalla. — El Cid acomete. 
Invade el campamento de los 7noros. 

El obispo don Jerónimo se adelantó para arre- 
meterlos, y se llegó hasta el campamento. Por 
ventura suya y especial ayuda de Dios, a los pri- 
meros golpes mató dos moros. Ya ha roto el asta, 
ya echa mano a la espada. Proezas hacía el buen 
obispo: ¡oh. Dios, qué bien pelea! A dos mató 
con la lanza, y con la espada a otros cinco más. 
Pero numerosos moros comienzan a rodearlo, y 
le tiran furibundos tajos, aunque sin mellarle la 
armadura. 

El bienhadado, que. así lo ve, embraza el escu- 
do, enristra la lanza, espolea a Babieca, su ex- 
celente caballo, y se arroja denodadamente sobre 
los enemigos. Rompe por las primeras filas, y 
derriba a siete y mata a cuatro. Y plugo a Dios 
que de aquí naciera su victoria. El Cid y los su- 
yos corren en seguimiento de los moros. Y allí 
fué el estallar las cuerdas y el quebrarse las es- 
tacas y rodar los postes labrados de las tiendas. 



240 

e acostarse los tendales, con huebras eran tan- 

[tas. 
Los de mió ^id a los de Búcar de las tiendas 

[los sacan. 
118 

Los cristianos persiguen al ^.nemigo. — El Cid 
alcanza y mata a Búcar. — Gana la espada Ti- 
zón. 

Sácanlos de las tiendas, cáenlos en alcaz; 
tanto brago con loriga veriedes caer a part, 
tantas cabegas con yelmos que por el campo 

[caden, 
cavallos sin dueños salir a todas partes. 
Siete migeros conplidos duró el segudar. 

Mío Qiá al rey Búcar cadiól en alcaz: 
"Acá torna, Búcar! venist dalent mar, 
"Veerte as con el Qiá, el de la barba grant, 
"saludar nos hemos amos, e tajaremos amiztat." 
Repuso Búcar al Qid: "cofonda Dios tal amiz- 
"Espada tienes en mano e veot aguijar; [tad! 
"así commo semeja, en mi la quieres ensayar. 
"Mas si el cavallo non estropiega o comigo non 

[cade, 
"non te juntarás comigo fata dentro en la mar." 
Aquí respuso mió Qiá: "esto non será verdad." 
Buen cavallo tiene Búcar e grandes saltos faz, 
mas Bavieca el de mió Q\á alcangándolo va. 
Alcangólo el Qid a Búcar a tres bragas del mar, 
arriba algo Colada, un grant colpe dádol ha, 
las carbonclas del yelmo tollidas gelas ha, 



241 

Y al fin los del Cid expulsan del campamento a 
los de Búcar. 



118 

Los cristianos persiguen al enemigo. — El Cid 
alcanza y Tnata a Búcar. — Gana la espada Ti- 
• zón. 

Los expulsan del campamento, los persiguen 
un trecho. Allí vierais caer, trozados, tantos bra- 
zos con sus lorigas, tantas cabezas con yelmos 
rodando por el campo, tantos caballos sin jine- 
tes huyendo de aquí para allá. La persecución 
duró siete millas cabales. 

El Cid le daba alcance al rey Búcar: 

— Vuélvete acá, oh, Búcar, que has venido de 
allende el mar: ahora has de habértelas con el 
Cid de la luenga barba. Tenemos que besarnos 
y pactar amistad. 

Y Búcar le respondió al Cid: 

— ¡Dios confunda tales amistades! Traes la es- 
pada en mano, te veo aguijar: o mucho me equi- 
voco, o quieres probarla en mis carnes. Pero si 
el caballo no se me tropieza o cae conmigo, sólo 
podrás alcanzarme en mitad del mar. 

— No ha de ser así — le grita el Cid. 

Buen caballo tiene el rey Búcar, y va saltando 
con ligereza; pero ya Babieca el del Cid le va 
dando alcance. Al ñn, a tres brazas del mar, lo- 
gra emparejarle: levanta en alto la Colada y le 

MÍO Cid. 16 



242 

cortól el yelmo e, librado todo lo al, 

fs^ta la gintura el espada llegado ha. 

Mató a Búcar, al rey alien mar, 

e ganó a Tizón que mili marcos d' oro val. 

Vengió la batalla maravillosa e grant, 

Aquís ondró mió ^id e quantos con elle están. 



/y 



< 119 

hos del Cid vuelven del alcance. — El Cid, satis- 
fecho de sus yernos; éstos, avergonzados. — Ga- 
nancias de la victoria. 

Con estas ganangias yas ivan tornando; 
sabet, todos de firme robavan el campo, [nasco. 
A las tiendas eran llegados con el que en buena 
Mío Qiá Roy Díaz, el Campeador contado, 
con dos espadas que él pregiava algo 
por la matanga vinía tan privado, 
la cara fronzida e almófar soltado, 
cofia sobre los pelos fronzida della yaquanto. 
De todas partes sos vassallos van llegando; 
algo vidie mío Qiá de lo que era pagado, 
algo sos ojos, estava adelant catando, 
e vido venir a Díago e a Fernando; 
amos son fijos del conde don Gongalvo. 
Alegrós mío Qiá fermoso sonrrisando: 
*'¿Venides, míos yernos, mios fijos sodes amos! 
"Sé que de lidiar bien sodes pagados; 
"a Carrión de vos irán buenos mandados, 
"cómmo al rey Búcar avernos arrancado. 



243 

descarga un furioso tajo, que, arrancándole los 
carbunclos del yelmo, le abre de la cabeza aba- 
jo hasta la cintura. Mató a Búcar, el rey de allen- 
de la mar, y ganó a Tizona, la espada que bien 
\Sile mil marcos de oro. Venció la maravillosa y 
gran batalla. Aquí se honró el Cid, y con él to- 
dos los que están de su parte. 

119 

Los del Cid vuelven del alcance. — El Cid, satis- 
fecho de sus yernos; éstos, avergonzados. — Ga- 
nancias de la victoria. 

Con estas ganancias, se vuelven todos, no áin 
recoger antes los depojos del campo. Llegan a 
las tiendas en compañía del Cid Ruy Díaz, el 
bravo Campeador, que nació en buen hora. Este, 
llevando consigo las dos espadas que tanto pre- 
cia, venía por el campo de batalla a todo correr, 
con la cofia echada sobre la cabeza y la capucha 
suelta. Rodéanle sus vasallos, y él mira segura- 
mente algo que le contenta, porque no aparta los 
ojos d'3 un punto: por allí se acercan Diego y Fer- 
nando, los hijos del conde don Gonzalo. Sonríe el 
Cid satisfecho. 

— ¿Sois vosotros, yernos e hijos míos? Ya sé 
que os agrada el pelear; buenas nuevas de vos- 
otros llegarán a Carrión, que cuenten cómo he- 
mos vencido al rey Búcar. Fío en Dios y en to- 
dos sus santos que quedaremos bien pagados de 
esta victoria. 



244 

"Commo yo fio por Dios y en todos los sos san- 
"desta arrancada nos iremos pagados," [tos, 

Minaya Albar Fáñez essora es llegado, 
el escudo trae al cuello e todo espadado; 
de los colpes de las langas non avie recabdo; 
aquellos que gelos dieran non gelo avien logrado. 
Por el cobdo ayuso la sangre destellando; 
de veinte arriba ha moros matado; 
"Grado a Dios e al padre que está en alto, 
"e a vos, Qiá, que en buen ora fostes nado! 
"Matastes a Búcar e arrancamos el canpo. 
"Todos estos bienes de vos son e de vuestros \ as- 
"E vuestros yernos aquí son ensayados, [salios, 
"fartos de lidiar con moros en el campo." 
Dixo mió ^id: "yo desto so pagado; [dos." 

"quando agora son buGnor,, adelant serán pregia- 
Por bien lo dixo el Qid mas ellos lo touieron a 

[escarnio. 

Todos los ganados a Valengia son llegados; 
alegre es mió ^id con todos sos vassallos, [eos. 
que a la ragión cadie de plata seys gientos mar- 

Los yernos de mió Qid quando este aver toma- 

[ron 
desta arrancada, que lo tenien en so salvo, 
cuydaron que en sos días nunqua serien mingua- 
Foron en Valengia muy bien arreados, [dos. 

conduchos a sazones, buenas pieles e buenos 

[mantos. 
Muchos son alegres mió ^id e sos vassallos. 



245 

A este punto, llega Minaya Alvar Fáñez, que 
trae pendiente del cuello, y todo señalado, el es- 
cudo. Las lanzadas dirigidas contra él fueron 
inofensivas: no se salieron con la suya sus agre- 
sores. La sangre le chorrea por el codo: ha ma- 
tado de veinte moros arriba. 

— Gracias a Dios, Padre nuestro que estás 
en los cielos, y a vos, Cid, nacido en hora bue- 
na. Matasteis a Búcar, y hemos vencido. Vues- 
tros y de los vasallos son estos bienes. Y vues- 
tros yernos se han señalado, y están hartos de 
lidiar y de matar moros en campo. 

Y el Cid: 

— Contento estoy: si ahora son buenos, más ade- 
lante serán óptimos. 

El Cid lo ha dicho de buena fe, pero ellos lo 
han tomado a escarnio. 

Ya están en Valencia todas las ganancias, y 
el Cid y sus vasallos se regocijan. Cada ración 
ha sido de seiscientos marcos de plata. Los yer- 
nos del Cid, cuando tuvieron en su poder la par- 
te que les tocaba, se dijeron que nunca pasarían 
pobrezas. Los de Valencia se han ataviado lujo- 
samente, tienen grandes festines, buenas pieles 
y buenos mantos. El Cid y los suyos están con- 
tentos. 



246 



120 

El Cid, satisfecho de su victoria y de sus yernos. 
(Repetición.) 

Grant fo el día por la cort del Campeador, 
después que esta batalla vencieron e al rey Bú- 
algó la mano, a la barba se tomó: [car mató, 
"Grado a Crístus, que del mundo es señor, 
"quando veo lo que avía sabor, 
"que lidiaran comigo en campo mios yernos amos 
"mandados buenos irán dellos a Carrión, [a dos, 
"commo son ondrados e aver nos han grant pro." 

121 

Reparto del botín. 

Sobejanas son las ganangias que todos an ga- 
lo uno es dellos, lo otro han en salvo. [nado; 
Mandó mió Qiá, el que en buen ora nasco, 
desta batalla que han arrancado 
que todos prisiessen so derecho contado, 
e el so quinto de mió Qiá non fosse olbidado. 
Assí lo fazen todos, ca eran acordados. 
Cadiéronle en quinta al Qiá seys gientos cavallos, 
e otras azémilas e camellos largos 
tantos son de muchos que non serien contados. 



247 



120 

}lI Cid satisfecho de su victoria y de S2is yernos. 
(Eepetición.) 

Gran día fué aquel en la corte del Campeador, 
por la victoria alcanzada y la muerte del moro 
Búcar. El Cid se acariciaba las barbas y decía: 

— Gracias a Cristo, señor del mundo, que al 
fin veo lo que anhelaba: que lidiaran a mi lado 
mis amados yernos. Buenas nuevas de ellos lle- 
garán a Carrión, se hablará de su bravura y con 
eso nos honraremos m.ás. 

121 

Reparto del botín. 

Enormes ganancias han tocado a todos: mucho 
tenían ya ganado, y lo de ahora lo tienen ya 
puesto a buen recaudo. El Cid, nacido en buen 
hora, manda que cada uno tome su parte del bo- 
tín, y no se olvidase la quinta que a él le corres- 
pondía. Todos obedecen, como prudentes. En la 
quinta del Cid entraron seiscientos caballos, otras 
acémilas y camellos en abundancia, que no se les 
podía contar. 



248 



122 

El Cid, en el colmo de su gloria, medita dominar 
a Marruecos. — Los infantes, ricos y honrados 
en la corte del Cid. 

Todas estas ganangias fizo el Campeador. 
"Grado a Dios que del mundo es señor! 
"Antes fu minguado, agora rico so, 
"que he aver e tierra e oro e onor, 
"e son mios yernos if antes de Carrión; 
"arranco las lides commo plaze al Criador, 
"moros e cristianos de mí han grant pavor. 
"Allá dentro en Marruecos, o las mezquitas son, 
"que abrám de mi salto quigab alguna noch 
"ellos lo temen, ca non lo piensso yo: 
"no los iré buscar, en Valengia seré yo, 
"ellos me darán parias con ayuda del Criador, 
"que paguen a, mí o a qui yo ovier sabor." 

Grandes son los gozos en Valengia la mayor 
de todas sus conpañas de mió Qiá el Canpeador, 
d' aquesta arrancada que lidiaron de coragón; 
grandes son los gozos de sos yernos amos a dos: 
valía de ginco mili marcos ganaron amos a dos; 
muchos tienen por^ricos if antes de Carrión. 
Ellos con los otros vinieron a la cort; 
aquí está con mió Qiá el obispo do Jerome, 
el bueno de Albar Fáñez, cavallero lidiador, 
e otros muchos que crió el Carnpeador; 
quando entraron ifantes de Carrión, 
recibiólos Minaya por mió Qiá el Campeador; 



249 



122 

El Cid, en el coVnio de su gloria, medita dominar 
a Marruecos. — Los infantes, ricos y honrados 
en la corte del Cid. 

Tales fueron las ganancias del Campeador. 

— ¡Gracias a Dios, señor de lo creado! Antes 
fui pobre, y ahora rico: poseo dinero, tierras, 
oro, heredades: yernos míos son los íniantes de 
Carrión; venzo las batallas cada vez que Dios 
es servido; moros y cristianos me respetan. En 
Marruecos, tierra de las mezquitas, quién sabe 
si teman que los asalte yo cualquier noche, aun- 
que a mí no se me ha ocurrido. No, no iré a bus- 
carlos, que mejor me estoy en Valencia, adonde, 
si Dios lo consiente, me traerán ellos el tributo, 
sea que me lo paguen a mí o a quien yo ordene. 

Grandes regocijos hay en Valencia, entre las 
compañías del Cid Campeador, a causa de esta 
victoria alcanzada con singular denuedo. Los yer- 
nos también se regocijan, que entre los dos han 
ganado hasta cinco mil marcos, y con razón se 
tienen por ricos. Han venido a la corte con to- 
dos los otros caballeros, donde se encuentran al 
Cid acompañado del obispo don Jerónimo, el 
buen Alvar Fáñez, gran combatiente, y otros mu- 
chos que el mismo Campeador ha criado en su 
casa. Al ver entrar a los infantes, Minaya, en 
nombre del Campeador, los saluda: 



250 

"Acá, venid, cuñados,' que mas valemos por vos." 
Assí commo llegaron, pagos el Campeador. 
"Evades aquí, yernos, la mié mugier de pro, 
"e amas las mis fijas, don Elvira e doña Sol; 
"bien vos abragen e sírvanvos de coragón. [Dios! 
"Grado a santa María, madre del nuestro señor 
"destos^ vuestros casamientos vos abredes honor. 
"Buenos mandados irán a tierras de Carrión." 



^ 



123 

Vanidad de los infantes. — Burlas de que ellos 
son objeto. 

A estas palabras fabló ifant Ferrando: 
"Grado al Criador e a vos, Cid ondrado, 
"tantos avemos de averes que no son contados; 
"por vos avemos ondra e avemos lidiado, 
"vengiemos moros en campo e matamos 
"a aquel rey Búcar, traydor provado. [saluo." 
"Pensad de lo otro, que lo nuestro teñámoslo en 

Vassallos de mió Qd sediense sonrrisando: 
quien lidiara mejor' o quien fora en alcango; 
mas non falIaA^an f a Dídago ni a Ferrando. 
Por aquestos juegos que ivan levantando, 
elas noches e los días tan mal los escarmen- 

[ tan do, 

l^anmal se conssejaron estos iffantes amos. 
Am.os salieron a part, veraimentre^onhermanos; 
desto que ellos fablaron nos parte non ayamos; 



251 

— Venid acá, parientes, que por vosotros somos 
hoy más de lo que éramos. 

Y el Cid, alegre de verlos, les dice: 
— Aquí tenéis, yernos, a mi excelente mujer; 
he aquí a mis dos hijas, doña Elvira y doña Sol, 
que desean abraz'aros y os sirven con el alma. 
Gracias a Santa María, madre de Dios Nuestro 
Señor, vuestro casamiento os enaltece, y a la 
tierra de Carrión han de llegar muy buenas no- 
ticias. 

* 
123 

Vanidad de los infantes. — Burlas de que ellos 
son objeto. 

A estas palabras, contestó el infante don Fer- 
nando : 

— Gracias al Creador y a vos también, hon- 
rado Cid, tenemos ahora ganancias incontables; 
por vos nos hemos enaltecido combatiendo; ven- 
cimos a los moros en campo, matamos a ese 
traidor probado del rey Búcar. Ahora cuidaos de 
los demás, que ya lo nuestro está a buen re- 
caudo. 

Los vasallos del Cid se reían a esto por lo 
bajo: éstos habían peleado furiosamente, y aqué- 
llos se habían señalado en la persecución; pero 
no recordaban haber visto entre ellos a Diego 
ni a Fernando. Con estas mal disimuladas risas 
y estos escarmientos continuos que les hacían, 
los infantes empezaron a concebir un plan per- 



252 

— "Vayamos pora Carrión, aquí mucho detarda- 

[mos. 

"Los averes que tenemos grandes son e sobeja- 
*~ [nos, 

"despender no los podremos mientra que bivos 

[seamos. 

124 

Los infantes deciden afrentar a las hijas del 
Cid. — Piden al Cid sus mujeres para llevarlas 
a Carrión. — El Cid accede. Ajuar que da a 
sus hijas. — Los infantes dispónense a mar- 
char. — Las hijas despidense del padre. 

— "Pidamos nuestras mugieres al Qiá Campea- 

[dor, 

"digamos que las llevaremos a tierras de Ca- 

[rrión, 

"enseñar las hemos do ellas heredadas son. 
• "Sacar las hemos de Valencia, de poder del Cam- 

[peador; 

"después en la carrera feremos nuestro sabor, 
"ante que nos retrayan lo que cuntió del león. 
"Nos de natura somos de comdes -de Carrión! 
"4x^res levaremos grandes que valen grant va- 
"escamiremos las hijas del Canpeador." [lor; 
— "D' aquestos averes sienpre seremos ricos om- 
/ "~ [nes, 

, "podremos casar con fijas de reyes o de enpera- 

[dores 
"ca de natura somos de comdes de Carrión. 



253 

verso. Dignos hermanos son el uno del otro. Se 
apartan, y empiezan a cavilar; pero no tenga- 
mos parte en las maldades que hablaron: 

— Marchémonos a Carrión, mucho nos varaos 
retardando en Valencia. Las grandes ganancias 
que hemos logrado no podríamos gastarlas ya en 
toda la vida. 

124 

Los infantes deciden afrentar a las hijas del 
Cid. — Piden al Cid sus mujeres para llevarlas 
a Carrión. — El Cid accede. Ajuar que da a 
sus hijas. — Los infantes dispónense a mar- 
char. — Las hijas despidense del padre. 

— Pidámosle al Cid Campeador que nos entre- 
gue a nuestras mujeres; digámosle que queremos 
llevarlas a la tierra de Carrión, para que vean 
dónde tienen sus heredades. Así las sacaremos 
de Valencia y de la custodia del Cid. Ya en el 
camino, haremos lo que se nos antoje. No va- 
yan a echarnos antes en cara lo que sucedió con 
el león. Nosotros tenemos sangre de condes de 
Carrión; los bienes que llevamos valen ya mu- 
cho, y podremos escarnecer a las hijas del Cid. 

— Con esos bienes siempre seremos ricos-hom- 
bres, y podremos casarnos con hijas de reyes o 
emperadores, que para algo somos de la san- 
gre de los condes de Carrión. Sí: escarnecere- 
mos a las hijas del Cid, antes que nos echen en 
cara la aventura del león. 



254 

"Assí las escarniremos a fijas del Campeador, 
"antes que nos retrayan lo que fo del león." 
Con aqueste conssejo amos tornados son, 
fabló Ferránt Gongálvez e fizo callar la cort: 
''Si vos vala el Criador, Qiá Campeador! 
"que plega a doña Ximena e primero a vos 
"e a Minaya Albar Fáñez e a quantos aquí son: 
"dadnos nuestras mugieres que avemos a bendi- 

[giones; 
"levar las hemos a nuestras tierras de Carrión, 
"meter las hemos en arras que les diemos por 

[onores; 

"verán vuestras fijas lo que avemos nos, 

"los fijos que oviéremos en qué avrán partición." 

Nos curiava de fonta mió Qiá el Campedor; 
*'Darvos he mis fijas e algo de lo mió; [rrión, 
"vos les diestes Villas por arras en tierras de Ca- 
"yo quiéroles dar axuvar tres ]mll_inarcos_ de 

[valor; 

"darvos e muías e palafrés, muy gruessos de sa- 

[zón 
"cavallos pora en diestro fuertes e corredores, 
"e muchas vestiduras de paños e de giclatones; 
"darvos e dos espadas, a Colada e a Tizón, 
"bien lo sabedes'vos. que las gané a guisa de va- 

[rón; 
"mios fijos sodes amos, quando mis fijas vos do; 
"allá me levades las telas del coragón. [León, 
"Que lo sepan en Gallizia e en Castiella e en 
"con que riqueza enbio mios yernos amos a dos. 
"A mis fijas sirvades, que vuestras mugieres son; 



255 

Habiéndose puesto así de acuerdo, vuelven a 
la corte, donde Fernán González impone silen- 
cio y habla así: 

— ¡Dios os valga. Cid Campeador! A doña 
Jimena, y a vos el primero, y a Minaya Alvar 
Fáñez y a cuantos aquí nos escuchan, pedimos 
C^^, eí'^fieütsn en entregarnos a nuestras legí- 
timas esposas, porque quisiéramos llevarlas a 
nuestras tierras de Carrión para ponerlas en 
posesión de las arras que les dimos por hereda- 
des; que vean vuestras hijas lo que poseemos, y 
el patrimonio que se habrán de repartir nuestros 
hijos. 

El Cid Campeador, sin recelar la menor afren- 
ta, responde: 

— Os daré a mis hijas, y con ellas algo de 
lo que me pertenece. Vosotros les disteis por arfas 
unas villas de Carrión, y yo quiero darles por 
ajuar tres mil marcos; y os daré además muías 
'ynpafafrenes andadores y fuertes, caballos ági- 
les y corredores para montar, y gran cantidad de 
vestiduras de paño y seda tejida de oro; os daré 
dos espadas. Colada y Tizona: ya sabéis que las 
he ganado a lo varón. Sois mis hijos: por eso 
os entrego a mis hijas. Con ellas me arrancáis 
las entretelas del corazón. Que lo sepan en Ga- 
licia, León y Castilla: que sepan con cuánta ri- 
queza despido a mis dos yernos. Servid, pues, 
a mis hijas, vuestras mujeres; y si así lo' hacéis, 
yo os recompensaré con largueza. 

Así prometen hacerlo los infantes; les entre- 



r 



256 

"si bien las servides, yo Vos rendi):-é buen galardón ^ 
Atorgado lo han esto iffantes de Carrión. 
Aquí regiben fijas del Campeador; 
conpiegan a regebir lo que el ^id mandó. 

Quando son pagados a todo so sabor, 
ya mandavan cargas iffantes de Carrión. 
Grandes son las nuevas por Valengia la mayor, 
todos prenden armas e cavalgan a vigor, [rrión. 
por que escurren fijas del ^id a tierras de Ca- 

Ya quieren cavalgar, en espidimiento son. 
Amas hermanas, don Elvira e doña Sol, 
fincaron los inojos antel ^id Campeador: 
"Merged vos pedimos, padre, sí vos vala el 

[Criador! 
"vos nos engendrastes, nuestra madre nos parió; 
"delant sodes amos, señora e señor. 
"Agora nos enviades a tierras de Carrión, 
"debdo ños es a cumplir lo que mandáredes vos. 
"Así vos pedimos merged nos amas a dos, 
"que ayades vuestros menssajes en tierras de 

[Carrión." 
Abragólas mió ^id e saludólas amas a dos. 

125 

Jimena despide a sus hijas. — El Cid cabalga para 
despedir a los viajeros. — Agüeros 'únalos. 

Elle fizo aquesto, la madre lo doblava; 
"Andad, fijas; d' aquí el Criador vos vala! 
"de mí e de vuestro padre, bien avedes nuestra 
"Id a Carrión do sodes heredadas, [gragia. 



257 

gan a las hijas, y comienzan también a darles- 
todo lo que el Cid les ha ofrecido. 

Cuando ya están hartos de obsequios, los infan- 
-,€s de Carrión mandan cargar los fardos. Gran 
animación hay en Valencia. Todos se arman y 
cabalgan para despedir a las hijas del Cid, que 
se marchan a Carrión. 

Ya echan a andar, ya se despiden. Ambas her- 
manas, doña Elvira y doña Sol, se arrodillan ante 
el Cid. 

— Padre, así os ;valga el cielo, os pedimos rcer- 
ced. Vos nos engendrasteis y nos parió nuestra 
madre: señora y señor nuestros, ambos estáis 
delante escuchándonos. Ahora nos enviáis a tie- 
rras de Carrión, y estamos obligadas a obedecer 
vuestras órdenes. Ambas os pedimos como espe- 
cial merced que enviéis mensajeros vuestros has- 
ta Carrión. 

Y el Cid las abrazó y las besó en la boca. 



125 

Jimena despide a sus hijas. — El Cid cabalga para 
despedid' a hs viajeros. — Agüeros malos. 

Eso hizo el Cid; más hizo la madre: 
— Id, hijas mías — dice — . ¡El Creador os val- 
ga! Contáis con mi amor y con el de vuestro 
padre. Id a Carrión, do están vuestras hereda- 

Mío Cid. 17 



2C8 

"assí commo yo tengo, bien vos he casadas." 
Al padre e a la madre las manos les besavan; 
amos las bendixieron e diéronle su gracia. 

Mío Qiá e los otros de cavalgar penssavan, 
a grandes guarnimientos, a cavallos e armas. 
Ya sallen los liantes de Valengia la clara, 
espidiéndos de las dueñas e de todas ^nes com- 

[pañas. 
Por la huerta de Valengia teniendo salien armas; 
alegre va mió Ci<^^ con todas sues compañas. 

Violo en los avueros el que en buena cinxo es- 

[pada, 
que estos casamientos non serien sin alguna ta- 

[cha. 
Nos puede repentir, que casadas las ha amas. 

126 

El Cid envía con sus hijas a Félez Muñoz. — VI- 
timo adiós. ^El Cid torna a Valencia. — Los 
viajeros llegan a Molina. Abengalvón les acom- 
paña a Medina. — Los infantes piensan matar 
a Abengalvón. 

"¿O eres mió sobrino, tú Félez Muñoz, 
"primo eres de mis ñjas amas d' alma e de co- 

[ragón! 

"Mándot que vayas eon ellas fata dentro en Ca- 

[rrión, 

"verás las heredades que a mis fijas dadas son; 
"con aquestas nuevas vernás al Campeador." 
Dixo Félez Muñoz "plazme d' alma e de coragón." 



259 

des; que bien creo haberos casado en provecho 
vuestro." 

Ellas besan la mano a su padre y a su madre, 
y reciben la bendición. 

Y empiezan a caminar el Cid y los suyos, con 
gran pompa, y armas y caballos. Ya salen de la 
clara Valencia los dos infantes, tras de decir 
adiós a las damas y compañeros. Por la huerta 
de Valencia iban jugando armas. Tranquilo va 
el Cid, y lo mismo los de su séquito. 

Pero los agüeros han dicho al que en buen 
hora ciñera espada que no habían de ser sin ta- 
cha estos casamientos. Ya están casadas: ya no 
es tiempo de arrepentirse. 



126 



El Cid envía con sus hijas a Félez Muñoz. — Ul- 
timo adiós. El Cid torna a Valencia. — Los 
viajeros llegan a Molina. Ahengalvón les aconi- 
paña a Medina. — Los infantes piensan matar 
a Ahengalvón. 

— ¿ Dónde estás, sobrino mío Félix Muñoz ? 
Primo eres de mis hijas, y sé que las tienes vo- 
luntad. Mandóte que vayas con ellas hasta Ca- 
rrión, donde verás las heredades que han dado 
a mis hijas, y regresarás aquí con las nuevas. 

— Pláceme de todo corazón — dijo Félix Muñoz. 

Minaya Alvar Fáñez compareció ante el Cid: 



230 

Minaya Albar Fáñez ante mió Qiá se paró: 
"Tornémosnos, ^id, a Valencia la mayor; 
"que si a Dios ploguiere e al Padre Criador, 
"ir las hemos veder a tierras de Carrión." [Sol 
— "A Dios vos acomendamos, don Elvira e doña 
"átales cosas fed que en plazer caya a nos." 
Respondien los yernos: "assí lo mande Dios!" 
Grandes fueron los duelos a la departigión. 
El padre con las fijas lloran de coragón, 
assí fazían los cavalleros del Campeador. 

"Oyas, sobrino, tú, Félez Muñoz! 
"por Molina iredes, i yazredes una noch; 
"saludad a mió amigo el moro Avengalvón: 
"regiba a mios yernos commo elle pudier mejor; 
"dil que enbío mis fijas, a tierras de Carrión, 
"de lo que ©vieren huebos sírvalas a so sabor, 
"desí escúrralas fasta Medina por la mi amor. 
"De quanto él fiziere yol daré por ello buen ga- 

[lardón." 
Quomo la uña de la carne ellos partidos son. 

Yas tornó pora Valengia el que en buen ora 
Fiénssanse de ir if antes de Carrión; [nasgió. 
por Santa María d' Alvarrazín la posada fe- 

[cha fo, 
aguijan quanto pueden if antes de Carrión; 
felos en Molina con el moro Avengalvón. 
El moro quando lo sopo, plógol de coragón; 
saliólos recebir con grandes avorozes; 
Dios, que bien los sirvió a todo so sabor! 
Otro día mañana con ellos cavalgó, 
con dozientos cavalleros escurrir los mandó; 



261 

— ¡Oh, Cid! Volvámonos a Valencia, y con ayu- 
da de Dios, Creador y Padre, hemos de saber 
que llegan buenas a tierras de Carrión. 
• — A Dios os encomendamos, pues, doña El- 
vira y doña Sol: y portaos siempre de manera 
que podamos enorgullecemos de vosotras. 

— Así lo permita Dios — dijeron los yernos. 

Muy grande fué el sentimiento de la despe- 
dida; llora el padre, lloran las hijas, y aun los 
caballeros que acompañan al Campeador. 

— Óyeme bien, sobrino Félix Muñoz. Iréis por 
Molina, donde pernoctaréis. Saludadme a ese 
moro Abengalbón, mi buen amigo. Decidle que 
envío a mis hijas a Carrión, y que les ^irva en 
todo lo que sea menester, y que por mi amor le 
pido las acompañe hasta Medina-celi: yo le re- 
compensaré debidamente. 

Al fin se separan, como se arranca la uña de 
la carne. Ya vuelve a Valencia el bienhadado, y 
los infantes de Carrión siguen su camino. Por 
Santa María de Albarracín rindieron la jornada, 
y apretando después el paso, helos en Molina, 
donde está el moro Abengalbón. Su llegada re- 
gocija al moro sinceramente, y sale a recibir- 
los con alborozo. ¡Oh, Dios, y qué bien y cum- 
plidamente los sirve! A la mañana siguiente 
cabalga con ellos, habiendo mandado a doscien- 
tos caballeros que le acompañen. Atraviesan los 
montes de Luzón, pasan Arbujuelo, y al llegar 
al Jalón reposan en cierto lugar llamado el An- 
sarera. El moro ofrece presentes a las hijas del 



262 

ivan trogir los montes, los que dizen de Luzón, 
trogieron Arbuxuelo e llegaron a Salón, 
o dizen el Anssarera ellos posados son. 
A las fijas del Qd el moro sus donas dio, 
buenos seños^ cavallos a if antes de Carrión; 
tod esto les fizo el moro por el amor del Qid 

[Campeador. 
Ellos vedien la riqueza que el moro sacó, 
entramos hermanos conssejaron tragión: 
"Ya pues que a dexar avemos fijas del Campeador, 
"si pudiéssemos matar el moro Avengalvón, 
"quanta riquiza tiene aver la yemos nos. 
"Tan en salvo lo abremos commo lo de Carrión; 
"nunqua avrié derecho de nos el Qid Campeador." 
Quando esta falssedad dizien los de Carrión, 
un moro latinado bien gelo entendió; 
non tiene poridad, díxolo Avengalvón: 
"Acáyaz, cúriaté destos, ca eres mió señor: 
"tu muert odi conssejar a ifantes de Carrión." 

127 

Abengalvón se despide amenazando a los infantes. 

El moro Avengalvón, mucho era buen barra- 
cón dozientos que tiene iva cavalgar; [gán, 
armas iva teniendo, paros ante los ifantes; 
de lo que el moro dixo a los ifantes non plaze : 
"Si no lo dexás por mió Qid el de Bivar, 
"tal cosa vos faría que por el mundo sonás, 
"e luego levaría sus fijas al Campeador leal; 
"vos nunqua en Carrión entrañedes jamás. 



• 263: 

Cid, y sendos caballos a los infantes: todo por 
amor del Cid Campeador. 

Pero los infantes, viendo la riqueza del moro, 
pusiéronse a maquinar una vil traición: 

— Puesto que vamos a abandonar a las hijas 
del Cid, si de paso pudiésemos matar al mora 
Abengalbón, sus muchas riquezas pasarían a 
nuestras manos. Todo lo pondríamos tan a salvo 
como nuestras posesiones de Carrión, y el mis- 
mo Cid no podría xíimca exigirnos que reparáse- 
¿los In afrenta. 

Pero mientras los infantes decían estas per- 
versas palabras, un moro que sabía la lengua 
los estaba escuchando y, sin guardárselo para 
sí, al punto lo comunica a Abengalbón: 

— Alcaide, mi señor: cuídate de esos; que he 
oído a los infantes de Carrión concertar tu 
muerte. 



127 

Abengalbón se despide amenazando a los infantes^ 

El moro Abengalbón era mozo muy esforzado; 
sus doscientos cabalgaban con él, jugando las ar- 
mas. Detúvose ante los infantes y, con gran des- 
concierto suyo, les habló así: 

— Si no fuera por respeto al Cid de Vivar,. 
yo haría con vosotros una sonada; y al Campea- 
dor le devolvería sus hijas, y vosotros no entra- 
ríais nunca en Carrión. 



264 



128 

El moro se torna a Molina, p'^esintiendo la des- 
gracia de las hijas del Cid.— -Los viajeros en- 
tran en el reino de Castilla. — Duermen en el 
robledo de Corpes. — A la '^nañana quédanse 
solos los infantes con sus mujeres y se prepa- 
ran a maltratarlas. — Ruegos inútiles de doña 
Sol. — Crueldad de los infantes. 

"¿Dezidme, qué vos fiz, if antes de Carrión! 
"yo sirviéndovos sin art, e vos conssejastes mié 

[muort. 
*'Aquim parto de vos commo de malos e de tray- 

[dores. 
"Iré con vuestra gragia, don Elvira e doña Sol; 
"poco pregio las nuevas de los de Carrión. 
"Dios lo quiera e lo mande, que de tod el mundo 

[es señor, 
"d' aqueste casamiento ques grade el Campes 
Esto les ha dicho, e el moro se tornó; [dor.*" 

teniendo iva armas al trogir de Salón; 
quommo de buen seso a Molina se tornó. 

Ya movieron del Anssarera ifantes de Carrión. 
acójense a andar de día e de noch; 
a ssiniestro dexan Atienga, una peña muy fuort, 
la sierra de Miedes passáronla estoz, 
por los Montes Claros aguijan a espolón; 
assiniestro dexan a Griza que Álamos pobló, 
allí son cañoe do a Elpha engerró; 
a diestro dexan a Sant Estevan, mas cade aluon. 



265 



128 

El moro se torna a Molina, presintiendo la des- 
gracia de las hijas del Cid. — Los viajeros en- 
tran en el reino de Castilla. — Duermen en el 
robledo de Corpes. — A la mañana quédanse 
solos los infantes con sus mujeres y se prepa- 
ran a maltratarlas. — Ruegos inútiles de doña 
Sol. — Crueldad de los infantes. 

— Decidme, pues, infantes, ¿qué mal os he he- 
cho? Mientras yo os sirvo sin malicia, vosotros 
concertáis *mi muerte. Aquí os abandono como a 
traidores, si doña Elvira y doña Sol me dan su 
permiso, que el renombre de los de Carrión a 
mí no me importa. ¡Quiera Dios, dueño y se- 
ñor del mundo, que el Campeador pueda feli- 
citarse de estas nupcias! 

Dicho esto, vuelve grupas; al pasar por el 
río Jalón, va todavía jugando las armas. Muy 
cuerdo fué en tornarse a Molina. 

Los infantes de "Carrión abandonan el Ansa- 
rera, y andan de día y de noche. A la derecha 
dejan Atienza, la fuerte peña, pasan la sierra de 
Miedes, y pican espuelas por Montes Claros; a 
la izquierda dejan a Griza, la que poblara Ála- 
mos: allí están las cuevas donde tuvo a Elfa 
encerrada. A la derecha, más adelante, está San 
Esteban [de Gormaz]. Ya entran en el robledal 
de Corpes: bosques altísimos, cuyas ramas suben 
hasta las nubes, y rondados por abundantes fie- 



266 

Entrados son los if antes al robredo de Corpes, 
los montes son altos las ramas pujan con las 

[nuoves, 

e las bestias fieras que andan aderredor. 
Fallaron un vergel con una linpia fuont; ^ 
mandan fincar la tienda ifantes de Carrión, 
con quantos que ellos traen i yazen essa nocli, - 
con sus mugieres en bragos demuéstranles amor; 
¡mal gelo cunplieron quando salie el sol! 

Mandaron cargarlas azémilas con averes a 

[nombre, 

cogida han la tienda do albergaron de noch, 
adelant eran idos los de criazón: 
assí lo mandaron ifantes de Carrión, 
que non i fincas ninguno, mugier nin varón, 
si non amas sus mugieres doña Elvira e doña 

[Sol: 

deportar se quieren con ellas a todo su sabor. 

Todos eran idos, ellos quatro solos son, 
tanto mal comidieron ifantes de Carrión: 
"Bien lo creados don Elvira e doña Sol, 
"aquí seredes escarnidas en estos fieros montes, 
"Oy-nos partiremos, e dexádas seredes de nos; 
"non abredes part en tierras de Carrión. 
"Irán aquestos mandados al gid Campeador; 
.•> "nos vengaremos aquesta por la del león." 
^ Allí les tuellen los mantos e los pelligones, 
páranlas en cuerpos y en camisas y en giclato- 

[nes. 

Espuelas tienen calgadas los malos traydores, 
en mano prenden las ginchas fuertes e durado", es. 



267 

ras. Allí encontraron un vergel y una limpia fuen- 
te, y mandaron plantar la tienda. Allí reposa- 
ron esa noche los infantes y sus compañeros. 
Los infantes, con sus mujeres en los brazos, les 
dan muchas muestras de amor. ¡Qué mal lo ha- 
bían de mantener al siguiente día! 

Mandaron cargar las acémilas con los nume- 
rosos fardos, recoger la tienda que los albergara 
aquella noche; y echaron por delante a sus cria- 
dos y familiares; porque han ordenado que no 
se quede nadie con ellos, hombre ni mujer, sino 
sus esposas doña Elvira y doña Sol, con quienes 
desean solazarse sin testigos. 

Todos se han ido ya: los cuatro están solos, ^ 
Allí los infantes de Carrión meditan maldades: 

— Doña Elvira, doña Sol: creedlo. Aquí vais 
a ser escarnecidas en estos ariscos montes. Hoy 
mismo nos marcharemos y os dejaremos aquí 
abandonadas. No: no tendréis vosotras parte en 
la tierra de nuestro condado. Las nuevas llega- 
rán al Cid, y así nos pagará la mala pasada 
del león. 

Quítanles los mantos y pieles, dé jaulas en cuer- 
po con sólo la camisa y el brial. Los negros trai- 
dores llevan las espuelas calzadas, y han echado 
mano a las ásperas cinchas. Cuando esto vieron 
las damas, dice doña Sol: 

— Don Diego, don Fernando: os lo pedimos 
por Dios. Tenéis dos espadas fuertes y tajan- 
tos: a aquélla le llaman Colada; a ésta, Tizona. 
Cortadnos las cabezas: seremos mártires. Moros 



268 

Quando esto vieron las dueñas, fablava doña Sol: 
^'Por Dios vos rogamos, don Díago en don Fer- 

[rando. nos! 
"dos espadas tenedes fuertes e tajadores, 
"al una dizen Colada e al ot^a Tizón, 
"cortandos las cabegas, mártires seremos nos. 
"Moros e cristianos departirán desta razón, 
"que por lo que nos meregemos no lo prende- 

[mos nos. 
"Atan malos enssienplos non fagades sobre nos: 
"si nos fuéremos majadas, abiltaredes a vos; 
"retraer vos lo an en vistas o en cortes." [pro. 
Lo que ruegan las dueñas non les ha ningún 
Essora les conpiegan a dar if antes de Carrión; 
con las ginchas corredizas májanlas tan sin sa- 

[bor; 
con las espuelas agudas, don ellas an mal sabor, 
ronpien las camisas e las carnes a ellas amas a 
linpia salie la sangre sobre los giclatones. [dos: 
Ya lo sienten ellas en los sos coragones. 
¡Quál ventura serie esta, si ploguiese al Criador, 
que assomasse essora el Qid Campeador! 

Tanto las majaron que sin cosimente son; 
sangrientas en las camisas e todos los ciclatones. 
Cansados son de ferir ellos amos a dos, 
ensayandos amos quál dará mejores colpes. 
Ya non pueden fablar don Elvira e doña Sol, 
por muertas las dexaron en el robredo de Cor- 

[pes. 



269 

y cristianos irán diciendo que no lo hemos mere- 
cido nosotras. Pero no cometáis tan gran cruel- 
dad: no nos ultrajéis, que no ganaréis más que 
envileceros, y os lo demandarán en vistas o en 
cortes. 

No , aprovechan a las damas sus ruegos. Los 
infantes de Carrión comienzan a golpearlas. Sin 
compasión descargan sobre ellas las cinchas co- 
rredizas, y las espolean donde más les duela. Así 
les rasgan las camisas y con ellas las carnes; 
escurría, tiñendo los briales, la hermosa sangre. 
Ya muerde el dolor sus corazones. ¡Oh, sin igual 
ventura, si pluguiese al cielo que apareciese de 
pronto el Cid Campeador! 

Tanto las maltratan que yacen desfallecidas, 
ensangrentadas las camisas y paños. Ya se han 
hartado ellos de herirlas, probando -a cuál pega- 
ría mejor. Ya doña Elvira y doña Sol no pue- 
den hablar. Por muertas las dejan en el robledo 
de Corpes. . 



270 



129 



■ Los infantes abandonan a sus mujeres. 
(Serie gemela.) 

Leváronles los mantos e las pieles armiñas, 
mas déxanlas marridas en briales y en camisas, 
e a las aves del monte e a las bestias de la fiera 

[guisa. 
Por muertas las dexaron, sabed, que non por bi- 

[vas. 

] Quál ventura serie si assomas essora el < Cid 

[Roy Díaz! 
130 

Los infantes se alaban de su cobardía. 

liantes de Carrión por muertas las ^exjar« 
que el una al otra nol torna recabdo. W. '' 
yi^or los montes do ivan, ellos ívanse alabando: 
''De nuestros casamientos agora sernos venga- 
ra ^ • \*^' " [dos. 

V.. 

"Non las deviemos tomar por varraganas, si non 

[fossemos rogados, 
"pues nuestras parejas non eran pora en bragos. 
^."La desondra del león assís irá vengado." 

131 

Félez Muñoz sospecha de los infantes. — Vuelve 
atrás en busca de las hijas del Cid. — Las reani- 
ma y las lleva en su caballo a San Esteban de 



271 



129 

Los infantes abandonan a sus mujeres. 
(Serie gemela.) 

Las han despojado de sus mantos y sus pieles 
de armiño; yacen, las tristes, sin más abrigo que 
los briales y las camisas, expuestas miserablemen- 
te a las aves del monte y a la voracidad de las fie- 
ras; por muertas, por muertas, que no por vivas. 
¡Oh, sin igual ventura, si ahora se dejara ver 
€i Cid Ruy Díaz! 

130 

Los infantes se alaban de su cobardía. 

Los infantes de Carrión déjanlas por muertas, 
que ya ni la una ni la otra pueden hablar. Y ellos 
se iban alabando por el camino: 

— Ahora sí que estamos vengados del cara- 
miento. Aun por barraganas no debimos tomar- 
las, ni aun rogados. Para mujeres legítimas, no 
son nuestras pares. Ya vamos vengando la mala 
pasada del león. 



131 

Félez Muñoz sospecha de los infantes. — Vuelve 
atrás en busca de las hijas del Cid. — Las reani- 
tna y las lleva en su caballo a San Esteban de 



h\ 



272 

Gormaz. — Llega al Cid la noticia de su des- 
honra. — Minaya va a San Esteban a recoger 
las dueñas. — Entrevista de Minaya con sus 

prir,ias. 

/ Alabandos ivan ifantes de Carrión. 
Mas yo vos diré d' aquel Félez Muñoz; 
sobrino era del Qid Campeador; 
mandáronle ir delante, mas de so grado non fo. 
En la carrera do iva doliól el coragón, 
de todos los otros aparte se salió, 
en un monte espesso Félez Muñoz se metió, 
fasta que viesse venir sus primas amas a dos 
o que an fecho ifantes de Carrión. 
Víolós venir e odió una razón, 
ellos nol vidien ni dend sabien ragión; 
sabed bien que si ellos le vidiessen, non escapa- 

[ra de muort. 
Vansse los ifantes, aguijan a espolón. 
Por el rastro tornos Félez Muñoz, 
falló sus primas amortecidas amas a dos. 
Llamando: "primas, primas!", luego descavalgó, 
arrendó el cavallo, a ellap adeliñó; 
"Ya primas, las mis primas, don Elvira e doña 
"mal se ensayaron ifantes de Carrión! [Sol, 

"A Dios plega que dent prendan ellos mal ga- 
Valas tornando a ellas amas a dos; [lardón!" 
tanto son de traspuestas que nada dezir non puo- 

[den. 
Partiéronsele las telas de dentro del coragón, 
llamando: "¡Primas, primas, don Elvira e doña 

[Sol! 



273 

Gormaz.—Llega al Cid la noticia de su de^- 
honra.—Minaya va a San Esteban a recoger 
las dueñas.—Entrevista de Minaya con sus 
primas. 

Así se van alabando los infantes. Pero ahora 
quiero deciros de Félix Muñoz, 'el sobrino del Cid. 
Habíanle mandado adelantarse; no lo hizo de 
buena gana. Por la carretera le dio una co- 
razonada, y apartándose de los otros, se mete 
por la espesura de un monte, para acechar fl 
paso de sus primas o ver lo que han hecho los 
mfantes. Viólos venir, les sorprendió algunas pa- 
labras; ellos ni le ven ni le sienten, que de otro 
modo, podéis estar ciertos, no hubiera escapado 
con vida. 

Y mientras se alejan los infantes picando es- 
puelas, Félix Muñoz se ha tornado por el rastro; 
y al fin descubre a sus dos primas, amortecidas'. 

—¡Primas, primas !— grita. Echa pie a tierra, 
ata por la rienda el caballo, corre hacia ellas; 

--¡Ay, primas, primas mías! Doña Elvira, 
doña Sol. íOh, mala proeza hicieron los infantes! 
¡Plegué a Dios que tengan su merecido! 

Las va haciendo volver en sí. Tan desmaya- 
das estaban que no pueden articular palabra. Se 
le desgarra el corazón. 

—¡Primas, primas: doña Elvira, doña Sol^— - 
sigue gritando-. ¡Despertaos, primas, por amor 
de Dios! ¡Despertabs mientras es de día; mirad 
que anochece: no nos vayan a devorar las ñeras 
del monte! 

Mío Cid. ]3 



^74 

»?Despertedes, primas, por amor del Criador! 
"mientras es el día, ante que entre la noch, 
"los ganados fieros non nos coman en aqueste 
Van recordando don Elvira e doña Sol, mont!" 
abrieron los ojos e vieron a Félez Muñoz. 
«Esforgadvos, primas, por amor del Criador! 
"De que non me fallaren ifantes de Carrión, 
"a grant priessa seré buscado yo; 
"si Dios non nos vale, aquí morremos nos." 
Tan a grant duelo fablava doña Sol: 
«sí vos lo meresca, mió primo, nuestro padre el 

[Campeador, 

"dandos del agua, sí vos vala el Criador." 
Con un sombrero que tiene Félez Muñoz, 
nuevo era e fresco, que de Valengial sacó, 
cogió del agua en elle e a sus primas dio; 
mucho son lazradas e amas las fartó. 

Tanto las rogó fata que las assentó. 
Valas conortando e metiendo coragón 
fata que esfuergan, e amas las tomó 
e privado en el cavallo las cavalgó; 
con el so manto a amas las cubrió, [partió, 

el cavallo priso por la rienda e luego dent las 
Todos tres señeros por los robredos de Corpes, 
entre noch e día salieron de los montes; 
a las aguas de Duero ellos arribados son, 
a la torre de don Urraca elle las dexó. 
A San Estevan vino Félez Muñoz, 
falló a Díag Téllez el que de Albar Fáñez fo; 
quando elle lo odió, pesól de coragón; 
priso bestias e vestidos de pro, 



275 

Ya doña Elvira y doña Sol comienzan a reco- 
brarse. Abren los ojos, ven a su lado a Félix 
Muñoz. 

— ¡Esforzaos, primas, por amor de Dios! Los 
infantes de Carrión, en cuanto noten mi ausen- 
cia, me harán buscar por todas partes. Si Dios 
no nos vale, aquí vamos a quedarnos muertos. 

Y al fin doña Sol dice con inmensa amaigura: 

— ¡Ay, primo mío! Así os lo compense nue.jiro 
padre el Campeador, que por amor de Dios nos 
deis agua. 

En un sombrero, nuevo y hermoso, que acababa 
de sapkr de Valencia, Félix Muñoz cogió agu-i y 
dio de beber a sus dos primas. Muy sedientas y 
la&tirnadas están, y hubo de aplacarlas. 

Al ñn, a ruegos, ha logrado que se sienten. Poco 
a poco las va confortando e infundiendo ánimos, 
hasta que, algo recobradas, las carga sobre el 
caballo y pica espuelas. A ambas las cubre con 
su manto, requiere la rienda, y echa a andar. 
Helos solos, por los robledos de Corpes, hasta 
que, entre noche y día, salen del monte. Llegan 
a las aguas del Duero; y Félix Muñoz deja a 
sus primas en la torre de doña Urraca, para 
acercarse a San Esteban [de Gormaz], donde en- 
cuentra a un tal Diego Téllez, hombre que fué 
de Alvar Fáñez. Al saber lo sucedido pesóle 
mucho, tomó consigo bestias y vestiduras adecua- 
das, y fué a recoger a doña Elvira y a doña Sol. 
Después las condujo a San Esteban y alojó y 
sirvió lo mejor que pudo. Los de San Esteban han 



276 

hiva regebir a don Elvira e a doña Sol; 
en San Estevan dentro las metió, 
quanto él mejor puede allí las ondró. 
Los de San Estevan, siempre mesurados son, 
quando sabien esto, pecóles de coragón; 
a lias fijas del Cid danles enffurgión. 
Allí sovieron ellas fatas que sanas son. 
Alabándos sedían ifantes de Carrión. 
Por todas essas tierras estas nuevas sabidas son; 
de cuer pesó esto al buen rey don Alfons. 
Van aquestos mandados a Valengia la mayor; 
quando gelo dizen a mió Cid el Campeador, 
una grand ora penssó e comidió; 

algo la su mano, a la barba se tomó; 

"Grado a Cristus, que del mundo es señor, 

''quando tal ondra me an dada ifantes de Ca- 

' par aquesta barba que nadi non messó, [rrión; 

"non la lograrán ifantes de Carrión; 

"que a mis fijas bien las casaré yo!" 

Pesó a mió Qid e a toda su cort, 

e Albar Fáñez d'alma e de coragón. 
Cavalgó Minaya con Per Vermudoz 

e Martín Antolínez, el Burgalés d^ pro, 

con dozientos cavalleros, quales mió gid mandó; 

dixoles fuertemientre que andidiessen de día e 

[de noch, 

aduxiessen a ssus fijas a Valengia la mayor. 
Non lo detardan el mandado de so señor, 
apriessa cavalgan, andan los días e las noches; 
vinieron a Gormaz, un castiello tan fuo^t, 
hi albergaron por verdad una noch. 



277 

sido siempre buena gente: mucho lamentan el su- 
ceso, y se empeñan en ofrecer a las hijas del 
Cid el tributo de viandas, grano y. vino. Allí per- 
manecieron ellas hasta que no se sintieron resta- 
blecidas. 

En tanto los infantes de Carrión se iban ala- 
bando. Ya las nuevas han corrido por toda la 
tierra. Al buen rey don Alfonso le ha pesado de 
corazón. El mensaje llega a Valencia, y cuando 
lo sabe el Cid Campeador, se estuvo un gran rato 
n^^editando. Al fin, tomándose las barbas, exclama: 

— ¡Alabado sea nuestro señor Jesucristo! 
Cuando tal han hecho los infantes de Carrión, 
por estas barbas que nadie ha mesado nunca, 
que no lograrán deshonrarme, y que aún he de 
casar bien a mis hijas! 

¡Qué aflicción la del Cid y la de toda su corte, 
y la de Alvar Fáñez, a quien pesa de corazón! 

Cabalgó Minaya, con Pero Bermúdez y Martín 
Antolínez, el húrgales de pro, y doscientos caba- 
lleros más que mandara el Cid. Ordenóles impe- 
riosamente caminar de día y de noche y traerle 
su? hijas hasta Valencia. Todos se apresuraron 
a obedecerlo: cabalgaban a toda rienda, andan 
día y noche. Llegan a Gormaz, fuerte castillo, 
donde se albergan una noche. La noticia de que 
Minaya ha venido por sus primas llegó a San JJs- 
teban, donde los buenos varones se aprestan a 
recibirlo con su gente; esa misma noche le ofre- 
cen tributos como vasallos; él, agradeciéndolo 
mucho, nada acepta. 



278 

A Sant Estevan el mandado llegó 
que vinie Minaya por sus primas amas a dos. 
Varones de Sant Estevan, a guisa de muy proes, 
regiben a Minaya e a todos sos varones, 
presentan a Minaya essa noch grant enffurgión; 
non gelo quiso tomar, mas mucho gelo gradió: 
"Gragias, varones de Sant Estevan, que sodes 

[coñosgedores, 
"por aquesta ondra que vos diestes a esto que 

[nos cuntió; 
"mucho vos lo gradege, allá do está, mió Qiá 
"assí lo ffago yo que aquí esto. [Campeador; 
"Affé Dios de los gielos que vos de dent buen 

[galardón!" 
Todos se lo gradegen e sos pagados son, 
adeliñan a posar pora folgar essa noch. 
Minaya va veer sues primas do son, 
en elle fincan los ojos don Elvira e doña Sol: 
"Atanto vos lo gradimos commo si viéssemos al 

[Criador; 
"e vos a él lo gradid, quando bivas somos nos. 
"En los días de vagar, en Valengia la mayor, 
"toda nuestra rencura sabremos contar nos." 

132 

r 

Minaya y sus prwias parten de So-n Esteban. 
El Cid sale a recibirlos. 

Lloravan de los ojos las dueñas e Albar Fáñez, 
e Per Vermudoz otro tanto las ha; 
"Don Elvira e doña Sol, cuydado non ayades, 



279^ 

— Gracias — dice — , gracias, varones de San 
Esteban, hombres de gran prudencia, por el au- 
xilio que nos habéis prestado en la desgracia. 
Nuestro Cid Campeador os lo agradece allá don- 
de está, y yo que aquí estoy lo hago en su nom- 
bre. Dios, que está en los cielos, permitirá que 
os lo recompense." 

Todos quedan muy contentos y satisfechos de 
él, y se retiran a descansar por la noche. Mma- 
ya va a ver a sus primas, doña Elvira y o lona 
Sol, que se arrodillan ante él y dicen: 

— Tanto os lo agradecemos como si viésemos a. 
Dios mismo! Y vos debéis dar gracias a Dios^, 
de hallarnos vivas y salvas. Ya, en ratos perdi-. 
dos, cuando estemos en Valencia, os referiremos 
nuestra degracia. 



132 

Minaya y sus primas parten de San Esteban, 
El Cid sale a recibirlos. 

Las damas y Alvar Fáñez lloraban sin poder 
contenerse. Y también Pero Bermúdez les estaba 
diciendo: 



280 

"quando vos sodes sanas^ e bivas e sin otro mal. 
"Buen casamiento perdíestes, mejor podredes 

[ganar. 
^'Aun veamos el día que vos podamos vengar!" 
Y yazen essa noche, e tan grand, gozo que fazen. 

Otro día mañana pienssan de cavalgar. 
Los de Sant Este van escurriéndolos van 
fata Rio d' amor, dándoles solaz; 
d'allent se espidieron dellos, piénssanse de tor- 
e Minaya con las dueñas iva cabadelant. [nar. 
^ Trogieron Alcogeva, adiestro dexan Gormaz, 
o dizen Bado de Rey, allá ivan passar, 
a la casa de Berlanga posada presa han. 
Otro día mañana métense a andar, 
a qual dizen Medina ivan albergar, 
e de Medina a Molina en otro día van; 
al moro Avengalvón de coragón le plaz, 
saliólos a regebir de buena voluntad, 
por amor de mió Qid rica cena les da. 
Dent pora Valengia adeliñechos van. 

Al que en buen ora nasco llegava el menssaje, 
privado cavalga, a regebirlos sale; 
armas iva teniendo e grant gozo que faze. 
Mió Qiá a sus ñjas ívalas abragar, 
besándolas a amas, tornos de sonrrisar: 
''¿Venides, mis fijas? Dios vos curie de mal! 
"Hyo tomé el casamiento, mas non osé dezir ál. 
"Plega al Criador, que en gielo está, 
"que vos vea mejor casadas, d' aquí en adelant. 
"De míos yernos de Carrión Dios me faga ven- 
Besaron las manos las fijas al padre. [gar!" 



281 

— Doña Elvira y doña Sol, *no paséis cuida- 
dos, puesto que estáis ya sanas y salvas. Habéis 
perdido buen casamiento: mejor lo podréis ganar 
tal vez. ¡Ojalá veamos el día de nuestra ven- 
ganza ! 

Y se pasan allí la noche, todos consolándose y 
contentos de verse. A otro día por la mañana 
emprenden el regreso. Los de San Esteban los 
van acompañando y divirtiendo hasta Río de 
Amor, donde se despiden y vuelven a sus ca- 
sas. Minaya y las damas siguen en ruta. Pa- 
san la Alcoceba, dejan a la derecha Gormaz, 
cruzan por Vadorrey, y toman posada en el pue- 
blo de Berlanga. Otro día siguen caminando, y 
paran en la llamada Medinaceli, y al otro día 
hacen el trecho de Medina a Molina. El moro 
Abengalbón, muy contento, sale a recibirlos y, 
por amor del Cid, les hace dar una cena sucu- 
lenta. Y de allí se van derechos para Valencia. 

Llegan los mensajes al bienhadado, que se apre- 
sara a salir a su encuentro, cabalgando. Iba ju-^ 
gando las armas muy animoso. A.1 ver a sus hi- 
jas, se adelanta para abrazarlas, a ambas las 
besa, se sonríe: 

— ¿Sois vosotras, hijas mías? Dios os guar- 
de de todo mal. Acepté vuestro casamiento, no 
osando contrariarlo. ¡Plegué a Dios que pueda 
veros mejor casadas! ¡Dios me dé venganza de 
mis yernos! 

Las hijas besaron las manos a su padre. Y to- 
dos, jugando las armas, se volvieron a la ciudad. 



282 

Teniendo ivan armas, entráronse a la cibdad; 
grand gozo fizo con ellas doña Ximena su madre. 

El que en buen ora nasco non quiso tardar, 
fablós con los sos en su poridad, 
al rey Alfons de Castiella penssó de enbiar. 

133 

El Cid envía a Muño Gustio?: que pida al rey 
justicia. — Muño halla al rey en Sahagún, y 
le expone su mensaje. — El rey pro'mete repa- 
ración. 

"¿O eres, Muño Gustioz, mip vassallo de pro, 
"en buen ora te crié a tí en la mi cort! 
"Lleves el mandado a Castiella al rey Alfons; 
"por mí bésale la mano d' alma e de coragón, 
" — quomo yo so so vassallo, e elle es mió señor, — 
"desta desondra que me an fecha ifantes de Ca- 

[rrión 
"quel pese al buen rey d' alma e de coragón. 
"Elle casó mies fijas, ca non gelas di yo; 
"quando las han dexadas a grant desonor, 
"si desondra y cabe alguna contra nos, 
"la poca e la grant toda es de mió señor. 
"Míos averes se me an levado, que sobejanos 
"esso me puede pesar con la otra desonor. [son; 
"Adúgamelos a vistas, o a juntas o a cortes, 
"comm.o aya derecho de ifantes de Carrión, 
"ca tan grant es la rencura dentro en mi cora- 
Muño Gustioz, privado cavalgó, [gón." 

con él dos cavalleros quel sirvan a so sabor, 



283 

Gran gozo tuvo al verlas doña Jimena, su madre. 
El que en buen hora nació, sin perder tiempo, 
quiso hablar aparte con los suyos y enviar un 
mensaje al rey don Alfonso de Castilla. . 



133 

El Cid envía a Muño Gustioz que pida al rey '- 
justicia. — Muño habla al Rey en Sahagún, y 
le expone su mensaje. — El rey promete repa- 
ración. 

— ¿Do estás. Muño Gustioz, ilustre vasallo? 
En buen hora te crié en mi corte. Lleva el men- 
saje a Castilla, al rey Alfonso. Bésale la mano 
en mi nombre, de todo corazón, como a su señor 
el vasallo. Y ruega al buen rey que se dé tam^ 
bien por ofendido de la injuria que los infantes 
me han hecho. El, que no yo, casó a mis hijas. 
Y ahora que las han deshonrado, si es que en 
esto cabe deshonra, poca o mucha, como sea, recae 
toda sobre mi señor. Se han llevado muchas ri- 
quezas mías, y ese es nuevo cargo que añadir 
a la ofensa. Cítelos a vistas el rey, a juntas o 
a cortes, para que reclame yo mi derecho contra 
ellos, porque grande es el rencor que me roe el 
alma. 

Muño Gustioz se apresura a cabalgar acompa- 
ñado de dos caballeros que le sirven y de algu- 
nos escuderos criados eñ la casa del Cid. 

Salen de Valencia, andan todo lo más que pue- 



284 

e con él escuderos que son de criazón. 

Salien de Valengia e andan quanto puoden, 
nos dan vagar los días e las noches. 
Al rey don Alfons en San Fagunt lo falló. 
Rey es de Castiella e rey es de León 
e de las Asturias bien a San Salvador, 
fasta dentro en Santi Yaguo de todo es señor, 
ellos comdes gallizanos a él tienen por señor. 
Assí commo descavalga aquel Muño Gustioz, 
omillós a los santos e rogó al Criador; 
adeliñó poral palagio do estava la cort, [ñor. 
con elle dos cavalleros quel aguardan cum a sSfe- 

Assí commo entraron por medio de la cort, 
vídolos el rey e coñosció a Muño Gustioz; 
levantes el rey, tan bien los recibió. 
Delant el rey Alfons los inojos ñncó, 
besábale los piedes aquel Muño Gustioz; [ñor! 
"Merged, rey, de largos reynos a vos dizen se- 
"Los piedes e las manos vos besa el Campeador; 
''elle es vuestro vassallo e vos sodes so señor. 
'■Casastes sus ñjas con ifantes de Carrión, 
"alto fo el casamiento ca lo quisiestes vos! 
"Ya vos sabedes la ondra que es cuntida a nos, 
"quomo nos han abiltados ifantes de Carrión: 
"mal majaron sus fijas del Qiá Campeador; 
"majadas e desnudas a grande desonor, 
"desenperadas las dexaron en el robredo de 

[Corpes, 
"a las bestias fieras e a las aves del mont. 
"Afélas sus fijas en Valengia do son. [a señor, 
"Por esto vos besa las manos, commo vassallo 



285 

den, sin descansar de día ni de noche. Encon- 
traron al rey don Alfonso de Sahagún. Es rey 
de Castilla y de León; y de las Asturias y de 
Oviedo, y hasta de Santiago de Galicia es señor, 
y los condes gallegos le rinden acatamiento. Muño 
Gustioz, desmonta, se humilla a los santos del 
cielo, ruega al Creador, y se dirige al palacio 
donde reside la corte, y con él van los caballeros 
que lo acompañan. 

En cuanto entraren, el rey reconoció a Muño 
Gustioz y, levantándose, lo recibió con honores. 
El otro se arrodilla entonces ante el rey, y be- 
sándole las plantas exclama: 

— Merced, oh rey a quien tantos reinos lla- 
man señor! El Campeador os besa los pies y las 
manos: vuestro vasallo es: sois su señor, bia- 
béis casado a sus hijas con los infantes de Carrión, 
y ellos las han ultrajado miserablemente, aban- 
donándolas desnudas y lamentables en el desam- 
paro del robledo de Corpes, expuestas a las ñeras 
y a las aves del monte. Ya están en Valencia 
sus dos hijas. Así, pues, os besa las manos como 
le cumple, y os pide que traigáis a vistas, juntas 
o cortes a esos infantes: tiénese por afrentado, 
pero mayor es la afrenta para vos; y os pide, 
rey, que, pues lo sabéis todo, le acompañéis en 
este pesar, y que le sea dable reclamar de los de 
Carrión su derecho. 

Gran rato estuvo el rey pensativo. 

— En verdad te digo que me pesa de corazón, 
y que cuanto has dicho, Muño Gustioz, es muy 



286 

"que gelos levedes a vistas, o a juntas o a cortes; 
"tienes por desondrado, mas la vuestra es ma- 

[yor, 
"e que vos pese, rey, commo sodes sabidor; 
"que aya mió Cid derecho de ifantes de Carrión." 
, El rey una grand ora calló e comidió; 
"Verdad te digo yo, que me pesa de coragón, 
"e verdad dizes en esto, tú. Muño Gustioz, 
"ca yo casé sus fijas con ifantes de Carrión; 
"ñzlo por bien, que ffosse a su pro. 
"¡Si quier el casamiento fecho non fosse oy! 
"Entre yo e mió ^id pésanos de coragón. 
"Ayudar le a derecho, sin salve el Criador! 
"Lo que non cuyá'dvsL fer de toda esta sazón, 
"andarán mios porteros' por todo el reyno mió, 
"pora dentro en Toledo pregonarán mié c'ort, 
"que allá me vayan cuemdes e if angones; 
"mandaré commo i vayan ifantes de Carrión, 
"e commo den derecho a mió Qid el Campeador, 
"e que non aya rencura podiéndolo vedar yo. 

134 

El rey convoca corte en Toledo. 

"Dizidle al Campeador, que en buen ora nasco, 
"que destas siet sedmanas adobes con sos vassa- 
-; O "véngam a Toledo, estol do de plazdo. [líos, 

"Por amor de mió Qid esta cort yo fago. 
"Saludádmelos a todos, entrellos aya espagio; 
"desto que les abino aun bien serán ondrados." 
Espidiós Muñoz Gustioz, a mió Qid es tornado. 



287 

cierto: que yo fui quien casó a sus hijas con 
los infantes, pensando que sería para bien y en 
provecho suyo. ¡Ojalá no se hubiera realizado 
el tal casamiento! Comparto de corazón el pesar 
del Cid. Así me valga el Creador, que le he de 
ayudar en derecho. ¡Lejos estaba de imaginarlo! 
Mis mensajeros reales irán por todo el reino, pre- 
gonando que se juntarán las cortes en Toledo, 
adonde tendrán que acudir condes e infanzones. 
Ordenaré a los infantes de Carrión que acudan 
allá a responder en derecho ante el Cid; y de- 
cidle que, mientras yo pueda remediarlo, no pa- 
dezca por nada. 



134 

El rey convoca corte en Toledo. 

— Decidle al Campeador, nacido en buen hora, 
que se prepare para venir a Toledo con sus vasa- 
llos de aquí a siete semanas: éste es el plazo que 
le doy. Por amor del Cid convoco estas cortes 
solemnes. Saludádmelos a todos, y hayan con- 
suelo: que aun de tamaña afrenta saldrán ellos 
enaltecidos. 



288 

Assi commo lo dixo, suyo era el cuy dado: 
non lo detiene por nada Alfons el Castellano^ 
enbía sus cartas pora León e a Santi Yaguo, 
a los portugaleses e a gallizianos, 
e a los de Carrión e a varones castellanos, 
que cort fazie en Toledo aquel rey ondrado, 
a cabo de siet sedmanas que i fossen juntados; 
qui non viniesse a la cort non se toviesse por so 

[vassallo. 
Por todas sus tierras assí lo ivan penssando, 
que non falliesscn de lo que el rey avié mandado. 



185 

Los de Carrión ruegan en vano al rey que desista 
de la corte. — Reúnese la corte. — El Cid llega 
el postrero. El rey sale a su encuentro. 

Ya les va pesando a ifantes de Carrión, 
por que en Toledo el rey fazie cort; 
miedo han que i verná mió Qid el Campeador. 
Prenden so conssejo, assí parientes commo son, 
ruegan al rey que los quite desta cort. 
Dixo el rey: "No lo feré, sin salve Dios! 
"ca i verná mió Qiá el Campeador; 
"darlédes derecho, ca rencura ha de vos. 
"Qui lo fer non quisiesse, o no irá mi cort, 
"quite mió reyno, ca del non he sabor." 
Ya lo vidieron que es a fer ifantes de Carrión, 
prenden conssejo parientes commo son; 
el comde don Gargía en estas nuevas fo, 



289 

Y Muño Gustioz despidióse para volver al lado 
del Cid. 

Y elijo verdad Alfonso el Castellano, que tiene 
aquel cuidado por suyo. Por nada en el mundo 
quiere retardarlo: envía luego cartas a León y a 
Santiago, a los portugueses y a los gallegos, a los 
de Carrión y a los varones castellanos, comuni- 
cándoles que se han de juntar las cortes en To- 
ledo al cabo de siete semanas, y que el que no 
concurra no se tenga por su vasallo. Y por todas 
sus tierras, todos se disponen a obedecer el man- 
dato de su señor. 

135 

Los de Carrión ruegan en vano al rey que desista 

de la corte.—Reúnese la corte.—El Cid llegjL 
el postrero.—m rey sale a su encuentro. 

Los infantes de Carrión están muy cabizba- 
JOS, porque el rey ha convocado unas cortes en 
Toledo: temen que asista el Cid Campeador. Se 
aconsejan de sus parientes, ruegan al rey que les 
permita no asistir. Y dice el rey: 

—¡No lo haré, así me salve Dios! Que tiene 
que asistir el Cid, y habéis de responderle en 
derecho; que está agraviado. Quien no quiera 
hacerlo, o no vaya a la corte, ya puede dejar mi 
remo, y no cuente más con mi favor. 

Ya los infantes de Carrión saben lo aue tienen 
que hacer. Tratan el asunto con sus parientes. 
Tomo cartas el conde García, enemigo del Cid, 
Mío Cid. j^ 



290 

enemigo de mió Cid» ^^^^ ^^^ siemprel buscó, 

aqueste conssejó los ifantes de Carrión. ^ 

Llegava el plazdo, querien ir a la cort; 

en los primeros va el buen rey don Alfons, 

el conide don Anrric y el comde don Remond, 

—aqueste fo padre del buen enperador,— 

el comde don Fróila y el comde don Birbón. 

Foron i de so reyno otros muchos sabidores, 

de toda Castiella todos los mejores. 

El comde don Gargía, el Crespo de Grañón, 

e Alvar Díaz el que Oca mandó, 

e Ansuor Gongálvez e Gongalvo Ansuórez, 

e Per Ansuórez, sabet, allís agertó, 

e Díago e Ferrando i son amos a dos, 

e con ellos grand bando que aduxieron a la cort: 

enbair le cuydan a mió Qiá el Campeador. 

De todas partes allí juntados son. 
Aun non era llegado el que en buen ora nagió, 
por que se tarda el rey non ha sabor. 
Al quinto día venido es mío gid el Campeador; 
Albar Fáñez adelantel enbió, 
que besasse las manos al rey so señor: 
bien lo sopiesse que i serie essa noch. 
Quando lo odió el rey, plógol de coragón; 
con grandes yentes el rey cavalgó 
e iva regebir al que en buen ora nagió. 
Bien aguisado viene el gid con todos los sos, 
buenas conpañas que assí an tal señor. 
Quando lo ovo a ojo el buen rey don Alfons, 
firiós a tierra mío gid el Campeador; 
biltar se quiere e ondrar a so señor. 






291 

que siempre buscaba su mal, y éste aconsejó a 
los infg,ntes. 

Llegaba el plazo; iban todos acudiendo a la cor- 
te. De los primeros fueron el buen rey don Alfon- 
so, el conde don Enrique, el conde don Ramón — pa- 
dre del buen emperador — , el conde don Fruela, 
y también el conde don Birbón. Y de todo el reino 
asistieron muchos otros peritos [en derecho], y 
los principales de Castilla: el conde don García, 
[por otro nombre], el Crespo de Grañón, y Al- 
varo Díaz, el que mandó en Oca, y Asur Gon- 
zález y Gonzalo Ansúrez y Pedro Ansúrez, y en 
fin, Diego y Fernando, que traían consigo, a la 
corte, numeroso partido: se proponían maltratar 
al Cid Campeador. 

De todas partes acuden los caballeros. Aún no 
había llegado el que nació en buen hora, y 
su tardanza tenía malhumorado al rey. Al quin- 
to día, por ñn, se presenta el Cid, habiendo en- 
viado por delante a Alvar Fáñez a besar las ma- 
nos al rey y a anunciarle su llegada para esa 
noche. Alegróse el rey de la noticia, y cabalgó 
con mucho séquito para recibir al bienhadado. 
El Cid y los suyos venían muy bien ataviados: 
la compañía era digna de tal señor. En cuanto 
divisara al rey don Alfonso, el Cid desmontó y 
vino a humillarse ante él y a honrarlo. Y el rey 
dice al punto: 

— ¡Oh, no, por San Isidoro, no lo hagáis! Mon- 
tad a caballo. Cid, que me disgustaríais de otro 
modo, y así nos besaremos con toda el alma. Lo 



292 

Quando lo vi do el rey, por nada non tardó; 
"¡Par sant Esidre, verdad non será oy! 
"Cavalgad, Q\á; si non, non avría dend sabor; 
Aw "i O "saludar nos hemos d' alma e de coragón. 

"De lo que a vos pesa a mí duele el coragón; 
"Dios lo mande que por vos se ondre oy la cort!" 
—"Amén", dijo mió Cid, el buen Campeador; 
besóle la mano e después le saludó; 
"Gradóla Dios, quando vos veo, señor. 
"Omíllom a vos e al comde do Remond 
"e al comde don Arrie e a quantos que i son; 
"Dios salve a nuestros amigos e a vos más, se- 

[ñorí 

"Mi mugier doña Ximena, —dueña es de pro, — 
"bésavos las manos, e mis fijas amas a dos, 
"desto que nos abino que vos pese, señor." 
Respondió el rey: "sí fago, sin salve Dios!" 

136 

El Cid no entra en Toledo. Celebra vigilia 
en San Servando. 

Pora Toledo el rey tornada da; 
cssa noch mió Cid Tajo non quiso passar: 
/ ■ "Merged, ya rey, sí el Criador vos salve! 
"Penssad, señor, de entrar en la cibdad, 
"e yo con los mios posaré a San Servan: 
"las mis compañas esta noche llegarán. 
"Terne vigilia en aqueste santo logar; 
"eras mañana entraré a la gibdad, : 

"e iré a la cort enantes de yantar." 



i 



293 

que a vos os pesa, a mí me duele. Quiera Dios que 
hoy se honre la corte haciéndoos justicia. 

— -Amén — dijo nuestro buen Campeador. Bésele 
la mano y después la boca: 

— Loado sea Dios, que puedo veros, señor. ÍIu- 
míllome a vos, y al conde don Ramón, y al conde 
don Enrique y a cuantos están aquí. Guarde Dios 
a nuestros amigos, y a vos sobre todo. Mi mujer, 
doña Jimena, dama ilustre, os besa las manos, y 
entrambas mis hijas, para pediros que compar- 
táis nuestra afrenta, señor. 

Y respondió el rey: 

— Por Dios, que así lo hago. 



* 136 

El Cid no eritra en Toledo. Celebra vigilia 
en San Servando. 

El rey regresó a Toledo, pero esa noche el Oíd 
se negó a pasar el Tajo: 

— ¡Merced, oh rey, así os guarde Dios! Id vos 
a la ciudad, señor, que yo con los míos me que- 
daré en San Servando. Mis compañías se me 
juntarán esta noche, yo velaré en este santo lu- 
gar, y por la mañana entraré en Toledo; antes 
de comer iré a la corte. 

— Bien está — dijo el rey. 



294 

Dixo el rey: "plazme de voluntad;" 

El rey don Alfons a Toledo va entrar, 
mió gid Roy Díaz en Sant Servan posar. 
Mandó fazer candelas e poner en el altar; 
sabor a de velar en essa santidad, 
al Criador rogando e fablando en poridad. 
Entre Minaya e los buenos que i ha 
acordados foron, quando vino la man. 

137 

Preparación del Cid en San Servando para ir a 
la corte. — El Cid va a Toledo y entra en la 
corte. El rey le ofrece asiento en su escaño. 
El Cid rehusa. — El rey abr^, la sesión. — Pro- 
clama la paz entre los litigantes. — El Cid ex- 
pone su demanda. Reclama Colada y Tizón. 
Los de Carrión entregan las espadas. El Cid 
las da a Pedro Vermúdez y a Martín Antoli- 
^^ez. — Segunda demanda del Cid. El ajuar de 
sus hijas. — Los infantes hallan dificultad para 
el pago. 

Matines e prima dixieron faza los albores, 
suelta fo la missa antes que saliesse el sol, 
e ssu ofrenda han fecha muy buena e a sazón. 
"Vos Minaya Albar Fáñez, el mió brago mejor, 
"vos iredes comigo e obispo don Jerome 
"e Per Vermudoz aqueste Muño Gustioz 
"c Martín Antolínez, el Burgalés de pro, 
"c Albar Albaroz e Albar Salvadórez 
"e Martín Muñoz, que en buen punto nagió, 



< 



295 

Y el rey entra en Toledo, mientras el Cid Ruy- 
Díaz posa en San Servando. Mandó encender lu- 
ces e iluminar el altar: quiere velar en aquel 
sitio tan santo, para orar y hablar a solas con 
Dios. Tanto Minaya como los demás hombres 
buenos que le acompañan, ya están preparados 
a la mañana siguiente. 



137 



Preparación del Cid en San Servando para ir a 
la corte. — El Cid va a Toledo y entra en la 
corte. El rey le ofrece asiento en su escaño. 
El Cid rehusa. — El rey abre la sesión. — Pro- 
clama de paz entre los litigantes. — El Cid ex- 
pone su detnanda. Reclama Colada y Tizón. 
Los de Carrión entregan las espadas. El Cid 
las da a Pedro Bemiúdez y a Martin Antoli- 
nez. — Segunda demanda de^ Cid. El ajuar de 
sus hijas. — Los infantes hallan dificultad para 
el pago. 

Hacia el am.anecer, dijeron los maitines y pri- 
ma, y acabó la misa antes que el sol saliera. Ya 
han hecho su valiosa ofrenda los del Cid. 

— Vos, Minaya Alvar Fáñez, mi mejor bra- 
zo, iréis conmigo en compañía del obispo don 
Jerónimo y de Pero Bermúdez, Muño Gustióz, 
Martín Antolínez, el claro húrgales; Alvar Al- 



296 

"e mió sobrino Félez Muñoz; 
"comigo irá Mal Anda, que es bien sabidor, 
"c Galind Gargiez, el bueno d' Aragón; [i son. 
"con estos cúnplansse giento de los buenos que 
"Velmezes vestidos por sufrir las guarnizones, 
"de suso las lorigas tan blancas como el sol; 
"sobre las lorigas armiños e pelligones, 
"e que no parescan las armas, bien presos los 

[cordones; 
"so los mantos las espadas dulges e tajadores; 
"d' aquesta guisa quiero ir a la cort, 
"por demandar mios derechos e dezir mié razón. 
"Si desobra buscaren ifantes de Carrión, 
"do tales giento tovier, bien seré sin pavor." 
Respondieron todos: "nos esso queremos, señor." 
Assí commo lo ha dicho, todos adobados son. 

Nos detiene por nada el que en buen ora nagió: 
caigas de buen paño en sus camas metió, 
sobrellas unos gapatos que a grant huebra son. 
Vistió camisa de rangal tan blanca commo el sol, 
con oro e con plata todas las presas son, 
al puño bien están, ca él se lo mandó; 
sobrella un brial primo de giclatón, 
obrado es con oro, paregen por o son. 
Sob resto una piel verme ja, las bandas d' oro son, 
siempre la viste mió Cid el Campeador. 
Una cofia sobre los pelos d' un escarín de pro, 
con oro es obrada, fecha por razón, [peador; 
que nol cotalassen los pelos al buen ^id Cam- 
la barba avie luenga e prísola con el cordón, 
por tal lo faze esto que recabdar quiere todo lo so. 



297 

varoz, Alvaro Salvadórez, Martín Muñoz — que 
nació en buen punto — y mi sobrino Feliz Muñoz. 
Vendrá conmigo Mal Anda, el perito, y Galindo 
García, el bueno de Aragón. Y, además, complé- 
tense hasta ciento de los buenos caballeros que 
me acompañan. Vístanse las túnicas acolchadas 
para poder soportar las armaduras; pónganse 
encima las lorigas brillantes como el sol, y sobre 
éstas, los armiños y pellizos; y apretad bien ^os 
cordones para que no se vean las armas. Bajo 
los mantos lleven las espadas flexibles y tajantes. 
Así quiero presentarme en la corte a pedir jus- 
ticia. Y si los infantes de Carrión me buscan ca- 
morra, bien confiado voy con este ciento de ca- 
balleros. 

• — Así sea, señor — dijeron todos. 

Y se preparan de conformidad con sus deseos. 

El que nació en buen hora se puso unas 
calzas de paño y unos zapatos primorosamente 
labrados, una camisa de hilo tan blanca como 
el sol — de oro y plata los broches — , y que cae 
muy bien sobre los puños; sobre ella un brial pre- 
cioso de brocado, cuyas labores de oro relumbran 
por todas partes; encima una piel bermeja con 
franjas de oro que acostumbra a llevar. En la 
cabeza se pone una cofia de finísima tela, urdida 
de oro, para que nadie le tire de los cabellos; 
y la barba, que tenía muy larga, también la re- 
coge con un cordón, porque quiere prevenirlo todo. 
Encima, echóse un manto de gran valor, que 
admiraban cuantos veían. 



298 

De suso cubrió un manto que es de grant valor, 
en elle abríen que veer quantos que i son. 

Con aquestos giento que adobar mandó, 
apriessa cavalga, de San Servan salió; 
assí iva mió ^id adobado a lia cort. 

Ala puerta de fuera descavalga a sabor; 
cuerdamientra entra mió Qid con todos los sos: 
elle va en medio, elos giento aderredor. v 

Quando lo vieron entrar al que en buen ora na- 
levantós en pie el buen rey don Alfons [gió, 

e el comde don Anrric e el comde don Remont 
e desí adelant, sabet, todos los otros de la cort: 
a grant ondra lo regiben al que en buen ora na- 
Nos quiso levantar el Crespo de Grañón, [ció. 
nin todos los del bando de ifantes de Carrión. 

El rey a mió ^id: a las manos le tomó: 
"Venid acá seer comigo, Campeador, 
''en aqueste escaño quem diestes vos en don; 
"maguer que algunos pesa, mejor sodes que nos." 
Essora dixo muchas mergedes el que Valengia 

[gañó : 
"seed en vuestro escaño commo rey e señor; 
"acá posaré con todos aquestos mios." 
Lo que dixo el ^id al rey plogo de coragón. 
En un escaño torniño essora mió Qiá posó, 
los giento quel aguardan posan aderredor. 
Catando están a mió ^id quantos ha en la cort, 
a la barba que avié luenga e presa con el cordón; 
en sos aguisamientos bien semeja varón, [rrión. 
Mol pueden catar de vergüenga ifantes de Ca- 

Essora se levó en pie el buen rey don Alfons; 



299 

Y con sus cien hombres preparados, sale ca- 
balgando de San Servan. Con tantas precaucio- 
nes y arreos iba a la corte. 

Desmonta en la puerta exterior, y entra gra- 
vemente acompañado de su séquito: él en medio^ 
y sus cien hombres rodeándole. Cuando vieron 
entrar al que nació en buen hora, el rey se 
pone de pie, y también el conde don Enrique, y 
el conde don Ramón y cuantos hay en la corte. 
Con grandes honras lo reciben. Pero no quisie- 
ron levantarse García Ordóñez (el Crespo de Gra- 
ñón), ni los demás del bando de los infantes. 

El rey tomó al" Cid por las manos: 

— Venid, Campeador: sentaos a mi lado, en 
este escaño que vos mismo me regailasteis. Aun- 
que a algunos pese, valéis mucho más que nos- 
otros. 

El que ganó a Valencia dijo entonces palabras 
de gratitud: 

— Seguid ocupando vuestro escaño, como co- 
rresponde al rey y señor. Yo me sentaré acá con 
los mJos. 

Aceptólo el rey, y el Cid fué a sentarse en un 
escaño torneado, siempre rodeándole sus cien ca- 
balleros. Todos los que asisten a la corte le esta- 
ban, en tanto, contemplando, y le miraban aque- 
llas largas barbas recogidas en el cordón. Sí: 
aquél era todo un varón en las obras y en la 
apariencia. Los infantes de Carrión no ce atre- 
vían a mirarlo, avergonzados. 

Entonces el rey Alfonso, levantándose, dijo: 



300 

"Oíd, mesnadas, sí vos vala el Criador! 
"Yo, de que fu rey, non fiz mas de dos cortes: 
"la una f o en Burgos, e la otra en Carrión, 
''esta tergera a Toledo la vin fer oy, 
"por el amor de mío Qiá el que en buen ora na- 
"que regiba derecho de ifantes de Carrión. [gió, 
"Grande tuerto le han tenido, sabémoslo todos 

[nos; 
"alcaldes sean desto comde don Anrric e comde 

[don Remond 
"o estos otros comdes que del vando non sodes. 
"Todos meted i mientes, ca sodes coñoscedores, 
"por escoger el derecho, ca tuerto non mando yo. 
"Della e della part en paz seamos oy. 
"Juro par sant Esidre, el que bolviere mi cort 
"quitar me a el reyno, perderá mi amor. 
"Con el que toviere derecho yo dessa parte me so. 
"Agora demande mío ^id el Campeador: 
"sabremos qué responden ifantes de Carrión." 
Mío Qid la mano beso al rey e en pie se le- 

[vantó; 
"Mucho vos lo gradesco commo a rey e a señor, 
"por quanto esta cort fiziestes por mi amor. 
"Esto les demando a ifantes de Carrión: 
"por mis fijas quem dexaron yo non he desonor, 
"ca vos las casastes, rey, sabredes qué fer oy; 
"mas quando sacaron mis fijas de Valengia la 

[mayor, 
"yo bien los quería d' alma e de coragón, 
"diles dos espadas a Colada e a Tizón 
" — estas yo las gané a guisa de varón, — 



301 

— Oid, mesnada; así os guarde Dios. Yo, des- 
de que soy rey, sólo he convocado dos cortes: una 
en Burgos, otra en Carrión, y ésta de Toledo es 
la tercera, convocada por amor del Cid, que na- 
ció en buen hora, a fin de que pida justicia a 
ios infantes de Carrión. Ya sabemos todos el gra- 
ve ultraje que le han hecho. Sean jueces de ello 
el conde don Enrique y el conde don Ramón, y 
los demás que no son del bando. Meditad todos 
el caso, pues lo conocéis, y decidid lo que sea 
justicia, porque yo no mando hacer injusticias. 

V mantengámonos en paz de una y otra parte. 

Y juro por San Isidoro que el que armare camo- 
rra en mi corte perderá el reino y todo mi favor. 
Yo estaré con el que tenga derecho. Y ahora de- 
mande el Cid Campeador, y después sabremos lo 
que los infantes alegan. 

El Cid besa al rey la mano y se pone de pie: 
— Mi rey y señor: mucho os agradezco que 
por mí hayáis convocado esta corte. Y he aquí 
lo que demar^do cr-ntra los infantes de Carrión: 
el que mis hijas me hubieran dejado no me des- 
honra; porque vos las casasteis, rey, y hoy ve- 
réis lo que se ha de hacer. Pero cuando ellos se 
iban de Valencia la mayor llevándose consigo 
a mis hijas, contaban con toda mi voluntad y ca- 
riño; entonces les di dos espadas: Colada y Ti- 
zona — yo las había ganado muy a lo varón — , para 
que con ellas ilustrasen su nombre y os sirvie- 
sen. Cuando abandonaron a mis hijas en el ro- 
bledo de Corpes, puesto que nada mío querían, 



802 

'y "cjues ondrassen con ellas e sirviessen a vos; 

''quanclo dexaron mis fijas en el robredo de Cor- 

[pes, 
"comigo non quisieron aver nada e perdieron mi 

[amorj 
^'denme mis espadas quando mios yernos non 

[son." 
Atorgan los alcaldes: "tod esto es razón." 
Dixo comde don Gargía: "a esto fablemos nos." 
Essora salién aparte if antes de Carrión, 
con todos sos parientes y el bando que i son; 
apriessa lo ivan trayendo e acuerdan la razón: 
^'Aun grand amor nos faze el ^id Campeador, 
"quando desondra de sus ñjas no nos demanda 

[oy; 
"bien nos abendremos con el rey don Alfons. 
"Démosle sus espadas, quando assí finca la boz, 
"e quando las toviere, partir se a la cort; 
"ya mas non avrá derecho de nos el Qiá Can- 
Con aquesta fabla tornaron a la cort; [peador." 
''Merged, ya rey don Alfons, sodes nuestro señor? 
"No lo podemos negar, ca dos espadas nos dio; 
"quando las demanda e dellas ha sabor, 
"dárgelas queremos delant estando vos." 

^.1 '-S Sacaron las espadas Colada e Tizón, 
pusiéronlas en mano del rey so señor; 
sacan las espadas e relumbra toda la cort, 
las magañas e los arriazes todos d' oro son; 
maravíllanse dellas los omnes buenos de la cort. 
A mió Qiá llamó el rey las espadas le dio; 

^ > rcgibió las espadas, las manos le besó, 



303 

perdieron todo mi amor. Y puesto que no son 
ya mis yernos, devuélvanme mis espadas. 

Y los jueces sentenciaron: 

— Eso está muy puesto en razón. 

Y dijo el conde don García: 

— Hablemos ahora nosotros. -^ 

Y saliendo aparte con los infantes de Carrión, 
los demás parientes y todos los del bando, tra- 
taron a toda prisa de concertar la respuesta: 

— Lo cierto es que el Cid Campeador nos "f^a- 
vorece con no pedirnos cuenta de la deshonra de 
sus hijas. Acaso, mediando el rey don Alfonso, 
podremos arreglarnos. Démosle sus espadas, pues- 
to que aquí para su demanda; y, cuando las 
haya recibido, se marchará, y en paz: se acabó 
la acción de derecho que el Cid Compeador pu- 
diere tener sobre nosotros. 

Y dicho esto, vuelven a la corte. 

— ¡Merced, rey don Alfonso, señor nuestro! No 
lo podemos negar: nos dio dos espadas, y puesto 
que las desea y las pide, queremos devilvérse- 
las, vos delante. 

Sacaron las espadas Colada 'y Tizona, y las 
pusieron en manos de su señor rey. Al desenvai- 
narlas, toda la corte relumbra: los pomos y los 
gavilanes son de oro puro. Los hombres buenos 
de la corte quedan maravillados. El rey llama al 
Cid, le entrega las espadas; las recibe éste, le 
besa las manos, vuelve al escaño. En sus manos 
tiene las espadas, las contempla: no pueden 
habérselas cambiado, que él las conoce bien. Todo 



304 

tornos al escaño dont se levantó. 
En las manos las tiene e amas las cató; [nosge; 
nos' las pueden camear, ca el Qiá bien las con- 
alegrósle tod el cuerpo, sonrrisós de corazón, 
algava la mano, a la barba se tomó; 
"par aquesta barba que nadi non messó, 
"assís irán vengando don Elvira e doña Sol." 
A so sobrino don Pero por nómbrel llamó, 
tendió el brago, la espada Tizón le dló; 
"Prendetla, sobrino ca mejora en señor." 
A Martín Antolínez, el Burgalés de pro, 
tendió el brago, el espada Coládal dio; 
"Martín Antolínez, mió vassallo de pro, 
"prended a Colada, ganóla de buen señor, 
"de Remont Verenguel de Bargilona la mayor. 
^'Por esso vos la do que lá bien curiedes vos. 
"Sé que si vos acaegiere o viniere sazón, 
"con ella ganaredes grand prez e grand valor." 
Besóle la mano, el espada regibió. 
. Luego se levantó mió ^id el Campeador; 
"Grado al Criador e a vos, rey señor! 
"ya pagado so de mis espadas, de Colada e de 
"Otra rencura he de if antes de Carrión: [Tizón, 
"quando sacaron de Valengia mis fijas amas a 

[dos, 
"en oro e en plata tres mili marcos les dio; 
"yo faziendo esto, ellos acabaron lo so; [son." 
"denme mios averes, quando mios yernos non 
Aquí veriedes quexarse if antes de Carrión! 
Dize el comde don Remond: "dezid de ssí o de 
Essora responden if antes de Carrión: [no." 



^305 

el cuerpo se le alegra y parece que se le ríe el 
corazón. Tomándose entonces las barbas, dice: 

— Por estas barbas, que nadie ha mesado to- 
davía, así iremos vengando a doña Elvira y a 
doña Sol. 

Llamó por su nombre a su sobrino don Pedro 
y, alargando el brazo, le entregó la espada Ti- 
zona: 

^Tomadla, sobrino, que mejora de dueño. 

A Martín Antolínez, el burgalés de pro, le en- 
trega con la otra mano a Colada: 

— Martín Antolínez, vasallo ilustre: tomad a 
Colada; la he ganado de noble dueño: Ramón Be- 
renguer, de Barcelona. Os la doy, por eso, coíí 
encargo de cuidarla mucho. Bien sé yo que, si se 
ofrece el caso, la honraréis con vuestro valor. 

Besóle el otro la mano, recibió la espada. 

Después de lo cual, el Cid Campeador volvió 
a levantarse: 

— ¡Gracias a Dios, y a vos, mi rey y señor! 
Ya estoy pagado en cuanto a mis espadas Colada 
y Tizona. Pero todavía tengo otro cargo contra 
los infantes de Carrión. Cuando sacaron de Va- 
lencia a mis hijas, entregúeles tres mil marcos 
en oro y plata. Esto hice yo, y ellos perpetraron 
lo que sabéis. Denme, denme mis dineros, puesto 
que ya no son mis yernos. 

¡Ay! ¡Vierais las quejas que hacían los inTan- 
tes de Carrión! 

El condtp don Ramón les exige: 

— ¡Ea, pues! Responded: sí o no. 

MÍO Cid. 20 



306 

*''^Por essol diemos sus espadas al ^id Campea 

[dor, 
''que ál no nos demandasse, que aquí fincó ]a 
Allí les respondió el comde do Remond: [boz." 
■">?! ploguiere al rey, assí dezimos nos: 
''a lo que demanda el (^id quel recudades vos." 
DJxo el buen rey: *'assí lo otorgo yo." 
Levantós en pie el Qiá Campeador; 
"Destos averes que vos di yo, 
"si me los dades, o dedes dello razón." 

Essora sallen aparte if antes de Carrión; 
iion acuerdan en conssejo, ca los averes grandes 
espesos los han if antes de Carrión. [son: 

Tornan con el conssejo e fablavan a sso cabor: 
**'Mucho nos afinca el que Valengia gañó, 
''quando de nuestros averes, assíl prende sabor; 
"pagar le hemos de heredades en tierras de Ca- 

[rrión." 
Dixieron los alcaldes quando m.anf estados son: 
"Si esso ploguiere al Cid, non gelo vedamos nos; 
"mas en nuestro juvizio assí lo mandamos nos, 
"cjue aquí lo enterguedes dentro en la cort." 

A estas palabras fabló rey don Alfons: 
"Nos bien la sabemos, aquesta razón, 
"que derecho demanda el Qid Campeador. 
"Destos tres mil marcos los dozientos tengo yo; 
"entramos me los dieron ifantes de Carrión. 
"Tornárgelos quiero, ca tan desfechos son, 
"entergucn a mió Qid el que en buen ora nac^ió; 
"quando ellos los an de pechar, non gelos quiero 

Ferrand Gongálvez odredes qué fabló: [yo." 



y 



I 



307 

Y los infantes: 

— Si le dimos al Cid Campeador sus espadas, 
fué para que no pidiera más: que en eso paró su 
demanda. 
., Y el conde don Ramón les objeta: 

— Con licencia del rey, he aquí lo que decre- 
tamos: dad satisfacción a la demanda del Cid. 

Y el buen rey: 

— Yo así lo otorgo. 

Levantóse aún el Cid Campeador: 

— Decid, pues, si me devolveréis estos dineros, 
que os di, o me daréis razón de ellos. 

Se apartan otra vez los infantes, pero no hallan 
la salida porque es muy cuantiosa la suma y 
ya la han gastado íntegra. Vuelven entonces al, 
consejo, y hablan lo que primero se les ocurre: 

— 'Mucho nos pprieta el que ganó a Valencia. 
Pues tanta codicia tiene de nuestros bienes, le 
pagaremos sobre nuestras heredades de Carrión. 

Cuando así reconocieron su deuda, dicen los 
jueces: 

— Si eso le conviene al Cid, no se lo vedamos; 
pero, a nuestro parecer, he aquí lo que decreta- 
mos: que aquí mismo, dentro de la corte, le en- 
treguéis esa suma. 

A estas palabras intervino el rey don Alfonso: 

— Bien sabemos el derecho que asiste al Cid 
Campeador. De estos tres mil marcos, yo he re- 
cibido doscientos de manos de los mismos infan- 
tes [como regalo del marido al padrino]. Pero 
ahora quiero devolvérselos, pues están tan arrui- 



808 

"a veres monedados non tenemos nos."* 
Luego respondió el comde don Remond: 
"el oro e la plata espendiésteslos vos; 
''por juvizio lo damos antel rey don Alfons: 
páguenle en apregiadura e préndalo el Campea- 

[dor."" 
Ya vieron que es a fer ifantes de Carrión. 
Veriedes aduzir tanto cavallo corredor, 
tanta gruessa muía, tanto palafré de sazón, 
tanta buena espada con toda guarnizón; 
recibiólo mió Qid commo aprev;iaron en la cort. 
Sobre los dozientos marcos que tenia el rey Al- 

[fons 
pagaron los ifantes al que en buen ora nació; 
enpréstanles de lo ageno, que non les cumple lo» 
Mal escapan jogados, sabed, desta razón. [so^ 



138 

Acabada su demanda civil, el Cid propone el reto^ 

Estas apregiaduras mió Qid presas las ha, 
sos omnes las tienen e dellas penssarán. [d'ál. 
Mas quando esto ovo acabado, penssaron luega 

"Merced, ya rey señor, por amor de caridad! 
"La rencura mayor non se me puede olbidar. 
"Oídme toda la cort e pésevos de mió mal; 
"ifantes de Carrión, quem desondraron tan mal, 
"a menos de riebtos no los puedo dexar. 



809 

mados, para que los entreguen al Cid, el que nació 
«en buen hora. Ya que ellos tienen que devolver 
sus arras, yo no quiero las mías. 

Y- oíd aquí lo que habló Fernán González: 

— Dinero acuñado, no lo tenemos. 

Y respondió el conde don Ramón: 

— Gastasteis, pues, el oro y la plata. He aquí 
la sentencia que damos ante el rey don Alfonso: 
pagad en especie, y tómelo el Campeador. 

Los infantes de Carrión comprenden que no les 
queda más recurso que obedecer. E hicieron traer 
multitud de corredores caballos, robustas muías, 
hermosos palafrenes, preciosas espadas de guar- 
nición. Los de la corte lo valoraron, y el Cid lo 
recibió. Sobre los doscientos marcos que tenía el 
rey Alfonso, los infantes pagaron al que en buen 
hora había nacido, y como no les basta lo suyo, 
préstanles de lo ajeno. De esta vez la sentencia 
les' ha dejado muy mal parados. 

138 
Acabada su demanda civil, el Cid propone el reto. 

El Cid ha tom.ado ya el pago que le han hecho 
en especie, y ya está todo bajo la custodia de sus 
hombres. Pero cuando acabaron con esto, aún 
faltaba otra cosa: 

— ¡Merced, rey y señor, por amor y caridad! 
No puedo echar en olvido el mayor cargo. Óiga- 
me toda la corte, y compartan todos mi furor. 
A los infantes de Carrión, que tanto me han ul- 
trajado, yo no puedo menos de retarlos. 



810 



139 

Inculpa de menos-valer a los infantes. 

"Dezid ¿ qué vos merecí, ifantes de Carrión, 
"en juego o en vero o en alguna razón ? 
"aquí lo mejoraré a juvizio de la cort. 
"¿A quém descubriestes las telas del coragón? 
"A la salida de Valengia mis fijas vos di yo, 
"con muy grand ondra e averes a nombre; 
"quando las non queriedes, ya canes traidores, 
"¿por qué las sacávades de Valencia sus hono- 

[res? 
"¿A qué las firiestes a ginchas e a espolones? 
"Solas las dexastes en el robredo de Corpes, 
"a las bestias fieras e a las aves del mont. 
"Por quanto les fiziestes menos valedes vos. 
"Si non recudedes, véalo esta cort." 

140 

Altercado entre Garci Ordóñez y el Cid. 

El cf mde don Gargía en pie se levantava; 
"Merged, ya rey, el mejor de toda España! 
"Vezós mió Q\á a lias cortes pregonadas; 
"dexóla creger e luenga trae la barba; 
"los unos le han miedo e los otros espanta. 
"Los de Carrión son de natura tan alta, [ganas, 
"non gelas devién querer sus fijas por varra- 
"¿0 quien gelas diera por parejas e por veladas? 
"Derecho fizieron porque las han dexadas. 



31i 



139 
Inculpa de menos-valer a los infantes. 

— Decid, pues, infantes de Carrión, ¿qué daño 
os he hecho yo jamás, lea en burlas o en veras 
o en ninguna forma? Aquí, a juicio de la corte, 
tenfeiiios que repararlo. ¿Por qué me desgarras- 
teis las telas del corazón? A la salida de Valen- 
cia yo os entregué a mis hijas, con mucha honra 
y numerosas riquezas. ¡Ea, pues, canes traido- 
res! ¿Por qué si no las queríais las sacabais de 
Valencia y sus regalos? ¿Por qué las golpeasteis 
con cinchas y con espuelas? Desamparadas as 
dejasteis en el robledo de Corpes, expuestas a la 
voracidad de las fieras y las aves montaraces. 
¡Oh cuánto, cuánto os habéis infamado y valéis 
menos! Si no dais aquí satisfacción, juzgúelo esta 
corte. 

140 

Altercado entre Garci Ordóñez y el Cid. 

El conde don García se ha puesto en pie. Oigá- 
mosle: 

— ¡Oh, rey, el mejor de toda España, me?-ced! 
Avezóse el Cid para estas cortes solemnes: de- 
jóse crecer las barbas y así las trae de largas: 
a unos pone miedo, a otros espanta. De muy alta 
sangre son los infantes de Carrión, que ni para 
barraganas les servían las hijas del Cid. ¿Quién, 
pues, se las dio por mujeres legítimas y pare- 



312 

"Quanto él dize non gelo pregiamos nada." 
Essora el Campeador prísos a la barba; 
''Grado a Dios que gielo e tierra manda! 
"por esso es luenga que a deligio fo criada. 
"¿Qué avedes vos, comde, por retraer la mi 

[barbar 
"ca de quando nasco, a deligio fo criada; 
.; : "ca non me priso a ella, fijo de mugier nada, 
"nimbla messó fijo de moro nin de cristiana, 
"commo yo a vos, comde, en el castiello de Ca- 

[bra. 
guando pris a Cabra, e a vos por la barba, 
"non i ovo rapaz que non messó su pulgada; 
y .' "la que yo messé aun non es eguada, 

^'ca yo la trayo aquí en mi bolsa algada." 

141 

Fernando rechaza la tacha de menos-valer. 

Ferrán Gongálvez en pie se levantó, 
a altas vozes odredes qué fabló: 
""Dexássedesvos, Qiá de aquesta razón; 
"de vuestros averes de todos pagado ssodes. 
/ ""Non creciés varaja entre nos e vos. 

"De natura somos de comdes de Carrión: 
"deviemos casar con fijas üe reyes o de^ cnpera- 
"ca non pertenegien fijas de ifangones. [dores, 
"Por que las dexamos derecho fiziemos nos; 
\0 '- "más nos pregiamos, sabet, que menos no." 



313 
jas? Si las han dejado, han obrado conforme a 
su derecho. No nos importa lo que alegue. 

Entonces dijo el Campeador, llevándose la mano 
a las barbas: 

— I Oh, loado sea el seíior Dios que manda en 
los cielos y la tierra! Si ésta es larga, es porque 
fué criada con regalo: ¿qué tenéis vos, conde, 
que achacarle a mi barba? Desde que nació fué 
criada con regalo. Que nunca me la ha mesado 
hijo de mujer, moro ni cristiano, como yo a vos, 
conde, en aquel castillo de Cabra. Cuando tomé 
a Cabra, y también a vos por las barbas, no hubo 
rapaz que no mesara su pulgarada. La que yo os 
arranqué todavía no se os empareja, que aquí la 
traigo alzada en mi bolsa. 

141 

Fernando rechaza la tacha de menos-valer. 

Fernán González, de pie, dice con descompues- 
tas voces lo que vais a oír. 

—Dejaos de eso. Cid. Ya os hemos pagado 
vuestro dinero. No crezca el pleito entre nos- 
otros. Sangre tenemos de condes cfé Carrión: con 
hijas de reyes o emperadores podemos casarnos, 
que no con hijas de simples infanzones. Hicimos 
nuestro derecho al dejarlas: y por eso no nos in- 
famamos, antes valemos más. 



814 



142 

El Cid incita a Pedro Vermúdez al reto. 

Mío. Qid Roy Díaz a Per Vermudoz cata; 
"Fabla, Pero Mudo, varón que tanto callas! 
"Yo las he fijas, c tú primas cormanas; 
"a mí lo dizen, a tí dan las orejadas. 
, "Si yo repondiero, tú non entrarás en armas." 

143 

Pedro Vermúdez reta a Fernando. 

Per Vermudoz conpegó de fablar; 
detiénesle la lengua^ non puede delibrar, 
mas quando empiega, sabed, nol da vagar: 
"Dirévos, Qid, costunbres avedes tales, 
"siempre en las cortes Pero Mudo me llamades! 
"Bien lo sabedes que yo non puodo mas; 
"por lo que yo ovier a fer por mí non mancará. 
,: "Mientes, Ferrando, de quanto dicho has. 
"por el Campeador mucho valiestes más. 
^ , "Las tues mañas yo te las sabré contar: [grand; 
"miémbrat quando lidiamos gerca Valengia la 
"pedist las feridas primeras al Canpeador leal, 
"vist un moro, fústel ensayar; 

I 'f^ L "antes fuxiste . que a él te allegasses. 
"Si yo non uviás, el te jugara mal; 

y "passé por tí, con el moro me of de ajuntar, 
"de los primeros colpes ofle de arrancar; 



i 



815 



142 

Él Cid incita a Pedro Bermúdez al reto. 

El Cid Ruy Díaz advierte entonces, entre los 
demás, a Pero Bermúdez, y le dice: 

— Pero Mudo, varón que tanto callas, ¿no ha- 
blas? Hijas mías son, pero son tus primas herma- 
nas. A mí me lo dicen, pe-ro a ti te tiran de la 
oreja. Si yo respondo antes, no entrarás tú en 
armas. 

143 • 

Pedro Bermúdez reta a Fernando. 

• Y entonces intenta hablar Pero Bermúdez, pero 
se le traba la lengua y no acierta con las pala- 
bras. Eso sí: en cuanto se suelta, ya no para: 

— Os diré, Cid, tenéis unas costumbres mág 
raras... Siempre me llamas Pero Mudo en las cor- 
tes. Ya sabéis bien que no me agrada. Pero no 
ha de , quedar por mí, ni dejaré de hacer lo que 
debo. 

"Fernando: en cuanto has dicho, mientes. Mu- 
cho más vales por el Campeador que por ti. Ya 
descubriré yo tus mañas. Acuérdate aquel día 
en que lidiábamos lado a lado en las cercanías d,e 
la gran Valencia. Tú habías pedido al leal Cam- 
peador el honor de los primeros lances. Descu- 
briste un moro, fuiste sobre él; pero mejor que 
acometerle, preferiste huir. A no estar yo allí, 
cuál te hubiera burlado el moro. Pasé más allá 



^ 



S16 

"did el cavallo, tóveldo en poridad: 
"fasta este día no lo descubrí a ñadí. [bar. 

^'Delant mío ^id e delane todos ovístete de ala- 
"que mataras el moro e que fizieras bamax; 
""croviérontelo todos, m.as non saben la verdad. 
"E eres fermoso, mas mal varragán! 
''¡Lengua sin manos, quomo osas fablar? 



144 

Prosigue el reto de Pedro Vermúdez. 

"Di, Ferrando, otorga esta razón: 
"¿non te viene en miente en Valengia lo del león, 
"quando durmie mió ^id y el león se desató? 
"E tú. Ferrando, ¿qué fizist con el pavor? [dor! 
"¡metístet tras el escaño de mió ^id el Campea- 
"metístet. Ferrando, por o menos vales oy. [ñor, 
"Nos cercamos el escaño por curiar nuestro se- 
"fasta do despertó mió ^id, el que Valengia gañó; 
"levantós del escaño e fos poral león; 
"el león premió la cabega,' a mío Qid esperó, 
"dexósle prender al cuello, e a la red le metió. 
"Quando se tornó el buen Campeador, 
"a sos vassallos, víolos aderredor; 
"demandó por sos yernos, ninguno non falló! 
^'Riébtot el cuerpo por malo e por traidor. 
"Estot lidiaré aquí ante rey don Aifons 
"por fijas del ^id, don Elvira e doña Sol: 
"por quanto las dexastes menos valedes vos; 



31T 

de donde estabas, hasta encontrarme con ti^ 
adversario. Vencíle a los primeros golpes; te di 
el caballo, te guardé el secreto del caso: hasta, 
ahora no lo había descubierto a nadie. Y tú íuiste 
a jactarte ante el Cid y ante todo el mundo de- 
que habías dado muerte al moro y eras el héroe 
dfv la hazaña. Todos, ignorantes de la verdad, te 
lo habían creído. . Hermoso eres, pero cobarde.. 
¡ Oh, . lengua sin manos ! ¿ Y cómo te atreves a. 
hablar ? 

144 

Prosigue el reto de Pedro Bermúdez. 

"Di, pues. Femando, y contesta aquí: ¿No te- 
acuerdas tampoco cuando, durmiendo el Cid, en. 
Valencia, se desató aquel león? Y tú, ¿qué hicis- 
te con el pavor, Fernando? Te metiste — acuér- 
date — , te metiste debajo del escaño del Cid, y 
con eso te has envilecido. Nosotros rodeamos el 
escaño p^ara cuidar el sueño de nuestro señor^ 
el que conquistara a Valencia, hasta que él na 
se despertó. Entonces se levantó del escaño, fué 
hacia el león; el león, doblando la cabeza, esperó 
al Cid, y se dejó coger por el cuello y meter 
en la jaula. Cuando el Cid volvió al lado de sus 
vasallos, en vano buscaba a sus yernos: nadie 
los hallaba. ¡Oh, Fernando: reto a tu persona 
mala y traidora! Y he de sustentarlo aquí, ante 
el rey don Alfonso, por las hijas del Cid, doña 
Elvira y doña Sol; porque las dejasteis valéis 
menos: ellas son mujeres, vosotros varones: por 



S18 

"ellas son mugieres e vos sodes varones, 
"en todas guiisas más valen que vos. 
"Quando fore la lid, si ploguiere al Criador; 
"tú lo otorgarás a guisa de traydor; 
"de quanto he dicho verdadero seré yo." 
Jy aquestos amos aquí quedó la razón. 

^ 145 

Diego desecha la inculioación de menos-valer. 

Díag Gongálvez odredes lo que dixo: 
*'De natura somos de los comdes más linpios; 
"¡estos casamientos non fuessen aparecidos, 
"por consagrar con mió Qid don Rodrigo! [mos; 
"Porque dexamos sus fijas aun no nos repenti- 
"mientras que bivan pueden aver sospiros: 
"lo que les fiziemos seer les ha retraydo. 
"Esto lidiaré a tod el más ardido: [mismos." 

"que por que las dexamos ondrádos somos nos 



146 

Martin Antolinez reta a Diego Gonzále^^ 

Martín Antolinez en pie se fo levantar; 
"Calla, alevoso, boca sin verdad! 
"Lo del león no se te deve olbidar; 
"saliste por la puerta, metístet al corral, 
"fústed meter tras la viga lagar; 
"mas non vestist el manto nin el brial. 
"Yollo lidiare, non passará por ál: 



81'> 

mil modos valen más que vosotros. Cuando sea 
lá lid, si Dios lo concede, tú mismo confesarás 
por tu boca que eres traidor, y yo m.antendré la 
verdad de lo que digo." 

Y aquí paró la disputa entre ambos. 



145 

Diego desecha la inculpación de Tnenos-valer. 

Y oíd lo que dice Diego González : 

— Tenemos sangre de los condes más limpiosJ 
¡Ojalá nunca se hubieran efectuado estas bodas, 
por no emparentar con el Cid don Rodrigo! No 
nos hemos arrepentido, no, de haber abandona- 
do a sus hijas. Ya pueden suspirar mientras vi- 
van: la afrenta que les hicimos siempre se la 
han de echar en cara. Esto mantendré en lid 
con el más valiente: que nos hemos honrado más 
por el hecho de abandonarlas. 

146 

Martin Antolínez reta a Diego González. 

A esto Martín Antolínez se ha levantado: 
— ¡Calla, alevoso, boca sin verdad! Lo del 
león no se te debiera olvidar: saliste escapado 
por la puerta; hasta el corral no paraste, y allí 
te escondiste detrás de una viga de lagar: aquel 
manto, aquel brial que llevabas, ya no pudiste 
usarlos más. Yo lo mantendré en lid, y no ha 



320 




"fijas del Qiá, por que las vos dexastes, 

"en todas guisas, sabed, que mas que vos valen. 

"Al partir de la lid por tu boca lo dirás, 

"que eres traydor e mintist de quanto dicho has." 



147 

J^^ Asur González entra en la corte. 

Destos amos la razón ha fincado. 
Ansuor Gongálvez entrava por el palagio. 
manto armiño e un brial rastrando; 
vermejo viene, ca era almorzado. 
En lo que fabló avie poco recabdo: 

148 

Asur insulta al Cid. 

"¡Ya varones, quien vido nunca tal mal? 
"¿Quién nos darie nuevas de mió Qiá el de Bivar! 
"■Fosse a rio d' Ovirna los molinos picar 
"e prender maquilas, commo lo suele far! 
"¿Quil darie con los de Carrión a casar?" 



149 

Muño Gustioz reta a Asur González. — Mensaje- 
ros de Navarra y de Aragón piden al Cid sus 
hijas para los hijos de los reyes. Don Alfonso 
otorga el nuevo casamiento. — Minaya reta a 



821 

de ser de otro modo: las hijas del Cid, por lo 
mismo que las habéis dejado, entendedlo bien,, 
valen mucho más que vosotros. A la hora de la 
lid tendrás que decir por tu propia boca que eres 
traidor y has mentido en todo. 

147 

Asur Gonzái'Z entra en la corte. 

En esto quedó la disputa. Cuando he aquí que 
entra por palacio Asur González con manto de ar- 
miño y el brial arrastrando. Como acababa de 
almorzar, estaba muy rojo. Las palabras que dijo 
son de hombre sin miramientos: 

148 

Asur insulta al Cid. 

— ¡Oh, señores! ¿Cuándo se vio cosa semejan- 
te? ¿Quién diría que por parte de nuestro Cid 
habíamos de ganar en nobleza? Vayase en hora 
mala, al río de Ubierna, a picar sus molinos, y a 
cobrar [el precio de la molienda en] puñados, 
como suele hacerlo. ¿Quién casó su sangre con la 
de Carrión? 

149 

Muño Gustioz reta a Asur González. — Mensaje- 
ros de Navarra y de Aragón piden al Cid sus 
hijas para los hijos de los reyes. Don Alfonso 
otorga el nuevo casamiento. — Minaya reta a 

Mío Cid. 21 



S22 

los de Carrión. Góviez Peláez acepta el reto, 
pero el rey no fija plazo sino a los que antes 
retaron. — El rey amparará a los tres lidiado- 
res del Cid. — El Cid ofrece dones de despedida 
a todos. — (Laguna. Prosa de la Crónica de 
Veinte Reyes.) El rey sale de Toledo con el 
Cid. Manda a éste correr sv caballo. 

Essora Muño Gustioz en pie se levantó; 
■''Calla, alevoso, malo e traidor! 
"Antes almuerzas que vayas a oragión, 
"a los que das paz, fártaslo aderredor. 
"Non dizes verdad amigo ni ha señor, 
"falsso a todos e más al Criador. 
"En tu amiztad non quiero aver ragión. 
"Fazer telo he dezir que tal eres qual digo yo.'' 
Dixo el rey Alfons: "Calle ya esta razón. 
"Los que han reptado lidiarán, sin salve Dios!" 

Assí commo acaban esta razón, 
Affé dos cavalleros entraron por la cort; 
al uno dizen Ojarra e al otro Yéñego Simenones, 
el uno es del infante de Navarra rogador, 
e el otro es del ifante de Aragón; 
besan las manos al rey don Alfons, 
piden sus ñjas a mió ^id el Campeador 
par seer reinas de Navarra e de Aragón, 
e que ge las diessen a ondra e a bendigión. 
A esto callaron e ascuchó toda la cort. 
Levantós en pie mió ^id el Campeador; 
^-'Merged, rey Alfons, vos sodes mió señor! 
"Esto gradesco yo al Criador, 



323 

los de Carrión. Gómez Peláez acepta el reto, 
pero el rey no fija plazo sino a los que antes 
retaron. — El rey amparará a los tres lidiado- 
res del Cid. — El Cid ofrece dones de despedida 
a todos. — (Laguna. Prosa de la Crónica de 
Veinte Reyes.) El rey sale de Toledo con el Cid. 
Manda a éste correr su caballo. 

Entonces Muño Gustioz se levanta: 

— Calla, alevoso, malo y traidor. Primero al- 
muerzas y después vas a la oración, y a los que 
das el ósculo de paz después de la misa, encima 
los hartas a regüeldos. Ni al amigo ni al señor 
le dices verdad, falso para todos y más para el 
Creador. No tenga yo parte en tu amistad. Ya te 
haré confesar que eres tal como te pinto. 

Dijo el rey Alfonso: 

— Calle ya esta disputa. Los que se han reta- 
do, habrán de lidiar, así Dios me salve. 

Acababan de hablar así, cuando he aquí que dos 
caballeros entran por la corte: al uno llaman 
O jarra y al otro íñigo Jiménez; el uno es emi- 
sario del infante de Navarra, y el otro, emisa- 
rio del de Aragón. Besan al rey Alfonso las ma- 
nos, y le piden a las hijas del Cid para reinas 
de Navarra y de Aragón, en matrimonio y como 
legítimas esposas. Toda la corte escucha, suspen- 
sa. El Cid Campeador está de pie: 

— ¡Merced, rey Alfonso, sois mi señor! Gracias 
doy a Dios de que me las vengan a pedir de Ara- 
gón y Navarra. Antes las casasteis vos, que yo 



324 

"quando me las demandan de Navarra e de Ara- 
"Vos las casastes antes, ca yo non, [gón. 

"afé mis fijas, en vuestras manos son: 
"sin vuestro mandado nada non feré yo." 
Levantós el rey, fizo callar la cort: 

y i^ "Ruégovos, Qid, caboso Campeador, 
"que plega a vos, e otorgar lo he yo, 
"este casamiento oy se otorgue en esta cort, 
"ca crégevos i ondra e tierra e' onor." 
Levantós mió ^id, al rey las manos le besó: 
"Quando a vos plaze, otorgólo yo, señor." [don! 
Essora dixo el rey: "Dios vos dé den buen galar- 
"A vos, Ojarra, e a vos, Yéñego Ximenones, 
"este casamiento otórgovosle yo 
"de fijas de mió ^id, don Elvira e doña Sol, 
"pora los ifantes de Navarra e de Aragón, 
"que vos las dé a ondra e a bendición." 
Levantós en pie Ojarra e Yéñego Ximenones, 
besaron las manos del rey don Alfons, 
e después de mió Qid el Campeador; 
metieron las fedes, e los omenajes dados son, 
que quomo es dicho assí sea, o mejor. 
A muchos plaze de tod esta cort, 
mas non plaze a ifantes de Carrión. 
Minaya Albar Fáñez en pie se levantó; 

'^ ,'^ "Merged vos pido commo a rey e a señor, 
"e que non pese esto al Qd Campeador: 
"bien vos di vagar en toda esta cort, 
"dezir querría yaquanto de lo mió." 
Dixo el rey: "Plazme de coragón. 
"Dezid, Minaya, lo que oviéredes sabor." 



325 

no. He ahí: en vuestras manos las confío. Yo no 
haré nada sin vuestra orden. 

Levantóse el rey, impuso silencio a la corte: 
— ¡Oh, Cid, prudente Campeador, yo os ruego 
que lo aceptéis, y yo lo otorgaré. Quiero que en 
esta misma corte quede concertado este matrimo- 
nio, puesto que os aporta feudos y honores. 
Levantóse el Cid y besó las manos del rey: 
— Señor, si os contenta a vos, yo lo concedo. 

Y el rey: 

— ¡Dios os lo recompense! A vos, O jarra, y a 
vos, íñigo Jiménez, os otorgo en casamiento a las 
hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, para esposas 
legítimas de los infantes de Navarra y de Ara- 
gón. 

Ojarra e íñigo Jiménez se levantan a besar las 
manos al rey, y después al Cid. Cambiadas están 
las promesas y los juramentos de que se hará todo 
como se ha dicho, o mejor aún. A muchos place, 
mas no a los infantes de Carrión. 

Minaya Alvar Fáñez se levantó : 

— Merced os pido como a rey y señor, y que no 
^ pese, al Cid el que yo a mi vez intervenga: ya os 
he dado tiempo de hablar, y también quisiera ha- 
blar en la corte. 

Y dijo el rey: 

— Me place, Minaya; decid lo que gustéis. 

— Yo ruego a toda la corte que- me escuche, 
porque tengo contra los infantes de Carrión graves 
cargos. Yo, en nombre del rey Alfonso, les di por 
mi propia mano a mis primas, con quienes ellos 



326 

— "Yo vos ruego que me oyades toda la cort, 
"ca grand renc ura he de if antes de Carrión. 
"Yo les di mis primas por mano del rey Alfons, 
"ellos las prisieron a ondra e a bendigión; 
"grandes averes les dio mió Qiá el Campeador, 
"ellos las han dexadas a pesar de nos. 
"Riébtoles los cuerpos por malos e por traidores. 
"De natura sodes de los de Vani-Gómez, 
"onde sallen comdes de prez e de valor; 
"mas bien sabemos las mañas que ellos han oy. 
"Esto gradesco yo al Criador, 
"quando piden mis primas, don Elvira e doña 
"los if antes de Navarra e de Aragón; [Sol, 

"antes las aviedes parejas pora en bragos las dos. 
"agora besaredes sus manos e llamar las hedes 

[señores, 
"aver las hedes a servir, mal que vos pese a vos. 
"Grado a Dios del gielo e aquel rey don Alfons, 
_^ "assí crege la ondra a mió ^id el Campeador! 
"En todas guisas tales sodes quales digo yo; 
"si ay qui responda o dize de no, 
"yo so Albar Fáñez pora tod el n^ejor." 

Gómez Peláyet en pie se levantó; 
"Qué val, Minaya, toda essa razón? 
"ca en esta cort afartos ha pora vos, 
/ ó "e qui al quisiesse serie su ocasión. 

"Si Dios quissiere que desta bien salgamos nos, 
"después veredes qué dixiestes o qué no." 

Dixo el rey: "Fine esta razón; 
"non diga ninguno della más una entengión. 
"Cras sea la lid, quando saliere el sol, 



327 

contrajeron legítimas nupcias; el Cid Campeador 
les dio riquezas, y ahora, con gran pesar nuestro^ 
abandonan a sus mujeres. Los reto por malos y 
por traidores. Sangre sois de los Beni-Gómez, que 
ha dado condes de pr^z y de valor; pero ya vemos 
hoy en día las aberraciones que engendra. Y doy 
a Dios gracias de que los infantes de Aragón y 
Navarra pidan la mano de mis primas doña Elvira 
y doña Sol. Antes fueron vuestras mujeres legí- 
timas y vuestras iguales: ahora tendréis que besar 
sus maQOS y llamarlas señoras, y las serviréis 
^unqTie Oís pese. ¡Loado sea Dios que está en los 
cielos! ¡Loado sea el rey don Alfonso! ¡Así crece 
la honra del Campeador! Tales sois cual digo: y si 
hay quien lo discuta o lo niegue, sepa que yo soy 
Alvar Fáñez, valiente como el que más. 

Gómez Peláez se levanta y dice: 

— ¿Y qué vale, oh Minaya, cuanto habéis di- 
cho? Hay en esta corte muchos que con vos se 
pueden medir, y si hay quien lo niegue, será para 
su daño. Si Dios nos ayuda con bien, ya tendréis 
que reconsiderar lo que hablasteis. 

Dijo el rey: No haya más disputa. Nadie en- 
cone más este asunto. Mañana, en cuanto salga el 
sol, será la lid de los que se han retado en la 
corte, tres contra tres. 

Aquí hablaron los infantes de Carrión: 

— Rey: dadnos mayor plazo; mañana no puede 
ser. Si hemos dado al Campeador armas y caballos,, 
tendremos que ir a tierras de Carrión. 

Entonces el rey dijo al Campeador: 



S28 

"destos tres por tres que rebtaron en la cort." 

Lueg-o fablaron if antes de Carrión; 
''TJandos, rey, plazo, ca eras seer non puode. 
"Armas e cavallos diémoslos al Canpeador, 
"nos antes abremos a ir a tierras de Carrión." 
Fabló el rey contral Campeador: 
"sea esta lid o mandáredes vos." 
En essora dixo mió Qiá: "no lo faré, señor; 
"más quiero a Valengia que tierras de Carrión." 
En essora dixo el rey: "Aosadas, Campeador. 
"Dadme vuestros cavalleros con todas guarni- 
"vayan comigo, yo seré el curiador; [zones. 

"yo vos lo sobrellevo, commo a buen vassallo fa- 

[ze señor, 
"que non prendan fuerga de comde nin de ifan- 

[Qón. 
"Aquí les pongo plazo de dentro en mi cort, 
"a cabo de tres sedmanas, en begas de Carrión, 
"que fagan esta lid delant estando yo; 
"quien non viniere al plazo pierda la razón, 
"desí sea vcngido y escape por traydor." 
Prisieron el judizio ifantes de Carrión. 
Mío Ci<i ^1 i'sy las manos le besó: 
"Estos mios tres cavalleros en vuestra mano son, 
"d' aquí vos los acomiendo commo a rey e a se- 

[ñor. 
"Ellos son adobados pora cumplir todo lo so; 
"ondrados me los enbiad a Valencia, por amor 

[del Criador!" 
Essora respuso el rey: "assi lo mande Dios!" 
Allí se tollió el capiello el Qiá Campeador, 



329 

— Sea, pues, esta lid, donde y cuando lo dispon- 
gáis. 

Y el Cid le contesta: 

— No, señor; yo no iré a tierras de Carrión; 
más quiero volverme a Valencia. 

Y el rey: , 

— Bien está, Campeador. Dadme a vuestros ca- 
balleros armados, vayan conmigo, y yo seré su 
protector; yo os lo garantizo, como corresponde a 
señor de tan buen vasallo, y cuidaré de que no su- 
fran violencia alguna de condes ni infanzones. Y 
aquí en esta corte doy de plazo tres semanas para 
que esta lid se lleve a cabo en las vegas de Ca- 
rrión, estando yo presente. Y quien no asistiere a 
lálr(l7 pierda su derecho, y quede por vencido y 
traidor. 

Los infantes de Carrión ce dan por notificados. 

El Cid besa la mano al rey: 

— Bajo vuestro amparo dejo, pues, mis tres ca- 
balleros: como a rey y señor os los encomiendo. Ya 
van bien aparejados para hacer lo que deben. ¡De^ 
volvédmelos a Valencia honrados, por amor de 
Dios! 

Y el rey le responde: 
— Dios lo haga. 

Allí el Cid se quitó la cofia, blanca y fina como 
el sol, y dejó ver sus cabellos, y deshaciendo el cor- 
dón, soltó su barba. No se hartaban todos de mi- 
rarle. El se acerca al conde don Enrique y al conde 
don Ramón; les abraza y ruega que tomen cuanto 
les plazca de lo suyo, y lo mismo dice a los demás 



330 

la cofia de rangal que blanca era commo el sol, 
e soltava la barba e sacóla del cordón. 
Nos fartan de catarle quantos ha en la cort. 
Adeliñó a comde don Anric e comde don Remond; 
abragólos tan bien e ruégalos de coragón 
que prendan de sos averes quanto ovieren sabor. 
A essos e a los otros que de buena parte son, 
a todos los rogava assí commo han sabor; 
tales i a que prenden, tales i a que non. 
Los dozientos marcos al rey los soltó; 
de lo ál tanto priso quant ovo sabor. 
"Merged ves pido, rey, por amor del Criador! 
"Quando todas estas nuevas assí puestas son, 
"beso vuestras manos con vuestra gragia, señor, 
"e irme quiero pora- Valengia, con afán la ga- 

[né yo." 

Entonges mandó dar el Qiá sl los mandaderos de 
los infantes de Navarra e de Aragón bestias e 
todo lo ál que menester ovieron, e enbiólos. 

El rej^ don Alfón caualgó entonges con todos los 
altos omnes de su corte, para salir con el ^id 
que se iva fuera de la villa. E quando llegaron a 
(^ocodover, el ^id yendo en su cavallo que di- 
zen Bavieca, díxole el rey: "don Rodrigo, fe que 
"devedes que arremetades agora esse cavallo que 
"tanto bien oí dezir." El Qid tomóse a sonrreir, e 
dixo: "señor, aquí en vuestra corte a muchas altos 
"omnes e guisados para fazer esto, e a esos man- 
"dat que trebejen con sus cavallos." El rey le dixo: 
"^id, pagóme yo de lo que vos dezides; mas quie- 
"ro todavía que corrades ese cavallo por mi amor." 



331 

que están de su parte: unos aceptan y otros no. El 
Cid perdonó al rey la devolución de los doscientos 
marcos, y del resto escogió lo que le convino. 

— ¡Merced os pido, rey, por amor de Dios! Ya 
que todos estos negocios han quedado arreglados, 
beso vuestras manos y, con vuestro permiso, quie- 
ro irme para Valencia, la que gané con tantos 
afanes. 

El Cid mandó entonces obsequiar a los mensaje- 
ros de los infantes de Aragón y Navarra con bes- 
tias y lo demás que hubieren menester, y los des- 
pidió. 

Y el rey don Alfonso cabalgó con todos los altos 
varones de su corte para acompasar al Cid hasta 
fuera de la ciudad. Cuando llegaron al Zocodover, 
el rey le dijo al Cid, que iba montado en su ca- 
ballo Babieca: 

— Don Rodrigo, me gustaría ver que arranca- 
rais ese caballo, del que tanto he oído hablar. 

El Cid, sonriendo, le contesta: 

— Señor: aquí en nuestra corte hay muchos al- 
tos varones capaces de hacerlo: mandadles a ellos 
que corran un poco sus caballos. 

Y díjolé el rey: 

— Cid, eso es verdad; pero, con todo, quiero que 
me hagáis el favor de correr vuestro caballo. 



S32 



150 



El rey admira a Bavieca, p^.ro lo acepta en 
don. — Últimos encargos del Cid a sus tres li- 
diadores. Tórnase el Cid a Valencia. — El rey 
en Carrión. Llega el plazo de la lid. Los de 
Carrión pretenden excluir de la lid a Colada y 
Tizón. — Los del Cid piden al rey arnparo y sa- 
len al campo de la lid. — El rey designa fieles 
del campo y amonesta a los de Cai^rión. — Los 
fieles preparan la lid. — Primera acometida. 
Pedro Vermúdez vence a Fernando. 

El ^id remetió entonces el cavallo, e tan rezio 
lo corrió, que todos se maravillaron del correr que 
íizo. 

El rey algo la mano, la cara se santigó; 
^'Yo lo juro par sant Esidre el de I^eón 
"que en todas nuestras tierras non ha tan buen 
Mió ^id en el cavallo, adelant se llegó, [varón." 
fo besar la mano a so señor Alfons; 
'''Mandástesme mover a Bavieca al corredor, 
"en moros ni en cristianos otro tal non ha oy, 
/ t) "yo vos le do en don, mandédesle tomar, señor." 
* Essora dixo el rey: "Desto non he sabor; 

"si a vos le tollies, el cavallo» no havrie tan buen 

[señor. 
"Mas atal cavallo cum ést pora tal commo vos, 
"pora arrancar moros del canpo e seer seguda- 

[dor; 
"quien vos lo tollier quisiere nol vala el Criador, 



333 



150 



El rey admira a Babieca, pero no lo acepta en 
don. — Últimos encargos del Cid a sus tres li- 
diadores. Tórnase el Cid a Valencia. — El rey 
en Carrión. Llega el plazo de la lid. Los de 
Carrión pretenden excluir de la lid a Colada y 
Tizón. — Los del Cid piden al rey aTnparo y sa- 
len al campo de la lid. — El rey designa fieles 
del campo y amonesta a los de Carrión. — Los 
fieles preparan la lid. — Primera acom^etida^ 
Pedro Bermúdez vence a Fernando. 

El Cid entonces picó espuelas, y dio tal arran- 
cada, que todos se maravillaron de su carrera. Y 
el rey, haciéndose cruces: 

— Lo juro por San Isidoro, el que se venera en 
León — exclama — , que no hay otro hombre mejor 
en todas nuestras tierras. 

El Cid se acercaba a esto para besar la mano a 
su rey: 

— Me mandasteis correr al veloz Babieca; ya 
veis que no hay otro como éste: aceptadlo, señor^ 
os lo ofrezco como presente. 

— No me parece bien — dijo el rey. — Si yo os 
privara de él, el caballo no tendría ya tan buen 
jinete. Digno es el caballo de quien lo monta, para 
vencer en campo y perseguir a los moros; y al 
que os desposeyese de él no lo valga Dios, que 
por vos y por el caballo aumenta nuestra honra^ 



834 

"ca por vos e por el cavallo ondrados somo' nos." 
Essora se espidieron, e luégos partió la cort. 

El Campeador a los que han de lidiar tan bien 

[los castigó: 

"Ya Martín Antolínez, e vos, Per Vermudoz, 

"e Muño Gustioz, mió vassallo de pro, 

"firmes seed en campo a guisa de varones; 

"buenos mandados me vayan a Valengia de vos." 

Dixo Martín- Antolínez, "¿Por qué lo dezides, se- 

[ñor! 

"Preso avernos el debdo e a passar es por nos; 

"podedes odir de muertos, ca de vencidos no." 

Alegre fo d' aquesto el que en buen ora nagió; 

espidiós de todos los que sos amigos son. 

Mío ^id pora Valengia, e el rey pora Carrión. 
Mas tres sedm.anas de plazo todas complidas 

Felos al plazdo los del Campeador, [son. 

cunplir quieren el debdo que les mandó so se- 

ellos son en poder de Alfons el de León; [ñor; 

dos días atendieron a if antes de Carrión. 

Mucho vienen bien adobados de cavallos e de 

[guarnizones; 

e todos sos parientes con ellos acordados son 

que si los pudiessen apartar a los del Campea- 

[dor, 

que los matassen en campo por desondra de so 

[señor. 

El cometer fue malo, que lo ál nos enpegó, 

ca grand miedo ovieron a Alfonsso el de León. 
De noche helaron las armas e rogaron al Cria- 

[dor. 



335 

Despidiéronse, regresó la corte a la ciudad. El 
Campeador aconseja así a sus lidiadores: 

— Ea, Martín Antolínez, Pero Bermúdez, y Mu- 
ño Gustioz, mi buen vasallo: firmes en la lid como 
varones: que me lleguen a Valencia buenas no- 
ticias de vosotros. 

Y Martín Antolínez: 

— ¿Y a qué decirlo, señor? Hemos contraído 
la obligación, queda a nuestro cargo: podrán lle- 
garos noticias de unos que se han muerto, pero 
no que se han dejado vencer. 

Alegróse con estas palabras el bienhadado y se 
despidió de todos sus amigos. El Cid se va para 
Vaicncia; el rey, para Carrión. 

Ya se han cumplido las tres semanas del plazo. 
Presentes los del Campeador, que van a satisfa- 
cer la obligación contraída. Los ampara don Al- 
fonso el leonés. Han llegado dos días antes que 
los de Carrión. Estos se presentan muy bien pro- 
vistos de caballos y armas, y todos sus parientes 
les aconsejan que procuren alejar a los del Cid 
y matarlos en el campo, para deshonra del señor. 
Malo fué el propósito; que la ejecución, ni si- 
quiera pudo iniciarse. 

Los del Cid velaron las armas y rezaron. Ya 
pasa la noche, quiebran los albores, muchos bue- 
nos y ricos hombres se han congregado con el 
deseo de presenciar aquella lid. Y sobre todo 
está el rey don Alfonso, para cuidar de que se 
imponga el derecho, no la injusticia. Ya visten 
las armas los del Cid, concertándose entre sí 



386 

Trogida es la noche, ya crieban los albores; 
muchos se juntaron de buenos ricos omnes 
por veer esta lid, ca avien ende sabor; 
demás sobre todos i es el rey don Alfons, 
por querer el derecho e ningún tuerto non. 
Yas metien en armas ios del buen Campeador, 
todos tres se acuerdan, ca son de un señor. 
En otro logar se arman liantes de Carrión; 
sedielos castigando el comde Gargi Ordóñez. 
Andidieron en pleyto, dixiéronle al rey Alfons, 
que non fossen en la batalla Colada e Tizón, 
que non lidiassen con ellas los del Canpeador; 
mucho eran repentidos los ifantes por quanto 

[dadas son. 
Dixiérongelo al rey, mas non gelo conloyó; 
"Non sacastes ninguna quando oviemos la cort. 
"Si buenas las tenedes, pro abrán a vos; 
"otrosí farán a los del Canpeador. 
"Levad e salid al campo, ifantes de Carrión, 
"huebos vos es que lidiedes, a guisa de varones, 
"que nada non mancará por los del Campeador. 
"Si del campo bien salides, graijd ondra avredes 

[vos; 
"e ssi fuéredes vengidos, non rebtedes a nos, 
"ca todos lo saben que lo buscastes vos." 
Ya se van repintiendo ifantes de Carrión, 
de lo que avien fecho mucho repisos son; 
no lo querrien aver fecho por quanto ha en Ca- 

[rrión. 
Todos tres son armados los del Campeador, 
ívalos veer el rey don Alfons. 



337 

como defensores del mismo señor. A otra parte 
se están armando los infantes, a quienes acon- 
seja el conde García Ordóñez. Todavía promi^e- 
ven dificultades y vienen a pedirle al rey que no 
intervengan en la contienda la Colada y la Tizo- 
na, que no las empleen los del Cid. Muy arre- 
pentidos están de haberlas devuelto. Se lo han 
dicho al rey, pero éste no lo concede: 

— Cuando la corte, no exceptuasteis ninguna 
espada. Si las tenéis buenas, bien os han de 
servir, lo mismo que a los del Campeador las 
suyas. ¡Ea, pues, infantes de Carrión! Salid al 
campo. Preciso es que lidiéis como hombres, que 
por los del Campeador no quedará. Si salís con 
bien, quedaréis muy enaltecidos; si os derrotan, 
no nos culpéis, que todo el mundo sabe que os lo 
habéis buscado vosotros mismos. 

Ya los infantes de Carrión están más que arre- 
pentidos de sus desmanes. No quisieran haberlos 
cometido por todo lo que hay en Carrión. 

Ya están armados los del Cid, y el rey Alfon- 
so va a examinarlos. Los del Campeador le dicen, 
a una: 

— Os pedimos como a rey y señor que seáis 
juez de los dos bandos. Amparadnos en justicia, 
que no queremos injusticias. Los infantes de Ca- 
rrión tienen aquí mucho partido, y no sabenio.^ lo 
que maquinarán. Nuestro señor nos fió en vues- 
tras manos. Manten ednos en justicia, por amor 
de Dios. 

Y el rey les responde; 

MÍO Cid. 22 



S38 

Essora le dixieron los del Campeador: 
"Besámosvos las manos commo a rey e a señor, 
"que fidel seades oy dellos e de nos; 
"a derecho nos valed, a ningún tuerto no. 
"Aquí tienen so vando ifantes de Carrión, 
"non sabemos qués comidrán ellos o qué nonj 
"en vuestra mano nos metió nuestro señor; 
"tenendos a derecho, por amor al Criador!" 
Essora dixo el rey: "d' alma e de corazón." 

Adúzenles los cavallos buenos e corredores, 
santiguaron las siellas e cavalgan a vigor; 
los escudos a los cuellos que bien blocados son; 
e* mano prenden las astas de los fierros tajado- 
estas tres langas traen senos pendones; [res, 
e derredor dellos muchos buenos varones. 
Ya salieron al campo do eran los mojones. 
Todos tres son acordados los del Campeadore, 
que cada., uno dellos bien fos ferir el sove. 
Fevos de la otra part ifantes de Carrione, 
muy bien aconpañados, ca muchos parientes 

[soné. 
El rey dióles fideles por dezir el derecho e ál 

[none; 
que non varagen con ellos de sí o de none. 
Do sedien en el campo fabló rey don Alfonsse: 
**Oíd que vos digo, ifantes de Carrione: 
"esta lid en Toledo la fiziérades, mas non qui- 

[siestes vose. 
"Estos tres cavalleros de mió Cid el Campeadore 
"yo los adux a salvo a tierras de Carrione; 
"aved vuestro derecho, tuerto non querades vose, 



339 

— Lo haré de todo corazón. 

Les traen los buenos y corredores caballos, y 
ellos, tras de santiguar las sillas, montan con 
presteza. Al cuello llevan los escudos ^on centros 
de oro, en la mano llevan las astas de aguzadas 
puntas: las tres lucen sendos pendones. Muchos 
hombres buenos les acompañan. Ya llegan al cam- 
po donde están las señales. Los tres del Cam- 
peador se han puesto de acuerdo para herir con 
todo vigor a los enemigos. He allí, por otro lado, 
a los infantes, muy bien acompañados, porque 
tienen muchos parientes. El rey les ha designado 
jueces de campo para que declaren lo que sea 
justo, y no disputen entre sí sobre si sucedió 
esto o aquello. Cuando todos están en el campo, 
dice el rey don Alfonso: 

— Oid lo que os digo, infantes de Carrión: en 
Toledo se pudo hacer esta lid, vosotros no lo qui- 
sisteis. A estos tres caballeros del Cid, yo los 
he traído resguardados hasta Carrión. Cumplid 
ahora con vuestro derecho, no pretendáis- injusti- 
cias; que al que tal pretenda, yo se lo vedaré, y 
no ha de hallar paz en todo mi reino. 

¡Ay, cuánto les pesa de sus desmanes a los 
infantes de Carrión! 

Los jueces y el rey señalan los mojones, y 
luego se echan fuera del campo, haciendo enten- 
der claramente a los seis caballeros que quien 
se salga de la raya quedará vencido. Todos des- 
pejaron el sitio, en el término de seis astas de 
lanza, a partir de la raya. 



340 

"ca qui tuerto quisiere fazer, mal gelo vedaré 

[yove, 
"en todo myo reyno non avrá buena sabore." 
Ya les va pesando a ifantes de Carrione. 

Los fideles y el rey enseñaron los mojones, 
librávanse del campo todos a derredor. 
Bien gelo demostraron a todos seys commo sorf, 
que por i serie vengido qui saliesse del mojón. 
Todas las yentes esconbraron a derredor, [jón. 
de seys astas de langas que non llegassen al mo- 

Sorteávanles el campo, ya les partien el sol, 
sallen los fideles de medio, ellos cara por cara 

[son; 
desí vinien los de mió Qiá a ifantes de Carrión, 
e ifantes de Carrión a los del Campeador; 
cada uno dellos mientes tiene al so. 
Abragan los escudos delant los coragones, 
abaxan las langas abueltas con los pendones, 
enclinavan las caras sobre los arzones, 
batien los cavallos con los espolones, 
tembrar querie la tierra dond eran movedores. 
Cada uno dellos . mientes tiénet al so; 
todos tres por tres ya juntados son: 
cuédanse que essora cadrán muertos los > que es- 

[tán aderredor. 

Per Vermudoz, el que antes rebtó, 
con Ferrán Gongálvez de cara se juntó; 
firiensse en los escudos sin todo pavor. 
Ferrán Gongálvez a don Pero el escudol passó, 
prísol en vázio, en carne nol tomó, 
bien en dos logares el astil le quebró. 



341 

Sortean el campo, parten el terreno, salen loo 
jueces cara a cara hasta medio campo. De aquí 
salen los del Cid centra los de Carrión, y de 
allá aquéllos contra éstos, cada uno acechando 
el avance de su contrario. Embrazan los escu- 
dos frente a los pechos; bajan, revolviendo el 
I^endón, las lanzas; se inclinan sobre los arzo- 
nes; dan de espuelas, y arrancan con un ímpe- 
tu que hizo retemblar la tierra- Cada uno ace- 
cha al contrario; ya se juntan, tres contra tres: 
los espectadores piensan que a cada instante van 
a caer muertos los combatientes. 

Pero Bermúdez, el que primero retó, se en- 
frenta con Fernán González, y ambos se golpean 
sin miedo los escudos. Fernando le pasa el escu- 
do a Pedro; pero da en vacío y no le alcanza las 
carnes, quebrando la lanza por dos partes. Firme 
se mantuvo Pero Bermúdez, que no se ladeó por 
eso. Si un golpe recibe, otro contesta: rompe y 
arranca el broche central del escudo de su con- 
trario, y le pasa de parte a parte sin que parezca 
resistir. Metióle la lanza por el pecho, junto al 
corazón: Fernando tenía tres dobleces de loriga, 
y eso le valió; porque dos dobleces se le desm;j- 
ilan, pero el tercero resiste [hundiéndose]. La 
túnica acolchada, la camisa y la guarnición, se lo 
entraron en la carne todo el espesor de una mano, 
y empezó a echar sangre por la boca. Las cin- 
chas, perdidas, reventaron; el caballo se derrum- 
bo sobre las ancas. Creen todos que está herido 
de muerte. Don Pedro le dejó clavada la lanza 



342 

Firme estido Per Vermudoz, por esso nos en- 
un colpe regibiera, mas otro firió: [camó; 

crebantó la bloca del escudo, apart gela echó, 
passógelo todo, que nada nol valió. 
Metiól la langa por los pechos, gerca del coragón; 
tres dobles de loriga tenie Fernando, aquestol 

[prestó, 
las dos le desmanchan e la tergera fincó: 
el belmez con la camisa e con la guarnizón 
de dentro de la carne una mano gela metió; 
por la boca afuera la sángrel salió; 
crebáronle las ginchas, ninguna nol ovo pro, 
por la copla del cavallo en tierra lo echó. 
Assí lo tenien las yentes que mal ferido es de 

[muort. 
En elle dexó la langa e mano al espada metió, 
quando lo vido Ferrán Gongálvez, conuvo a Ti- 

[zón; 
antes que el colpe esperasse dixo: "vengudo so". 
Atorgárongelo los ñdeles, Per Vermudoz le dexó. 

151 

Martín Antolínez vence a Diego. 

Don Martino e Díag Gongálvez firiéronse de 

[las langas, 
tales foron los colpes que les crebaron amas. 
Martín Antolínez mano metió al espada, 
relumbra tod el campo, tanto es linpia e clara; 
diol un colpe, de traviéssol tomava: 
el casco de somo apart gelo echava. 



343 

y echó mano a la ^^spada. Fernán González, que 
lo ve, reconoce la Tizona y, sin esperar el golpe, 
exclama : 

— Estoy vencido. 

Los jueces lo otorgan, y Pero Bermúdez se 
aleja. 



151 ^^ 

Martin Antolínez vevce a Diego. 

Don Martín y Diego González arremeten con 
las lanzas; y tales fueron los golpes que ambos 
las quebraron. Martín Antolínez echó mano a 
la espada, y es tan limpia y clara que el reflejo 
vuela por el campo. Descarga un golpe de través, 
le quita el casco de encima a su contrario, ccfr- 
tándole todas las correas; descubrió la capucha. 



S44 

las moncluras del yelmo todas gelas cortava, 
allá levó el almófar fata la cofia llegava; 
!a cofia e el almófar todo gelo levava, [gava; 
ráxol los pelos de la cabega, bien a la carne He- 
lo uno cayó en el campo e lo ál suso fincava. 

Quando este colpe a ferido Colada la pregiada, 
vido Díag Gongálvez que no escaparle con el 

[alma; 
bolvió la rienda al cavallo por tornasse de cara, 
espada tiene en mano mas no la ensaya va. 
Essora Martín Antolínez regibiól con el espada, 
un cólpel dio de llano con lo agudo nol tomava. 
Essora el ifante tan grandes vozes dava: [pada ! " 
"valme, Dios glorioso, señor, cúriam deste es- 
el cavallo asorrienda, e mesurándol del espada, 
sacól del mojón; don Martino en el campo fincava. 

Essora dixo el rey: "venid vos a mi compaña; 
"por quanto avedes fecho vengida avedes esta 

[batalla." 
Otórgangelo los fideles que dize verdadera pa- 

[labra. 
152 

Muño Gustioz vence a A sur González. El padre 
de los infantes declara vencida la lid. — Los del 
Cid vuelven cautelosamente a Valencia. — Ale^ 
gria del Cid. — Segundos matrimonios de sus 
hijas. — El juglar acaba su poema. 

Los dos han arrancado; dirévos de Muño Gus- 
con Anssuor Gongálvez cómmo se adobó. [tioz, 
Firiénsse en los escudos unos tan grandes colpes. 



34¿ 

llegó a la cofia, y capucha y cofia las arranca; le 
rae los pelos de la cabeza, le entra en la carne. 
Cuanto arrancó cae por el suelo, y queda en su 
puesto lo demás. 

Ante este tajo de la preciosa Colada, Diego 
González ha comprendido que no escapará con 
vida. Tira la rienda para volverse de frente y, 
aunque trae la espada en la mano, no la emplea. 
Martín Antolínez le recibe entonces con la espa- 
da, dándole un soberbio cintarazo. Y a esto el 
infante comienza a gritar desaforadamente: 

— ¡Válgame Dios, que está en la gloria! ¡Lí- 
brame, Señor, de esta espada! 

Refrena entonces el caballo y, alejándose de 
la temida espada, lo saca de los mojones. Don 
Martín se quedó en el campo. 

El rey dijo: 

— Venid a mi lado. Ya habéis vencido la lid. 

Y como así era la verdad, los jueces lo otorgan. 



152 

Muño Gustioz vence a Asur González. El padre 
de los infantes declara vencida la lid. — Los del 
Cid vuelven cautelosamente a Valencia. — Ale- 
gría del Cid. — Segundos rriatrimonios de sus 
hijas. — El juglar acaba su poema. 

Estos dos han vencido ya. Ahora os diré cómo 
se las arreglaba Muño Gustioz con Asur Gon- 
zález. Grandes golpes se han descargado sobre los 



346 

Anssuor Gongálvez, forgudo e de valor, 
firió en el escudo a don Muño Gustioz, 
tras el escudo falssóle la guarnizón; 
en vázio fue la langa, ca en carne nol tomó. 
Este colpe fecho, otro dio Muño Gustioz: 
por medio de la bloca el escúdol crebantó; 
nol pudo guarir, falssóle la guarnizón, 
apart le priso, que non cab el coragón; 
metiól por la carne adentro la langa con el pen- 
de la otra part una braga gela echó, [don, 
con él dio una tuerta, de la siella lo encamó, 
al tirar de la langa en tierra lo echó; 
vermejo salió el astil, e la langa y el pendón. 
Todos se cuedan que ferido es de muort. 
La langa recombró e sobrél se paró; [Dios! 
dixo Gongalvo Anssuórez: "nol ñrgades, por 
"vengudo es el campo, quando esto se acabó!" 
Dixieron los ñdeles: "esto odimos nos". 

Mandó librar el canpo el buen rey don Alfons, 
las armas que i rastaron elle se las tomó. 
Por ondrados se parten los del buen Campeador; 
vengieron esta lid, grado al Criador. 
Grandes son los pesares por tierras de Carrión. 

El rey a los de mió ^id de noche los enbió, 
que no les diessen salto nin oviessen pavor. 
A guisa de menbrados andan días e noches, 
felos en Valengia con mió ^id el Campeador, 
por malos los dexaron a ifantes de Carrión, 
conplido han el debdo que les mandó so señorj 
alegre fo d' aquesto mió ^id el Campeador. 
Grant es la biltanga de ifantes de Carrión. 



347 

escudos. Asur González, bravo y forzudo, paran- 
do el escudo de Muño Gustioz, le estropea la ar- 
madura; pero la lanza se desliza en vacío sin 
coger carne. Entonces Muño Gustioz carga a su 
vez, quiebra el escudo por la bloca del centro, 
estropea las armas sin que haya manera de evi- 
tarlo y, aunque lejos del corazón, le mete lanza y 
pendón por el cuerpo al adversario, atravesándole 
por el otro lado una braza; luego da un tirón, 
lo sacude sobre la silla, y al sacar la lanza lo 
echa al suelo: tintos en sangre salen lanza y 
asta y pendón. Todos piensan que está herido de 
muerte. Muño asegura otra vez la lanza y va 
sobre el caído. Y aquí grita Gonzalo Asúrez: 

— ¡No lo toquéis, por Dios! ¡Vencido está el 
campo; esto es hecho! 

Y los jueces conñrman: 

- — Lo hemos oído. 

El buen rey don Alfonso manda entonces des- 
pejar el campo, y toma para sí las armas que 
quedan por el suelo. Los del buen Campeador 
van muy gloriosos. Gracias a Dios, han triunfado 
en lid. En la tierra de Carrión quedan todos ape- 
sadumbrados. 

El rey mandó a los del Cid salir de noche, para 
que no hubiera temor de asalto. Ellos, como pru- 
dentes, se ponen a caminar día y noche. Helos 
ya en Valencia, con el Cid. Maltrechos dejaron 
a los de Carrión, y ellos han cumplido su com- 
promiso. ¡Cuánto se alegra de esto el buen Cid! 
Muy envilecidos quedan los de Carrión. ¡Oh, tal 



348 

Qui buena dueña escarnege e la dexa después, 
atal le contesca o siquier peor. 

Dexémonos de pleitos de ifantes de Carrión, 
de lo que an preso mucho an mal sabor; 
fablemos nos d' aqueste que en buen ora nagió. 
Grandes son los gozos en Valengia la mayor, 
porque tan ondrados foron los del Canpeador. 
Frisos a la barba Roy Díaz so señor: 
''Grado al rey del cielo, mis fijas vengadas son! 
''Agora las ayan quitas heredades de Carrión! 
"Sin vergüenga las casaré o a qui pese o a qui 

[non." 

Andidieron en pleytos los de Navarra e de 

[Aragón, 
ovieron su ajunta con Alfons el de León. 
Fizieron sos casamientos don Elvira e doña Sol; 
los primeros foron grandes, mas aquestos son 

[mijores; 
a mayor ondra las casa que lo que primero fo. 
Veed qual ondra crege al que en buen ora nagió, 
quando señoras son sus fijas de Navarra e de 

[Aragón. 
Oy los reyes dEspaña sos parientes son, 
a todos alcanga ondra por el que en buena nagió. 

Passado es deste siglo mió ^id de Valengia se- 

[ñor 
el día de cinquaesma; de Cristus aya perdón! 
Assí f fagamos nos todos justos e pecadores! 

Estas son las nuevas de mió Qiá Canpeador; 
en este logar se acaba esta razón. 



349 

y aun peor acontezca siempre al que escarnece 
y luego abandona a su buena dama! 

Pero dejemos estas cosas de los infantes, que 
están muy apesadumbrados del castigo. Hable- 
mos, hablemos del que nació en buen hora. Glan- 
des fiestas hay en Valencia la mayor, porque los 
del Cid salieron de aquel lance con gloria. Ruy 
Díaz se acaricia las barbas y exclama: 

— ¡Loado sea el Rey de los cielos! Ya mis 
hijas están vengadas. ¡Ahora sí que disfrutan 
sin gravamen de sus famosas posesiones de Ca- 
rrión! Ahora puedo casarlas ya sin vergüenza,, 
pese a quien pese. 

Los de Navarra y Aragón hicieron sus plá- 
ticas, tuvieron junta con el rey don Alfonso, y 
al ñn doña Elvira y doña Sol se casaron. Si 
grandes fueron las primeras bodas, éstas máxi- 
mas, y la casa queda mucho más honrada que 
antes. Ved, pues, cómo se enaltecía el bienhada- 
do, que ya sus hijas son señoras de Aragón y 
Navarra. Hoy los reyes de España son sus pa- 
rientes, y todos crecen en honra por el que na- 
ció en claro día. 

Nuestro buen Cid, señor de Valencia, dejó el 
siglo en la Pascua de Pentecostés: Dios le haya 
perdonado, y así haga con todos nosotros, justos 
y pecadores. 

Estas son las hazañas del Cid Campeador. 
Y en llegando a este punto se acaba la canción. 

FIN 



índice: 



Páginas. 

Cantar Primero: Destierro del Cid 10-11 

El manuscrito antiguo del Poema co- 
mienza con el verso : «De los sos 

ojos tan fuertemicntre llorando.)) 18 

Cantar Secundo : Bodas de las hijas del Cid.... 122-123 

Cantar Tercero : La afrenta de Corpes 226-227 



' «V/i 



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